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Del 11 de septiembre a la revolución árabe

Para el Debate: Del 11 de septiembre a la revolución árabe

de Periódico El Libertario, el Martes, 10 de mayo de 2011 a las 14:14
 
Por Simón Rodríguez Porras

De acuerdo con la versión oficial, un grupo comando yanqui entró en la noche del 1 de mayo a la vivienda donde se encontraba escondido Osama Bin Laden junto con miembros de su familia, cerca de la capital pakistaní, y pese a no ofrecer resistencia fue ejecutado, al igual que varios de sus acompañantes. Luego arrojaron su cuerpo al mar, aplicando el método de la desaparición forzada que durante años la Escuela de las Américas enseñó a los terroristas de Estado latinoamericanos.

Bin Laden fue un integrista islámico armado y entrenado por la CIA, como otros miles de mercenarios, para combatir a los soviéticos en Afganistán. Los cuervos criados por el imperialismo luego impulsaron su propia agenda, que incluía expulsar las bases militares yanquis de Arabia Saudita, donde se encuentran los sitios religiosos más importantes para los musulmanes, y terminar con la situación colonial de Palestina. La agrupación de Bin Laden ya había alcanzado cierta notoriedad antes de 2001, por ataques contra objetivos militares de EEUU en Arabia Saudita y Yemen, y contra las embajadas gringas en Kenya y Tanzania, ataques en los que hubo centenares de víctimas civiles africanas. Su actividad había sido el pretexto para bombardeos criminales como el perpetrado por el gobierno de Clinton contra la precaria industria farmacéutica de Sudán. Cuando cayeron las torres gemelas de Nueva York el 11 de septiembre de 2001, Bin Laden aplaudió los atentados sin asumir responsabilidad por su ejecución. Como suele ocurrir con las acciones aisladas, estos atentados no generaron ningún tipo de movilización contra la política exterior de los EEUU, ni siquiera en aquellos países oprimidos donde fueron percibidos como una venganza por los largos años de matanzas y crímenes de todo tipo perpetrados directamente o con apoyo del gobierno estadounidense, tales como Irak y Palestina. En EEUU generaron una confusión general que fue aprovechada por la élite gobernante para alimentar un patrioterismo extremo.
El gobierno de Bush solicitó a la dictadura teocrática del Talibán que extraditara a Bin Laden por la autoría intelectual de los ataques, pero la dictadura pidió pruebas de las acusaciones para detenerlo y entregarlo. Bush respondió a esta solicitud invadiendo Afganistán, invasión que ha cobrado decenas de miles de víctimas civiles. (1)
 
Casi diez años después, embriagado por la ejecución de Bin Laden, Obama pronunció un discurso en el que aseguró que EEUU podía hacer cualquier cosa que se propusiera en el mundo. Los hechos nos dicen todo lo contrario: hoy el imperialismo no puede hacer lo que le dé la gana. Es cierto que los ataques de 2001 crearon las condiciones políticas internas para que el gobierno de los EEUU pudiera lanzar una campaña de invasiones, restringiera las libertades democráticas con la Ley Patriota y otros instrumentos regresivos, e incluso creara centros de tortura secretos en Europa y un campo de concentración en Guantánamo, todo esto a nombre de la guerra contra el terrorismo. Parecía que, como diría Obama, los yanquis podían hacer lo que se propusieran, sin importar el odio que despertaran en todo el mundo sus crímenes. Pero esa situación ha cambiado radicalmente.
El pueblo árabe “ha dicho basta y ha echado a andar”
Los invasores han tenido que replegarse en Irak y comenzar su retirada, derrotados por la resistencia, mientras que Afganistán se ha convertido en un pantano para los invasores. Los saharahuis y los palestinos se mantienen en resistencia contra la ocupación colonial, que no ha podido ser derrotada. A partir del presente año se ha desatado una insurrección de masas contra las dictaduras y las degeneradas monarquías que plagan el mundo árabe. Uno de los pilares de la dominación yanqui en la región, y aliado incondicional de Israel, el dictador egipcio Hosni Mubarak, ha caído, al igual que el dictador tunecino Ben Alí. Hay tremendos procesos revolucionarios en curso en Libia, Siria, Yemen y Bahrein. Son procesos con una importante carga antiimperialista, en los que los integristas islámicos no juegan ningún papel relevante. En Egipto, los Hermanos Musulmanes tienen un programa político se asemeja al del partido gobernante de Turquía, autoritario y sin roces significativos con el imperialismo. Pese a ser una organización de relativa importancia dentro de Egipto, no apoyaron activamente la rebelión, de hecho se pronunciaron contra Mubarak después de que había caído.
El programa burgués y autoritario de los integristas islámicos choca con las reivindicaciones democráticas y sociales que están en el centro de la rebelión árabe, las cuales son la expresión de sus potencialidades anticapitalistas. Incluso en Palestina, donde Hamas había capitalizado un gran apoyo popular gracias a su posición de independencia y resistencia frente al fascismo sionista, se ha materializado un pacto de unificación del gobierno con la dirección de Fatah, que es la máxima expresión del colaboracionismo y de la renuncia a las banderas originales de la lucha anticolonial. El camino recorrido por Fatah es análogo al de los nacionalismos burgueses de la región, incluyendo el propio Mubarak, heredero del nasserismo, Kadafi y Al Assad de Siria, quienes demostraron las limitaciones y el retroceso de ese proyecto histórico, convirtiéndose en apéndices de la política imperialista en la región y sus regímenes son hoy el blanco de la furia popular.
Terrorismo o revolución
Por enésima vez se confirma que el terrorismo como método de lucha no sólo es ineficaz sino perjudicial para la causa de los pueblos, pues impide a las masas asimilar que a través de la movilización pueden tomar su destino en sus propias manos. Acciones aisladas e indiscriminadas, que cobran numerosas víctimas civiles, aterrorizan mucho más a la población general que a la élite gobernante, y por eso le brindan a ésta la ocasión para desatar la represión y en ocasiones utilizar otro tipo de terrorismo mucho más poderoso, por cuanto cuenta con recursos infinitamente mayores, como lo es el terrorismo de Estado.
En cambio, las acciones de masas en Yemen, las huelgas en Egipto, la creación de los comités revolucionarios en Túnez, el armamento popular y el combate contra Kadafi en Libia, los choques con los esbirros del ejército sirio y la quema del Palacio de Justicia por parte de miles de manifestantes enardecidos, los alzamientos estudiantiles contra la monarquía corrupta marroquí, son experiencias en las que son protagonistas y se educan políticamente millones de personas, saboreando el verdadero poder transformador de la movilización. Cuando el ejército reprime salvajemente, se fractura, como ha ocurrido en Libia y en menor grado en Siria, y si es incapaz de hacerlo, como en Túnez y Egipto, los gobiernos caen.
Obama: alegría de tísico
Los festejos en Washington por la ejecución del líder de Al Qaeda no se corresponden con la severa crisis de dominación yanqui en el mundo árabe, la cual no se revertirá por la desaparición física de un fanático que llevaba años aislado y sin ejercer una influencia significativa sobre la vida política de la región. El propio secretismo oficial sobre la ejecución es una muestra de debilidad, y es pasto para que proliferen diversas versiones sobre qué pretende Obama ocultar.
Con la intervención militar en Libia y la invasión saudí contra Bahrein, el imperialismo intenta frenar la revolución árabe, pero hasta los momentos no ha tenido el menor éxito. Hundiéndose en una crisis económica de enormes dimensiones y con escaso apoyo popular para aventuras guerreristas, la tradicional disposición agresiva y violenta de la política exterior yanqui se resiente de una tremenda impotencia. La celebración del gobierno de Obama es alegría de tísico. Hoy los pueblos árabes están logrando algo mucho más importante y efectivo que derribar las Torres Gemelas. Están derribando los regímenes en los que se ha apoyado EEUU durante décadas para oprimir y saquear el Mahgreb y el Oriente Medio.
Nota:
1.- Hasta el día de hoy, no se ha publicado una investigación profunda y concluyente sobre los ataques del 11 de septiembre. La página del FBI incluye a Bin Laden en su listado de “Criminales más buscados”, y en la ficha correspondiente menciona su responsabilidad en los ataques a las embajadas estadounidenses en Tanzania y Kenya, pero curiosamente no menciona su relación con los ataques del 11 de septiembre. La ficha de Bin Laden se puede observar en el siguiente enlace: http://www.fbi.gov/wanted/wanted_terrorists/usama-bin-laden
(Consultada el 9 de mayo de 2011).

Tomado de Laclase.info

No es lo mismo llamarse Libia, Siria o Baréin

No es lo mismo llamarse Libia, Siria o Baréin

  • Los intereses de Occidente condicionan la ayuda a los pueblos árabes
  • Los expertos dudan que se vaya a intervenir militarmente en Siria
  • La base militar de EE.UU. en Baréin pudo modificar la agenda mediática
Una niña libia dibuja una caricatura de Gadafi junto con la palabra "Libertad", en BengaziUna niña libia dibuja una caricatura de Gadafi junto con la palabra “libertad”, en Bengasi.REUTERS / Amr Abdallah Dalsh

Ver vídeo  'En portada - La metamorfosis libia'Vídeo

LUISA SEGURA ALBERTLUISA SEGURA ALBERT – MADRID 27.04.2011¿Que si ayudamos a los árabes a plantar cara a sus dictadores? Pues depende del país que sea. Esta podría ser la respuesta de las potencias occidentales si se les preguntara estos días por su verdadera intención de apoyar a los miles de ciudadanos árabesque se manifiestan estos meses en favor de la democracia.

¿Por qué es tan diferente la respuesta de Occidente en Libia y en Siria, por ejemplo, si tantoGadafi como El Asad se han obstinado por igual en estrujar los intentos de sus pueblos de ser libres?

¿Por qué el Consejo de Seguridad de Naciones Unidastardó una semana en reaccionar en el caso de Libia y ha necesitado cinco semanas en el caso de Siria?

Pues, entre muchas otras cosas –apuntan los expertos–, porque ni los ejércitos, ni las reservas de petróleo, ni los intereses en la zona, ni la posición geoestratégica ni los vínculos que hay con ambos países son los mismos.

Estas son las principales razones reales que llevan a Occidente a reaccionar de manera distinta según se trate de uno u otro país:

  • Las relaciones de Siria con Irán

Siria es el más cercano aliado de Irán, así que intervenir militarmente en ese país o intentar derrocar a toda costa a Bachar El Asad supondría para Irán “un ataque a su propio territorio”, explica Ignacio Álvarez-Osorio, profesor de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad de Alicante.

“Hace ya unos tres años Irán dejó claro que, si se atacaba a Siria, iba a actuar en consecuencia”, añade este experto. Y, claro, a EE.UU. no le interesa enzarzarse en otra guerra –esta vez con Irán– precisamente a unos meses de que empiece la campaña electoral.

A EE.UU no le interesa enzarzarse en otra guerra un año antes de las presidenciales

la UE tampoco le interesa. Recordemos que Sarkozy se enfrenta a las urnas también en 2012, y, tal y como están las encuestas en Francia, lo mejor para él es aparcar el tema.

Libia, sin embargo, no es aliado de Irán ni de ningún otro país que pueda poner tan en juego la estabilidad de la región.

  • El posible efecto dominó que conllevaría intervenir en Siria

Siria tiene una posición geoestratégica muy diferente a la del país africano. Con vecinos como Líbano, Irak y Turquía, una intervención podría prender la mecha en una región que ya está bastante encendida.

“Si Occidente responde ante Siria como lo ha hecho en Libia, Hezbolá –grupo terrorista apadrinado por el régimen sirio– podría generar un conflicto en la zona, empezando por la frontera sur, que implicaría también a Israel y a otros países”, argumenta Álvarez-Osorio.

La gente está cansada de las guerras en el extranjero, explica un analista

Y EE.UU. no tiene la más mínima intención de tener que explicar a sus ciudadanos por qué ha jugado, si ardiera la mecha, sus cartas en otra guerra. “La gente está cansada de intervenciones bélicas en el extranjero”, añade este profesor.

Otro de los países que podría salir malparado seríaTurquía, cuenta Félix Arteaga, investigador de Seguridad y Defensa del Real Instituto Elcano. “Ankara, que ha intentado durante tiempo un acercamiento entre Israel y Siria,perdería influencia en la zona”, explica.

El conflicto armado en que se ha convertido la situación en Libia, sin embargo, nada tiene que ver con esta reacción en cadena. Para empezar, porque este país tiene apenas “amigos”. Pero también porque la Casa Blanca no se juega nada en el país africano.

Pero es que, además, la Odisea del Amanecer (encabezada por EE.UU. primero y en manos de los socios europeos ahora) está demostrando a los aliados que puede que operaciones militares como ésta no sean la solución para que los dictadores dejen de aferrarse al poder con tantas ganas. Empezar con otra “odisea” en Siria, además de muy complicado, puede que no sirviera de mucho.

Por otro lado, la resolución de la ONU para Libia se le está quedando corta a la OTAN. “La coalición internacional parece dispuesta a forzar al máximo la resolución 1973”, asegura Jesús A. Núñez, codirector del Instituto de Estudios Sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH). Y dicho forzamiento les está permitiendo armar a los rebeldes y atacar directamente a Gadafi, complejo residencial incluido, sentencia Núñez.

  • El “factor petróleo”

A la comunidad internacional, dicen algunos analistas, no se le ha perdido nada en Siria.En Libia, sí: el petróleo.

Los intereses comerciales y económicos de Occidente en Siria no se pueden comparar, por tanto, con los que hay en Libia.

A Occidente no se le ha perdido nada en Siria. En Libia, sí: el petróleo

Por otra parte, el precio del barril de crudo está ahora a 125 dólares frente a los 80 del año pasado, y ello se debe principalmente al recorte de suministro por parte de Libia y a que Arabia Saudí ha disminuido la producción.

  • Baréin es la sede de la Quinta Flota de EE.UU.

¿Por qué EE.UU y la UE apenas han condenado lo que hizo el régimen de Baréin hace unos meses? Es cierto que la represión en esta monarquía del Golfo Pérsico no ha sido tan fuerte como en Libia o –seguramente– en Siria pero qué casualidad que no hayan tenido, ni de lejos, una parecida repercusión mediática.

¿No será que Baréin es la sede de la Quinta Flota de EE.UU., desde donde este país echa un ojo a Irán y desde donde controla las rutas marítimas más importantes? “Sí, eso tiene que ver, pero también hay que tener en cuenta que mientras todos sigamos fijándonos en lo que hace Gadafi, nadie se fijará ya en Baréin ni en Arabia Saudí”, aclara Arteaga.

Por si fuera poco, las relaciones entre la monarquía británica y la de Baréin son tan buenas que el heredero de la Corona del Golfo Pérsico ha sido invitado a la boda de Guillermo y Catalina. Al final no irá, parece ser, para no sacarle los colores a los británicos.

  • Gadafi y El Asad pertenecen a dos mundos distintos

“La comunidad internacional lleva años advirtiendo al presidente sirio que se contenga”, explica Arteaga. Y lo seguirá haciendo a no ser que su postura se radicalice aún más y siga matando a civiles, añade.

En cambio, las potencias occidentales consideran que Gadafi –que anuncia las atrocidades que va a hacer para luego cumplir con su palabra– ha de caer, siga igual de radical o no. Es decir, que se le cuestiona como mandatario, cosa que no ocurre con El Asad, quien no alardea tanto de los supuestos crímenes contra su pueblo.

La Liga Árabe también los trata de manera distinta: cuando empezaron las manifestaciones en Libia, se reunió urgentemente para buscar una solución; ahora, con Siria, se reunirá en unos días y “uno de los asuntos a tratar será lo que está haciendo Al Assad a su pueblo”, recuerda este experto.

  •   Los Ejércitos tampoco son iguales

Las tropas sirias están muy bien dotadas. Cuentan con misiles rusos, aviones de combate y, probablemente, armas químicas. Arsenal que haría temblar a cualquier tropa de Occidente. “Son muy potentes, funcionan muy bien, están mucho más profesionalizadas que las de Libia y dependen mucho más del régimen”, comenta Arteaga. “Si cae Al Assad, probablemente caerá el Ejército detrás”, puntualiza.

El Ejército libio, por el contrario, es débil, no está vertebrado y no tiene apenas capacidad operativa.

Si lo que ocurre en Siria fuera una película

Por todas estas razones, la respuesta de la Comunidad Internacional en Libia, Siria,Egipto, Túnez y Baréin no ha sido, en absoluto, parecida.

Pero EE.UU. tampoco lo pretende disimular. Ejemplo de ello son las declaraciones excesivamente diplomáticas de la Casa Blanca en relación con este tema. “Siria ya está sometida a sanciones de EE.UU., así que estamos buscando otros medios para incrementar la presión sobre el régimen”, explicaba hace unos días de manera calmada el portavoz del Gobierno estadounidense.

Sin embargo, la situación de Siria es muy grave. Como dice Jesús A. Núñez, delIECAH, “si lo que ocurre en Siria fuera una película habría que descalificar al guionista por incompetente”. Y habría que hacerlo –aclara– porque el nivel de incoherencia es tan alto que ninguno de los espectadores estamos dando crédito a lo que se está viviendo allí desde el 4 de abril.

Condenar la violencia. Puede que sea lo único a que se atreva el Consejo de Seguridad de la ONU a la hora de castigar a Siria. A pesar de que el régimen se considere a sí mismo legitimado para sacar los tanques a la calle y aplastar a los manifestantes, disparándoles –claro está– a matar.

La revuelta árabe remodela el orden mundial

La revuelta árabe remodela el orden mundial .

Escrito por: loisdmuras el 13 Mar 2011 – URL Permanente

La revuelta árabe remodela el orden mundial

Asia Times Online
 

India, Brasil y Sudáfrica han fastidiado los planes de EE.UU., que hasta el martes parecían moverse inexorablemente hacia la imposición de una zona de exclusión aérea sobre Libia.
Presumiblemente EE.UU. todavía puede imponer dicha zona, pero entonces el presidente Obama tendrá que beber del cáliz envenenado y resucitar la controvertida doctrina de su predecesor del “unilateralismo” y de la “coalición de los dispuestos” posterior a la Guerra Fría.
Si lo hace, a Obama no le quedará ningún sitio donde ocultarse y habrá fracasado en todo lo que ha hecho en su presidencia para neutralizar la imagen de “matón” de EE.UU.

Nueva Delhi auspició el martes una reunión a nivel de ministros de exteriores con Brasil y Sudáfrica, que debía haber sido una ocasión inocua para alguna cooperación retórica “Sur-Sur”.

Al contrario, el evento llegó al terreno de un orden mundial atribulado y de un tambaleante sistema internacional contemporáneo.

La reunión adoptó una clara posición negativa ante la creciente intención occidental de imponer una zona de exclusión aérea sobreLibia.

Todo indica que EE.UU. y sus aliados, que ayudan política, militar y financieramente a los rebeldes libios, esperaban conseguir un “pedido del pueblo libio” en un día o dos en el peor de los casos como una tapadera parra para solicitar al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas un mandato para imponer sanciones bajo los auspicios de la OTAN.

Los rebeldes libios son un grupo dividido: elementos nacionalistas se oponen acérrimamente a una intervención extranjera y los islamistas por su parte se oponen a cualquier intervención occidental.

“Unilateralismo”, la única opción sobre la mesa

Los ministros de defensa de la OTAN celebaron una reunión en Bruselas el martes para estudiar una posible intervención de la alianza en Libia.

La asistencia a la reunión del secretario de defensa de EE.UU., Robert Gates, indica la importancia otorgada a la preparación de la eventual intervención de la alianza en Libia.

Gates no participó en una reunión informal anterior de los ministros de defensa de la OTAN sobre Libia que se celebró cerca de Budapest hace una quincena.

La diplomacia de EE.UU. y Gran Bretaña actuó por una pista paralela llamando a una posición unificada de los rebeldes libios para buscar una intervención internacional en su país y específicamente en la forma de una zona de exclusión aérea.

La Liga Árabe y la Unión Africana también mantienen una posición ambigua con respecto a ese tipo de zona.(1)

El cálculo de Obama es que si se pudiera conseguir un “pedido del pueblo” libio, él y Occidente serían absueltos en términos históricos de la culpa de invadir a un país soberano miembro de las Naciones Unidas –por lo menos, desde un punto de vista moral y político– y también impulsaría a la Liga Árabe y a la Unión Africana hacia esa iniciativa.

Como también es un conocido intelectual calculador, Obama es un político singular y se puede confiar en que tenga un agudo sentido de la historia. Su predecesor George W. Bush habría actuado con “audacia” en circunstancias semejantes, una expresión que se asocia irónicamente a Obama.

La cita de Obama con la historia ciertamente lo fastidia en su toma de decisiones sobre Libia.

Robert Fisk, el conocido cronista de asuntos de Medio Oriente para el periódico Independent de Londres, escribió el lunes un sensacional despacho en el que dice que el gobierno de Obama ha pedido la ayuda del rey Abdullah de Arabia Saudí para transportar en secreto armas estadounidenses a los rebeldes libios en Bengasi, que serían pagadas por Riad a fin de que la Casa Blanca no tenga que rendir cuentas al Congreso de EE.UU. y para que no haya un rastro que lleve a Washington.

La depravación moral de la iniciativa –contratar los servicios de un autócrata para ampliar las fronteras de la democracia– subraya el deseo obsesivo de Obama de camuflar cualquier intervención unilateral en Libia “negándola” a cualquier precio.

Y ahora viene el golpe duro de la reunión de Delhi.

Los tres ministros de exteriores que pertenecen al foro conocido por el simpático acrónimo IBSA (India-Brasil-Sudáfrica) frustraron los mejores planes de Obama al emitir un comunicado conjunto el martes en el cual “subrayaron que una zona de exclusión en el espacio aéreo libio o cualquier medida coercitiva fuera de las previstas en la Resolución 1970, sólo se pueden contemplar legítimamente en pleno cumplimiento con la Carta de la ONU y dentro del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas”.

El ministro de eEteriores brasileño, Antonio de Aguiar Patriota, dijo a los medios en Delhi que la declaración del bloque IBSA constituye una “idea importante” de lo que piensa el mundo no occidental.

Dijo: “El recurso a una zona de exclusión aérea es expeditivo cuando es adoptado por un país, pero debilita el sistema de seguridad colectiva y provoca consecuencias indirectas perjudiciales para el objetivo que tratamos de lograr”. Patriota agregó:

“Es muy problemático intervenir militarmente en una situación de agitación interior. Cualquiera decisión de adoptar una intervención militar tiene que considerarse en el marco de la ONU y en estrecha coordinación con la Unión Africana y la Liga Árabe. Es muy importante mantenerse en contacto con ellos e identificarse con su percepción de la situación.”

Explicó que medidas como una zona de exclusión aérea podrían empeorar una mala situación mala al incentivar sentimientos antiestadounidenses y antioccidentales que no han aparecido hasta ahora”.

De igual importancia fue el hecho de que el trío de ministros de exteriores también redactó una declaración conjunta sobre la situación general en Medio Oriente. Bautizada como “Declaración del bloque IBSA”, reiteró la esperanza de los tres países de que los cambios que estremecen al Medio Oriente y al Norte de África deben “seguir un camino pacífico” y expresó su confianza en una “salida positiva en armonía con las aspiraciones de la gente”.

Una parte altamente significativa de la declaración fue su reconocimiento desde el principio de que el problema palestino se encuentra en el centro mismo de la gran alienación de Medio Oriente y que los “recientes sucesos en la región pueden ofrecer una posibilidad para una paz exhaustiva…

Este proceso debería incluir la solución del conflicto israelí-palestino… que llevará a una solución de dos Estados, con la creación de un Estado palestino soberano, independiente, unido y viable, que coexista pacíficamente junto a Israel, con fronteras seguras, previas a 1967, y con Jerusalén Este como su capital.”

El ‘P-5’ pierde brillo

Israel se enfurecerá ante la declaración.

Aparte de eso, ¿les importa a Obama y a la OTAN si tres países de tres continentes alejados defienden una posición común sobre una zona de exclusión aérea?

¿Quiénes son esos países después de todo?

Pero, sí importa.

Dicho simplemente, sucede que los tres países también sirven actualmente como miembros no permanentes en el Consejo de Seguridad de la ONU y sucede que su posición tiene una gran visibilidad en el orden de importancia mundial con respecto a Libia.

Las indicaciones en Delhi son que por lo menos otro miembro no permanente del Consejo de Seguridad es un “compañero de ruta”, el Líbano. Es decir “la voz árabe” en el Consejo de Seguridad.

En breve, lo que escuchamos es una voz colectiva afro-asiática, árabe y latinoamericana y no se puede ignorar fácilmente. Todavía más importante es que la posición del IBSA coloca a por lo menos a dos potencias con derecho a veto permanente dentro del Consejo de Seguridad frente a un difícil dilema.

Rusiaafirma que su política exterior se opone al “unilateralismo” de EE.UU. y que se ajusta estrictamente a los cánones del derecho internacional y de la carta de la ONU.

Chinainsiste en que representa a los países en desarrollo.

Ahora, la posición del IBSA prácticamente imposibilita que se llegue a algún acuerdo “faustiano” con EE.UU. y las potencias occidentales con respecto a Libia dentro del grupo aislado de las potencias con derecho a veto del Consejo de Seguridad, conocido comúnmente como P-5.

Por ello, la declaración conjunta del IBSA, de modo muy parecido a la iniciativa turca-brasileña sobre el problema nuclear de Irán, se burla virtualmente de la hipocresía moral del P-5 y de su modo de actuar secreto.

Irónicamente, Delhi adoptó el comunicado del IBSA incluso mientras el vicepresidente de EE.UU., Joseph Biden, volaba hacia Moscú para amplias discusiones sobre la futura trayectoria del reajuste entre su país y Rusia.

Cualquier trueque estadounidense-ruso con respecto a Libia dentro del ámbito del reajuste aparecería ahora como un acto de oportunismo político falto de principios.

El predicamento chino no será menos difícil si recurre a la realpolitik. China será anfitriona de la cumbre del BRIC (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) en Pekín en abril. Tres de los BRIC provienen del IBSA.

¿Puede el BRIC permitirse un debilitamiento del comunicado conjunto del IBSA sobre Libia?

¿Puede China oponerse a la posición de tres destacados “países en desarrollo”?

En general, sin embargo, China podría dar un suspiro de alivio.

La posición del IBSA podría disminuir la presión estadounidense sobre China y evitar que el tema de la zona de exclusión aérea en Libia se transforme en un tema bilateral chino-estadounidense.

China cooperó en la resolución de la semana pasada del Consejo de Seguridad sobre Libia.

Fue poco usual que China votara por una resolución con sabor a “intervención” en los asuntos internos de un país soberano.

Los comentaristas occidentales se mostraron eufóricos ante el cambio en la conducta china en la gran mesa de la política mundial y animaron a la dirigencia de Pekín a que finalmente se mostrara como una potencia mundial responsable dispuesta a trabajar con Occidente como “participante” en el sistema internacional, como hace Rusia.

Es evidente que se está intentado persuadir a China para que dé otro paso adelante y se deshaga de su otra línea roja con respecto a una zona de exclusión aérea.

No hay ninguna señal de que China esté a punto de cruzar su línea roja sucumbiendo a los halagos.

Pero, ahora bien, si China lo hiciera, quedaría expuesta a plena luz del día a la mirada de los países en desarrollo.

Y a Pekín le resultará muy difícil encubrir semejante “pragmatismo” bajo el barniz de los principios.

De alguna forma, por lo tanto, ha disminuido la presión sobre China en el tema de la zona de exclusión aérea.

India recupera su identidad

Surge un pensamiento interesante:

¿Está forzando India a actuar a China?

Delhi ha tomado ciertamente nota de que la crisis libia dio a China una gran oportunidad para trabajar con EE.UU. en un espíritu cooperativo que tendría muchos efectos positivos para la relación general china-estadounidense.

El tema de la zona de exclusión aérea habría sido un terreno en el cual China y EE.UU. podrían haber creado una alquimia enteramente nueva en su relación. Pekín sabe que la presidencia de Obama depende críticamente de cómo resuelva la crisis de Medio Oriente.

En todo caso, la acción de Delhi no se pude descartar como únicamente “centrada en China”.

En términos geopolíticos, constituye una bofetada extremadamente visible en la cara de EE.UU.

Y habrá que pagar un precio por la ira de Obama.

Que Delhi esté dispuesta a pagar un precio semejante, -cuando hay tanto en juego en su intento de conseguir un sitio permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU– hace que la acción del IBSA sea altamente significativa.

Por cierto ha pasado mucho tiempo antes de que Delhi haya decidido actuar y para que la consideren un frente importante de la política exterior estadounidense.

También es más que una coincidencia que la declaración apoye con vehemencia la causa palestina.

India ha tomado el riesgo calculado de incurrir en el descontento de Israel y del lobby israelí en EE.UU.

Además hay otras señales de que Delhi ha emprendido una revisión importante de sus políticas en Medio Oriente y el bloque IBSA es sólo un modelo de la reconsideración de esas políticas –y posiblemente ni siquiera la más trascendental para la geopolítica de la región.

Incluso cuando el IBSA adoptó su posición sobre Libia y la situación en Medio Oriente favoreciendo resueltamente el nacionalismo árabe, el Consejero Nacional de Seguridad de India, Shiv Shankar Menon, un responsable político clave de gran reputación como diplomático consumado, quien trabaja directamente con el primer ministro Manmohan Singh, estuvo involucrado en una conversación fascinante y significativa en otro sitio en Medio Oriente: con el presidente iraní Mahmud Ahmadineyad.

Lejos de la vista de las cámaras de televisión, Menon entregó una carta de Manmohan a Ahmadineyad. Según la declaración emitida por la oficina de Ahmadineyad el dirigente iraní dijo a Menon:

Irán e India son países independientes y jugarán papeles significativos en el desarrollo del futuro de los eventos internacionales…

Las relaciones entre Irán e India son históricas y sustentables.

Irán e India, debido a que se benefician de puntos de vista humanitarios hacia las relaciones internacionales, deberían tratar de desarrollar el futuro sistema mundial de manera que dominen la justicia y la amistad.

El mundo gobernante está llegando a su fin y está al borde del colapso.

En las condiciones actuales, es muy importante cómo se desarrolle el futuro orden mundial y hay que tener cuidado de que aquellos que han impuesto el orden mundial opresor contra la humanidad no logren imponerlo de nuevo en un nuevo marco…

Irán e India tendrán roles significativos en los futuros eventos en el mundo. Las culturas y orígenes de nuestras dos naciones son lo que el mundo necesita actualmente.”

Según las informaciones, Menon dijo a Ahmadineyad:

Nueva Delhi está a favor del establecimiento de relaciones de gran amplitud con Irán, incluyendo vínculos estratégicos… muchas de las predicciones que usted [Ahmadineyad] hizo sobre los eventos políticos y económicos en el mundo se han vuelto realidad hoy en día y el orden mundial está pasando por alteraciones básicas, que han necesitado relaciones en permanente aumento entre Irán e India…

Las relaciones entre la República Islámica de Irán y la República de India van más allá de las actuales relaciones políticas, y tienen sus raíces en sus culturas y civilizaciones y las dos naciones tienen grandes potenciales de mejoras en las relaciones bilaterales, regionales e internacionales.”

No hay nada que agregar. En suma, este tipo de intercambio político a alto nivel entre Irán e India era impensable hasta hace muy poco y destaca en qué medida ha cambiado Medio Oriente, el papel que juega Irán y las percepciones de Delhi y del modo de pensar indio al respecto

Lo más importante es que la llegada de Menon a Teherán en la actual coyuntura tumultuosa en una importante misión política y diplomática que abre nuevos caminos para revitalizar el entendimiento estratégico entre India e Irán, y también subraya el creciente reconocimiento en la región de que la era de la dominación occidental en Medio Oriente está pasando inexorablemente a la historia y que el orden mundial no volverá a ser el mismo.

El embajador M. K. Bhadrakumar fue diplomático de carrera del Servicio Exterior de la India. Ejerció sus funciones en la extinta Unión Soviética, Corea del Sur, Sri Lanza, Alemania, Afganistán, Pakistán, Uzbekistán, Kuwait y Turquía

(Copyright 2011 Asia Times Online (Holdings) Ltd. All rights reserved.

Fuente: http://www.atimes.com/atimes/Middle_East/MC10Ak03.html

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens.(1) .

La Liga Arabe reunida el sábado en El Cairo, declaró que el régimen libio había “perdido su legitimidad” .
Pidió por lo tanto que el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas autorice la creación de una zona de exclusión aérea ,sobre Libia para impedir la muerte de civiles.

Pero sin intervención militar .”Rechazo absoluto a todo tipo de intervención extranjera en Libia”.
La Liga Árabe decidió además “cooperar” con el Consejo Nacional de Transición (CNT) fundado por la oposición en Bengasi.

La Union Africana .

El Consejo de Paz y Seguridad de la Unión Africana (UA)

rechazó “cualquier intervención militar extranjera” en

Libia y pidió al Gobierno y a los rebeldes el cese inmediato de las hostilidades y el inicio del diálogo para solucionar el conflicto que afecta al país.

se reafirma en su compromiso de respetar la unidad e integridad territorial de Libia y rechaza cualquier tipo de intervención militar extranjera
Los presidentes de Sudáfrica, Uganda, Mauritania, Congo y Mali conformarán un comité que viajará a Libia en las próximas fechas para ayudar a cerrar la crisis en Libia, según ha informado la Unión Africana (UA). “El comité se creó (…) para colaborar con todas las partes en Libia, facilitar un diálogo incluyente entre ellos, y comprometer a los socios de la UA (…) para la solución rápida de la crisis en Libia..
El Consejo .

Nueve errores de los dictadores del siglo XXI

REVOLUCIONES

Nueve errores de los dictadores del siglo XXI

09/03/2011 | Carlos Salas, María Torrens

Los recientes acontecimientos en el norte de África y Oriente Medio, especialmente las caídas de los regímenes dictatoriales y la guerra en Libia, ponen en evidencia los prejuicios de algunos dirigentes que no han entendido el progreso de la historia en el siglo XXI.

[ 24 ] 9 errores de los dictadores del siglo XXI (cito el 1º: paro, falta de …
  1. Paz no significa bienestar. TúnezEgipto y Libia disfrutaban de situaciones sociales pacíficas que escondían un gran malestar: paro, falta de salidas profesionales, bajos ingresos.Es el caldo de cultivo de las rebeliones.
  2. Los jóvenes saben más de lo que piensas. Conectados a internet, los jóvenes de las grandes ciudades eran la parte de la población más y mejor informada. Cuando ven que tus policías matan a golpes a un ciudadano (Túnez), leen la corrupción de tu gobierno –que ya sospechaban- gracias a los cables de EEUU filtrados por WikiLeaks (Egipto) y cuando ven que los demás pueden rebelarse (Libia, JordaniaBahréin, Argelia, Marruecos), también comienzan a rebelarse.
  3. Las redes sociales son más poderosas que tu censura. Organizados en torno a redes sociales como Facebook, o intercambiando mensajes por móviles o Twitter, tu pueblo ha logrado saltarse los controles, intercambiar información y agrupar el descontento.
  4. El contagio del virus de la libertad es inevitable. Ningún país puede aislarse totalmente en el siglo XXI. Todos los pueblos saben cómo se vive en Occidente, en el norte de África o en China. Gracias a las telecomunicaciones, hay demasiadas formas de conocer lo que pasa en el mundo, y todas ellas, por comparación, tendrán un efecto en la forma de vida de tu país.
  5. Tu mayor enemigo no es la prensa occidental, sino las cadenas árabes internacionales e independientes. Gracias a las antenas parabólicas, Al Jazeera, Middle East Broadcasting Channel o Al Arabiya, han estado mostrando durante los últimos años al mundo árabe otra realidad de tu país, y además en un lenguaje comprensible para todos: árabe clásico.
  6. La presión internacional crece cuando cierras el paso a la prensa. Pocas cosas hay que molesten más a Occidente que impedir la libertad de expresión y de comunicación. Si te cargas uno de los pilares básicos de las democracias, éstas y sus medios de comunicación prestarán más atención a lo que haces.
  7. Suiza ya no es el refugio del dinero que expoliaste. Desde que se aprobó que Suiza no podía esconder ni salvaguardar fortunas ilícitas de dictadores, ya no puedes confiar en este pequeño país para huir con el dinero que posiblemente has robado a tu pueblo. Tus viejos aliados solo se aprovechaban de ti.
  8. Hacerse fotos y darse la mano con los líderes de Europa y EEUU no significa que te vayan a sostener hasta la muerte. Lo hacen por conveniencia, igual que tú, porque prefieren lo malo conocido a lo bueno por conocer. Así preservan los beneficios económicos y estratégicos que les reportan los acuerdos que cierran contigo. Cuando tu régimen se tambalee, pueden retirarte la mano más rápido de lo que piensas.
  9. Tus amenazas solo sirven para encender más el odio. Si dices que no tienes intención de dimitir cuando la población te está pidiendo a gritos que lo hagas; si dices que morirás en tu país pese a quien pese; o si te empeñas en que tú representas la voluntad de tu pueblo y no cedes, estás poniendo todos los ingredientes para acabar perdiendo tu poder.

(Si quieres saber más sobre las revueltas en el mundo árabe, puedes consultar nuestro especial).

Mitos y realidades árabes, por Marwan Muasher

Mitos y realidades árabes, por Marwan Muasher

“Los disturbios cogieron a la mayoría por sorpresa tanto dentro como fuera de la región y han acabado con al menos cinco creencias tradicionales sobre el mundo árabe.”

Por Prodavinci10 de Marzo, 2011

Con el derrocamiento de Hosni Mubarak en Egipto, cuyo régimen estaba considerado ampliamente uno de los más estables de la región hasta hace poco, y el coronel Muamar el Gadafi aferrándose al poder en Libia, no se ve en lontananza un claro fin de la agitación que está barriendo el mundo árabe.

Las protestas ya han derribado gobiernos en Túnez y Egipto y han dejado a otros países obligados a afrontar un descontento generalizado.

Los disturbios cogieron a la mayoría por sorpresa tanto dentro como fuera de la región y han acabado con al menos cinco creencias tradicionales sobre el mundo árabe.

Los árabes no salen a la calle a protestar.

Antes de que comenzaran las protestas en Egipto y Túnez, muchos sostenían que no había una urgencia real de reforma política y que quienes pedían un cambio no entendían el talante público: la situación no era tan mala como la presentaban los disidentes.

Ese punto de vista indujo a los gobiernos a creer que los árabes no se manifestarían en gran número para pedir un cambio. En todos los países se consideraba perjudicial para los intereses nacionales una reforma rápida.

  • Está claro que ese argumento ya no es sostenible.
  • Nadie predijo lo ocurrido en Egipto y Túnez, lo que significa que ningún país árabe es inmune.

Los gobiernos no pueden permitirse el lujo de esperar eternamente y ya no pueden recurrir al mito de la aquiescencia popular para no iniciar las reformas necesarias que aborden las reivindicaciones subyacentes del público.

La liberalización económica debe preceder a la reforma política.

Los gobiernos árabes –y muchos occidentales– afirmaban que se debía conceder prioridad a la privatización y a otras reformas económicas por encima del cambio político, pero, si bien resulta fácil sostener que los ciudadanos quieren pan antes que libertad, la liberalización económica careció de un sistema de contrapesos y, por tanto, el resultado fue la falta de pan y de libertad a un tiempo.

En cambio, los beneficios de la privatización y otras iniciativas recayeron en las minorías políticas y empresariales dominantes.

A consecuencia de ello, los árabes han acabado teniendo una opinión negativa sobre la liberalización y la mundialización.

Ahora ya resulta claro que la reforma económica debe ir acompañada de la reforma política, con lo que se crearían los mecanismos institucionales de rendición de cuentas para vigilar cualesquiera excesos y velar por que todos puedan disfrutar de los beneficios.

Los gobiernos se han apresurado a creer que las protestas se refieren fundamentalmente a los altos precios y al desempleo, pero la cuestión que une a los descontentos árabes es una gestión inadecuada de los asuntos públicos.

Son necesarios sistemas cerrados para impedir que los islamistas tomen el poder.

Occidente teme con frecuencia que la democracia dé a los islamistas la oportunidad que necesitan para hacerse con el control, miedo que los regímenes árabes aprovechan para justificar el mantenimiento de sistemas políticos cerrados, pero los islamistas no han desempeñado un papel importante en Egipto ni en Túnez y no se espera que encabecen ninguno de los nuevos gobiernos que se formen… si bien son una parte importante de las sociedades árabes y deben desempañar un papel en los regímenes que surjan.

Así, pues, no es cierto que la única opción substitutiva viable frente al gobierno implacablemente absolutista deba ser islamista.

Las protestas son claramente la consecuencia de que los ciudadanos de a pie se han hartado de la corrupción, de la falta del menor asomo de Estado de derecho y del trato arbitrario.

A ese respecto, existe una oportunidad de comenzar a desarrollar sistemas pluralistas en los que no sólo los islamistas, sino también otros partidos y posturas, puedan desempeñar un papel.

Las elecciones equivalen a la democracia.

Ya nadie se deja engañar por esa afirmación. Para mantener su dominio, los gobiernos árabes se han valido de legislaciones y elecciones defectuosas, de las que no resultan parlamentos fuertes ni propician cambio real alguno.

De hecho, en países como Egipto y Túnez, tanto el Gobierno como el Parlamento eran impopulares.

En toda la región, se han utilizado las elecciones para crear una fachada de democracia encaminada a impresionar a los ciudadanos y al mundo exterior, al tiempo que protegían a los regímenes de la presión en pro de una reforma auténtica.

Sin embargo, el público árabe ya no aceptará el status quo.

El pueblo ya no se satisfará con limosnas económicas o cambios cosméticos en la gestión de los asuntos públicos; lo que exige es un cambio real que introduzca a su país por una clara senda hacia la democracia.

A la comunidad internacional no le corresponde papel alguno.

Si bien el proceso de reforma debe ser, desde luego, autóctono, los Estados Unidos y el resto de la comunidad internacional pueden alentar el desarrollo democrático sin imponerlo desde lejos.

El Presidente Barack Obama rechazó muchas de las políticas del gobierno de George W. Bush consideradas intentos de imponer por la fuerza la democracia a los países árabes, pero el silencio posterior sobre la democratización agravó –aunque, desde luego, no causó– el retroceso del proceso árabe de reforma en los últimos años.

Los EE.UU. y Occidente pueden debatir con los países árabes el modo de aplicar la reforma política a fin de que contribuya a una mayor apertura y brinde oportunidades para el reparto del poder. Occidente no debe sacrificar esos objetivos por otros; si los aliados acaban perdiendo poder en rebeliones populares, semejante transacción no habrá favorecido los intereses de Occidente, por no decir algo peor.

El desarrollo de los acontecimientos que acapara los titulares de todo el mundo ha acabado con los principales mitos sobre el mundo árabe.

Las poblaciones de esos países necesitan que se inicie ya una reforma política gradual, sostenida y seria.

En el amanecer de una nueva era árabe, corresponde a ellas la creación de nuevos sistemas políticos abiertos que puedan evitar la amenaza en ciernes de crisis cada vez más graves.

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Marwan Muasher, ex ministro de Asuntos Exteriores y Viceprimer Ministro de Jordania, es Vicepresidente de Estudios en el Carnegie Endowment for International Peace y miembro principal de la Universidad
de Yale. Es autor de The Arab Center (“El centro árabe”).

Copyright: Project Syndicate, 2011.
http://www.project-syndicate.org
Traducido del inglés por Carlos Manzano.

No abandonar a los pueblos árabes

07MAR2011

No abandonar a los pueblos árabes

Imagen: AFP
La inesperada rebelión en el mundo árabe tomó a todos por sorpresa.
Las satrapías del Magreb y Medio Oriente quedaron tan pasmadas como sus amos imperiales por la eclosión que se originó en un incidente relativamente marginal, más allá de lo terrible y doloroso que fue en el plano individual: la autoinmolación de Muhammad Al Bouazizi, un graduado universitario tunecino de 26 años que no encontraba trabajo y que se entregó a las llamas porque la policía le impedía vender frutas y verduras en la calle.

El terrible sacrificio de su protesta fue la chispa que incendió la reseca pradera de una región conocida por la opulencia de sus oligarquías gobernantes y la secular miseria de las masas.
O, para decirlo con las palabras siempre bellas de Eduardo Galeano, lo que encendió “la hermosa llamarada de libertad” que prendió fuego al mundo árabe y que tiene al imperialismo sobre ascuas.

No es casual, entonces, que los acontecimientos del mundo árabe hayan sumido en la confusión a buena parte de la izquierda latinoamericana.

Daniel Ortega apoyó sin calificaciones a Khadafi; el presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez, a su vez, se declaró amigo del gobernante, aunque por cierto que aclarando que tal cosa no significa –en sus propias palabras– “que estoy a favor o aplaudo cualquier decisión que tome un amigo mío en cualquier parte del mundo”. Además, prosiguió, “apoyamos al gobierno de Libia, a la independencia de Libia”.
Con sus declaraciones Chávez tomaba nota de la precoz advertencia formulada por Fidel no bien estalló la crisis libia: ésta podría ser utilizada para legitimar una “intervención humanitaria” de Estados Unidos y sus aliados europeos, bajo el paraguas de la OTAN, para apoderarse del petróleo y el gas libios.

Pero de ninguna manera esta sabia advertencia del líder de la Revolución Cubana podría traducirse en un endoso sin reservas al régimen de Khadafi.

No lo hizo Chávez, pero sí lo hizo Ortega.
Como era de esperar, la descarada manipulación mediática con la que el imperialismo ataca a los gobiernos de izquierda de nuestra región torció el sentido de las palabras de Chávez y de Fidel haciéndolos aparecer como cómplices de un gobierno que estaba descargando metralla sobre su propio pueblo.
En una esclarecedora nota publicada pocos días atrás en Rebelión,Santiago Alba Rico y Alma Allende argumentaron que un erróneo posicionamiento de la izquierda latinoamericana –y muy especialmente de los gobiernos de Venezuela y Cuba– “puede producir al menos tres efectos terribles: romper los lazos con los movimientos populares árabes, dar legitimidad a las acusaciones contra Venezuela y Cuba y ‘represtigiar’ el muy dañado discurso democrático imperialista”.
De ahí la gravedad de la situación actual, que exige transitar un estrechísimo sendero flanqueado por dos tremendos abismos:
uno, el de hacerles el juego al imperialismo norteamericano y sus socios europeos y facilitar sus indisimulados planes de arrebatarles a los libios su petróleo;
el otro, salir a respaldar un régimen que habiendo sido anticolonialista y de izquierda en sus orígenes, en las dos últimas décadas se subordinó sin escrúpulos al capital imperialista y abrazó y puso en práctica, sin reparos, las fatídicas políticas del Consenso de Washington y los preceptos de la “lucha contra el terrorismo” instituida por George W. Bush.
El Khadafi de hoy nada tiene que ver con el de los años setenta: su “tercera vía” degeneró en un “capitalismo popular” y las nacionalizaciones comenzaron a ser revertidas mediante un corrupto festival de privatizaciones y aperturas al capital extranjero que afectó a la industria petrolera y a las más importantes ramas de la economía.
Hoy Khadafi no es Nasser sino Mubarak: abastecedor seguro de petróleo a Occidente, buen cliente de las transnacionales europeas y norteamericanas y fuerte inversor en las economías metropolitanas.

¿Qué debe hacer la izquierda latinoamericana?

Primero, manifestar su absoluto repudio a la salvaje represión que Khadafi está perpetrando contra su propio pueblo.
Solidarizarse con quien incurre en semejante crimen dañaría irreparablemente la integridad moral y la credibilidad de la izquierda.
El reconocimiento de la justicia y la legitimidad de las protestas populares, tal como se hizo en los casos de Túnez y Egipto, tiene un único posible corolario: el alineamiento de nuestros pueblos con el proceso revolucionario en curso en el mundo árabe.
La forma en que esto se manifieste no podrá ser igual en el caso de las fuerzas políticas y movimientos sociales y, por otra parte, los gobiernos de izquierda de la región, que necesariamente tienen que contemplar otros aspectos y compromisos.
Pero la consideración de las siempre complejas y a menudo traicioneras “razones de estado” y las contradicciones propias de la “real politik” no pueden llevar a los segundos tan lejos como para respaldar a un dictador acosado por la movilización y la lucha de su propio pueblo, reprimido y ultrajado mientras el entorno familiar de Khadafi y el estrecho círculo de sus incondicionales se enriquecen hasta límites inimaginables.
¿Cómo explicar a las masas árabes, que por décadas buscaron las claves de su emancipación en las luchas de nuestros pueblos y que reconocen en el Che, Fidel y Chávez la personificación de sus ideales libertarios y democráticos, la indecisión de los gobiernos más avanzados de América latina mientras que toda la canalla imperialista, desde Obama para abajo, se alinea –aunque sea hipócritamente– a su lado?

Segundo, será preciso denunciar y repudiar los planes del imperialismo norteamericano y sus sirvientes europeos. Y organizar la solidaridad con los nuevos gobiernos que surjan de la insurgencia árabe.

Los propios rebeldes libios emitieron declaraciones clarísimas al respecto: si hay invasión de los Estados Unidos, con o sin la (poco probable) cobertura de la OTAN, los insurrectos volverán sus fusiles contra los invasores y luego ajustarán cuentas con Khadafi, responsable principal de la sumisión de Libia a los dictados de las potencias imperialistas.
Lo que hoy se está jugando en el norte de Africa y en Medio Oriente no es un problema local, sino una batalla decisiva en la larga guerra contra la dominación imperialista a escala mundial.

El triunfo de la insurrección popular en Libia tendrá como correlato el fortalecimiento de las rebeliones en curso en Yemen, Marruecos, Jordania, Argelia, Barheim y la que hace tiempo se viene incubando en Arabia Saudita modificaría radicalmente la geopolítica internacional a favor de los pueblos y naciones oprimidas.

Por eso, nuestra región no puede ni tiene el derecho a equivocarse ante un proceso cuyas proyecciones pueden ser aún mayores, y de otro signo, que las que en su momento tuvo el derrumbe de la Unión Soviética y cuyo desenlace revolucionario fortalecerá los procesos emancipatorios en nuestra región.

Abandonar a los pueblos árabes en esta batalla decisiva sería un error imperdonable, tanto desde el punto de vista ético como desde el más específicamente político.

Sería traicionar el internacionalismo del Che y de Fidel y archivar, tal vez definitivamente, los ideales bolivarianos. No hay que perder esta oportunidad.

Atilio Boron

Director del PLED, Programa Latinoamericano de Educación a Distancia en Ciencias Sociales.  http://www.atilioboron.com/

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