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La muerte de Bin Laden: una mirada Centroamericana

La muerte de Bin Laden: una mirada Centroamericana

La ejecución extrajudicial no la inventó la CIA ni los SEALS, pero la ha llevado a un plano superior
Geopolítica – 12/05/2011 8:11 – Autor: Julio Abdel Aziz Valdez – Fuente: Webislam
  

 
Etiquetas: bin laden, cia, asesinato
La muerte de Bin Laden: una mirada Centroamericana
La muerte de Bin Laden: una mirada Centroamericana

Se redobló la seguridad en los aeropuertos desde que la noticia apareció en los periódicos locales, y las fuerzas policiales desempolvaron los manuales proporcionados por las Embajadas Norteamericanas y emitieron la alerta terrorista.

Las fuerzas policiales locales no son el ejemplo más notorio de profesionalismo investigativo, es por eso que la asistencia norteamericana rebasa los límites de asistencia técnica para asumir el de administración per se. No le son extraños los operativos, a guisa de ejemplo, de la DEA con apoyo de agentes locales e igual sucede en el campo del tan anunciado terrorismo, donde las embajadas cuentan con sus propios especialistas que, además de mandar reportes cotidianos a sus respectivas agencias en Washington, aconsejan al Embajador de turno.

La migración de población árabe musulmana se ha mantenido en una media a nivel centroamericano. Ésta sigue ubicándose como una minoría dentro de las minorías y sus aportes, aun cuando son significativos en algunos campos económicos, siguen siendo periféricos en cuanto al desarrollo cultural se refiere; el peso de la cercanía con Estados Unidos junto con las grandes tendencias latinoamericanas es abrumador.

Sin embargo, desde los atentados del 11 de septiembre, al igual que en otras latitudes de occidente, se ha producido un sostenido crecimiento de conversiones al islam en la población local, que sigue siendo escasa en relación al número de creyentes dentro del cristianismo (en sus diferentes denominaciones), pero si hay una lección que deja la figura de Bin Laden es que no se necesitan grandes cantidades de adeptos para llevar a cabo acciones que puedan tener objetivos a nivel mediático internacional.

Sobre esa base, los servicios de inteligencia ven en cada comunidad musulmana un potencial peligro, por pequeña que sea, no se necesita igualmente de nexos o afiliaciones sino de tan solo convencimiento, los medios se pueden conseguir a nivel local.

Centroamérica es un corredor de droga hacia los Estados Unidos y en ese proceso de crecimiento del crimen organizado, influenciado mucho por la CIA, se llegó a debilitar tanto el Estado que permitió el crecimiento de organizaciones paralelas; esta situación de ausencia de Estado es la que preocupa a los norteamericanos, que contradictoriamente facilitan más la droga, que es un peligro más tangible para los ciudadanos norteamericanos que el llamado “terrorismo islámico”.

La idea de una ejecución extrajudicial (de Bin Laden) no es algo extraño para el centroamericano promedio (no del triangulo Honduras, El Salvador y Guatemala) de hecho a diario se convive con este tipo de realidades a tal punto que no es posible establecer criterios de relación entre transgresión-sanción. Así, hubo muchos comentarios en los blogs de los periódicos que se congratulaban y afirmaban que lo mismo debería de hacerse con los “delincuentes locales”. Y resulta interesante en ese ambiente que la cooperación que brinda AID se sustenta en bases legales que ellos mismo no fomentan en sus propios países (gobernabilidad, fortalecimiento en la aplicación de justicia y rendición de cuentas)

Pero, ¿qué es una ejecución extrajudicial? En la región, el concepto adquiere importancia durante el conflicto armado, un enemigo huidizo el cual solo puede ser destruido, no remitido a tribunales porque su encarcelamiento puede ser una arma propagandista. La ejecución tiene como objetivo político el propagar el miedo, “todos saben quien lo hizo, pero nadie tiene pruebas” y nadie puede reclamar, la ejecución no le permite a la victima la dignidad de una sepultura, el anonimato permite que la imaginación vuele en un mar de violencia. Sepultura en medio del mar, donde precisamente muchos opositores latinoamericanos fueron a parar, “pero todo esto salvó vidas”, eso era al menos lo que decían los militares centroamericanos cuando bombardeaban una aldea en busca de guerrilleros, el mal menor, eso permitía sobrellevar la culpa si es que alguna vez la hubo. Obama se acerca al lugar donde estuvo el Word Trade Center y ora, “al fin fueron vengados”. Y los miles de muertos en los bombardeos en Kandahar, Qunduz, Kabul y otras ciudades Afganas, ¿no contaban?

Para qué enjuciar si los puedes asesinar

Diariamente las calles de El Salvador y Guatemala en las décadas de los setenta y ochenta, aparecían cadáveres de líderes sindicales, populares y estudiantiles, muchos de los que en la lógica de la política de Seguridad Nacional representaban una amenaza al Estado, pero llevarlos ante un tribunal hubiera representado desgaste político al endeble orden jurídico de ese mismo Estado, por lo tanto se crearon comandos especializados de limpieza, sin nombre, sin identidad, que respondían a mandos de inteligencia del ejército y la policía. Esos años de “limpieza social” allanaron lo que hoy sucede a diario, siguen apareciendo cadáveres, torturados, desmembrados. Las fotografías publicadas por EFE de los cadáveres de la supuesta escolta de Bin Laden, en realidad más que pruebas eran trofeos cómo los que acostumbraban los cazadores de cabelleras en el antiguo oeste norteamericano, no en balde deciden dar el nombre clave de Gerónimo al objetivo.

No es justicia la ejecución extrajudicial, es asesinato simple y sencillo, el que paga a un sicario para que ajuste una cuenta como sucede a diario en las calles de nuestras ciudades, no es justicia, pero ahora los norteamericanos lo han elevado a nivel de categoría de la cultura neoliberal.

La ejecución extrajudicial no la inventó la CIA ni los SEALS, pero la han llevado al plano superior, al menos superaron las lecciones del Tsahal (fuerzas armadas israelíes), que para ejecutar a un enemigo optan por destruir un poblado entero.

Élites apátridas, siempre son necesarias

El papel de Pakistán como receptor y dependiente de ayuda financiera norteamericana y su reacción “pusilánime” ante la clara violación de su soberanía es algo que se entiende muy bien desde esta parte del Continente, a pesar de la existencia de más de cuatro millones de centroamericanos en Estados Unidos, gran parte de ellos en condiciones migratorias irregulares, no fueron capaces estos gobiernos de impedir que se asociara el derecho a la migración a la creciente paranoia antiterrorista post 11S.

En nombre de la Seguridad Nacional Estados Unidos comete actos contra la dignidad humana, tortura, debido proceso, asesinatos, arrestos ilegales, separación de familias, humillación, racismo y mucho más, y hasta ahora no ha habido más que condenas morales, no se ha conducido a este gobierno a las puertas de los tribunales internacionales y no se hace precisamente porque pesa más la balanza comercial que el de las vidas humanas.

La reacción pakistaní fue la de advertir “que no vuelva a suceder” como si esta muerte fuera la primera cuando por todo mundo es sabido la infinidad de veces que los Drones (aviones no tripulados) bombardean supuestas bases talibanes en suelo pakistaní con cauda de centenares de muertes en estos actos.

Pakistán, a pesar de la distancia, está mucho más cerca de lo que se pensaba, elites gobernantes que no conocen la ética, que utilizan el pretexto del combate al enemigo interno para suscribir convenios de dependencia geoestratégica con el Imperio.

Los servicios de inteligencia pakistaní pudieron haber realizado el operativo pero era imprescindible para este montaje mediático ver al Presidente en la Sala de Operaciones junto con su galante Secretaria de Estado, eternizar la imagen del combatiente invencible que divulgan lo videojuegos, esa misma imagen se repite con frecuencia en los operativos de captura de capos en Centroamérica por agentes de la DEA. Anualmente se recompensa la “colaboración” con aportes financieros individuales y fines de semana en Miami para el “shopping“.

Del 11 de septiembre a la revolución árabe

Para el Debate: Del 11 de septiembre a la revolución árabe

de Periódico El Libertario, el Martes, 10 de mayo de 2011 a las 14:14
 
Por Simón Rodríguez Porras

De acuerdo con la versión oficial, un grupo comando yanqui entró en la noche del 1 de mayo a la vivienda donde se encontraba escondido Osama Bin Laden junto con miembros de su familia, cerca de la capital pakistaní, y pese a no ofrecer resistencia fue ejecutado, al igual que varios de sus acompañantes. Luego arrojaron su cuerpo al mar, aplicando el método de la desaparición forzada que durante años la Escuela de las Américas enseñó a los terroristas de Estado latinoamericanos.

Bin Laden fue un integrista islámico armado y entrenado por la CIA, como otros miles de mercenarios, para combatir a los soviéticos en Afganistán. Los cuervos criados por el imperialismo luego impulsaron su propia agenda, que incluía expulsar las bases militares yanquis de Arabia Saudita, donde se encuentran los sitios religiosos más importantes para los musulmanes, y terminar con la situación colonial de Palestina. La agrupación de Bin Laden ya había alcanzado cierta notoriedad antes de 2001, por ataques contra objetivos militares de EEUU en Arabia Saudita y Yemen, y contra las embajadas gringas en Kenya y Tanzania, ataques en los que hubo centenares de víctimas civiles africanas. Su actividad había sido el pretexto para bombardeos criminales como el perpetrado por el gobierno de Clinton contra la precaria industria farmacéutica de Sudán. Cuando cayeron las torres gemelas de Nueva York el 11 de septiembre de 2001, Bin Laden aplaudió los atentados sin asumir responsabilidad por su ejecución. Como suele ocurrir con las acciones aisladas, estos atentados no generaron ningún tipo de movilización contra la política exterior de los EEUU, ni siquiera en aquellos países oprimidos donde fueron percibidos como una venganza por los largos años de matanzas y crímenes de todo tipo perpetrados directamente o con apoyo del gobierno estadounidense, tales como Irak y Palestina. En EEUU generaron una confusión general que fue aprovechada por la élite gobernante para alimentar un patrioterismo extremo.
El gobierno de Bush solicitó a la dictadura teocrática del Talibán que extraditara a Bin Laden por la autoría intelectual de los ataques, pero la dictadura pidió pruebas de las acusaciones para detenerlo y entregarlo. Bush respondió a esta solicitud invadiendo Afganistán, invasión que ha cobrado decenas de miles de víctimas civiles. (1)
 
Casi diez años después, embriagado por la ejecución de Bin Laden, Obama pronunció un discurso en el que aseguró que EEUU podía hacer cualquier cosa que se propusiera en el mundo. Los hechos nos dicen todo lo contrario: hoy el imperialismo no puede hacer lo que le dé la gana. Es cierto que los ataques de 2001 crearon las condiciones políticas internas para que el gobierno de los EEUU pudiera lanzar una campaña de invasiones, restringiera las libertades democráticas con la Ley Patriota y otros instrumentos regresivos, e incluso creara centros de tortura secretos en Europa y un campo de concentración en Guantánamo, todo esto a nombre de la guerra contra el terrorismo. Parecía que, como diría Obama, los yanquis podían hacer lo que se propusieran, sin importar el odio que despertaran en todo el mundo sus crímenes. Pero esa situación ha cambiado radicalmente.
El pueblo árabe “ha dicho basta y ha echado a andar”
Los invasores han tenido que replegarse en Irak y comenzar su retirada, derrotados por la resistencia, mientras que Afganistán se ha convertido en un pantano para los invasores. Los saharahuis y los palestinos se mantienen en resistencia contra la ocupación colonial, que no ha podido ser derrotada. A partir del presente año se ha desatado una insurrección de masas contra las dictaduras y las degeneradas monarquías que plagan el mundo árabe. Uno de los pilares de la dominación yanqui en la región, y aliado incondicional de Israel, el dictador egipcio Hosni Mubarak, ha caído, al igual que el dictador tunecino Ben Alí. Hay tremendos procesos revolucionarios en curso en Libia, Siria, Yemen y Bahrein. Son procesos con una importante carga antiimperialista, en los que los integristas islámicos no juegan ningún papel relevante. En Egipto, los Hermanos Musulmanes tienen un programa político se asemeja al del partido gobernante de Turquía, autoritario y sin roces significativos con el imperialismo. Pese a ser una organización de relativa importancia dentro de Egipto, no apoyaron activamente la rebelión, de hecho se pronunciaron contra Mubarak después de que había caído.
El programa burgués y autoritario de los integristas islámicos choca con las reivindicaciones democráticas y sociales que están en el centro de la rebelión árabe, las cuales son la expresión de sus potencialidades anticapitalistas. Incluso en Palestina, donde Hamas había capitalizado un gran apoyo popular gracias a su posición de independencia y resistencia frente al fascismo sionista, se ha materializado un pacto de unificación del gobierno con la dirección de Fatah, que es la máxima expresión del colaboracionismo y de la renuncia a las banderas originales de la lucha anticolonial. El camino recorrido por Fatah es análogo al de los nacionalismos burgueses de la región, incluyendo el propio Mubarak, heredero del nasserismo, Kadafi y Al Assad de Siria, quienes demostraron las limitaciones y el retroceso de ese proyecto histórico, convirtiéndose en apéndices de la política imperialista en la región y sus regímenes son hoy el blanco de la furia popular.
Terrorismo o revolución
Por enésima vez se confirma que el terrorismo como método de lucha no sólo es ineficaz sino perjudicial para la causa de los pueblos, pues impide a las masas asimilar que a través de la movilización pueden tomar su destino en sus propias manos. Acciones aisladas e indiscriminadas, que cobran numerosas víctimas civiles, aterrorizan mucho más a la población general que a la élite gobernante, y por eso le brindan a ésta la ocasión para desatar la represión y en ocasiones utilizar otro tipo de terrorismo mucho más poderoso, por cuanto cuenta con recursos infinitamente mayores, como lo es el terrorismo de Estado.
En cambio, las acciones de masas en Yemen, las huelgas en Egipto, la creación de los comités revolucionarios en Túnez, el armamento popular y el combate contra Kadafi en Libia, los choques con los esbirros del ejército sirio y la quema del Palacio de Justicia por parte de miles de manifestantes enardecidos, los alzamientos estudiantiles contra la monarquía corrupta marroquí, son experiencias en las que son protagonistas y se educan políticamente millones de personas, saboreando el verdadero poder transformador de la movilización. Cuando el ejército reprime salvajemente, se fractura, como ha ocurrido en Libia y en menor grado en Siria, y si es incapaz de hacerlo, como en Túnez y Egipto, los gobiernos caen.
Obama: alegría de tísico
Los festejos en Washington por la ejecución del líder de Al Qaeda no se corresponden con la severa crisis de dominación yanqui en el mundo árabe, la cual no se revertirá por la desaparición física de un fanático que llevaba años aislado y sin ejercer una influencia significativa sobre la vida política de la región. El propio secretismo oficial sobre la ejecución es una muestra de debilidad, y es pasto para que proliferen diversas versiones sobre qué pretende Obama ocultar.
Con la intervención militar en Libia y la invasión saudí contra Bahrein, el imperialismo intenta frenar la revolución árabe, pero hasta los momentos no ha tenido el menor éxito. Hundiéndose en una crisis económica de enormes dimensiones y con escaso apoyo popular para aventuras guerreristas, la tradicional disposición agresiva y violenta de la política exterior yanqui se resiente de una tremenda impotencia. La celebración del gobierno de Obama es alegría de tísico. Hoy los pueblos árabes están logrando algo mucho más importante y efectivo que derribar las Torres Gemelas. Están derribando los regímenes en los que se ha apoyado EEUU durante décadas para oprimir y saquear el Mahgreb y el Oriente Medio.
Nota:
1.- Hasta el día de hoy, no se ha publicado una investigación profunda y concluyente sobre los ataques del 11 de septiembre. La página del FBI incluye a Bin Laden en su listado de “Criminales más buscados”, y en la ficha correspondiente menciona su responsabilidad en los ataques a las embajadas estadounidenses en Tanzania y Kenya, pero curiosamente no menciona su relación con los ataques del 11 de septiembre. La ficha de Bin Laden se puede observar en el siguiente enlace: http://www.fbi.gov/wanted/wanted_terrorists/usama-bin-laden
(Consultada el 9 de mayo de 2011).

Tomado de Laclase.info

De Bush a Obama. Por qué EEUU mantiene viva la “amenaza” terrorista

De Bush a Obama. Por qué EEUU mantiene viva la “amenaza” terrorista

Los “planes contraterroristas” son el principal rubro de facturación de los presupuestos armamentistas a escala global
Geopolítica – 18/02/2011 8:03 – Autor: Redaccion – Fuente: www.prensaislamica.com
(Foto: skyscraperlife.com/
(Foto: skyscraperlife.com/

EEUU, con la administración Bush tras el 11-S, no solamente instaló un nuevo sistema de control político y social por medio de la manipulación mediática con el “terrorismo”, sino que además inauguró un “nuevo orden internacional” (sustitutivo de la “guerra fría” con la ex URSS) basado en la “guerra contraterrorista” que sirvió de justificación a las nuevas estrategias expansionistas del Imperio norteamericano y de las trasnacionales capitalistas. Obama continúa esa estrategia.

Este miércoles la secretaria de Seguridad Interna norteamericana, Janet Napolitano, dijo que las amenazas de ataques terroristas contra EEUU están posiblemente en su “mayor nivel” desde los atentados del 11 de septiembre de 2001.

“En algunas maneras, la amenaza hoy puede estar en su mayor nivel desde los ataques de hace casi diez años”, agregó.

En una presentación ante el comité de Seguridad Interna del Congreso, Napolitano consideró que Al Qaeda “aún representa una amenaza para Estados Unidos a pesar de la disminución de sus capacidades” y que su país también afronta “amenazas de varios grupos que comparten la ideología extremista y violenta de Al Qaeda.

Desde el 11-S hasta aquí, la recurrencia de denunciar la “amenaza terrorista” en territorio de EEUU es casi un acto burocrático y periódico de los funcionarios de la Casa Blanca.

En agosto de 2009, el ex secretario de Seguridad Interior (en la era Bush), Tom Ridge, confesó en un libro que las alertas con las amenazas de ataque “terrorista” de Al Qaeda incrementaban el temor en la sociedad estadounidense y subían la popularidad de Bush, cuya administración las utilizaba con fines electorales.

La revelación (más allá de ser una herramienta para publicitar el libro) trascendió la administración Bush, y puso sobre el tapete la utilización del terrorismo en operaciones psicológicas orientadas a generar consenso social y legitimación política a la “guerra contraterrorista” lanzada con la conquista militar de Afganistán e Irak tras el 11-S.

Develando por primera el uso del “terrorismo” como herramienta de Estado (revelado en infinidades de informes considerados hasta ahora como “conspirativos”), Tom Ridge, afirmó que fue presionado por altos funcionarios de la Casa Blanca para que elevara el nivel de la alerta nacional antes de las elecciones presidenciales de 2004 para favorecer la reelección de George W. Bush.

Ridge relató que, como se negó a hacerlo, lo convencieron de que había llegado la hora de renunciar al cargo (como efectivamente lo hizo).

Estas confesiones aparecieron en un libro de Ridge “La prueba de nuestro tiempo: Estados Unidos asediado… y cómo podemos estar nuevamente seguros” (The Test of Our Times: America Under Siege … and How We Can Be Safe Again) editado en septiembre de 2009.

En el libro Ridge cuenta que pese a los pedidos del ex secretario de Defensa, Donald H. Rumsfeld, y del entonces secretario de Justicia John Ashcroft, él se opuso a elevar el nivel de alerta y, finalmente, no fue elevado, aunque le costó el cargo.

Semanas antes de las elecciones habían sido difundidas dos grabacioness de Al-Qaeda: una con Osama Bin Laden y la otra con un hombre llamado “Azzam el estadounidense”.

La CIA -como lo hace siempre- reconoció la “autenticidad” de las amenazas y “reveló” que detrás de la “conexión terrorista” se encontraba, Adam Gadahn, alias “Azzam el estadounidense” un californiano de 26 años buscado intensamente por el FBI.

El aumento de la “alarma terrorista” en EEUU poco antes de las presidenciales de 2004 pretendía influir en los resultados y favorecer a George W. Bush, afirma Ridge en su libro.

Bush y el candidato contrincante demócrata John Kerry -señala- estaban muy igualados en las encuestas y los funcionarios claves de Bush afirmaban que el video de Bin Laden, incluso sin elevar el nivel de alarma, contribuiría a una victoria final de Bush por un resultado abrumante.

Pese a todo se tomaron grandes prevenciones de seguridad en edificios públicos y en lugares claves de Nueva York, lo que ayudó a recrear el “clima terrorista” que lo llevó a Bush a ganar las elecciones y ser reelecto en el cargo presidencial.

En pleno despliegue del aparato de seguridad para prevenir el “ataque terrorista”, Ridge renunció el 30 de noviembre del 2004.

Terrorismo de Estado imperial

Desde el punto de vista geopolítico y estratégico, el “terrorismo” no es un objeto diabólico del fundamentalismo islámico, sino una herramienta de la Guerra de Cuarta Generación que la inteligencia estadounidense y europea vienen utilizando (en Asia y Europa) para mantener y consolidar la alianza USA-UE en el campo de las operaciones, para derrotar a los talibanes en Afganistán, justificar acciones militares contra Irán antes de que se convierta en potencia nuclear, y generar un posible 11-S para distraer la atención de la crisis recesiva mundial.

A nivel geoeconómico se registra otra lectura: Si se detuviera la industria y el negocio armamentista centralizado alrededor del combate contra el “terrorismo” (hoy alimentado por un presupuesto bélico mundial de US$ 1,460 billones) terminaría de colapsar la economía norteamericana que hoy se encuentra en una crisis financiera-recesiva de características inéditas.

Esta es la mejor explicación de porqué Obama, hoy sentado en el sillón de la Casa Blanca, ya se convirtió en el “heredero forzoso” de la “guerra contraterrorista” de Bush a escala global.

La misma interpretación se puede inferir para las potencias de la Unión Europea que adhieren a los planes globales de la “guerra contraterrorista”, así como para China, Rusia y las potencias asiáticas cuyos complejos militares facturan miles de millones con armas y tecnología destinadas al combate contra el “terrorismo”.

Como se sabe, los “planes contraterroristas” son el principal rubro de facturación de los presupuestos armamentistas a escala global y conforman la mayor tasa de rentabilidad de las corporaciones de la guerra que giran alrededor de los complejos militares industriales de EEUU, Europa y Asia.

Este escenario, con las potencias centroasiáticas (que compiten por áreas de influencia con el eje USA-UE) adhiriendo a la “guerra contraterrorista” liderada por EEUU, marca con claridad como Al Qaeda y Bin Laden (un invento histórico de la CIA) ensambla en un solo bloque al sistema capitalista más allá de sus diferencias sectoriales.

La “simbiosis” funcional e interactiva entre Bush y Al Qaeda tiñó ocho años claves de la política imperial de EEUU. A punto tal, que a los expertos les resulta imposible pensar al uno sin el otro.

Durante ocho años de gestión, Bin Laden y Al Qaeda se convirtieron casi en una “herramienta de Estado” para Bush y los halcones neocon que convirtieron al “terrorismo” ( y a la “guerra contraterrorista”) en su principal estrategia de supervivencia en el poder.

Hay suficientes pruebas históricas en la materia: El 11-S sirvió de justificación para las invasiones de Irak y Afganistán, el 11-M en España preparó la campaña de reelección de Bush y fue la principal excusa para que EEUU impusiera en la ONU la tesis de “democratización” de Irak legitimando la ocupación militar, el 7-J en Londres y las sucesivas oleadas de “amenazas” y “alertas rojas” le sirvieron a Washington para instaurar el “terrorismo” como primera hipótesis de conflicto mundial, e imponer a Europa los “planes contraterroristas” hoy institucionalizados a escala global.

Decenas de informes y de especialistas -silenciados por la prensa oficial del sistema- han construido un cuerpo de pruebas irrefutables de que Bin Laden y Al Qaeda son instrumentos genuinos de la CIA estadounidense que los ha utilizado para justificar las invasiones a Irak y Afganistán y para instalar la “guerra contraterrorista” a escala global.

La “versión oficial” del 11-S fue cuestionada y denunciada como “falsa y manipulada” por un conjunto de ex funcionarios políticos y de inteligencia, así como de investigadores tanto de EEUU como de Europa, que constan en documentos y pruebas presentados a la justicia de EEUU que nunca los investigó aduciendo el carácter “conspirativo” de los mismos (Ver: Documentos e informes del 11-S. / Al Qaeda y el terrorismo “tercerizado” de la CIA / La CIA ocultó datos y protegió a los autores del 11-S / Ex ministro alemán confirma que la CIA estuvo implicada en los atentados del 11-S / Informe del Inspector General del FBI: Más evidencias de complicidad del gobierno con el 11-S / Atentados del 11-S: 100 personalidades impugnan la versión oficial )

El aparato de la prensa sionista internacional, a pesar de su marcada tendencia “anti-Bush”, jamás se hizo eco de estas investigaciones y denuncias que se siguen multiplicando, mientras que sus analistas sólo toman como valida la “versión oficial” instalada en la opinión pública a escala global.

El establishment del poder demócrata que hoy controla (y que ejerce la alternancia presidencial con los republicanos en la Casa Blanca) jamás mencionó la existencia de estas investigaciones y denuncias en una complicidad tácita de ocultamiento con el gobierno de Bush.

Simultáneamente, y durante los ocho años de gestión de Bush, los demócratas no solamente avalaron las invasiones de Irak y de Afganistán y votaron todos los presupuestos de la “guerra contraterrorista”, sino que también adoptaron como propia la “versión oficial” del 11-S.

Este pacto de silencio y de encubrimiento entre la prensa y el poder imperial norteamericano preservó las verdaderas causas del accionar terrorista de Bin laden y Al Qaeda, cuyas “amenazas” periódicas son publicadas sin ningún análisis y tal cual la difunden el gobierno y sus organismos oficiales como la CIA y el FBI

Obama, el heredero

La administración Bush, tras el 11-S, no solamente instaló un nuevo sistema de control político y social por medio de la manipulación mediática con el “terrorismo”, sino que además inauguró un “nuevo orden internacional” (sustitutivo de la “guerra fría” con la ex URSS) basado en la “guerra contraterrorista” que sirvió de justificación a las nuevas estrategias expansionistas del Imperio norteamericano y de las trasnacionales capitalistas.

En términos geopolíticos y militar-estratégicos, con la utilización de la leyenda mediática de Bin Laden y el peligro del “terrorismo internacional”, a partir del 11-S el Imperio norteamericano (potencia locomotora unipolar del planeta desde la caída de la URSS) sustituía aspectos claves de su supervivencia como Estado imperial.

En un planeta sin guerras inter-capitalistas, ya casi sin conflictos armados (al margen de Irak, Afganistán y Medio Oriente), la leyenda de Bin Laden y el “terrorismo internacional” sirvió (y sirve) para alimentar y justificar las estrategias expansionistas del Imperio norteamericano, para crear nuevos y potenciales mercados a la trasnacionales capitalistas de EEUU y Europa, y para mantener en funcionamiento a los complejos militares industriales que han encontrado en la “guerra contraterrorista” su nueva tajada ganancial en el negocio armamentista.

A diferencia de Bush, que inventaba conspiraciones con el “terrorismo islámico” para perseguir y espiar a sus enemigos internos, Obama preparó el terreno para la utilización de la conspiración de “derecha” antisemita con el mismo objetivo.

La estrategia no es nueva: Durante la pasada campaña electoral que lo consagró presidente de EEUU, Obama denunció en varias oportunidades potenciales ataques supuestamente planeados por grupos “extremistas de derecha” orientados a la persecución racial.

Como señalan los adoradores de Maquiavelo: Si no hay enemigo ni peligro a la vista, hay que inventarlo para generar consenso.

Bush y el lobby judío de halcones neocon, edificaron consenso y apoyo interno agitando y denunciando el peligro del “terrorismo islámico” como amenaza permanente a la “seguridad nacional” de EEUU. Dentro de esa bolsa metían a todos los que se le oponían.

Obama y el lobby judío liberal que lo secunda iniciaron otra práctica no menos peligrosa: El peligro acechante de la “derecha antisemita” que amenaza con el odio racial y la desintegración social de EEUU.

De esta manera la “derecha antisemita” se complementa en lo interno con la “amenaza terrorista” del “terrorismo islámico” en el plano internacional.

¿Y quienes son los amenazados? Judíos, inmigrantes y negros: La clientela electoral de Obama.

¿Y quienes son los malos que amenazan? Los que promueven la “ola antisemita” que amenaza la “seguridad nacional” de EEUU. En esa bolsa van a meter a todos los que se opongan al gobierno de Obama, incluidos los musulmanes “antisemitas” que alimentan las redes del “terrorismo islámico”.

No bien asumió en su cargo de presidente de EEUU, Obama prometió “barrer a los terroristas” de sus refugios en Pakistán y advirtió que Al Qaeda está planeando nuevos ataques, al dar a conocer su nueva estrategia para la guerra de ocupación contra los talibanes en Afganistán.

El presidente USA afirmó que las conflictivas regiones fronterizas de Pakistán son “el lugar más peligroso del mundo” para los norteamericanos y describió a la red Al Qaeda como un “cáncer” que podría devorar a Pakistán, a más de siete años de los ataques del 11 de septiembre.

Bien empleada, la herramienta “terrorismo” (un arma que combina la violencia militar con la Guerra de Cuarta Generación) tiene como objetivo central: Generar una conflicto (o una crisis) para luego aportar la solución más favorable a los intereses del que la emplea.

Por ejemplo: El 11-S (activado por la CIA infiltrada en los grupos islámicos) en EEUU fue el detonante del conflicto, y la “guerra contraterrorista” posterior, y las invasiones a Afganistán e Irak, fueron parte de la alternativa de solución.

Entre los varios objetivos encubiertos de la campaña con la “amenaza terrorista internacional” lanzada en los últimos días por la Casa Blanca y las potencias centrales europeas, sobresale nítidamente el de preparar el “clima” y la justificación para iniciar operaciones militares en alta escala en Medio Oriente, Yemen, Sudán y Somalía.

Tanto Washington como las potencias de la Unión Europea han mantenido históricamente denuncias constantes de “ataques terroristas islámicos” en planes de ejecución, pero que efectivamente no han sucedido, desde el 7 de julio de 2005, fecha del atentado terrorista al metro de Londres.

En una versión degradada (marcada por la decadencia del Imperio), Barack Obama ya recita casi textualmente la “doctrina Bush” de las guerras preventivas contra el “eje del mal” como estrategia de apoderamiento de mercados y de recursos estratégicos que el Imperio y sus corporaciones necesitan para renovar sus ciclos de expansión capitalista.

Terminado el marketing electoral, con un Imperio USA colapsado por la crisis económica y las contradicciones internas, el presidente negro comenzó a aplicar a rajatabla la “guerra contraterrorista” como estrategia imperial de Estado en el marco de la política exterior.

Obama y el lobby judío liberal que lo secunda renuevan constantemente la “amenaza terrorista” como una estrategia continuista de la era Bush reciclada en los marcos del “progresismo” imperial.

Y esto reafirma una tendencia ya probada: La “guerra contraterrorista” no fue unapolítica coyuntural de Bush y los halcones neocon, sino una estrategia global del Estado imperial norteamericano diseñada y aplicada tras el 11-S en EEUU, que ya tiene una clara línea de continuidad con el gobierno demócrata de Obama.

Antes Irak, ahora Libia. La historia se repite.

Antes Irak, ahora Libia. Ya nos la quieren meter de nuevo.

Libia. El nudo gordiano del Magreb

La revuelta de LIBIA tiene tantos puntos oscuros que es casi imposible tomar una postura sin caer en el error.
Es increíble que el 99% de la información mundial trate la revuelta de Libia y a la vez haya tanta desinformación.

No solo es un caso aparte, por su violencia, a los casos anteriormentwe vividos de Túnez y Egipto, sino que sus causas se aventuran diferentes.

A pesar de que sigue habiendo fuertes diferencias entre las clases altas y bajas del país en cuanto a renta, gracias a sus ricas reservas de petróleo y gas natural, Libia tiene una balanza comercial positiva de 27.000 millones de dólares al año y un ingreso per cápita medianamente elevado de 12.000 dólares, seis veces mayor que el de Egipto.

También se presupone que no haya problemas para conseguir trabajo en un país que tiene un millón y medio de inmigrantes.

Por consiguiente no se puede tomar en serio la aseveración de que la revuelta surgida en Libia sea causada por una masa empobrecida, como en Túnez o Egipto, sino como una verdadera guerra civil por la toma del poder entre tribus enfrentadas.

Este marco ahora revienta como resultado de lo que se puede caracterizar no como una revuelta de masas empobrecidas, como las rebeliones en Egipto y Túnez, sino como una verdadera guerra civil, debida a una división del grupo gobernante.

Quienquiera que diese el primer paso ha explotado el descontento contra el clan de Muammar Gaddafi, que prevalece sobre todo entre las poblaciones de Cirenaica y los jóvenes en las ciudades, en un momento en que todo el norte de África ha tomado el camino de la rebelión.

A diferencia de Egipto y Túnez, sin embargo, el levantamiento libio se planificó y organizó con anterioridad.

También las reacciones oficiales en el área internacional han sido diferentes a las de Túnez y Egipto.
En estos casos se trataron con sigilo y prudencia, alegando que tenían que ser los mismos egipcios y tunecinos los que tenían que resolver sus diferencias.

A los dictadores de ambos países se les dió todo el tiempo que necesitasen para que tuvieran una salida más o menos digna del país

A ambos países se les ha dado el tiempo que haga falta para que plasmen las aspiraciones democráticas de sus pueblos.

Nadie les presiona.
Ni nadie apela a tribunales internacionales de justicia para juzgar a los dictadores tras tantos años de represión e injusticia.

De las potencias mundiales, hay dos. China y Rusia que tenían no sólo una excelente relación con el gobierno libio sino una multitud de tratados comerciales que se habían incrementado estos últimos años.

De hecho, el comercio chino-libio ha crecido considerablemente (cerca de un 30% sólo en 2010)
Un cambio de régimen les puede supòner una importante pérdida económica y piden preocupados un rápido retorno a la estabilidad y normalidad.

En el caso opuesto se encuentra la posición de EEUU.

El presidente Barack Obama, cuando se vio enfrentado a la crisis egipcia minimizó la represión desencadenada por Hosni Mubarak y llamó a una “transición ordenada y pacífica”,

mientras que ha condenado rotundamente al gobierno libio y ha anunciado que Estados Unidos prepara “toda la gama de opciones que tenemos a nuestra disposición para responder a esta crisis, incluidas ‘acciones que ponemos emprender solos y otras que podemos coordinar con nuestros aliados a través de instituciones multilaterales’.

El mensaje es evidente: existe la posibilidad de una intervención militar de Estados Unidos y la OTAN en Libia, oficialmente para detener el derramamiento de sangre.

Las verdaderas razones son obvias:
Si se derroca a Muammar Gaddafi, Estados Unidos podría derribar todo el marco de las relaciones económicas con Libia y abrir el camino a sus multinacionales, que ahora están casi totalmente excluidas de la explotación de reservas de energía en Libia.

Por lo tanto, Estados Unidos podría controlar el grifo de las fuentes de energía de las que depende  en gran parte Europa y que también provee a China.

Esta es la apuesta en el gran juego por los recursos africanos.

Hoy en día existe una creciente confrontación por ellos, en especial entre China y Estados Unidos.
La creciente potencia asiática, con la presencia en África de cerca de 5 millones de gerentes, técnicos y trabajadores, construye industrias e infraestructuras a cambio de petróleo y otras materias primas.

Estados Unidos, que no puede competir en ese terreno, utiliza su influencia sobre las fuerzas armadas de los países africanos importantes, que entrena mediante el Comando África (AFRICOM), su principal instrumento para la penetrar en el continente.

La OTAN también entra ahora en el juego, ya que está a punto de concluir un tratado de cooperación militar con la Unión Africana que incluye a 53 países.

La central de la cooperación de la Unión Africana con la OTAN ya se está construyendo en Addis Abeba, Etiopía: una estructura moderna, financiada con 27 millones de euros de Alemania, bautizada: “Construyendo paz y seguridad”.

Volviendo a Libia, la confusión habida a la hora de informar ha sido tendendiosa, ya que el líder libio Muammar Gaddafi ha controlado toda la prensa y que lo poco que se sabe es a través de las redes sociales.
Si embargo se ha hablado de bombardeos y de miles de muertos pero, no hay fotos ni videos, ni evidencia.
Entonces surgen las preguntas:

¿Qué pasa con los potentes satélites norteamericanos que son capaces de detectar hasta los menores detalles de las personas y ahora, nada?

¿En un país con un alto Producto Interno Bruto (PIB), donde abunda la tecnología europea no hay posibilidades de mandar videos por You Tub de las horribles masacres?

¿Quiénes son los líderes de los “manifestantes pacíficos” y cuáles son sus demandas? (Ver: El plan de la OTAN es ocupar Libia)

Tomando en cuenta que Libia tiene unas Fuerzas Armadas compuestas por un ejército de 50.000 hombres, una fuerza aérea de 18.000 efectivos y una fuerza naval compuesta por 8.000 integrantes,

¿Cómo pueden manifestantes pacíficos tomarse gran parte de las regiones petroleras del este de Libia, sin armas, defendidas por un ejército dispuesto a masacrar y fuertemente armado?

Desde luego Libia no es Egipto y Ghaddafi siempre fue un odiado enemigo de Estados Unidos, recordemos que George W. Bush lo declaró parte del “eje del mal”, tampoco es un país pobre, tiene un alto PIB, 90.251 millones de US dólares, y es una república popular que nacionalizó todas las petroleras transnacionales.

Con una población de 6.294.000 habitantes tiene la menor densidad de población del mundo con 3,6 hab./km².y una relación comercial que abarca la Unión Europea con un 79%, sólo el comercio con Italia es un 40,4%, y 6,8% con Estados Unidos.

Vamos a hacer un poco de historia

Libia después de la 2° Guerra Mundial se convierte en una monarquía a cargo del rey Idris I.
En 1969, mientras veraneaba en la Costa Azul fue derrocado por un grupo de oficiales jóvenes que lideraba Muammar Gaddafi en un golpe incruento.

Se encontró con un país empobrecido, con más de un noventa por ciento de analfabetismo y una gran mortalidad infantil.

Los dueños del petróleo eran empresas extranjeras.

Muammar Gaddafi expropió las petroleras volviendo el petróleo a manos del pueblo libio, combatió el analfabetismo, fundó universidades, hospitales, construyó caminos y carreteras y comenzó un plan ambicioso para verdificar zonas desérticas.

En lo político, formuló lo que llamó la tercera vía universal, formando comités populares y dando forma a la Jamahiriya, una especie de poder popular.

Las mejoras sociales fueron notables llegando el PIB por habitante a 14.533 US dólares; el crecimiento anual del año 2010 fue de 6,7/%.

Las expectativas de vida son de 74 años y la mortalidad infantil es de 18 por 1000. El analfabetismo es de 5,5 en hombres con un gasto en educación de 2,7% del PIB mayor que el gasto el gasto en defensa que es de 1,1% del PIB.

Su deuda externa es de 5.521 millones de US dólares y sus importaciones son de 11.500 millones de dólares, con exportaciones por 63.050 millones de dólares.

Sus principales proveedores son la UE con 48,7%, (Italia 22,7%) y Asia con 31,1%.

Desde luego un gobierno así no podía ser bien visto por el Imperio.

En 1983, barcos norteamericanos dispararon desde el golfo de Sirte sobre el Palacio de Gobierno, dando muerte a una de las hijas de Muammar Gaddafi, en uno de los numerosos intentos de asesinato, pero el líder libio no estaba allí y sobrevivió al ataque.

Este lamentable hecho produjo un cambio en la conducción política del líder libio, el que se tradujo en un ablandamiento en su forma de combatir a su principal enemigo.

Cometió errores, derivó hacia un nepotismo acentuado y se volvió autoritario. Quizás este hecho con el tiempo resultaría esencial para la situación que hoy vive la revolución libia.

Las garras del imperio y la genuflexión de la ONU

La situación producida en Libia merece un análisis distinto a lo ocurrido en Egipto. Desde luego sirve para ver en toda su desvergüenza la forma de actuar del imperio.

Habla de genocidio y de aplicar sanciones a un régimen que dispara sobre civiles desarmados, sin embargo, cuando Israel bombardeó a la población civil palestina, (recordemos que Palestina no tiene ejército por no ser Estado), en la operación Plomo Fundido, no llamaron a la ONU, ni a aplicar sanciones y recientemente vetaron una condena a Israel por la muerte de población civil.

Los Estados Unidos hablan de DD.HH. sin acordarse de Guantánamo ni de las cárceles secretas de la CIA, habla de sentimientos humanitarios llevando ya 10 años de intervención en Afganistán y la destrucción de Irak. Sus intereses son muy claros:

Libia tiene uno de los mejores crudos del mundo y la política del imperio es apoderarse de su petróleo.
No es casual que la revuelta esté centrada en Bengazi donde están las mayores petroleras libias.

Pero eso no es todo.

Ya en el gobierno del inefable George W. Bush, Condoleeza Rice había planteado la idea de un nuevo Medio Oriente, al parecer la situación parece ser una realidad.

Es posible que el mayor obstáculo para ello sea Libia.

Es factible que si no es viable botar a Muammar Gaddafi, se trate de desmembrar el país quedándose con las regiones orientales de Libia, fronterizas con Egipto.

Las posibilidades son muchas, desde ahogar comercialmente al país hasta una intervención militar, que ya está orquestando la prensa.

Lo que si queda claro que Libia está siendo aislada y acorralada por el imperio y sus aliados léase Unión Europea y OTAN, y por el más fiel servidor imperial el señor Ban Ki-Moon oriundo de Corea del Sur, quien se ha convertido en el más genuflecto de los secretarios generales de la ONU.

Las grandes interrogantes

Hay razones para pensar que algo grande está en desarrollo en los países del Oriente medio.

Para el imperio, el Magreb y los países árabes productores de petróleo son estratégicamente importantes.

No se puede pasar por alto que la 5° flota se estaciona frente a Barhein, hoy día también reprimido por sus reyezuelos sumisos al imperio y de lo que nada ha comentado el señor Barack Obama.

Es extraño que de repente y simultáneamente un buen número de países se estén sublevando y cambiando a sus gobernantes, todo esto sin que las centrales de inteligencia hayan tenido noticias de ello, ni siquiera el Mosad.

La idea de democracia es una construcción occidental ligada estrechamente al desarrollo del capitalismo y por lo tanto bastante ajena a la filosofía islámica.

¿Cuál es el propósito de estos levantamientos?

¿Recuperar la cultura islámica tan aplastada por las conquistas occidentales o al revés, introducir en todo su esplendor el capitalismo neoliberal y globalizar a una parte del mundo que todavía no había sido integrada?

¿Por qué Muammar Gaddafi culpa a Al Qaeda y siendo así, por qué el imperio prefiere una revuelta de un grupo considerado por ellos terrorista a un gobierno con el que mantiene relaciones comerciales?

Si ahora reconocen que hay milicias armadas entre los rebeldes, ¿quién las provee de armamento?

Estamos muy encima de los acontecimientos para poder encontrar claridad en los sucesos del Medio Oriente.
Las interrogantes son muchas y estamos bombardeados por mentiras y desinformaciones.

La prensa está jugando su rol de vocero imperial.

Se está satanizando a Muammar Gaddafi y creando una situación terrorífica igual como se hizo con Saddam Husein y las armas de destrucción masiva que nunca se encontraron.

La situación se parece cada día más a la creada por Bush en Irak. Se está hablando de una intervención “militar humanitaria” (?).
Es posible que Libia sea la tercera invasión del imperio en el siglo XXI; las campañas de la prensa internacional así lo indican.

Sin embargo, siempre hay quien vea las cosas desde otro punto de vista.

Me gustaría señalar que las noticias directas desde Libia y los comentarios sin presiones de los analistas políticos de Tele Sur han sido un alivio entre tanta desinformación.

Luisa Bustamante es Licenciada en Sociología, Universidad ARCIS, Diplomada en Estudios Griegos y Bizantinos de la Universidad de Chile

El plan de la OTAN es ocupar Libia Fidel Castro Ruz

230211 – El petróleo se convirtió en la principal riqueza en manos de las grandes transnacionales yankis; a través de esa fuente de energía dispusieron de un instrumento que acrecentó considerablemente su poder político en el mundo.

Fue su principal arma cuando decidieron liquidar fácilmente a la Revolución Cubana tan pronto se promulgaron las primeras leyes justas y soberanas en nuestra Patria: privarla de petróleo (Ver: Libia, el mundo árabe y América latina)

Sobre esa fuente de energía se desarrolló la civilización actual. Venezuela fue la nación de este hemisferio que mayor precio pagó. Estados Unidos se hizo dueño de los enormes yacimientos con que la naturaleza dotó a ese hermano país. (Ver: En camino a la nueva partición de África)

Al finalizar la última Guerra Mundial comenzó a extraer de los yacimientos de Irán, así como de los de Arabia Saudita, Irak y los países árabes situados alrededor de ellos, mayores cantidades de petróleo. Estos pasaron a ser los principales suministradores.

El consumo mundial se elevó progresivamente a la fabulosa cifra de aproximadamente 80 millones de barriles diarios, incluidos los que se extraen en el territorio de Estados Unidos, a los que ulteriormente se sumaron el gas, la energía hidráulica y la nuclear.

Hasta inicios del siglo XX el carbón había sido la fuente fundamental de energía que hizo posible el desarrollo industrial, antes de que se produjeran miles de millones de automóviles y motores consumidores de combustible líquido. (Ver: Libia: ¿Un nuevo Irak?)

El derroche del petróleo y el gas está asociado a una de las mayores tragedias, no resuelta en absoluto, que sufre la humanidad: el cambio climático.

Cuando nuestra Revolución surgió, Argelia, Libia y Egipto no eran todavía productores de petróleo, y gran parte de las cuantiosas reservas de Arabia Saudita, Irak, Irán y los Emiratos Árabes Unidos estaban por descubrirse.

En diciembre de 1951, Libia se convierte en el primer país africano en alcanzar su independencia después de la Segunda Guerra Mundial, en la que su territorio fue escenario de importantes combates entre tropas alemanas y del Reino Unido, que dieron fama a los generales Erwin Rommel y Bernard L. Montgomery.
El 95 % de su territorio es totalmente desértico.

La tecnología permitió descubrir importantes yacimientos de petróleo ligero de excelente calidad que hoy alcanzan un millón 800 mil barriles diarios y abundantes depósitos de gas natural.

Tal riqueza le permitió alcanzar una perspectiva de vida que alcanza casi los 75 años, y el más alto ingreso per cápita de África.

Su riguroso desierto está ubicado sobre un enorme lago de agua fósil, equivalente a más de tres veces la superficie de Cuba, lo cual le ha hecho posible construir una amplia red de conductoras de agua dulce que se extiende por todo el país.

Libia, que tenía un millón de habitantes al alcanzar su independencia, cuenta hoy con algo más de 6 millones.
La Revolución Libia tuvo lugar en el mes de septiembre del año 1969.

Su principal dirigente fue Muammar al-Gaddafi, militar de origen beduino, quien en su más temprana juventud se inspiró en las ideas del líder egipcio Gamal Abdel Nasser.

Sin duda que muchas de sus decisiones están asociadas a los cambios que se produjeron cuando, al igual que en Egipto, una monarquía débil y corrupta fue derrocada en Libia.

Los habitantes de ese país tienen milenarias tradiciones guerreras. Se dice que los antiguos libios formaron parte del ejército de Aníbal cuando estuvo a punto de liquidar a la Antigua Roma con la fuerza que cruzó los Alpes.

Se podrá estar o no de acuerdo con el Gaddafi.

El mundo ha sido invadido con todo tipo de noticias, empleando especialmente los medios masivos de información.

Habrá que esperar el tiempo necesario para conocer con rigor cuánto hay de verdad o mentira, o una mezcla de hechos de todo tipo que, en medio del caos, se produjeron en Libia.

Lo que para mí es absolutamente evidente es que al Gobierno de Estados Unidos no le preocupa en absoluto la paz en Libia, y no vacilará en dar a la OTAN la orden de invadir ese rico país, tal vez en cuestión de horas o muy breves días.

Los que con pérfidas intenciones inventaron la mentira de que Gaddafi se dirigía a Venezuela, igual que lo hicieron en la tarde de ayer domingo 20 de febrero, recibieron hoy una digna respuesta del Ministro de Relaciones Exteriores de Venezuela, Nicolás Maduro, cuando expresó textualmente que hacía “votos porque el pueblo libio encuentre, en ejercicio de su soberanía, una solución pacífica a sus dificultades, que preserve la integridad del pueblo y la nación Libia, sin la injerencia del imperialismo”.

Por mi parte, no imagino al dirigente libio abandonando el país, eludiendo las responsabilidades que se le imputan, sean o no falsas en parte o en su totalidad.

Una persona honesta estará siempre contra cualquier injusticia que se cometa con cualquier pueblo del mundo, y la peor de ellas, en este instante, sería guardar silencio ante el crimen que la OTAN se prepara a cometer contra el pueblo libio.

A la jefatura de esa organización belicista le urge hacerlo. !Hay que denunciarlo!

Mundo Obrero

Editorial de Workers World/Mundo Obrero

Libia y el imperialismo

23 de febrero–De todas las luchas actuales en África del norte y el Oriente Medio, la más difícil de dilucidar es la de Libia.

¿Cuál es el carácter de la oposición al régimen de Gadhafi, que según se informa ahora controla la ciudad de Benghazi en el este?

¿Es pura coincidencia que la rebelión comenzó en Benghazi que está al norte de los yacimientos de petróleo más ricos de Libia, así como cerca de la mayor parte de sus óleo y gasoductos, de refinerías y de su puerto de transporte de gas líquido natural (LNG por las siglas en inglés)? ¿Hay un plan para dividir el país?

¿Cuál es el riesgo de una intervención militar imperialista que representaría el peligro más grave para los pueblos de la región entera?

Libia no es como Egipto. Su líder Moammar al-Gadhafi no ha sido una marioneta del imperialismo como Hosni Mubarak. Por muchos años Gadhafi fue aliado de países y movimientos que luchaban contra el imperialismo.

Cuando tomó el poder en 1969 a través de un golpe militar, él nacionalizó el petróleo de Libia y utilizó mucho de ese dinero para desarrollar la economía libia. Las condiciones de la vida mejoraron dramáticamente para el pueblo.

Por eso, los imperialistas estaban decididos a destruir a Libia. Estados Unidos lanzó ataques aéreos en Trípoli y Benghazi en 1986 que mató a 60 personas, incluyendo la pequeña hija de Gadhafi – lo cual es raramente mencionado por los medios corporativos. Se impusieron devastadoras sanciones por EEUU y la ONU para arruinar la economía libia.

Después de que EEUUA invadió a Iraq en 2003 y destruyó gran parte de Bagdad con una campaña de bombardeo que el pentágono exultantemente llamó “choque y temor,” Gadhafi intentó proteger a Libia de una adicional amenaza de agresión otorgando grandes concesiones políticas y económicas a los imperialistas.

Él abrió la economía a bancos y corporaciones extranjeras; accedió a las demandas del FMI sobre “ajuste estructural”, privatizó muchas empresas propiedad del estado y recortó los subsidios del gobierno para necesidades como alimentos y combustible.

El pueblo libio está sufriendo de los mismos precios elevados y desempleo que son la base de las rebeliones en otras partes y que fluyen de la crisis económica mundial del capitalismo.

No hay duda de que la lucha que recorre el mundo árabe por la libertad política y la justicia económica también ha resonado en Libia. No hay duda de que el descontento con el régimen de Gadhafi está motivando a una sección significativa de la población.

Sin embargo, es importante que los/as progresistas sepan que muchas de las personas que están siendo promovidas en el oeste como líderes de la oposición son agentes experimentados del imperialismo.

El 22 de febrero la BBC mostró imágenes de muchedumbres en Benghazi bajando la bandera verde de la república y sustituyéndola por la bandera del derrocado monarca, rey Idris quién había sido una marioneta de los EEUU y del imperialismo británico.

Los medios occidentales están basando muchos de sus reportajes en hechos supuestos proporcionados por el grupo en el exilio, el Frente Nacional para la Salvación de Libia, que fue entrenado y financiado por la CIA estadounidense.

Si usted busca en Google el nombre del Frente más la CIA, encontrará centenares de referencias.

En el editorial del 23 febrero, el periódico The Wall Street Journal escribió que “EEUU y Europa debían ayudar a los libios a derrocar el régimen de Gadhafi”.

No hay mención en los salones o en los pasillos de Washington sobre una intervención para ayudar a la gente de Kuwait o de Arabia Saudita o de Bahrein a derrocar a sus dictadores. Incluso, con toda la hipocresía con la que hablan a favor de las masas en lucha de la región ahora, esto sería inconcebible.

En cuanto a Egipto y a Túnez, los imperialistas están haciendo todo lo posible por conseguir que las masas salgan de las calles.

No se habló de una intervención estadounidense para ayudar al pueblo palestino de Gaza cuando millares murieron por el bloqueo, el bombardeo y la invasión de Israel. ¡Todo lo contrario! Estados Unidos intervino para prevenir la censura del estado sionista.

El interés del imperialismo en Libia no es difícil de encontrar. Bloomberg.com escribió el 22 de febrero que mientras que Libia es el tercer productor de petróleo más grande de África, tiene las reservas probadas más grandes del continente – 44.3 mil millones de barriles.

Es un país con una población relativamente pequeña pero con el potencial de producir ganancias enormes para las gigantes compañías petroleras. Así es como lo ven los súper ricos, y la base de su supuesta preocupación por los derechos democráticos del pueblo de Libia.

Conseguir concesiones de Gadhafi no es lo suficiente para los imperialistas señores del petróleo. Desean un gobierno que puedan poseer abiertamente. Nunca han perdonado a Gadhafi por derrocar la monarquía y nacionalizar el petróleo.

Fidel Castro de Cuba en su columna “Reflexiones”, toma nota del hambre del imperialismo por el petróleo y advierte que EEUU está sentando las bases para una intervención militar en Libia.

En EEUU algunas fuerzas están intentando movilizar una campaña que promueve tal intervención.

Debemos oponernos a esto firmemente y recordarle a las personas bien intencionadas y sinceras, las millones de personas matadas y desplazadas por los EEUU por su intervención en Iraq.

La gente progresista siente lo que ve como movimiento popular en Libia.

Podemos ayudar más a ese movimiento apoyando sus justas demandas al tiempo que rechazamos la intervención imperialista, en cualquier forma que ésta pueda tomar.

Es el pueblo de Libia el que debe decidir su futuro.


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La caída en desgracia en Gadafi

25 Febrero, 2011 – 12:36 pm

Glen Ford, Black Agenda Report

Traducido por Mariola y Jesús García Pedrajas

Muammar Gadafi fue una vez la pesadilla de Occidente, pero en la última década había buscado un “apaño” con el imperialismo.

Desde el 11 de septiembre, “Gadafi ha parecido más preocupado por el fundamentalismo islámico…que por las maquinaciones europeas y estadounidenses.” Los servicios secretos de EEUU puede que hayan actuado o no contra Gadafi, pero con toda seguridad aprovecharán cualquier oportunidad.

“Gadafi claramente había alcanzado un acuerdo con EEUU y los hombres ricos de Europa.”

Muammar Gadafi saltó a la escena mundial cuando él y otros jóvenes oficiales echaron a patadas a un rey llamado Idris, quien le había cobrado a las corporaciones extranjeras los precios más bajos a nivel mundial por succionar la riqueza petrolera del país.

Eso fue en 1969. Cuando tuve mi encuentro con Gadafi, 40 años más tarde, a finales de octubre de 2009, aún se llamaba a sí mismo un socialista y jurado enemigo del capitalismo, e impulsaba su Libro Verde como una guía universal a la justicia social.

Pero Gadafi claramente había alcanzado un acuerdo con EEUU y los hombres ricos de Europa. Tipos de las corporaciones, blancos y asiáticos, se veían por todas partes en Trípoli, la capital, la cual se encontraba rebosante hasta los topes con proyectos de construcción llevados a cabo por extranjeros para corporaciones extranjeras.

Libia y sus seis millones de habitantes se habían vuelto un “destino” de las corporaciones con todas las de la ley, y las fuerzas armadas de Gadafi estaban en colaboración constante con las fuerzas de choque de la maquina de guerra imperialista de EEUU.

Gadafi podía decirles a sus visitantes en su enorme tienda de campaña personal en el campamento militar en la ciudad que seguía dedicado a la destrucción del “capitalismo,” pero Washington, Londres y París no parecían muy preocupados.

Desde el 11 de septiembre, Gadafi ha parecido más preocupado por los fundamentalistas islámicos como los de la vecina Argelia cuya supresión costó 200.000 vidas que con las maquinaciones estadounidenses y europeas.

Ha coordinado maniobras militares con los estadounidenses en la región del Sahel en África del Norte, y trabajado estrechamente con la CIA para descubrir elementos del tipo de Al Qaeda.

En 2008, Condoleezza Rice estuvo en Trípoli. “Estoy deseando escuchar la visión mundial del líder,” declaró. Gadafi ya había declarado su amor por la mujer a la que llamó “Leeza,” su “querida afroamericana” quien, dijo, “se reclina y le da órdenes a los líderes árabes.”

“La peor consecuencia posible de la crisis libia sería que EEUU encontrara una manera de intervenir.”

En 2009, el año que visité Libia con una delegación encabezada por la antigua congresista y candidata presidencial del Partido Verde Cynthia McKinney, Gadafi acababa de firmar un acuerdo “histórico” sobre cooperación militar y diplomática.

El Comando para África de EEUU, AFRICOM, y Libia se comprometieron a trabajar juntos en temas de mantenimiento de la paz, seguridad marítima, contraterrorismo y seguridad y estabilidad africana.

Sin embargo, allí estaba Gadafi en televisión el martes, sin parecerse en nada al más bien sereno hombre mayor que me había encontrado en la gran tienda de campaña hacía 16 meses, bramando que estaba siendo asaltado por una combinación de EEUU y militantes islámicos.

En ese sentido sus palabras sonaban mucho como las últimas declaraciones públicas del antiguo presidente egipcio Hosni Mubarak, antes de fuera sacado a empujones de escena.

Gadafi menospreció a sus oponentes tachándolos de ignorantes ingratos que no sabían nada de las glorias del país, o se trataba de personas que simplemente estaban bajo los efectos de alucinógenos.

Su hijo, Seif el Islam Gadafi, había amenazado previamente a los libios con la guerra civil. Ambos, padre e hijo parecían fuera de la realidad, fuera de control y obsoletos. Lo que significa que el pueblo libio está en peligro.

Pero no hay mayor peligro para la independencia y soberanía de la gente que el imperialismo de EEUU, que no tiene ningún respeto por los derechos de nadie.

La peor consecuencia posible de la crisis libia sería que EEUU encontrara una forma de intervenir, en la forma que sea.

Nada que Washington haga puede beneficiar de ninguna manera al pueblo libio, que debe resolver sus propios problemas.

Artículo original:

http://www.blackagendareport.com/content/khadafi-outs

Egipto

12 Febrero, 2011 – 7:34 pm

hosni

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