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Los terremotos no matan gente, mata la pobreza

Los terremotos no matan gente, mata la pobreza
Los terremotos más mortíferos no son los más potentes, sino los que ocurren en países más pobres.
José Cervera | Prensa | Hoy a las 16:27 | 83 lecturas
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Los terremotos no matan gente.

Lo que mata gente es la pobreza.

Los terremotos llevan ocurriendo en este planeta desde siempre, y salvo raras excepciones no acaban directamente con vidas humanas: el movimiento del suelo puede hacerte caer, tal vez un árbol o el techo de una cueva se te pueden desplomar encima o una ladera inestable puede ceder; quizá una roca desplomada puede represar un río y causar una inundación, o un suelo húmedo puede licuarse.

Pero las ondas sísmicas no acaban con la gente.

Lo que mata son nuestras propias obras; lo que acaba con vidas, en ocasiones por centenares de miles o millones, es el colapso de nuestros edificios sobre las cabezas de la gente.

Y ese colapso depende sobre todo de la  calidad y el tipo de construcción, no de la potencia o frecuencia de los sismos.

Es de esta aparente ironía de donde se deriva la triste realidad de que los terremotos más mortíferos no son los más potentes, sino los que ocurren en países más pobres y más poblados.

Sólo en un caso se unen magnitud absoluta del terremoto con un elevadísimo número de bajas: el movimiento que originó  el tsunami del Océano Índico en diciembre de 2004superó los 9 grados de magnitud y causó casi 250.000 muertes, sobre todo en países muy poblados y de escasos recursos (India, Indonesia, Sri Lanka)

En efecto, la mayoría de  los terremotos más grandes de la historia  (de magnitudes superiores al 9) se produjeron en áreas poco pobladas o poco desarrolladas.

Sin embargo  los terremotos más letales, los que mataron a más de 100.000 personas, se concentran en países muy poblados y pobres, al menos en el momento de sufrir el seísmo: China (1556, 1920, 1976), la Antioquía bizantina (526), Alepo en Siria (1138), Irán (856 y 893), el Japón del siglo XVIII (1730).

La  catástrofe haitiana  que se produjo en 2010 se dio por  su condición de pobreza extrema  y estado casi inexistente que por la furia de la naturaleza. Edificios oficiales como el Palacio de la República y distintos hospitales  se han venido abajo como castillos de naipes.

Las construcciones de escasa calidad y nulos estándares han sido incapaces de resistir un movimiento telúrico que en países ricos y concienciados como Japón, Estados Unidos o Chile habría sido un temblor más con pocas o ninguna víctima. Porque las técnicas existen para que los edificios no se conviertan en trampas mortales cuando la tierra tiembla.

Se ha podido comprobar con el último terremoto en Japón, que a pesar de su terrible magnitud no ha dejado un número de víctimas mínimamente comparable con el producido en Haití.

¿Cómo evitar los derrumbamientos de los edificios?Ni siquiera estamos hablando de novedosos sistemas de alta tecnología y elevado precio (que también los hay), aunque también existen. No: las bases de la construcción sismorresistente se conocen desde hace milenios.

Uno de los métodos más eficaces para que los edificios no se derrumben ante la furia de la geología es el  aislamiento sísmico  de la cimentación, que se ya se usó en  la tumba de Ciro el Grande  en la ciudad persa de Pasargada,  construido en el siglo IV adC.

Se conocen sistemas sencillos de refuerzo de muros de mampostería, de construcción de elementos estructurales interconectados por juntas flexibles o de instalación de muros resistentes a la cizalla que sin elevar en exceso el precio de un edificio pueden hacer que resulte mucho más capaz de absorber los movimientos del suelo.

Incluso hay técnicas de construcción sismorresistente utilizando adobe, el más humilde de los materiales de construcción;  técnicas que los antiguos peruanos utilizaban ya milenios antes  de la conquista.

El problema principal, sin embargo, es que el uso de estas técnicas exige no sólo algún dinero, sino una estructura estatal competente.

Es vital conocer la geología y analizar los riesgos concretos del emplazamiento de un futuro edificio antes de elegir qué sistemas hay que incorporar a la construcción para hacerla sismorresistente.

No se usan las mismas técnicas donde un terremoto puede provocar licuefacción de los suelos que allá donde el riesgo puede ser un tsunami, o el agrietamiento del terreno.

Además,  la calidad de los materiales y de la técnica de construcción  son vitales para asegurar que los edificios reforzados se comportan adecuadamente. En suma, además de dinero hace falta organización, inspección y control. Hace falta (horror) un estado: otra de las cosas de las que carecía Haití.

Las experiencias en los Estados Unidos con el  terremoto de 1994 en Northridge  (junto a Los Angeles), demuestran que ni siquiera un país rico y con un estado fuerte y capaz es capaz de eliminar por completo los riesgos.

Las cantidades de energía que se movilizan en un terremoto son ingentes, inimaginables; y las consecuencias de toda esa energía fluyendo libre por la corteza terrestre a veces son inesperadas.

Pero la historia demuestra también que donde hay un cierto nivel de riqueza que permite la preparación, y donde hay un estado capaz de imponer que las precauciones se cumplan adecuadamente, las bajas causadas por la actividad sísmica se reducen casi a lo anecdótico.

Haití, un país situado en una activa zona sísmica con trágicas experiencias históricas, sin duda conoce bien los riesgos del planeta Tierra. Pero  lo que mata no son los temblores:  es la pobreza, la corrupción y la ausencia de un estado capaz de hace cumplir las normas.

“Si el terremoto de Japón hubiera tenido lugar en otro país, habría sido una destrucción total”

Empleados y trabajadores esperan en una calle de Tokio tras el terremoto que ha sacudido la costa noreste de Japón. (EFE)

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  •   
  • D.Y. 11.03.2011 – 14.40h
  • Japón ha sufrido su mayor terremoto en 140 años y ha provocado un tsunami que ha arrasado parte del país y se propaga por todo el océano Pacífico. El país nipón está muy preparado ante este tipo de fenómenos, pero a pesar de todo la catástrofe es evidente.

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    Este seísmo se originó en una zona de subducción de placas (una zona choque constante de placas tectónicas, donde una se mete por debajo de la otra) y al llegar las ondas sísmicas al fondo marino originó el tsunami. “Los grandes terremotos, como este o el de Chile del año pasado -de una magnitud similar-, están relacionados con zonas de subducción“, explica María José Jurado, geóloga del CSIC y que trabajó en una zona al sur de donde se inició el sismo.

    Ellos nacen y viven con terremotos; constantemente hay terremotos de 7 o 6 gradosPara hacerse una idea de la magnitud del temblor -de 8,8 en la escala de Ritcher-, sólo hay que fijarse en sus réplicas. “Se han producido decenas de réplicas, algunas de hasta 7 o 6 puntos. En otras zonas del mundo, esos temblores serían catastróficos: sólo hay que recordar que el de Haití o el de L`Aquila fueron de siete y cinco y pico, respectivamente”, afirma esta experta.

    “Si un terremoto de la magnitud del de Japón hubiera tenido lugar en otro lugar del mundo habría supuesto una destrucción total, no tendríamos ni imágenes”,  declara esta geóloga.

    La razón es que Japón se encuentra en una zona de especial actividad sísmica y los japoneses conviven con los temblores y tsunamis. “Ellos nacen y viven con terremotos; constantemente hay terremotos de 7 o 6 grados y por ello están muy preparados en todos los sentidos“, describe Jurado.

    La preparación de este país alcanza todos los aspectos: hay una red de alerta temprana que llega velozmente a la población, esta está educada en cómo actuar (dónde colocarse, que elementos estructurales son más estables, situarse bajo las mesas, etc.) y también en la forma de construir los edificios e infraestructuras (viendo las imágenes del seísmo en Tokio se puede observar que los edificios ‘bailan’, pero no se rompen).

    “Mi edificio estaba muy preparado”

    Aquí los edificios parecen bailar al compás del sueloUn estudiante español en Tokio y que ha vivido el terremoto relataba a 20minutos.es que “el edificio donde vivo estaba muy bien preparado para estas cosas, las puertas de los pasillos se cierran solas por si hubiese un incendio (las puedes abrir sin problemas si quieres), además se corta el gas para evitar males mayores y te obliga ha hacer una serie de comprobaciones si quieres restablecer el suministro”. “Aquí los edificios parecen bailar al compás del suelo de manera que reducen bastante la fuerza del terremoto sobre ellos mismos”, relata.

    Con los tsunamis existe el mismo nivel de preparación. En algunas zonas de la costa hay barreras arquitectónicas para restar fuerza a las grandes olas que protagonizan estos fenómenos. “La población sabe que cuándo ve ciertos síntomas o cuando se conocen las alertas cómo tiene que reaccionar: si ven que se retiran las aguas, saben que deben dirigirse a toda velocidad a las zonas altas”, explica esta geóloga que trabajó en Japón.

    Si es así, ¿cómo el tsunami de este viernes ha sido tan devastador? “La zona afectada estaba muy cerca del orígen del terremoto y el tsunami llega rápido y no hay tiempo para evacuar”, analiza Jurado.

    Lo importante es la información, pero en este caso no hubo tiempo. “El problema con el tsunami de 2004 fue otro, en muchos centros de alerta se sabía dónde y a qué hora llegarían las olas, había tiempo, pero no había mecanismos en esos países para ayudar y evacuar a la población“.

    “Equivalente a 200 millones de toneladas de TNT”

    Los geólogos han calculado la magnitud del terremoto. “Ha liberado una energía equivalente a 200 millones de toneladas TNT“, según Luis Suárez, presidente del Colegio Oficial de Geólogos. “Es uno de los más destructivos de la historia”, ha dicho.

    “El mayor peligro ahora es el tsunami que puede llegar hasta las costas de Chile”, ha remarcado Suárez. Asimismo puede haber réplicas, pero de “menor intensidad”. Otro de los problemas son los incendios derivados de seísmo, “sobre todo en centrales nucleares al apagar los sistemas de refrigeración“, explica el presidente del Colegio de Geólogos. Aunque, “aún es pronto para valorar los daños”, considera.

    Empleados y trabajadores esperan en una calle de Tokio tras el terremoto que ha sacudido la costa noreste de Japón. (EFE)

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