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La muerte de Bin Laden: una mirada Centroamericana

La muerte de Bin Laden: una mirada Centroamericana

La ejecución extrajudicial no la inventó la CIA ni los SEALS, pero la ha llevado a un plano superior
Geopolítica – 12/05/2011 8:11 – Autor: Julio Abdel Aziz Valdez – Fuente: Webislam
  

 
Etiquetas: bin laden, cia, asesinato
La muerte de Bin Laden: una mirada Centroamericana
La muerte de Bin Laden: una mirada Centroamericana

Se redobló la seguridad en los aeropuertos desde que la noticia apareció en los periódicos locales, y las fuerzas policiales desempolvaron los manuales proporcionados por las Embajadas Norteamericanas y emitieron la alerta terrorista.

Las fuerzas policiales locales no son el ejemplo más notorio de profesionalismo investigativo, es por eso que la asistencia norteamericana rebasa los límites de asistencia técnica para asumir el de administración per se. No le son extraños los operativos, a guisa de ejemplo, de la DEA con apoyo de agentes locales e igual sucede en el campo del tan anunciado terrorismo, donde las embajadas cuentan con sus propios especialistas que, además de mandar reportes cotidianos a sus respectivas agencias en Washington, aconsejan al Embajador de turno.

La migración de población árabe musulmana se ha mantenido en una media a nivel centroamericano. Ésta sigue ubicándose como una minoría dentro de las minorías y sus aportes, aun cuando son significativos en algunos campos económicos, siguen siendo periféricos en cuanto al desarrollo cultural se refiere; el peso de la cercanía con Estados Unidos junto con las grandes tendencias latinoamericanas es abrumador.

Sin embargo, desde los atentados del 11 de septiembre, al igual que en otras latitudes de occidente, se ha producido un sostenido crecimiento de conversiones al islam en la población local, que sigue siendo escasa en relación al número de creyentes dentro del cristianismo (en sus diferentes denominaciones), pero si hay una lección que deja la figura de Bin Laden es que no se necesitan grandes cantidades de adeptos para llevar a cabo acciones que puedan tener objetivos a nivel mediático internacional.

Sobre esa base, los servicios de inteligencia ven en cada comunidad musulmana un potencial peligro, por pequeña que sea, no se necesita igualmente de nexos o afiliaciones sino de tan solo convencimiento, los medios se pueden conseguir a nivel local.

Centroamérica es un corredor de droga hacia los Estados Unidos y en ese proceso de crecimiento del crimen organizado, influenciado mucho por la CIA, se llegó a debilitar tanto el Estado que permitió el crecimiento de organizaciones paralelas; esta situación de ausencia de Estado es la que preocupa a los norteamericanos, que contradictoriamente facilitan más la droga, que es un peligro más tangible para los ciudadanos norteamericanos que el llamado “terrorismo islámico”.

La idea de una ejecución extrajudicial (de Bin Laden) no es algo extraño para el centroamericano promedio (no del triangulo Honduras, El Salvador y Guatemala) de hecho a diario se convive con este tipo de realidades a tal punto que no es posible establecer criterios de relación entre transgresión-sanción. Así, hubo muchos comentarios en los blogs de los periódicos que se congratulaban y afirmaban que lo mismo debería de hacerse con los “delincuentes locales”. Y resulta interesante en ese ambiente que la cooperación que brinda AID se sustenta en bases legales que ellos mismo no fomentan en sus propios países (gobernabilidad, fortalecimiento en la aplicación de justicia y rendición de cuentas)

Pero, ¿qué es una ejecución extrajudicial? En la región, el concepto adquiere importancia durante el conflicto armado, un enemigo huidizo el cual solo puede ser destruido, no remitido a tribunales porque su encarcelamiento puede ser una arma propagandista. La ejecución tiene como objetivo político el propagar el miedo, “todos saben quien lo hizo, pero nadie tiene pruebas” y nadie puede reclamar, la ejecución no le permite a la victima la dignidad de una sepultura, el anonimato permite que la imaginación vuele en un mar de violencia. Sepultura en medio del mar, donde precisamente muchos opositores latinoamericanos fueron a parar, “pero todo esto salvó vidas”, eso era al menos lo que decían los militares centroamericanos cuando bombardeaban una aldea en busca de guerrilleros, el mal menor, eso permitía sobrellevar la culpa si es que alguna vez la hubo. Obama se acerca al lugar donde estuvo el Word Trade Center y ora, “al fin fueron vengados”. Y los miles de muertos en los bombardeos en Kandahar, Qunduz, Kabul y otras ciudades Afganas, ¿no contaban?

Para qué enjuciar si los puedes asesinar

Diariamente las calles de El Salvador y Guatemala en las décadas de los setenta y ochenta, aparecían cadáveres de líderes sindicales, populares y estudiantiles, muchos de los que en la lógica de la política de Seguridad Nacional representaban una amenaza al Estado, pero llevarlos ante un tribunal hubiera representado desgaste político al endeble orden jurídico de ese mismo Estado, por lo tanto se crearon comandos especializados de limpieza, sin nombre, sin identidad, que respondían a mandos de inteligencia del ejército y la policía. Esos años de “limpieza social” allanaron lo que hoy sucede a diario, siguen apareciendo cadáveres, torturados, desmembrados. Las fotografías publicadas por EFE de los cadáveres de la supuesta escolta de Bin Laden, en realidad más que pruebas eran trofeos cómo los que acostumbraban los cazadores de cabelleras en el antiguo oeste norteamericano, no en balde deciden dar el nombre clave de Gerónimo al objetivo.

No es justicia la ejecución extrajudicial, es asesinato simple y sencillo, el que paga a un sicario para que ajuste una cuenta como sucede a diario en las calles de nuestras ciudades, no es justicia, pero ahora los norteamericanos lo han elevado a nivel de categoría de la cultura neoliberal.

La ejecución extrajudicial no la inventó la CIA ni los SEALS, pero la han llevado al plano superior, al menos superaron las lecciones del Tsahal (fuerzas armadas israelíes), que para ejecutar a un enemigo optan por destruir un poblado entero.

Élites apátridas, siempre son necesarias

El papel de Pakistán como receptor y dependiente de ayuda financiera norteamericana y su reacción “pusilánime” ante la clara violación de su soberanía es algo que se entiende muy bien desde esta parte del Continente, a pesar de la existencia de más de cuatro millones de centroamericanos en Estados Unidos, gran parte de ellos en condiciones migratorias irregulares, no fueron capaces estos gobiernos de impedir que se asociara el derecho a la migración a la creciente paranoia antiterrorista post 11S.

En nombre de la Seguridad Nacional Estados Unidos comete actos contra la dignidad humana, tortura, debido proceso, asesinatos, arrestos ilegales, separación de familias, humillación, racismo y mucho más, y hasta ahora no ha habido más que condenas morales, no se ha conducido a este gobierno a las puertas de los tribunales internacionales y no se hace precisamente porque pesa más la balanza comercial que el de las vidas humanas.

La reacción pakistaní fue la de advertir “que no vuelva a suceder” como si esta muerte fuera la primera cuando por todo mundo es sabido la infinidad de veces que los Drones (aviones no tripulados) bombardean supuestas bases talibanes en suelo pakistaní con cauda de centenares de muertes en estos actos.

Pakistán, a pesar de la distancia, está mucho más cerca de lo que se pensaba, elites gobernantes que no conocen la ética, que utilizan el pretexto del combate al enemigo interno para suscribir convenios de dependencia geoestratégica con el Imperio.

Los servicios de inteligencia pakistaní pudieron haber realizado el operativo pero era imprescindible para este montaje mediático ver al Presidente en la Sala de Operaciones junto con su galante Secretaria de Estado, eternizar la imagen del combatiente invencible que divulgan lo videojuegos, esa misma imagen se repite con frecuencia en los operativos de captura de capos en Centroamérica por agentes de la DEA. Anualmente se recompensa la “colaboración” con aportes financieros individuales y fines de semana en Miami para el “shopping“.

Del 11 de septiembre a la revolución árabe

Para el Debate: Del 11 de septiembre a la revolución árabe

de Periódico El Libertario, el Martes, 10 de mayo de 2011 a las 14:14
 
Por Simón Rodríguez Porras

De acuerdo con la versión oficial, un grupo comando yanqui entró en la noche del 1 de mayo a la vivienda donde se encontraba escondido Osama Bin Laden junto con miembros de su familia, cerca de la capital pakistaní, y pese a no ofrecer resistencia fue ejecutado, al igual que varios de sus acompañantes. Luego arrojaron su cuerpo al mar, aplicando el método de la desaparición forzada que durante años la Escuela de las Américas enseñó a los terroristas de Estado latinoamericanos.

Bin Laden fue un integrista islámico armado y entrenado por la CIA, como otros miles de mercenarios, para combatir a los soviéticos en Afganistán. Los cuervos criados por el imperialismo luego impulsaron su propia agenda, que incluía expulsar las bases militares yanquis de Arabia Saudita, donde se encuentran los sitios religiosos más importantes para los musulmanes, y terminar con la situación colonial de Palestina. La agrupación de Bin Laden ya había alcanzado cierta notoriedad antes de 2001, por ataques contra objetivos militares de EEUU en Arabia Saudita y Yemen, y contra las embajadas gringas en Kenya y Tanzania, ataques en los que hubo centenares de víctimas civiles africanas. Su actividad había sido el pretexto para bombardeos criminales como el perpetrado por el gobierno de Clinton contra la precaria industria farmacéutica de Sudán. Cuando cayeron las torres gemelas de Nueva York el 11 de septiembre de 2001, Bin Laden aplaudió los atentados sin asumir responsabilidad por su ejecución. Como suele ocurrir con las acciones aisladas, estos atentados no generaron ningún tipo de movilización contra la política exterior de los EEUU, ni siquiera en aquellos países oprimidos donde fueron percibidos como una venganza por los largos años de matanzas y crímenes de todo tipo perpetrados directamente o con apoyo del gobierno estadounidense, tales como Irak y Palestina. En EEUU generaron una confusión general que fue aprovechada por la élite gobernante para alimentar un patrioterismo extremo.
El gobierno de Bush solicitó a la dictadura teocrática del Talibán que extraditara a Bin Laden por la autoría intelectual de los ataques, pero la dictadura pidió pruebas de las acusaciones para detenerlo y entregarlo. Bush respondió a esta solicitud invadiendo Afganistán, invasión que ha cobrado decenas de miles de víctimas civiles. (1)
 
Casi diez años después, embriagado por la ejecución de Bin Laden, Obama pronunció un discurso en el que aseguró que EEUU podía hacer cualquier cosa que se propusiera en el mundo. Los hechos nos dicen todo lo contrario: hoy el imperialismo no puede hacer lo que le dé la gana. Es cierto que los ataques de 2001 crearon las condiciones políticas internas para que el gobierno de los EEUU pudiera lanzar una campaña de invasiones, restringiera las libertades democráticas con la Ley Patriota y otros instrumentos regresivos, e incluso creara centros de tortura secretos en Europa y un campo de concentración en Guantánamo, todo esto a nombre de la guerra contra el terrorismo. Parecía que, como diría Obama, los yanquis podían hacer lo que se propusieran, sin importar el odio que despertaran en todo el mundo sus crímenes. Pero esa situación ha cambiado radicalmente.
El pueblo árabe “ha dicho basta y ha echado a andar”
Los invasores han tenido que replegarse en Irak y comenzar su retirada, derrotados por la resistencia, mientras que Afganistán se ha convertido en un pantano para los invasores. Los saharahuis y los palestinos se mantienen en resistencia contra la ocupación colonial, que no ha podido ser derrotada. A partir del presente año se ha desatado una insurrección de masas contra las dictaduras y las degeneradas monarquías que plagan el mundo árabe. Uno de los pilares de la dominación yanqui en la región, y aliado incondicional de Israel, el dictador egipcio Hosni Mubarak, ha caído, al igual que el dictador tunecino Ben Alí. Hay tremendos procesos revolucionarios en curso en Libia, Siria, Yemen y Bahrein. Son procesos con una importante carga antiimperialista, en los que los integristas islámicos no juegan ningún papel relevante. En Egipto, los Hermanos Musulmanes tienen un programa político se asemeja al del partido gobernante de Turquía, autoritario y sin roces significativos con el imperialismo. Pese a ser una organización de relativa importancia dentro de Egipto, no apoyaron activamente la rebelión, de hecho se pronunciaron contra Mubarak después de que había caído.
El programa burgués y autoritario de los integristas islámicos choca con las reivindicaciones democráticas y sociales que están en el centro de la rebelión árabe, las cuales son la expresión de sus potencialidades anticapitalistas. Incluso en Palestina, donde Hamas había capitalizado un gran apoyo popular gracias a su posición de independencia y resistencia frente al fascismo sionista, se ha materializado un pacto de unificación del gobierno con la dirección de Fatah, que es la máxima expresión del colaboracionismo y de la renuncia a las banderas originales de la lucha anticolonial. El camino recorrido por Fatah es análogo al de los nacionalismos burgueses de la región, incluyendo el propio Mubarak, heredero del nasserismo, Kadafi y Al Assad de Siria, quienes demostraron las limitaciones y el retroceso de ese proyecto histórico, convirtiéndose en apéndices de la política imperialista en la región y sus regímenes son hoy el blanco de la furia popular.
Terrorismo o revolución
Por enésima vez se confirma que el terrorismo como método de lucha no sólo es ineficaz sino perjudicial para la causa de los pueblos, pues impide a las masas asimilar que a través de la movilización pueden tomar su destino en sus propias manos. Acciones aisladas e indiscriminadas, que cobran numerosas víctimas civiles, aterrorizan mucho más a la población general que a la élite gobernante, y por eso le brindan a ésta la ocasión para desatar la represión y en ocasiones utilizar otro tipo de terrorismo mucho más poderoso, por cuanto cuenta con recursos infinitamente mayores, como lo es el terrorismo de Estado.
En cambio, las acciones de masas en Yemen, las huelgas en Egipto, la creación de los comités revolucionarios en Túnez, el armamento popular y el combate contra Kadafi en Libia, los choques con los esbirros del ejército sirio y la quema del Palacio de Justicia por parte de miles de manifestantes enardecidos, los alzamientos estudiantiles contra la monarquía corrupta marroquí, son experiencias en las que son protagonistas y se educan políticamente millones de personas, saboreando el verdadero poder transformador de la movilización. Cuando el ejército reprime salvajemente, se fractura, como ha ocurrido en Libia y en menor grado en Siria, y si es incapaz de hacerlo, como en Túnez y Egipto, los gobiernos caen.
Obama: alegría de tísico
Los festejos en Washington por la ejecución del líder de Al Qaeda no se corresponden con la severa crisis de dominación yanqui en el mundo árabe, la cual no se revertirá por la desaparición física de un fanático que llevaba años aislado y sin ejercer una influencia significativa sobre la vida política de la región. El propio secretismo oficial sobre la ejecución es una muestra de debilidad, y es pasto para que proliferen diversas versiones sobre qué pretende Obama ocultar.
Con la intervención militar en Libia y la invasión saudí contra Bahrein, el imperialismo intenta frenar la revolución árabe, pero hasta los momentos no ha tenido el menor éxito. Hundiéndose en una crisis económica de enormes dimensiones y con escaso apoyo popular para aventuras guerreristas, la tradicional disposición agresiva y violenta de la política exterior yanqui se resiente de una tremenda impotencia. La celebración del gobierno de Obama es alegría de tísico. Hoy los pueblos árabes están logrando algo mucho más importante y efectivo que derribar las Torres Gemelas. Están derribando los regímenes en los que se ha apoyado EEUU durante décadas para oprimir y saquear el Mahgreb y el Oriente Medio.
Nota:
1.- Hasta el día de hoy, no se ha publicado una investigación profunda y concluyente sobre los ataques del 11 de septiembre. La página del FBI incluye a Bin Laden en su listado de “Criminales más buscados”, y en la ficha correspondiente menciona su responsabilidad en los ataques a las embajadas estadounidenses en Tanzania y Kenya, pero curiosamente no menciona su relación con los ataques del 11 de septiembre. La ficha de Bin Laden se puede observar en el siguiente enlace: http://www.fbi.gov/wanted/wanted_terrorists/usama-bin-laden
(Consultada el 9 de mayo de 2011).

Tomado de Laclase.info

Fundamentalismo islámico: ¿Religión o cortina de humo?

  1. Fundamentalismo islámico: ¿Religión o cortina de humo?
“CIA = policía = Al Qaeda”. Leyenda aparecida en un muro de un barrio de inmigrantes árabes en Madrid
Opinión – 10/04/2005 0:00 – Autor: Marcelo Colussi – Fuente: Rebelión
CIA-Al Qaeda
CIA-Al Qaeda

Ante todo es necesario hacer dos precisiones preliminares: por un lado debe aclararse que el presente escrito está hecho por un occidental y dirigido, fundamentalmente, a occidentales. Es importante decirlo porque el fenómeno a estudiar está lejos de nuestra cotidianeidad, de nuestro ámbito de intereses inmediato, y por tanto –es obligado reconocerlo– guardamos con él una cierta distancia, lo cual puede ser “científicamente sano”, pero también nos coloca en la situación de estar ante algo bastante desconocido: hablaremos desde nuestra cosmovisión sobre otra cosmovisión que no nos ese familiar. Por otro lado, lo que aquí presentamos pretende ser, básicamente, una lectura política de un fenómeno que comporta diversas e intrincadas facetas: políticas y también sociales, psicológicas, históricas, lo que nos alerta, desde el primer momento, de lo puntual del análisis propuesto: estamos hablando de una cara de un problema infinitamente complicado. Es decir: hablamos en términos políticos y como occidentales de un proceso no occidental y más complejo que lo sólo político.

Hechas estas consideraciones –necesarias tanto en nombre de la corrección académica como de la equidad en términos éticos– debemos dejar claro que el objeto de estudio en cuestión es, hoy por hoy, uno de los temas más popularizados, por tanto más banalizados, y por ello mismo más sujeto a equívocos. En realidad no hay un gran esfuerzo académico por circunscribirlo sino, curiosamente, su tratamiento es más bien mediático: es un tema-idea-problema impuesto por los medios de comunicación de masas, sin dudas con una agenda política por detrás. Aunque no se sepa bien qué significa, el término “fundamentalismo” ha pasado a ser de uso común. Y más aún el de “fundamentalismo islámico”. Para adelantarlo de una vez: según el imaginario colectivo que los medios han ido generando en Occidente, el mismo es sinónimo de atraso, barbarie, primitivismo, y se une indisolublemente a la noción de terrorismo sanguinario.

Como primera aproximación podríamos decir que, de un modo quizá difuso, está ligado a fanatismo, ortodoxia, sectarismo. De alguna manera está en la antípoda de un espíritu tolerante y abierto. En general suele asociárselo –lo cual es correcto– con el ámbito religioso.

En sentido estricto, el término “fundamentalismo” tiene su origen en una serie de panfletos publicados entre 1910 y 1915 en Estados Unidos; con el título “Los Fundamentos: un testimonio de la Verdad”, los documentos escritos por pastores protestantes se repartían gratuitamente entre las iglesias y los seminarios en contra de la pérdida de influencia de los principios evangélicos en ese país durante las primeras décadas del siglo XX. Era la declaración cristiana de la verdad literal de la Biblia, y las personas encargadas de su divulgación se consideraban guardianes de la verdad. De tal modo, entonces, fundamentalismo implicaría: “retorno a las fuentes, a los fundamentos”.

Existen distintas definiciones y sinónimos para el fundamentalismo religioso. Para tomar alguna, por ejemplo, podríamos citar la que propone Ernest Gellner: “la idea fundamental es que una fe determinada debe sostenerse firmemente en su forma completa y literal, sin concesiones, matizaciones, reinterpretaciones ni reducciones.

Presupone que el núcleo de la religión es la doctrina y no el ritual, y también que esta doctrina puede establecerse con precisión y de modo terminante, lo cual, por lo demás, presupone la escritura”.

Todas las religiones, en mayor o menor medida, pueden comportar rasgos fundamentalistas.

En Occidente, por ejemplo, el cristianismo ha conocido momentos de fanatismo e intolerancia increíbles; la Santa Inquisición abrasó en la hoguera a quinientas mil personas en nombre de la lucha contra el demonio, y si bien eso no sucede en la actualidad, la ortodoxia llevada a extremos delirantes persiste.

Sólo para muestra: durante la guerra en Bosnia el Papa Juan Pablo II mandó una carta abierta a las mujeres que habían quedado embarazadas después de ser violadas, en la que les pedía que no se practicaran un aborto y que cambiaran la violación en un acto de amor haciendo a ese niño carne de su carne.

Una primera hipótesis que esto nos plantea es que el “salvajismo” fundamentalista, en todo caso, no es patrimonio islámico como la verdad mediática nos lo presenta cotidianamente.

El Islam (palabra árabe que significa “entrega a Dios, sumisión a su voluntad”) no es sólo una religión; es, más precisamente, un proyecto sociopolítico de base religiosa. El Islam se define a sí mismo como una ideología que engloba religión, sociedad y política y que se basa en un texto sagrado: el Corán. Por tanto, el Corán no es un libro exclusivamente religioso.

El profeta Mahoma, entre los años 622 y 632, organizó la sociedad musulmana con numerosas reglas sociales. La tarea de un gobierno musulmán es organizar toda la vida social según esas normas y expandir el Islam lo máximo posible. Todo debe ser islamizado: desde lo que se habla por los altavoces de las mezquitas hasta los periódicos, la televisión, la escuela, las relaciones interpersonales.

Para el presente análisis es imprescindible partir de la base que la actual y difundida hasta el hartazgo caracterización de la cultura musulmana como intrínsecamente “atrasada”, “bárbara” –visión sesgada y ahistórica por cierto– borra tiempos de grandeza inconmensurable, hoy ya idos.

El Islam desplegó por siglos un poderoso potencial creativo, filosófico y científico-artístico, superior en su época al del Occidente cristiano; ahí están su colosal arquitectura, el álgebra, los avances médicos, su arte, como testigos de un gran momento de esplendor.

Sin embargo la moderna revolución científico-técnica de la era industrial no surgió en suelo islámico sino que ha irrumpido en éste desde fuera, la mayoría de las veces bajo el signo del colonialismo.

Hoy por hoy –es la cruda realidad– el mundo árabe no marca la delantera cultural del planeta; su lugar en el concierto mundial se ve relegado, al menos para la lógica que imponen los centros internacionales de poder, a ser productores de materia prima, petróleo fundamentalmente.

Riquezas naturales que sólo contribuyen a mantener dinámicas sociales pre-industriales, con corruptas monarquías feudales enquistadas en estados muchas veces dictatoriales, que usufructúan la explotación de esos recursos y a cuya sombra vegetan mayorías empobrecidas, desesperadas en muchos casos.

En este contexto surge el fundamentalismo islámico, en tanto movimiento político-religioso que preconiza la vuelta a la estricta observancia de las leyes coránicas en el ámbito de la sociedad civil.

Deriva su nombre de la aspiración de volver sobre las fuentes, es decir, el Corán, la Sunna (la tradición del Profeta, los dichos y hechos de Mahoma) y la Ley Revelada. Dentro de sus planes están el rescate de los valores propios e intrínsecos al Islam, la restauración del Estado Islámico y la oposición a todo lo que haya entrado en la sociedad musulmana como innovación.

En el seno de este amplio movimiento se encuentran tendencias diversas, antagónicas incluso: sunnitas, chiitas, wahabitas, el Yihad islámico, los Hermanos musulmanes de tendencia sunni, surgidos a finales de los años veinte e implantados fundamentalmente en Egipto pero también en otros paises del occidente musulmán (Sudán, Yemen, Siria,), el movimiento Hamas, la red Al Qaeda, la secta nigeriana Maitatzine, etc.

Si bien está extendido en modo difuso por buena parte de Africa y Asia contando entre sus seguidores a millones de personas, es muy difícil encontrar un hilo conductor único que reúna a todo este movimiento.

No obstante, a pesar de la amplísima pluralidad, existen varios aspectos inmutables del derecho islámico que podemos ver transversalmente en todo el amplio arco del fundamentalismo: el rechazo a admitir el matrimonio de la mujer musulmana con el no musulmán, el rechazo a la posibilidad de que un musulmán pueda cambiar de religión reconociendo su derecho a la libertad de conciencia, el rechazo a admitir la legalidad de los sindicatos para los trabajadores, la pena capital por apostasía, la aceptación de los castigos corporales, y tres desigualdades inmodificables: la superioridad del amo sobre el esclavo, del musulmán sobre el no-musulmán y del varón sobre la mujer, la que es sometida al proceso de ablación clitoridiana a partir del supuesto que no debe gozar sexualmente (el placer debe ser sólo varonil).

El fundamentalismo apegado al Islam primigenio no establece distinción entre política y religión. Por ello en algunos casos, como en Irán, los líderes islamistas suponen que la dirección política de la sociedad debe recaer en los ulemas o líderes religiosos.

Para el fundamentalismo la restauración del Islam originario es la única alternativa viable, la respuesta religiosa frente a los fracasos, las crisis y el secularismo en el que Occidente es el principal causante de los males.

En esta línea, para los fundamentalistas muchos problemas del mundo árabe actual son achacables al abandono de la fe islámica.

Por tanto, lo esencial es volver a las fuentes de la fe, depurar todas las escorias y deformaciones provenientes y resultantes de siglos de decadencia (entienden que la pobreza, el atraso económico, la dominación extranjera, se deberían al abandono del Islam), y recuperar así una edad de oro vista hoy como paraíso perdido.

Este fundamentalismo se ha difundido principalmente entre los estratos más pobres y explotados de las sociedades donde se arraiga, tales como asalariados, campesinos expropiados y empujados a emigrar a la ciudad, trabajadores y pequeña burguesía que gira alrededor de la economía de los bazares, y una parte del clero islámico; pero muy especialmente: en la juventud. Dato importante: el 60 % de la población musulmana de menores de 20 años está desocupada y con un porvenir incierto.

Difundido entre los estratos más pobres de la sociedad, entonces, el fundamentalismo es un movimiento interclasista que, incluso mediante acciones violentas y de terrorismo, se opone a la “modernidad laica” en vez de oponerse a la explotación capitalista y al injusto sistema de comercio internacional (hoy en su versión neoliberal globalizada), verdaderas causas de los actuales sufrimientos de las masas oprimidas.

Como en el Corán está escrito que quienes mueran en la defensa de su fe tendrán bienaventuranza eterna, los feligreses-ciudadanos se ven inducidos a los mayores sacrificios para alcanzar las ambiciones terrenales de sus líderes, hábilmente parapetadas detrás de los textos sagrados y de los ideales religiosos.

Esto explica el terrorismo autoinmolatorio de los fundamentalistas, tan difícil de entender desde la cosmovisión occidental. Cuando un joven islámico se lanza cargado de explosivos contra un objetivo tiene la convicción de que lo hace porque esa es la “voluntad de Dios” y que después de su muerte irá directamente al paraíso para estar junto a Alá.

En el contexto de miseria económica, desempleo y pobreza, las masas de los países musulmanes se encuentran en un callejón sin salida. La arrogancia y desprecio de los monarcas y dictadores en el mundo islámico y árabe añade más combustible al odio y la cólera de las masas.

Visto entonces el fenómeno en esta dimensión sociopolítica, la razón principal para entenderlo está dada por el enorme vacío creado por la falta de propuestas alternativas que se da en estas sociedades, y por la manipulación de las poblaciones apelando a un fanatismo fácil de exacerbar.

Es ahí donde deben empezar a vislumbrarse las respuestas a las preguntas: ¿a quién beneficia este fundamentalismo? ¿Es realmente un camino de liberación para las grandes masas? La religión, entonces, ¿es el opio de los pueblos?

Como dijera el politólogo pakistaní Lal Khan: “este virulento fundamentalismo es la culminación reaccionaria de las tendencias que en la época moderna, caracterizada por la política y la economía mundiales, intentan recuperar el islamismo.

En los años cincuenta, sesenta y setenta en el mundo musulmán existían corrientes de izquierda bastante importantes.

En Siria, Yemen, Somalia, Etiopía y otos países islámicos, se produjeron golpes de estado de izquierdas, y el derrocamiento de los regímenes capitalistas-feudales corruptos llevó a la creación del bonapartismo proletario o estados obreros deformados.

En los demás países también hubo movimientos de masas importantes encabezados por dirigentes populistas de izquierda.

En el clima de la Guerra Fría algunos de estos dirigentes, como Gamal Abdel Nasser, incluso desafiaron al imperialismo occidental y llevaron a cabo nacionalizaciones y reformas radicales.

A partir de ese momento, una de las piedras angulares de la política exterior estadounidense fue organizar, armar y fomentar el fundamentalismo islámico moderno como un arma reaccionaria contra la insurrección de las masas y las revoluciones sociales.” (…) “Después de la derrota de Suez los imperialistas dieron prioridad a esta política.

Gastaron ingentes sumas de dinero en operaciones especiales dirigidas por la CIA y el Pentágono. Suministraron ayuda, estrategia y entrenamiento a estos fanáticos religiosos. La mayor operación encubierta de la CIA en la que ha estado implicado el fundamentalismo islámico ha sido en Afganistán.”

La principal fuente de finanzas del fundamentalismo islámico procede del tráfico de drogas ilegales. Este proceso fue iniciado por el imperialismo estadounidense, pero ahora esta economía negra está interrumpiendo el funcionamiento del propio capitalismo.

Se ha convertido en parte de la política de la CIA el uso de las drogas y otras formas de crimen para financiar la mayoría de las operaciones contrarrevolucionarias en las que participa. Esta política de drogas en Afganistán ha tenido un impacto desastroso en la juventud de todo el mundo.

Hoy el 70 % de la heroína mundial procede de la mafia afgano-pakistaní. Los modernos laboratorios en la frontera de Afganistán y Pakistán (donde se transforma el opio en heroína) fueron instalados con la ayuda de la CIA.

En sociedades donde los Estados son incapaces de proporcionar los servicios básicos a su población (salud, educación y empleo), el fundamentalismo islámico ha utilizado estas privaciones para construir sus propias fuerzas.

Con grandes cantidades de dinero la propuesta fundamentalista ha creado escuelas religiosas (madrassas o escuelas coránicas) para entrenar y desarrollar fanáticos desde muy temprana edad, que después se convertirán en materia prima de la locura religiosa.

Según el economista egipcio Samir Amin este resurgimiento del fundamentalismo no es casual. “Imperialismo y fundamentalismo cultural marchan juntos. El fundamentalismo de mercado requiere del fundamentalismo religioso.

El fundamentalismo de mercado dice: “subviertan el Estado y dejen que el mercado en la escala internacional maneje el sistema”. Esto se hace cuando los estados han sido desmantelados completamente. Sin estados nacionales, las clases populares son minadas por la carencia de su identidad de clase. El sistema puede gobernarse si el Sur está dividido, con naciones y nacionalidades peleando entre sí.

El fundamentalismo étnico y el religioso son instrumentos perfectos para propiciar y dirigir el sistema político. Estados Unidos, como muestra el caso de Arabia Saudita y Pakistán, siempre ha apoyado el fundamentalismo islámico”.

Definitivamente en el clima de desesperación de grandes masas de musulmanes –y más aún de su juventud– la salida violenta puede aparecer siempre como una tentación.

En ese complejo caldo de cultivo, entonces, hunden sus raíces los movimientos integristas, y la muerte no tarde en campear: estamos así en el campo de la acción armada, en la estrategia terrorista.

Pero ante ello se repite la pregunta: ¿a quién beneficia este fundamentalismo con visos violentos? ¿Es realmente ése un camino de liberación para las empobrecidas y postergadas masas musulmanas?

Retomando lo dicho al principio del presente artículo, la idea generada por las usinas mediáticas del poder en Occidente –con Washington a la cabeza– une fundamentalismo islámico con terrorismo, insistiendo tanto en esta prédica que, hoy por hoy, el mensaje ha terminado por instalarse.

El nuevo peligro que acecha al mundo, según esta ingeniería comunicacional, ya no es el comunismo ni el narcotráfico: es el terrorismo internacional, más aún aquél de cuño islámico. Ahí aparecerá entonces la diabólica figura del nuevo ícono con ribetes hollywoodenses: Osama Bin Laden.

En términos que no dejaron duda, quien fuera asesor de Seguridad Nacional durante la presidencia de Ronald Reagan y coautor de los ultra derechistas documentos de Santa Fe, el polaco nacionalizado estadounidense Zbigniew Brzezinski, describió la política de su país en una entrevista con el periódico francés Le Nouvel Observateur, en 1998, admitiendo que Washington deliberadamente había fomentado el fundamentalismo islámico para tenderle una trampa a la Unión Soviética buscando que ésta entrara en guerra.

“Ahora tenemos la oportunidad de darle a la URSS su propia guerra de Vietnam”, aseguró.

Cuando se le preguntó si lamentaba haber ayudado a crear un movimiento que cometía actos de terrorismo por todo el mundo, desestimó la pregunta y declaró:

“¿Qué es lo más importante para la historia mundial, los talibanes o el colapso del imperio soviético? ¿Varios musulmanes fanáticos o la liberación de Europa Central y el fin de la Guerra Fría?”.

En realidad no estamos ante un “choque de civilizaciones” Islam-Occidente como cínicamente ha presentado en su análisis de la situación mundial el catedrático Samuel Huntington, con lo que, en definitiva, se pavimenta el camino para la supremacía militarista de Washington, autoerigido como campeón en la defensa de la paz mundial.

Si hoy día el “terrorismo islámico” es el nuevo demonio (con Bin Laden como su estrella principal), eso no es sino un maquiavélico montaje mediático.

La relación entre el imperialismo estadounidense y el terrorismo del fundamentalismo islámico es simbiótica. La llamada “guerra antiterrorista” no es más que una cubierta para la violencia militar para lograr los objetivos estratégicos mundiales de los Estados Unidos; y sólo creará más reclutas para los movimientos fundamentalistas islámicos.

Y nuevos actos de terror contra objetivos estadounidenses y occidentales serán la excusa para mayor agresión por parte de los Estados Unidos en todo el mundo. Empezó con los avionazos sobre las Torres Gemelas en New York y el ataque al Pentágono en Washington, en 1991. Luego Madrid con los bombazos en la estación de Atocha, después cualquier ciudad europea… luego cualquier ciudad del mundo.

El clima de terror que se va creando es exactamente un montaje cinematográfico al mejor estilo de Hitchcock. La paranoia ha invadido Occidente, y una población aterrada es lo más fácilmente manejable.

En la agenda de la inteligencia militar estadounidense Bin Laden obedece a dos tipos de construcciones. Una verdadera, asociada con las redes secretas del terrorismo, y otra fabricada para consumo mediático. En la primera, se indica que su formación de soldado terrorista proviene de los sótanos de entrenamiento de la CIA.

Y en la segunda, las evidencias lo señalan como un espectro fantasmal sobre el cual se montan innumerables campañas de prensa internacional. Los resultados son siempre funcionales a los intereses estratégicos de Washington.

De la misma manera que lo utilizó para sus operaciones encubiertas en Asia y en Los Balcanes, ahora la CIA se vale de su imagen para fabricar psicosis terroristas que le sirven a los Estados Unidos para justificar sus nuevas invasiones militares en el rediseño planetario que está poniendo en marcha con los halcones de la Casa Blanca.

La simple emisión de un documental donde aparece su figura dos días antes de las últimas elecciones en Estados Unidos, sin dudas terminó de inclinar la balanza en los aterrados ciudadanos estadounidenses a favor de una propuesta de “mano dura antiterrorista”; y el plan de los republicanos y el complejo militar-industrial-petrolero pudo seguir adelante sin contratiempos.

Una vez más entonces: ¿a quién beneficia este “fundamentalismo terrorista sanguinario”? ¿Es realmente un camino de liberación para las grandes masas? ¿Apuntan a producir algún cambio real en la estructura del poder los bombazos y avionazos habidos y por venir? (porque todo hace prever que vendrán más).

La actual super estrella de la función (del nuevo demonio llamado terrorismo islámico) es la red Al Qaeda y su líder, el –según se dice– ex agente del servicio secreto de los Estados Unidos Osama Bin Laden.

Investigaciones realizadas por el FBI y el organismo antilavado Financial Crimes Enforcement Network, determinaron las conexiones del clan Bush con Salem Bin Laden (el padre de Bin Laden) y el Bank of Credit & Commerce (BBCI).

La investigación reveló que los sauditas estaban utilizando al BCCI para realizar lavado de dinero, tráfico de armas y canalización de los fondos para las operaciones encubiertas de la CIA en Asia y Centroamérica, además de manejar los sobornos a gobiernos y de administrar los fondos de varios grupos terroristas islámicos.

El jefe de Al Qaeda es un ejemplo arquetípico de ese proceso de laboratorio de las nuevas puestas en escena mediáticas. Hijo de millonarios, educado en el selecto colegio Le Rosey, en Suiza, su juventud fue la de un play-boy del jet set, en medio de lujos y escándalos en las capitales occidentales y en Arabia Saudita, pasando a ser posteriormente el referente de Washington en la nueva estrategia de manipulación de los fundamentalismos, jugando luego un papel clave en la avanzada anticomunista en Afganistán.

Evidentemente el engendro dio resultado: la Unión Soviética encontró su Vietnam. Y hoy día el papel que sigue jugando es absolutamente funcional a la nueva estrategia del completo militar-industrial y las petroleras estadounidenses: un monstruo feroz y ávido de sangre amenaza Occidente (¿será posible que con miles de soldados buscándolo por todos lados no aparezca?), la civilización humana, la especie toda.

Ahí está Bin Laden poniendo bombas por todos lados, ahí están esos fanáticos fundamentalistas musulmanes constituyéndose en enemigos de la humanidad, y ahí están las fuerzas armadas del gran país teniendo la justificación universal para su proyecto de defensa planetaria. El miedo está instalado; ahora hay que perpetuarlo.

“Debemos ser honestos con nosotros mismos y con el pueblo norteamericano acerca del mundo en que vivimos”, dijo George Tenet, ex director de la CIA. “Un éxito completo contra esa amenaza es imposible.

Algunos atacantes alcanzarán sus fines, a pesar de nuestros decididos esfuerzos y las defensas que establezcamos”. Vivimos en alerta, asustados. El único camino, entonces, es terminar con esta fiera feroz que acecha de continuo. ¡Gracias Estados Unidos por defendernos!

Valga agregar que con la estructura económico-social que presenta nuestra aldea global –no muy justa, por cierto– actualmente se dan a nivel planetario 6.000 muertes diarias por diarrea, 11.000 muertes diarias por hambre, 3.800 personas mueren a diario por la infección de VIH/SIDA, mientras que cada día 150 fallecen por consumo de drogas y otros 720 seres humanos mueren por accidentes automovilísticos, en tanto que el siempre mal definido “terrorismo” produce, en promedio, 11 muertos diarios.

Aún a riesgo de ser reiterativos: ¿quién se beneficia de este despertar fundamentalista musulmán? ¿Algún musulmán quizá? ¿Algún ciudadano de a pie de alguna parte del mundo?

Todo indicaría, así las cosas, que esta “religiosidad” en juego en el mundo musulmán, lo que menos tiene es, justamente, religión.

Nueve errores de los dictadores del siglo XXI

REVOLUCIONES

Nueve errores de los dictadores del siglo XXI

09/03/2011 | Carlos Salas, María Torrens

Los recientes acontecimientos en el norte de África y Oriente Medio, especialmente las caídas de los regímenes dictatoriales y la guerra en Libia, ponen en evidencia los prejuicios de algunos dirigentes que no han entendido el progreso de la historia en el siglo XXI.

[ 24 ] 9 errores de los dictadores del siglo XXI (cito el 1º: paro, falta de …
  1. Paz no significa bienestar. TúnezEgipto y Libia disfrutaban de situaciones sociales pacíficas que escondían un gran malestar: paro, falta de salidas profesionales, bajos ingresos.Es el caldo de cultivo de las rebeliones.
  2. Los jóvenes saben más de lo que piensas. Conectados a internet, los jóvenes de las grandes ciudades eran la parte de la población más y mejor informada. Cuando ven que tus policías matan a golpes a un ciudadano (Túnez), leen la corrupción de tu gobierno –que ya sospechaban- gracias a los cables de EEUU filtrados por WikiLeaks (Egipto) y cuando ven que los demás pueden rebelarse (Libia, JordaniaBahréin, Argelia, Marruecos), también comienzan a rebelarse.
  3. Las redes sociales son más poderosas que tu censura. Organizados en torno a redes sociales como Facebook, o intercambiando mensajes por móviles o Twitter, tu pueblo ha logrado saltarse los controles, intercambiar información y agrupar el descontento.
  4. El contagio del virus de la libertad es inevitable. Ningún país puede aislarse totalmente en el siglo XXI. Todos los pueblos saben cómo se vive en Occidente, en el norte de África o en China. Gracias a las telecomunicaciones, hay demasiadas formas de conocer lo que pasa en el mundo, y todas ellas, por comparación, tendrán un efecto en la forma de vida de tu país.
  5. Tu mayor enemigo no es la prensa occidental, sino las cadenas árabes internacionales e independientes. Gracias a las antenas parabólicas, Al Jazeera, Middle East Broadcasting Channel o Al Arabiya, han estado mostrando durante los últimos años al mundo árabe otra realidad de tu país, y además en un lenguaje comprensible para todos: árabe clásico.
  6. La presión internacional crece cuando cierras el paso a la prensa. Pocas cosas hay que molesten más a Occidente que impedir la libertad de expresión y de comunicación. Si te cargas uno de los pilares básicos de las democracias, éstas y sus medios de comunicación prestarán más atención a lo que haces.
  7. Suiza ya no es el refugio del dinero que expoliaste. Desde que se aprobó que Suiza no podía esconder ni salvaguardar fortunas ilícitas de dictadores, ya no puedes confiar en este pequeño país para huir con el dinero que posiblemente has robado a tu pueblo. Tus viejos aliados solo se aprovechaban de ti.
  8. Hacerse fotos y darse la mano con los líderes de Europa y EEUU no significa que te vayan a sostener hasta la muerte. Lo hacen por conveniencia, igual que tú, porque prefieren lo malo conocido a lo bueno por conocer. Así preservan los beneficios económicos y estratégicos que les reportan los acuerdos que cierran contigo. Cuando tu régimen se tambalee, pueden retirarte la mano más rápido de lo que piensas.
  9. Tus amenazas solo sirven para encender más el odio. Si dices que no tienes intención de dimitir cuando la población te está pidiendo a gritos que lo hagas; si dices que morirás en tu país pese a quien pese; o si te empeñas en que tú representas la voluntad de tu pueblo y no cedes, estás poniendo todos los ingredientes para acabar perdiendo tu poder.

(Si quieres saber más sobre las revueltas en el mundo árabe, puedes consultar nuestro especial).

Mitos y realidades árabes, por Marwan Muasher

Mitos y realidades árabes, por Marwan Muasher

“Los disturbios cogieron a la mayoría por sorpresa tanto dentro como fuera de la región y han acabado con al menos cinco creencias tradicionales sobre el mundo árabe.”

Por Prodavinci10 de Marzo, 2011

Con el derrocamiento de Hosni Mubarak en Egipto, cuyo régimen estaba considerado ampliamente uno de los más estables de la región hasta hace poco, y el coronel Muamar el Gadafi aferrándose al poder en Libia, no se ve en lontananza un claro fin de la agitación que está barriendo el mundo árabe.

Las protestas ya han derribado gobiernos en Túnez y Egipto y han dejado a otros países obligados a afrontar un descontento generalizado.

Los disturbios cogieron a la mayoría por sorpresa tanto dentro como fuera de la región y han acabado con al menos cinco creencias tradicionales sobre el mundo árabe.

Los árabes no salen a la calle a protestar.

Antes de que comenzaran las protestas en Egipto y Túnez, muchos sostenían que no había una urgencia real de reforma política y que quienes pedían un cambio no entendían el talante público: la situación no era tan mala como la presentaban los disidentes.

Ese punto de vista indujo a los gobiernos a creer que los árabes no se manifestarían en gran número para pedir un cambio. En todos los países se consideraba perjudicial para los intereses nacionales una reforma rápida.

  • Está claro que ese argumento ya no es sostenible.
  • Nadie predijo lo ocurrido en Egipto y Túnez, lo que significa que ningún país árabe es inmune.

Los gobiernos no pueden permitirse el lujo de esperar eternamente y ya no pueden recurrir al mito de la aquiescencia popular para no iniciar las reformas necesarias que aborden las reivindicaciones subyacentes del público.

La liberalización económica debe preceder a la reforma política.

Los gobiernos árabes –y muchos occidentales– afirmaban que se debía conceder prioridad a la privatización y a otras reformas económicas por encima del cambio político, pero, si bien resulta fácil sostener que los ciudadanos quieren pan antes que libertad, la liberalización económica careció de un sistema de contrapesos y, por tanto, el resultado fue la falta de pan y de libertad a un tiempo.

En cambio, los beneficios de la privatización y otras iniciativas recayeron en las minorías políticas y empresariales dominantes.

A consecuencia de ello, los árabes han acabado teniendo una opinión negativa sobre la liberalización y la mundialización.

Ahora ya resulta claro que la reforma económica debe ir acompañada de la reforma política, con lo que se crearían los mecanismos institucionales de rendición de cuentas para vigilar cualesquiera excesos y velar por que todos puedan disfrutar de los beneficios.

Los gobiernos se han apresurado a creer que las protestas se refieren fundamentalmente a los altos precios y al desempleo, pero la cuestión que une a los descontentos árabes es una gestión inadecuada de los asuntos públicos.

Son necesarios sistemas cerrados para impedir que los islamistas tomen el poder.

Occidente teme con frecuencia que la democracia dé a los islamistas la oportunidad que necesitan para hacerse con el control, miedo que los regímenes árabes aprovechan para justificar el mantenimiento de sistemas políticos cerrados, pero los islamistas no han desempeñado un papel importante en Egipto ni en Túnez y no se espera que encabecen ninguno de los nuevos gobiernos que se formen… si bien son una parte importante de las sociedades árabes y deben desempañar un papel en los regímenes que surjan.

Así, pues, no es cierto que la única opción substitutiva viable frente al gobierno implacablemente absolutista deba ser islamista.

Las protestas son claramente la consecuencia de que los ciudadanos de a pie se han hartado de la corrupción, de la falta del menor asomo de Estado de derecho y del trato arbitrario.

A ese respecto, existe una oportunidad de comenzar a desarrollar sistemas pluralistas en los que no sólo los islamistas, sino también otros partidos y posturas, puedan desempeñar un papel.

Las elecciones equivalen a la democracia.

Ya nadie se deja engañar por esa afirmación. Para mantener su dominio, los gobiernos árabes se han valido de legislaciones y elecciones defectuosas, de las que no resultan parlamentos fuertes ni propician cambio real alguno.

De hecho, en países como Egipto y Túnez, tanto el Gobierno como el Parlamento eran impopulares.

En toda la región, se han utilizado las elecciones para crear una fachada de democracia encaminada a impresionar a los ciudadanos y al mundo exterior, al tiempo que protegían a los regímenes de la presión en pro de una reforma auténtica.

Sin embargo, el público árabe ya no aceptará el status quo.

El pueblo ya no se satisfará con limosnas económicas o cambios cosméticos en la gestión de los asuntos públicos; lo que exige es un cambio real que introduzca a su país por una clara senda hacia la democracia.

A la comunidad internacional no le corresponde papel alguno.

Si bien el proceso de reforma debe ser, desde luego, autóctono, los Estados Unidos y el resto de la comunidad internacional pueden alentar el desarrollo democrático sin imponerlo desde lejos.

El Presidente Barack Obama rechazó muchas de las políticas del gobierno de George W. Bush consideradas intentos de imponer por la fuerza la democracia a los países árabes, pero el silencio posterior sobre la democratización agravó –aunque, desde luego, no causó– el retroceso del proceso árabe de reforma en los últimos años.

Los EE.UU. y Occidente pueden debatir con los países árabes el modo de aplicar la reforma política a fin de que contribuya a una mayor apertura y brinde oportunidades para el reparto del poder. Occidente no debe sacrificar esos objetivos por otros; si los aliados acaban perdiendo poder en rebeliones populares, semejante transacción no habrá favorecido los intereses de Occidente, por no decir algo peor.

El desarrollo de los acontecimientos que acapara los titulares de todo el mundo ha acabado con los principales mitos sobre el mundo árabe.

Las poblaciones de esos países necesitan que se inicie ya una reforma política gradual, sostenida y seria.

En el amanecer de una nueva era árabe, corresponde a ellas la creación de nuevos sistemas políticos abiertos que puedan evitar la amenaza en ciernes de crisis cada vez más graves.

******

Marwan Muasher, ex ministro de Asuntos Exteriores y Viceprimer Ministro de Jordania, es Vicepresidente de Estudios en el Carnegie Endowment for International Peace y miembro principal de la Universidad
de Yale. Es autor de The Arab Center (“El centro árabe”).

Copyright: Project Syndicate, 2011.
http://www.project-syndicate.org
Traducido del inglés por Carlos Manzano.

No abandonar a los pueblos árabes

07MAR2011

No abandonar a los pueblos árabes

Imagen: AFP
La inesperada rebelión en el mundo árabe tomó a todos por sorpresa.
Las satrapías del Magreb y Medio Oriente quedaron tan pasmadas como sus amos imperiales por la eclosión que se originó en un incidente relativamente marginal, más allá de lo terrible y doloroso que fue en el plano individual: la autoinmolación de Muhammad Al Bouazizi, un graduado universitario tunecino de 26 años que no encontraba trabajo y que se entregó a las llamas porque la policía le impedía vender frutas y verduras en la calle.

El terrible sacrificio de su protesta fue la chispa que incendió la reseca pradera de una región conocida por la opulencia de sus oligarquías gobernantes y la secular miseria de las masas.
O, para decirlo con las palabras siempre bellas de Eduardo Galeano, lo que encendió “la hermosa llamarada de libertad” que prendió fuego al mundo árabe y que tiene al imperialismo sobre ascuas.

No es casual, entonces, que los acontecimientos del mundo árabe hayan sumido en la confusión a buena parte de la izquierda latinoamericana.

Daniel Ortega apoyó sin calificaciones a Khadafi; el presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez, a su vez, se declaró amigo del gobernante, aunque por cierto que aclarando que tal cosa no significa –en sus propias palabras– “que estoy a favor o aplaudo cualquier decisión que tome un amigo mío en cualquier parte del mundo”. Además, prosiguió, “apoyamos al gobierno de Libia, a la independencia de Libia”.
Con sus declaraciones Chávez tomaba nota de la precoz advertencia formulada por Fidel no bien estalló la crisis libia: ésta podría ser utilizada para legitimar una “intervención humanitaria” de Estados Unidos y sus aliados europeos, bajo el paraguas de la OTAN, para apoderarse del petróleo y el gas libios.

Pero de ninguna manera esta sabia advertencia del líder de la Revolución Cubana podría traducirse en un endoso sin reservas al régimen de Khadafi.

No lo hizo Chávez, pero sí lo hizo Ortega.
Como era de esperar, la descarada manipulación mediática con la que el imperialismo ataca a los gobiernos de izquierda de nuestra región torció el sentido de las palabras de Chávez y de Fidel haciéndolos aparecer como cómplices de un gobierno que estaba descargando metralla sobre su propio pueblo.
En una esclarecedora nota publicada pocos días atrás en Rebelión,Santiago Alba Rico y Alma Allende argumentaron que un erróneo posicionamiento de la izquierda latinoamericana –y muy especialmente de los gobiernos de Venezuela y Cuba– “puede producir al menos tres efectos terribles: romper los lazos con los movimientos populares árabes, dar legitimidad a las acusaciones contra Venezuela y Cuba y ‘represtigiar’ el muy dañado discurso democrático imperialista”.
De ahí la gravedad de la situación actual, que exige transitar un estrechísimo sendero flanqueado por dos tremendos abismos:
uno, el de hacerles el juego al imperialismo norteamericano y sus socios europeos y facilitar sus indisimulados planes de arrebatarles a los libios su petróleo;
el otro, salir a respaldar un régimen que habiendo sido anticolonialista y de izquierda en sus orígenes, en las dos últimas décadas se subordinó sin escrúpulos al capital imperialista y abrazó y puso en práctica, sin reparos, las fatídicas políticas del Consenso de Washington y los preceptos de la “lucha contra el terrorismo” instituida por George W. Bush.
El Khadafi de hoy nada tiene que ver con el de los años setenta: su “tercera vía” degeneró en un “capitalismo popular” y las nacionalizaciones comenzaron a ser revertidas mediante un corrupto festival de privatizaciones y aperturas al capital extranjero que afectó a la industria petrolera y a las más importantes ramas de la economía.
Hoy Khadafi no es Nasser sino Mubarak: abastecedor seguro de petróleo a Occidente, buen cliente de las transnacionales europeas y norteamericanas y fuerte inversor en las economías metropolitanas.

¿Qué debe hacer la izquierda latinoamericana?

Primero, manifestar su absoluto repudio a la salvaje represión que Khadafi está perpetrando contra su propio pueblo.
Solidarizarse con quien incurre en semejante crimen dañaría irreparablemente la integridad moral y la credibilidad de la izquierda.
El reconocimiento de la justicia y la legitimidad de las protestas populares, tal como se hizo en los casos de Túnez y Egipto, tiene un único posible corolario: el alineamiento de nuestros pueblos con el proceso revolucionario en curso en el mundo árabe.
La forma en que esto se manifieste no podrá ser igual en el caso de las fuerzas políticas y movimientos sociales y, por otra parte, los gobiernos de izquierda de la región, que necesariamente tienen que contemplar otros aspectos y compromisos.
Pero la consideración de las siempre complejas y a menudo traicioneras “razones de estado” y las contradicciones propias de la “real politik” no pueden llevar a los segundos tan lejos como para respaldar a un dictador acosado por la movilización y la lucha de su propio pueblo, reprimido y ultrajado mientras el entorno familiar de Khadafi y el estrecho círculo de sus incondicionales se enriquecen hasta límites inimaginables.
¿Cómo explicar a las masas árabes, que por décadas buscaron las claves de su emancipación en las luchas de nuestros pueblos y que reconocen en el Che, Fidel y Chávez la personificación de sus ideales libertarios y democráticos, la indecisión de los gobiernos más avanzados de América latina mientras que toda la canalla imperialista, desde Obama para abajo, se alinea –aunque sea hipócritamente– a su lado?

Segundo, será preciso denunciar y repudiar los planes del imperialismo norteamericano y sus sirvientes europeos. Y organizar la solidaridad con los nuevos gobiernos que surjan de la insurgencia árabe.

Los propios rebeldes libios emitieron declaraciones clarísimas al respecto: si hay invasión de los Estados Unidos, con o sin la (poco probable) cobertura de la OTAN, los insurrectos volverán sus fusiles contra los invasores y luego ajustarán cuentas con Khadafi, responsable principal de la sumisión de Libia a los dictados de las potencias imperialistas.
Lo que hoy se está jugando en el norte de Africa y en Medio Oriente no es un problema local, sino una batalla decisiva en la larga guerra contra la dominación imperialista a escala mundial.

El triunfo de la insurrección popular en Libia tendrá como correlato el fortalecimiento de las rebeliones en curso en Yemen, Marruecos, Jordania, Argelia, Barheim y la que hace tiempo se viene incubando en Arabia Saudita modificaría radicalmente la geopolítica internacional a favor de los pueblos y naciones oprimidas.

Por eso, nuestra región no puede ni tiene el derecho a equivocarse ante un proceso cuyas proyecciones pueden ser aún mayores, y de otro signo, que las que en su momento tuvo el derrumbe de la Unión Soviética y cuyo desenlace revolucionario fortalecerá los procesos emancipatorios en nuestra región.

Abandonar a los pueblos árabes en esta batalla decisiva sería un error imperdonable, tanto desde el punto de vista ético como desde el más específicamente político.

Sería traicionar el internacionalismo del Che y de Fidel y archivar, tal vez definitivamente, los ideales bolivarianos. No hay que perder esta oportunidad.

Atilio Boron

Director del PLED, Programa Latinoamericano de Educación a Distancia en Ciencias Sociales.  http://www.atilioboron.com/

De EEUU ya no se fía nadie.

De EEUU ya no se fía nadie.

Gobiernos que amparan dictaduras como Arabia Saudí, Marruecos o estados como Israel o Colombia no tienen catadura moral para apelar a la tragedia humanitaria como excusa para intervenir militarmente
ARMAK de ODELOT

De EEUU ya no se fía nadie.

Gobiernos que amparan dictaduras como Nigeria, Guinea Ecuatorial, Arabia Saudita, Bahreim, Marruecos, Honduras o los genocidios de Estados como Israel o Colombia no tienen catadura moral para apelar a la tragedia humanitaria como excusa para intervenir militarmente en ningún país en guerra y menos si ninguno de los dos contendientes se lo pide.

Llevamos años viendo matanzas y bombardeos sobre el indefenso pueblo palestino y nadie ha dicho nada en favor de una intervención, ni ha movido un dedo para intentar pacificar la zona e imponer una paz justa. Y ahora se rasgan las vestiduras ante la guerra civil Libia ante la posibilidad de poder meterle mano a sus reservas energéticas.

Verguenza es lo que no tiene Occidente, que mientras que en dos días te ha montado un operativo militar de miles de millones de dólares para una posible intervención militar pseudohumanitaria, tiene abandonados, en la frontera de Libia con Túnez, a su suerte a esos miles de refugiados para los que clama justicia y atención.

Por lo que se ve, la ayuda humanitaria para ellos puede esperar. Aunque no sé si es mejor que la reciban. En Iraq se puede comprobar el tipo de ayuda que reciben del ejército americano.

Ya han pasado casi dos semanas desde que empezó la revuelta en Libia y todavía no se tiene claro que tipo de ideología tienen los sublevados ni de donde salieron las primeras armas con las que empezaron a combatir.

El hecho de que desde el primer momento se pusieran de su parte los EEUU, es para escamarse. Pero también es cierto, que las fuerzas rebeldes no desean que pongan los pies en su suelo.

Sigo pensando que este conflicto brotó de forma muy diferente a Túnez o Egipto. En estos paises, los descontentos con el régimen se manifestaron de forma pacífica.

Pero en Libia desde el primer momento, hubo confrontación armada por ambas partes. De ahí, la dureza de los violentos enfrentamientos.

Decir de antemano, sin pruebas. Que se debe de juzgar en el tribunal de la Haya a Gadafi y a su camarilla, es y fué contraproducente. Ya que casi se le obliga al lider libio a vender muy cara su salida del poder.

Aunque tal vez eso era lo que iban buscando.

Ya que al enquistarse la lucha, se podría llegar a la intervención y de esta forma gestionar un cambio que como en Irak podría eternizarse.

Démonos cuenta, que cualquier fuerza en inferioridad, como la de los rebeldes sublevados, estaría encantada de que le echaran una mano, ya que aseguraría el resultado y evitaría mucho sufrimiento y derramamiento de sangre.

Ni aún así los quieren.

Porque, a la vista está,  de las intenciones de EEUU no se fía hoy en día nadie.

ARMAK de ODELOT

Acoso a Libia: ¿Sentando un precedente contra Irán?

Acoso a Libia: ¿Sentando un precedente contra Irán?

Escrito por: Cordura el 04 Mar 2011 – URL Permanente

Decíamos hace unos días que Irán puede ser uno de los objetivos de la parte conspirativa de las “revoluciones árabes”. Se trata de una ya vieja obsesión del Imperio y del influyente sionismo (en particular, del estado que encarna esta corriente). ¿Están encontrando en Libia una coartada contra Irán?

Al pueblo libio.

Lo que acontece estos últimos días confirma esas sospechas.

Antes de abordarlo, remarquemos que no nos mueve ninguna filia hacia Gadafi.

Y eso que es evidente que su maldad se exagera hasta lo grotesco. Ahora es a todas horas “el dictador” el mismo que hasta hace unas semanas era “el coronel” o “el líder libio”.

Se silencian los aspectos positivos de su régimen.

Se da por buena sistemáticamente la información que viene del bando opositor. En tiempo récord, escasas semanas, han logrado emponzoñar su imagen para siempre.

Todo vale con tal de derrocar al gobernante caído en desgracia (es un viejo guión, ya usado en su día contra Sadam y aún en vigor contra la república islámica iraní).

Sin embargo, nada de eso justifica ni su errática conducta pasada, ni los rasgos tiránicos ya exhibidos, ni la violenta represión que estaría aplicando actualmente.

Aunque de esta última seguimos sin saber mucho. Los medios masivos –suele ocurrir en estos casos– se comportan básicamente como medios de propaganda. Nos saturan con información sobre (contra) Libia mientras apenas mencionan Bahréin –aliado vital de Estados Unidos–, donde la mayoritaria oposición chiíta ya cuestiona la monarquía en vigor.

Con su incansable cantinela, mezclando sutilmente información y opinión, deciden por nosotros quién es el “malo” y quiénes los “buenos” (que incluirían, claro, a quienes apoyan a los opositores).

Mucho énfasis en los posibles crímenes de guerra, pero poca información directa.

Esto último lo ha reconocido el mismísimo Tribunal Penal Internacional, instrumento aquí de los planes imperiales.

Sobre los bombardeos aéreos de Gadafi, ayer mismo llegaba la “confirmación” de una parte demasiado interesada, el gobierno estadounidense.

Pero su portavoz se veía obligado a reconocer que no puede decir «si fueron usados contra los rebeldes» (resulta significativo que hable de “rebeldes” y no “civiles”, pero ni lo primero puede afirmarlo).

Sea como fuere, el juego va estando claro en sus distintas vertientes, que a grandes rasgos vienen a ser también etapas sucesivas del plan:

1. Se apoyan y promueven las revueltas contra el régimen.

2. Se usan los altavoces mediáticos para magnificar la maldad del dictador y anunciar las posibles medidas que se tomarán contra él.

3. Mientras arrecia la campaña propagandística –que ya se prolonga hasta el final–, los buques de guerra imperiales se plantan ante las costas libias en misión “humanitaria” (léase intimidatoria… y lo que venga).

4. Se recurre al Tribunal Penal Internacional (al que, por cierto, Estados Unidos niega jurisdicción sobre sus propios crímenes) con vistas a dictar una orden de arresto contra Gadafi. Se trata sobre todo de intimidarle. Pero es, insistamos en ello, muy llamativo que se abra un juicio al gobierno libio a la vez que el Tribunal, según El Mundo, “reconoce la falta de información de lo que pasa dentro de Libia”. Confirmando que todo esto no es más que una farsa “legitimadora”: el coronel y los suyos ya han sido condenados de antemano.

5. Si aun así no cae la manzana madura, se decreta una zona de exclusión aérea en ayuda de los rebeldes y demás civiles, lo que ya constituye una agresión bélica externa en toda regla.

Esto aún no se ha acordado, a pesar de ser evidente que los países dominantes están por la labor. Lo que pasa es que se vienen topando con cierta resistencia de los gobiernos ruso y chino, entre otros.

Todo lo cual no impide que ya soldados occidentales (al menos, de Reino Unido y Países Bajos) hayan entrado en Libia, acción que huele a primicias de una invasión inminente (¿nadie lo condena?).

Ni que el Nobel de la Paz Obama, arrogándose una autoridad moral que ni remotamente posee, eleve cada vez más el tono de sus amenazas.

Las grandes potencias capitalistas llevan años conspirando contra Irán.

Con la excusa ficticia de su programa nuclear bélico, han impuesto duras sanciones a ese país.

Sin embargo, quizá por lo poco creíble que pese a todo resulta el casus belli invocado, han avanzado poco en sus pretensiones de derribar el régimen de los ayatolás.

¿Será que al fin han encontrado la estrategia adecuada?

Se trataría, contagio mediante, de extrapolar las revueltas en el Magreb y Oriente Medio al territorio iraní.

Sin duda los señores del Imperio esperan que la atracción del ejemplo libio –una vez consumado– resulte irresistible a ojos del pueblo persa.

El resto sería (también) cosa suya: la demonización mediática (en realidad, ya lograda desde hace años), el acoso naval (casi otro tanto), la farsa de juicio internacional, y la invasión en “apoyo del pueblo”.

En este esquema el casus belli sería el mismo que el imputado a Gadafi: la violenta represión de su propio pueblo.

Pero con la ventaja de que con Irán podría invocarse el caso libio como precedente.

Libia tiene seis millones de habitantes, Irán setenta más.

Libia produce mucho petróleo, Irán más del doble.

Libia posee considerables reservas de crudo, Irán más del triple.

Y entretanto, aún está reciente la última (?) matanza de civiles por la OTAN en Afganistán.

Una masacre de nueve niños, hipócritamente lamentada por el emperador.

Los mismos que matan niños afganos, ¿van a pacificar Libia?

 

Antes Irak, ahora Libia. La historia se repite.

Antes Irak, ahora Libia. Ya nos la quieren meter de nuevo.

Libia. El nudo gordiano del Magreb

La revuelta de LIBIA tiene tantos puntos oscuros que es casi imposible tomar una postura sin caer en el error.
Es increíble que el 99% de la información mundial trate la revuelta de Libia y a la vez haya tanta desinformación.

No solo es un caso aparte, por su violencia, a los casos anteriormentwe vividos de Túnez y Egipto, sino que sus causas se aventuran diferentes.

A pesar de que sigue habiendo fuertes diferencias entre las clases altas y bajas del país en cuanto a renta, gracias a sus ricas reservas de petróleo y gas natural, Libia tiene una balanza comercial positiva de 27.000 millones de dólares al año y un ingreso per cápita medianamente elevado de 12.000 dólares, seis veces mayor que el de Egipto.

También se presupone que no haya problemas para conseguir trabajo en un país que tiene un millón y medio de inmigrantes.

Por consiguiente no se puede tomar en serio la aseveración de que la revuelta surgida en Libia sea causada por una masa empobrecida, como en Túnez o Egipto, sino como una verdadera guerra civil por la toma del poder entre tribus enfrentadas.

Este marco ahora revienta como resultado de lo que se puede caracterizar no como una revuelta de masas empobrecidas, como las rebeliones en Egipto y Túnez, sino como una verdadera guerra civil, debida a una división del grupo gobernante.

Quienquiera que diese el primer paso ha explotado el descontento contra el clan de Muammar Gaddafi, que prevalece sobre todo entre las poblaciones de Cirenaica y los jóvenes en las ciudades, en un momento en que todo el norte de África ha tomado el camino de la rebelión.

A diferencia de Egipto y Túnez, sin embargo, el levantamiento libio se planificó y organizó con anterioridad.

También las reacciones oficiales en el área internacional han sido diferentes a las de Túnez y Egipto.
En estos casos se trataron con sigilo y prudencia, alegando que tenían que ser los mismos egipcios y tunecinos los que tenían que resolver sus diferencias.

A los dictadores de ambos países se les dió todo el tiempo que necesitasen para que tuvieran una salida más o menos digna del país

A ambos países se les ha dado el tiempo que haga falta para que plasmen las aspiraciones democráticas de sus pueblos.

Nadie les presiona.
Ni nadie apela a tribunales internacionales de justicia para juzgar a los dictadores tras tantos años de represión e injusticia.

De las potencias mundiales, hay dos. China y Rusia que tenían no sólo una excelente relación con el gobierno libio sino una multitud de tratados comerciales que se habían incrementado estos últimos años.

De hecho, el comercio chino-libio ha crecido considerablemente (cerca de un 30% sólo en 2010)
Un cambio de régimen les puede supòner una importante pérdida económica y piden preocupados un rápido retorno a la estabilidad y normalidad.

En el caso opuesto se encuentra la posición de EEUU.

El presidente Barack Obama, cuando se vio enfrentado a la crisis egipcia minimizó la represión desencadenada por Hosni Mubarak y llamó a una “transición ordenada y pacífica”,

mientras que ha condenado rotundamente al gobierno libio y ha anunciado que Estados Unidos prepara “toda la gama de opciones que tenemos a nuestra disposición para responder a esta crisis, incluidas ‘acciones que ponemos emprender solos y otras que podemos coordinar con nuestros aliados a través de instituciones multilaterales’.

El mensaje es evidente: existe la posibilidad de una intervención militar de Estados Unidos y la OTAN en Libia, oficialmente para detener el derramamiento de sangre.

Las verdaderas razones son obvias:
Si se derroca a Muammar Gaddafi, Estados Unidos podría derribar todo el marco de las relaciones económicas con Libia y abrir el camino a sus multinacionales, que ahora están casi totalmente excluidas de la explotación de reservas de energía en Libia.

Por lo tanto, Estados Unidos podría controlar el grifo de las fuentes de energía de las que depende  en gran parte Europa y que también provee a China.

Esta es la apuesta en el gran juego por los recursos africanos.

Hoy en día existe una creciente confrontación por ellos, en especial entre China y Estados Unidos.
La creciente potencia asiática, con la presencia en África de cerca de 5 millones de gerentes, técnicos y trabajadores, construye industrias e infraestructuras a cambio de petróleo y otras materias primas.

Estados Unidos, que no puede competir en ese terreno, utiliza su influencia sobre las fuerzas armadas de los países africanos importantes, que entrena mediante el Comando África (AFRICOM), su principal instrumento para la penetrar en el continente.

La OTAN también entra ahora en el juego, ya que está a punto de concluir un tratado de cooperación militar con la Unión Africana que incluye a 53 países.

La central de la cooperación de la Unión Africana con la OTAN ya se está construyendo en Addis Abeba, Etiopía: una estructura moderna, financiada con 27 millones de euros de Alemania, bautizada: “Construyendo paz y seguridad”.

Volviendo a Libia, la confusión habida a la hora de informar ha sido tendendiosa, ya que el líder libio Muammar Gaddafi ha controlado toda la prensa y que lo poco que se sabe es a través de las redes sociales.
Si embargo se ha hablado de bombardeos y de miles de muertos pero, no hay fotos ni videos, ni evidencia.
Entonces surgen las preguntas:

¿Qué pasa con los potentes satélites norteamericanos que son capaces de detectar hasta los menores detalles de las personas y ahora, nada?

¿En un país con un alto Producto Interno Bruto (PIB), donde abunda la tecnología europea no hay posibilidades de mandar videos por You Tub de las horribles masacres?

¿Quiénes son los líderes de los “manifestantes pacíficos” y cuáles son sus demandas? (Ver: El plan de la OTAN es ocupar Libia)

Tomando en cuenta que Libia tiene unas Fuerzas Armadas compuestas por un ejército de 50.000 hombres, una fuerza aérea de 18.000 efectivos y una fuerza naval compuesta por 8.000 integrantes,

¿Cómo pueden manifestantes pacíficos tomarse gran parte de las regiones petroleras del este de Libia, sin armas, defendidas por un ejército dispuesto a masacrar y fuertemente armado?

Desde luego Libia no es Egipto y Ghaddafi siempre fue un odiado enemigo de Estados Unidos, recordemos que George W. Bush lo declaró parte del “eje del mal”, tampoco es un país pobre, tiene un alto PIB, 90.251 millones de US dólares, y es una república popular que nacionalizó todas las petroleras transnacionales.

Con una población de 6.294.000 habitantes tiene la menor densidad de población del mundo con 3,6 hab./km².y una relación comercial que abarca la Unión Europea con un 79%, sólo el comercio con Italia es un 40,4%, y 6,8% con Estados Unidos.

Vamos a hacer un poco de historia

Libia después de la 2° Guerra Mundial se convierte en una monarquía a cargo del rey Idris I.
En 1969, mientras veraneaba en la Costa Azul fue derrocado por un grupo de oficiales jóvenes que lideraba Muammar Gaddafi en un golpe incruento.

Se encontró con un país empobrecido, con más de un noventa por ciento de analfabetismo y una gran mortalidad infantil.

Los dueños del petróleo eran empresas extranjeras.

Muammar Gaddafi expropió las petroleras volviendo el petróleo a manos del pueblo libio, combatió el analfabetismo, fundó universidades, hospitales, construyó caminos y carreteras y comenzó un plan ambicioso para verdificar zonas desérticas.

En lo político, formuló lo que llamó la tercera vía universal, formando comités populares y dando forma a la Jamahiriya, una especie de poder popular.

Las mejoras sociales fueron notables llegando el PIB por habitante a 14.533 US dólares; el crecimiento anual del año 2010 fue de 6,7/%.

Las expectativas de vida son de 74 años y la mortalidad infantil es de 18 por 1000. El analfabetismo es de 5,5 en hombres con un gasto en educación de 2,7% del PIB mayor que el gasto el gasto en defensa que es de 1,1% del PIB.

Su deuda externa es de 5.521 millones de US dólares y sus importaciones son de 11.500 millones de dólares, con exportaciones por 63.050 millones de dólares.

Sus principales proveedores son la UE con 48,7%, (Italia 22,7%) y Asia con 31,1%.

Desde luego un gobierno así no podía ser bien visto por el Imperio.

En 1983, barcos norteamericanos dispararon desde el golfo de Sirte sobre el Palacio de Gobierno, dando muerte a una de las hijas de Muammar Gaddafi, en uno de los numerosos intentos de asesinato, pero el líder libio no estaba allí y sobrevivió al ataque.

Este lamentable hecho produjo un cambio en la conducción política del líder libio, el que se tradujo en un ablandamiento en su forma de combatir a su principal enemigo.

Cometió errores, derivó hacia un nepotismo acentuado y se volvió autoritario. Quizás este hecho con el tiempo resultaría esencial para la situación que hoy vive la revolución libia.

Las garras del imperio y la genuflexión de la ONU

La situación producida en Libia merece un análisis distinto a lo ocurrido en Egipto. Desde luego sirve para ver en toda su desvergüenza la forma de actuar del imperio.

Habla de genocidio y de aplicar sanciones a un régimen que dispara sobre civiles desarmados, sin embargo, cuando Israel bombardeó a la población civil palestina, (recordemos que Palestina no tiene ejército por no ser Estado), en la operación Plomo Fundido, no llamaron a la ONU, ni a aplicar sanciones y recientemente vetaron una condena a Israel por la muerte de población civil.

Los Estados Unidos hablan de DD.HH. sin acordarse de Guantánamo ni de las cárceles secretas de la CIA, habla de sentimientos humanitarios llevando ya 10 años de intervención en Afganistán y la destrucción de Irak. Sus intereses son muy claros:

Libia tiene uno de los mejores crudos del mundo y la política del imperio es apoderarse de su petróleo.
No es casual que la revuelta esté centrada en Bengazi donde están las mayores petroleras libias.

Pero eso no es todo.

Ya en el gobierno del inefable George W. Bush, Condoleeza Rice había planteado la idea de un nuevo Medio Oriente, al parecer la situación parece ser una realidad.

Es posible que el mayor obstáculo para ello sea Libia.

Es factible que si no es viable botar a Muammar Gaddafi, se trate de desmembrar el país quedándose con las regiones orientales de Libia, fronterizas con Egipto.

Las posibilidades son muchas, desde ahogar comercialmente al país hasta una intervención militar, que ya está orquestando la prensa.

Lo que si queda claro que Libia está siendo aislada y acorralada por el imperio y sus aliados léase Unión Europea y OTAN, y por el más fiel servidor imperial el señor Ban Ki-Moon oriundo de Corea del Sur, quien se ha convertido en el más genuflecto de los secretarios generales de la ONU.

Las grandes interrogantes

Hay razones para pensar que algo grande está en desarrollo en los países del Oriente medio.

Para el imperio, el Magreb y los países árabes productores de petróleo son estratégicamente importantes.

No se puede pasar por alto que la 5° flota se estaciona frente a Barhein, hoy día también reprimido por sus reyezuelos sumisos al imperio y de lo que nada ha comentado el señor Barack Obama.

Es extraño que de repente y simultáneamente un buen número de países se estén sublevando y cambiando a sus gobernantes, todo esto sin que las centrales de inteligencia hayan tenido noticias de ello, ni siquiera el Mosad.

La idea de democracia es una construcción occidental ligada estrechamente al desarrollo del capitalismo y por lo tanto bastante ajena a la filosofía islámica.

¿Cuál es el propósito de estos levantamientos?

¿Recuperar la cultura islámica tan aplastada por las conquistas occidentales o al revés, introducir en todo su esplendor el capitalismo neoliberal y globalizar a una parte del mundo que todavía no había sido integrada?

¿Por qué Muammar Gaddafi culpa a Al Qaeda y siendo así, por qué el imperio prefiere una revuelta de un grupo considerado por ellos terrorista a un gobierno con el que mantiene relaciones comerciales?

Si ahora reconocen que hay milicias armadas entre los rebeldes, ¿quién las provee de armamento?

Estamos muy encima de los acontecimientos para poder encontrar claridad en los sucesos del Medio Oriente.
Las interrogantes son muchas y estamos bombardeados por mentiras y desinformaciones.

La prensa está jugando su rol de vocero imperial.

Se está satanizando a Muammar Gaddafi y creando una situación terrorífica igual como se hizo con Saddam Husein y las armas de destrucción masiva que nunca se encontraron.

La situación se parece cada día más a la creada por Bush en Irak. Se está hablando de una intervención “militar humanitaria” (?).
Es posible que Libia sea la tercera invasión del imperio en el siglo XXI; las campañas de la prensa internacional así lo indican.

Sin embargo, siempre hay quien vea las cosas desde otro punto de vista.

Me gustaría señalar que las noticias directas desde Libia y los comentarios sin presiones de los analistas políticos de Tele Sur han sido un alivio entre tanta desinformación.

Luisa Bustamante es Licenciada en Sociología, Universidad ARCIS, Diplomada en Estudios Griegos y Bizantinos de la Universidad de Chile

El plan de la OTAN es ocupar Libia Fidel Castro Ruz

230211 – El petróleo se convirtió en la principal riqueza en manos de las grandes transnacionales yankis; a través de esa fuente de energía dispusieron de un instrumento que acrecentó considerablemente su poder político en el mundo.

Fue su principal arma cuando decidieron liquidar fácilmente a la Revolución Cubana tan pronto se promulgaron las primeras leyes justas y soberanas en nuestra Patria: privarla de petróleo (Ver: Libia, el mundo árabe y América latina)

Sobre esa fuente de energía se desarrolló la civilización actual. Venezuela fue la nación de este hemisferio que mayor precio pagó. Estados Unidos se hizo dueño de los enormes yacimientos con que la naturaleza dotó a ese hermano país. (Ver: En camino a la nueva partición de África)

Al finalizar la última Guerra Mundial comenzó a extraer de los yacimientos de Irán, así como de los de Arabia Saudita, Irak y los países árabes situados alrededor de ellos, mayores cantidades de petróleo. Estos pasaron a ser los principales suministradores.

El consumo mundial se elevó progresivamente a la fabulosa cifra de aproximadamente 80 millones de barriles diarios, incluidos los que se extraen en el territorio de Estados Unidos, a los que ulteriormente se sumaron el gas, la energía hidráulica y la nuclear.

Hasta inicios del siglo XX el carbón había sido la fuente fundamental de energía que hizo posible el desarrollo industrial, antes de que se produjeran miles de millones de automóviles y motores consumidores de combustible líquido. (Ver: Libia: ¿Un nuevo Irak?)

El derroche del petróleo y el gas está asociado a una de las mayores tragedias, no resuelta en absoluto, que sufre la humanidad: el cambio climático.

Cuando nuestra Revolución surgió, Argelia, Libia y Egipto no eran todavía productores de petróleo, y gran parte de las cuantiosas reservas de Arabia Saudita, Irak, Irán y los Emiratos Árabes Unidos estaban por descubrirse.

En diciembre de 1951, Libia se convierte en el primer país africano en alcanzar su independencia después de la Segunda Guerra Mundial, en la que su territorio fue escenario de importantes combates entre tropas alemanas y del Reino Unido, que dieron fama a los generales Erwin Rommel y Bernard L. Montgomery.
El 95 % de su territorio es totalmente desértico.

La tecnología permitió descubrir importantes yacimientos de petróleo ligero de excelente calidad que hoy alcanzan un millón 800 mil barriles diarios y abundantes depósitos de gas natural.

Tal riqueza le permitió alcanzar una perspectiva de vida que alcanza casi los 75 años, y el más alto ingreso per cápita de África.

Su riguroso desierto está ubicado sobre un enorme lago de agua fósil, equivalente a más de tres veces la superficie de Cuba, lo cual le ha hecho posible construir una amplia red de conductoras de agua dulce que se extiende por todo el país.

Libia, que tenía un millón de habitantes al alcanzar su independencia, cuenta hoy con algo más de 6 millones.
La Revolución Libia tuvo lugar en el mes de septiembre del año 1969.

Su principal dirigente fue Muammar al-Gaddafi, militar de origen beduino, quien en su más temprana juventud se inspiró en las ideas del líder egipcio Gamal Abdel Nasser.

Sin duda que muchas de sus decisiones están asociadas a los cambios que se produjeron cuando, al igual que en Egipto, una monarquía débil y corrupta fue derrocada en Libia.

Los habitantes de ese país tienen milenarias tradiciones guerreras. Se dice que los antiguos libios formaron parte del ejército de Aníbal cuando estuvo a punto de liquidar a la Antigua Roma con la fuerza que cruzó los Alpes.

Se podrá estar o no de acuerdo con el Gaddafi.

El mundo ha sido invadido con todo tipo de noticias, empleando especialmente los medios masivos de información.

Habrá que esperar el tiempo necesario para conocer con rigor cuánto hay de verdad o mentira, o una mezcla de hechos de todo tipo que, en medio del caos, se produjeron en Libia.

Lo que para mí es absolutamente evidente es que al Gobierno de Estados Unidos no le preocupa en absoluto la paz en Libia, y no vacilará en dar a la OTAN la orden de invadir ese rico país, tal vez en cuestión de horas o muy breves días.

Los que con pérfidas intenciones inventaron la mentira de que Gaddafi se dirigía a Venezuela, igual que lo hicieron en la tarde de ayer domingo 20 de febrero, recibieron hoy una digna respuesta del Ministro de Relaciones Exteriores de Venezuela, Nicolás Maduro, cuando expresó textualmente que hacía “votos porque el pueblo libio encuentre, en ejercicio de su soberanía, una solución pacífica a sus dificultades, que preserve la integridad del pueblo y la nación Libia, sin la injerencia del imperialismo”.

Por mi parte, no imagino al dirigente libio abandonando el país, eludiendo las responsabilidades que se le imputan, sean o no falsas en parte o en su totalidad.

Una persona honesta estará siempre contra cualquier injusticia que se cometa con cualquier pueblo del mundo, y la peor de ellas, en este instante, sería guardar silencio ante el crimen que la OTAN se prepara a cometer contra el pueblo libio.

A la jefatura de esa organización belicista le urge hacerlo. !Hay que denunciarlo!

Mundo Obrero

Editorial de Workers World/Mundo Obrero

Libia y el imperialismo

23 de febrero–De todas las luchas actuales en África del norte y el Oriente Medio, la más difícil de dilucidar es la de Libia.

¿Cuál es el carácter de la oposición al régimen de Gadhafi, que según se informa ahora controla la ciudad de Benghazi en el este?

¿Es pura coincidencia que la rebelión comenzó en Benghazi que está al norte de los yacimientos de petróleo más ricos de Libia, así como cerca de la mayor parte de sus óleo y gasoductos, de refinerías y de su puerto de transporte de gas líquido natural (LNG por las siglas en inglés)? ¿Hay un plan para dividir el país?

¿Cuál es el riesgo de una intervención militar imperialista que representaría el peligro más grave para los pueblos de la región entera?

Libia no es como Egipto. Su líder Moammar al-Gadhafi no ha sido una marioneta del imperialismo como Hosni Mubarak. Por muchos años Gadhafi fue aliado de países y movimientos que luchaban contra el imperialismo.

Cuando tomó el poder en 1969 a través de un golpe militar, él nacionalizó el petróleo de Libia y utilizó mucho de ese dinero para desarrollar la economía libia. Las condiciones de la vida mejoraron dramáticamente para el pueblo.

Por eso, los imperialistas estaban decididos a destruir a Libia. Estados Unidos lanzó ataques aéreos en Trípoli y Benghazi en 1986 que mató a 60 personas, incluyendo la pequeña hija de Gadhafi – lo cual es raramente mencionado por los medios corporativos. Se impusieron devastadoras sanciones por EEUU y la ONU para arruinar la economía libia.

Después de que EEUUA invadió a Iraq en 2003 y destruyó gran parte de Bagdad con una campaña de bombardeo que el pentágono exultantemente llamó “choque y temor,” Gadhafi intentó proteger a Libia de una adicional amenaza de agresión otorgando grandes concesiones políticas y económicas a los imperialistas.

Él abrió la economía a bancos y corporaciones extranjeras; accedió a las demandas del FMI sobre “ajuste estructural”, privatizó muchas empresas propiedad del estado y recortó los subsidios del gobierno para necesidades como alimentos y combustible.

El pueblo libio está sufriendo de los mismos precios elevados y desempleo que son la base de las rebeliones en otras partes y que fluyen de la crisis económica mundial del capitalismo.

No hay duda de que la lucha que recorre el mundo árabe por la libertad política y la justicia económica también ha resonado en Libia. No hay duda de que el descontento con el régimen de Gadhafi está motivando a una sección significativa de la población.

Sin embargo, es importante que los/as progresistas sepan que muchas de las personas que están siendo promovidas en el oeste como líderes de la oposición son agentes experimentados del imperialismo.

El 22 de febrero la BBC mostró imágenes de muchedumbres en Benghazi bajando la bandera verde de la república y sustituyéndola por la bandera del derrocado monarca, rey Idris quién había sido una marioneta de los EEUU y del imperialismo británico.

Los medios occidentales están basando muchos de sus reportajes en hechos supuestos proporcionados por el grupo en el exilio, el Frente Nacional para la Salvación de Libia, que fue entrenado y financiado por la CIA estadounidense.

Si usted busca en Google el nombre del Frente más la CIA, encontrará centenares de referencias.

En el editorial del 23 febrero, el periódico The Wall Street Journal escribió que “EEUU y Europa debían ayudar a los libios a derrocar el régimen de Gadhafi”.

No hay mención en los salones o en los pasillos de Washington sobre una intervención para ayudar a la gente de Kuwait o de Arabia Saudita o de Bahrein a derrocar a sus dictadores. Incluso, con toda la hipocresía con la que hablan a favor de las masas en lucha de la región ahora, esto sería inconcebible.

En cuanto a Egipto y a Túnez, los imperialistas están haciendo todo lo posible por conseguir que las masas salgan de las calles.

No se habló de una intervención estadounidense para ayudar al pueblo palestino de Gaza cuando millares murieron por el bloqueo, el bombardeo y la invasión de Israel. ¡Todo lo contrario! Estados Unidos intervino para prevenir la censura del estado sionista.

El interés del imperialismo en Libia no es difícil de encontrar. Bloomberg.com escribió el 22 de febrero que mientras que Libia es el tercer productor de petróleo más grande de África, tiene las reservas probadas más grandes del continente – 44.3 mil millones de barriles.

Es un país con una población relativamente pequeña pero con el potencial de producir ganancias enormes para las gigantes compañías petroleras. Así es como lo ven los súper ricos, y la base de su supuesta preocupación por los derechos democráticos del pueblo de Libia.

Conseguir concesiones de Gadhafi no es lo suficiente para los imperialistas señores del petróleo. Desean un gobierno que puedan poseer abiertamente. Nunca han perdonado a Gadhafi por derrocar la monarquía y nacionalizar el petróleo.

Fidel Castro de Cuba en su columna “Reflexiones”, toma nota del hambre del imperialismo por el petróleo y advierte que EEUU está sentando las bases para una intervención militar en Libia.

En EEUU algunas fuerzas están intentando movilizar una campaña que promueve tal intervención.

Debemos oponernos a esto firmemente y recordarle a las personas bien intencionadas y sinceras, las millones de personas matadas y desplazadas por los EEUU por su intervención en Iraq.

La gente progresista siente lo que ve como movimiento popular en Libia.

Podemos ayudar más a ese movimiento apoyando sus justas demandas al tiempo que rechazamos la intervención imperialista, en cualquier forma que ésta pueda tomar.

Es el pueblo de Libia el que debe decidir su futuro.


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La caída en desgracia en Gadafi

25 Febrero, 2011 – 12:36 pm

Glen Ford, Black Agenda Report

Traducido por Mariola y Jesús García Pedrajas

Muammar Gadafi fue una vez la pesadilla de Occidente, pero en la última década había buscado un “apaño” con el imperialismo.

Desde el 11 de septiembre, “Gadafi ha parecido más preocupado por el fundamentalismo islámico…que por las maquinaciones europeas y estadounidenses.” Los servicios secretos de EEUU puede que hayan actuado o no contra Gadafi, pero con toda seguridad aprovecharán cualquier oportunidad.

“Gadafi claramente había alcanzado un acuerdo con EEUU y los hombres ricos de Europa.”

Muammar Gadafi saltó a la escena mundial cuando él y otros jóvenes oficiales echaron a patadas a un rey llamado Idris, quien le había cobrado a las corporaciones extranjeras los precios más bajos a nivel mundial por succionar la riqueza petrolera del país.

Eso fue en 1969. Cuando tuve mi encuentro con Gadafi, 40 años más tarde, a finales de octubre de 2009, aún se llamaba a sí mismo un socialista y jurado enemigo del capitalismo, e impulsaba su Libro Verde como una guía universal a la justicia social.

Pero Gadafi claramente había alcanzado un acuerdo con EEUU y los hombres ricos de Europa. Tipos de las corporaciones, blancos y asiáticos, se veían por todas partes en Trípoli, la capital, la cual se encontraba rebosante hasta los topes con proyectos de construcción llevados a cabo por extranjeros para corporaciones extranjeras.

Libia y sus seis millones de habitantes se habían vuelto un “destino” de las corporaciones con todas las de la ley, y las fuerzas armadas de Gadafi estaban en colaboración constante con las fuerzas de choque de la maquina de guerra imperialista de EEUU.

Gadafi podía decirles a sus visitantes en su enorme tienda de campaña personal en el campamento militar en la ciudad que seguía dedicado a la destrucción del “capitalismo,” pero Washington, Londres y París no parecían muy preocupados.

Desde el 11 de septiembre, Gadafi ha parecido más preocupado por los fundamentalistas islámicos como los de la vecina Argelia cuya supresión costó 200.000 vidas que con las maquinaciones estadounidenses y europeas.

Ha coordinado maniobras militares con los estadounidenses en la región del Sahel en África del Norte, y trabajado estrechamente con la CIA para descubrir elementos del tipo de Al Qaeda.

En 2008, Condoleezza Rice estuvo en Trípoli. “Estoy deseando escuchar la visión mundial del líder,” declaró. Gadafi ya había declarado su amor por la mujer a la que llamó “Leeza,” su “querida afroamericana” quien, dijo, “se reclina y le da órdenes a los líderes árabes.”

“La peor consecuencia posible de la crisis libia sería que EEUU encontrara una manera de intervenir.”

En 2009, el año que visité Libia con una delegación encabezada por la antigua congresista y candidata presidencial del Partido Verde Cynthia McKinney, Gadafi acababa de firmar un acuerdo “histórico” sobre cooperación militar y diplomática.

El Comando para África de EEUU, AFRICOM, y Libia se comprometieron a trabajar juntos en temas de mantenimiento de la paz, seguridad marítima, contraterrorismo y seguridad y estabilidad africana.

Sin embargo, allí estaba Gadafi en televisión el martes, sin parecerse en nada al más bien sereno hombre mayor que me había encontrado en la gran tienda de campaña hacía 16 meses, bramando que estaba siendo asaltado por una combinación de EEUU y militantes islámicos.

En ese sentido sus palabras sonaban mucho como las últimas declaraciones públicas del antiguo presidente egipcio Hosni Mubarak, antes de fuera sacado a empujones de escena.

Gadafi menospreció a sus oponentes tachándolos de ignorantes ingratos que no sabían nada de las glorias del país, o se trataba de personas que simplemente estaban bajo los efectos de alucinógenos.

Su hijo, Seif el Islam Gadafi, había amenazado previamente a los libios con la guerra civil. Ambos, padre e hijo parecían fuera de la realidad, fuera de control y obsoletos. Lo que significa que el pueblo libio está en peligro.

Pero no hay mayor peligro para la independencia y soberanía de la gente que el imperialismo de EEUU, que no tiene ningún respeto por los derechos de nadie.

La peor consecuencia posible de la crisis libia sería que EEUU encontrara una forma de intervenir, en la forma que sea.

Nada que Washington haga puede beneficiar de ninguna manera al pueblo libio, que debe resolver sus propios problemas.

Artículo original:

http://www.blackagendareport.com/content/khadafi-outs

Egipto

12 Febrero, 2011 – 7:34 pm

hosni

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