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Dilemas de la Revolución bolivariana: problema de clase o problema nacional. Mariátegui, Haya de la Torre, socialismo y antiimperialismo

Dilemas de la Revolución bolivariana: problema de clase o problema nacional. Mariátegui, Haya de la Torre, socialismo y antiimperialismo

by Adm on 1 junio, 2011

Por Amaury González Vilera.

Preliminar

Hace alrededor de dos años, un profesor de ciencias políticas nos comentaba que de acuerdo a lo que planteaba la conocida “teoría del chinchorro” -que dice que la popularidad de un gobierno hace más o menos el recorrido que hace la sabrosa maya de descanso- en ese momento estábamos en el período de menor popularidad, lo que es decir la parte media del chinchorro, y que sólo era cuestión de tiempo –aproximación de las elecciones- para que los niveles de popularidad se recuperaran hasta llegar bien arriba, justo donde el mecate se amarra firme a la palmera.

La sugestiva teoría no parece estar lejos de la verdad y de acuerdo a los resultados que arrojan los estudios de GIS XXI, la popularidad del presidente Chávez, desde la perspectiva de la intención del voto, se encuentra en niveles que permiten hacer claras proyecciones a futuro, a menos de dos años para las presidenciales. Se avecina de nuevo la coyuntura electoral, las estelares elecciones donde los venezolanos hemos dado ejemplo al mundo de participación cívica y democrática durante los último años, y que el movimiento bolivariano aceptó y asumió como la vía, con todos sus mecanismos racionales-legales y todas sus implicaciones, para acceder al poder del Estado para iniciar desde allí el proceso de cambio de la –para aquel entonces- desesperanzada sociedad venezolana.

Hoy, transcurridos doce años desde la llegada de Chávez y a seis desde que se optara por el socialismo como el modelo teorético (ideal), la utopía concreta (posible) y el camino a seguir por el proceso bolivariano para alcanzar la mayor suma de estabilidad, seguridad y felicidad para nuestro pueblo, el carácter pacífico del movimiento político en el poder ha expresado y manifestado sus problemas, contradicciones y dilemas más profundos. Estos desafíos, formidables por demás, han sido expresados y planteados como problemas teóricos y de praxis revolucionaria por distintos pensadores, analistas y escritores a lo largo de la historia del siglo XX y de la nuestra reciente; desafíos de los que el mayor de todos parece ser el de la transformación de las relaciones sociales y de producción dominantes en relación circular con las ideas, creencias y valores que las justifican y reproducen. Se trata de cambiar una totalidad, una estructura, un sistema que, viéndolo bien, podría superarse si se transforman los componentes que, teniendo un carácter nodal, crítico, podrán influir sensiblemente en la estructura haciendo del todo, que siempre es más que la suma de las partes, una totalidad diferente.

De todas las opiniones que han proliferado sobre estas complejidades del proceso bolivariano, hay dos de reciente publicación que particularmente me gustaría comentar y que están relacionados con estos retos teórico-políticos de que venimos hablando.

Sobre el papel de la empresa privada en la construcción socialista

El primero de ellos es la columna “Espacio crítico para la construcción socialista #30” de Nicmer Evans. Desde mi visión, este análisis expresa uno de los debates y dilemas clásicos que han sido objeto de acaloradas controversias en el seno de la izquierda latinoamericana y mundial, y que como veremos más adelante recuerda y reproduce, salvando siempre las distancias históricas y geográficas, la polémica desarrollada entre José Carlos Mariátegui, fundador del Partido Socialista Peruano, y Víctor Raúl Haya de la Torre, fundador del APRA (Alianza Popular, Revolucionaria Americana). Dice Nicmer que uno de los dilemas más complejos que enfrenta el proceso bolivariano es el de la relación que debe mantenerse con el sector productivo comercial, como sector “hijo de una cultura económica rentista”. Veamos.

Partiendo de que existen diversas corrientes de pensamiento que apoyan el proceso bolivariano, la perspectiva que se tenga sobre cómo debe ser la relación con el sector privado da lugar a diversas interpretaciones sobre lo que es y puede ser la sociedad socialista, generando debates apasionados que hasta dan lugar a posiciones irreconciliables, y que sólo pueden ser aglutinadas por el liderazgo del comandante Chávez. De un lado, siguiendo a Nicmer, se encuentran los que están convencidos de que el sector privado productivo y comercial debería tender a desaparecer. Esta postura se explicaría desde la perspectiva de un socialismo cuya medida o cualidad fundamental es la completa socialización de los medios de producción, siendo contradictoria –y hasta peligrosa- la coexistencia entre formas de propiedad social –directas, indirectas, progresivas- con la tradicional propiedad privada y peor si es monopólica o probadamente, golpista.

De otro lado, predeciblemente, se encuentran los que piensan que no resulta contradictoria la coexistencia entre el sector privado productivo y comercial y un sector estatal y socializado – comunal. El autor especifica en este punto que esta última visión es la que está plasmada en el Proyecto Nacional Simón Bolívar, en la directriz IV-1 referida al enfoque del modelo productivo socialista. Y si este proyecto es de carácter nacional, el que presenta la visión de país que viene apoyando la mayoría de los venezolanos y en sintonía con el cual debe estar la planificación de las políticas públicas en el país, la postura de la desaparición de la propiedad privada de los medios de producción pareciera estar fuera de lugar. A partir de aquí, Nicmer complejiza el panorama especificando las subdivisiones que se desprenderían de uno y otro lado: los que defendiendo la desaparición del sector privado, se inclinan de una parte hacia la hegemonía del Estado y de otra hacia el protagonismo de la clase obrera y las comunidades organizadas, y así sucesivamente. Un análisis como el precedente, tiene como telón de fondo uno de los retos teóricos de que venimos hablado: la caracterización de la estructura de clases de la sociedad venezolana (GIS XXI), más allá de los “estratos socioeconómicos” y más allá del esquema clásico Burguesía Vs. Proletariado, no adecuado para el análisis de nuestra realidad específica, como bien lo refiere Ludovico Silva en su libro “Teoría del Socialismo”.

Resulta evidente el carácter intrincado del debate, y la dificultad que salta a la vista de cara a la necesaria construcción del consenso que debe existir en torno al significado del socialismo o  a lo que este puede significar. No obstante, existe una corriente adicional que estaría interesada en una “Revolución Industrial Socialista”, como vía para diversificar la economía, sustituir importaciones creando un sólido mercado interno, producir nuestros propios alimentos y hasta convertirnos eventualmente en exportadores, pero también como vía para crear a esa clase obrera numerosa que no tenemos; como estrategia a mediano plazo para garantizar la existencia de un proletariado numeroso, un sujeto revolucionario clásico no corporativizado ni aburguesado ni moderado por la abundancia y la aprobación de privilegiados contratos colectivos. Esta postura visualizaría la desaparición de la propiedad privada en el largo plazo, en el caso de la primera corriente, y en el mediano, en el caso de la segunda. Lo que si queda fuera de toda discusión -o por lo menos parece ser el derrotero por el que vamos- es que hay que industrializar, urbanizar, tecnificar, modernizar, pues.

El debate entre Mariátegui y Haya de la Torre. El APRA y el PSUV

Recordemos en primer lugar que el APRA, aunque fue lanzado como Partido Nacionalista Libertador por Haya de la Torre el 22 de enero de 1928 con el propósito de alcanzar la presidencia de la República, en ese año era considerado más un movimiento teórico-político de carácter continental, cada vez más prestigioso, con el cual Mariátegui simpatizó desde un principio pero que sin embargo no era una organización propiamente nacional, además de carecer de un cuerpo doctrinario coherente y definido. El APRA fue ente todo un movimiento nacionalista-democrático-radical, con énfasis en su definición antiimperialista. Sobre la particular visión de Haya, dice Alberto Flores Galindo que “Haya admiraba a la Revolución soviética, incluso había estado en Rusia y conversado con Trotsky y Lunacharsky, pero creía que el socialismo era una etapa todavía imposible en América Latina, porque antes era preciso superar el atraso, hacer la revolución burguesa que Europa había hecho durante los siglos XVIII y XIX, es decir, acondicionar a la sociedad con el ritmo histórico que desde el viejo continente se irradiaba al mundo”. Cierto, suena bastante familiar.  La idea de que nuestros países tenían que seguir necesariamente el camino de Europa –ya sea para convertirse en un país capitalista desarrollado o en uno socialista desarrollado- fue definida por Dussel como la “falacia desarrollista”.

Este fue el comienzo de las discrepancias entre Haya y el Amauta. El antiimperialismo propugnado por Haya, en el orden de los principios venia primero que el socialismo. En el caso del Amauta y el socialismo indoamericano, el antiimperialismo era una consecuencia necesaria del carácter socialista del programa político de la organización por él fundada. Es decir, el APRA era socialista sólo a través del antiimperialismo; el partido del Amauta era antiimperialista porque era socialista. El aprismo, planteando una teoría sin duda “novedosa” pero en gran medida ambigua, sugería que debido al carácter atrasado de la sociedad peruana -y de esta manera de la sociedad latinoamericana- la incursión del imperialismo en Perú se traducía en la primera etapa del capitalismo y no en la superior, monopólica-corporativa, tal como planteaba Lenin. De tal manera, para el APRA el imperialismo era deseable, beneficioso, porque significaba producción, industrialización, un progreso que sería tal siempre que dicha dinámica fuera controlada por un racionalizado y fuerte Estado moderno.

Esta postura del APRA coincidía así con la visión que la III Internacional planteó en la Primera Conferencia Comunista Latinoamericana, celebrada en Buenos Aires en 1929, y donde se planteaba desde la Komintern que entre nuestros países no existían mayores diferencias y que todos entraban dentro de la categoría de países semi-coloniales, ignorando la especificidad histórica de las formaciones sociales de los distintos países nuestramericanos, en un colonialismo de izquierda frente al que los delegados peruanos enviados por Mariátegui a la conferencia, Portocarrero y Pesce, se plantaron con dos tesis que entroncaron con los lineamientos de Moscú: El problema de las razas en América Latina y Punto de vista antiimperialista. En la visión de la Komintern, no existían diferencias significativas entre Perú y México, entre Argentina y Venezuela.

En resumen, el APRA fue un movimiento nacionalista-democrático, antiimperialista, que definió un proyecto de modernización que debía ser dirigido por la clase media y la pequeña y mediana burguesía; en el caso del Amauta y los socialistas, resultaba absurdo considerar la instauración del capitalismo en su etapa de expansión imperialista como signo de progreso, propugnando un modo de organización centrado en su especificidad histórica como sociedad, otorgando el protagonismo como agentes de cambio a los campesinos y a la clase obrera, con hegemonía de ésta última. Definidas las posiciones, resultaba más o menos insólito que Haya, un desarrollista que asumía fervoroso el proyecto civilizador colonial europeo, calificara a Mariátegui de “europeísta”, de eurocéntrico diríamos hoy, por defender una teoría de origen europeo. ¿Quién es el eurocéntrico aquí? Ah perdón! Acaso es el eurocentrismo una especie de insulto intelectual? ¿Será que a estas alturas podríamos asumir un proyecto incivilizador que propugne el decrecimiento y un feliz inprogreso? Esas son preguntas para el debate. Lo interesante de todo lo que venimos exponiendo son las analogías que se pueden establecer entre ese debate, con sus propuestas y visiones, y las actuales discusiones entre las ya aludidas corrientes de pensamiento que apoyan al comandante Chávez.

El Partido Socialista fundado por Mariátegui se encontró en una enmarañada posición entre el APRA y la III Internacional. En tal sentido, sería más esclarecedor que interesante preguntarnos ¿Dónde se encuentra o donde podemos ubicar, de acuerdo a su programa, principios y a la política desarrollada hasta ahora, a nuestro PSUV? ¿Se encontrará este, por ejemplo, en medio del PCV y Acción Democrática? ¿No será más bien el PSUV el APRA de nuestra época? Es necesario aclarar que se está bien lejos de sugerir similitudes entre Haya de la Torre y el Presidente Chávez. Otro sí, algunas analogías cabrían entre nuestro presidente y el general nacionalista Juan F. Velazco Alvarado.

¿El problema es la nación o la clase?

Así las cosas, una de los temas de fondo en este debate, está en si el problema aquí es la nación o la clase. Un Estado sólido, regido por una política nacionalista, que favorece la conformación de una burguesía auténticamente nacional, y que esgrime un proyecto modernizador a la europea o a la norteamericana o que se adapta en fin a las “tendencias” que nacen en los países del “primer mundo”, a pesar de su antiimperialismo, son cualidades de la visión que favorece la idea de nación frente a la de clase. Que el Estado-nacional –de hecho se parte de la idea de que se ha logrado construir un Estado-nacional con todos los requisitos de homogeneidad, densidad y estabilidad del caso- sea capaz de “controlar” la entrada, instauración, crecimiento y expansión del capital monopólico en un país semi-feudal o “en vías de desarrollo”, podría resultar una peligrosa ingenuidad, sobre todo conociendo a nuestras tradicionales élites criollas, que históricamente han demostrado su inclinación al entreguismo más que al nacionalismo.

Pero si la visión que debe predominar es la de clase, entonces no solamente valen sino que son necesarias las definiciones programáticas y las filiaciones teórico-política-filosóficas a determinados proyectos con distintas visiones de mundo, haciéndose fundamentales, lo cual implica ubicar esas posturas y filiaciones en el espectro tradicional izquierda-derecha, con todos sus matices. Este espectro, o este esquema de análisis, por otra parte y desde mí perspectiva, necesita de una profunda renovación, tanto como la izquierda necesita de una completa y urgente renovación ética y teórica. Tal situación nos colocaría en un dilema que puede que sea un falso dilema: ¿debemos favorecer la postura nacionalista frente al archienemigo imperial para favorecer la constitución de un bloque social sólido, ignorando las distintas opresiones internas existentes? O ¿debemos favorecer una postura de clase, de grupo, en lucha frente a otras clases y grupos a lo interno del propio país? ¿Convendría adoptar una u otra postura dependiendo del contexto, de la coyuntura? Nos interrogamos de esta manera a propósito de los planteamientos que hace Carola Chávez en su artículo del 13 de mayo, intitulado “Lo malo de Chávez”.

En su artículo, Carola parece enfilar baterías contra las posiciones llamadas extremistas o de “ultraizquierda”, que con razón manifestaron su descontento, su rechazo, su impotencia, frente a la relampagueante deportación del director de Anncol, Joaquín Pérez Becerra, un episodio que efectivamente golpeó los más elementales principios de solidaridad internacionalista presentes en la izquierda marxista y en todos los revolucionarios que no creen en revoluciones en un solo país pero que, lamentablemente, hay que comprender, como todo lo demás, en su debido contexto. El hecho es que, partiendo de esta crítica dirigida a estas posturas, la autora afirma que:

“El paradigma “izquierda vs. derecha” no siempre encaja con nuestra realidad, lo que se traduce en mala puntería a la hora de enfrentar al enemigo. Y ya imagino a más de uno gritándome de memoria: ¡Con la derecha no se negocia! Pero lo cierto es que estamos frente a un paradigma mayor: Patria vs. Colonia: más allá de izquierdas y derechas está nuestra necesidad de liberación, de lograr el ejercicio pleno de nuestra soberanía. Visto de ese modo, hay tantos venezolanos, que algunos considerarían de derecha, que por patriotas darían orgullosos la batalla a nuestro lado. Por otra parte, muchos dejaríamos de ser considerados pequeños burgueses sospechosos de algo solo porque nacimos en las casas en las que nacimos, ahorrándonos así discusiones huecas”.

Estas palabras resultan elocuentes porque reflejan el debate histórico que venimos comentando, y que parece expresar dos ideas fundamentales. Una de ellas es la tesis de la autora: aquí el problema no es de clases o, este no es el problema principal frente a la más importante cuestión de la autodeterminación y la soberanía nacional. La nación prima sobre la clase. La otra idea expuesta parece tener la forma de llamado a una unidad estratégica frente a cualquier pretensión intervencionista y frente a la necesidad de que las mayorías populares, la clase media y la pequeña burguesía verdaderamente nacional, que estaría representada por EMPREVEN, cierren filas con el comandante de cara a las mega-elecciones que ya se vislumbran en el horizonte. Ahora bien, sigamos profundizando el debate de manera que podamos tener más elementos que nos permitan tomar partido, o por la nación o por la clase; a los que tienen fijada una posición desde hace tiempo, no obstante, los invito a seguir leyendo.

En la introducción que hace Aníbal Quijano a la 3° edición de la Biblioteca Ayacucho de los 7 ensayos de interpretación de la realidad peruana (2007), en la sección dedicada a la polémica Mariátegui- Haya de la Torre, el autor cita un esclarecedor texto de Amílcar Cabral quien, décadas después y desde su propia realidad, llegará a las mismas conclusiones a que llegara el Amauta:

“Una de las distinciones importantes entre la situación colonial y neocolonial reside en las perspectivas de la lucha. En el caso colonial (en el que la “Nación-Clase” combate contra las fuerzas de represión de la burguesía del país colonizador) puede conducir, al menos en apariencia, a una solución nacionalista (revolución nacional): la Nación conquista su independencia y adopta, en hipótesis, la estructura económica que más le conviene. El caso neocolonial (en el que las clases trabajadoras y sus aliados, luchan simultáneamente contra la burguesía imperialista y la clase dirigente nativa) no se resuelve por una solución nacionalista; exige la destrucción de la estructura capitalista implantada por el imperialismo en el territorio nacional, y postula justamente una solución socialista. Esta distinción resulta principalmente, de la diferencia de nivel de las fuerzas productivas en los dos casos, y de la consiguiente agravación de la lucha de clases”. (Amílcar Cabral, “L´ Arme de la Téorie”, Partisans, N° 6-7, 1966.)

Eurocentrismos, socialismo y heterodoxia

Las anteriores son reflexiones que sin duda arrojan luz en el intento de dilucidar tan intrincada situación. Sin embargo, conviene que agreguemos otros elementos al análisis de la polémica de los 20, que nos darán aún más luces sobre si lo importante aquí, en la Venezuela de la segunda década del siglo XXI, es la Nación-clase, como un heterogéneo bloque social nacional o, una distinción de clases sociales internas en lucha, desde la perspectiva opresores – oprimidos. Decíamos más arriba que Haya de la Torre, con su propuesta manifestaba el carácter colonial, subalterno y dependiente de su pensamiento,  en la medida en que, aceptando la visión lineal de la historia, ese invento –ideología- romántico alemán de que Europa representa el punto de llegada en el recorrido que viene haciendo la humanidad desde un postulado estado de naturaleza, planteando que el Perú de la época se encontraba en una situación de atraso feudal (desde el punto de vista espacio-temporal en lo bárbaro y primitivo), en el marco general de una sociedad oligárquica-colonial y que por tanto, más que una revolución socialista, era menester primero pasar por un período capitalista.

Así las cosas, esta visión lineal produjo en Haya un abordaje de su realidad desde la perspectiva de un proceso por etapas. De ahí su ambigüedad y su pretendida originalidad frente al imperialismo, ya que lo que proponía para el Perú era efectivamente una revolución, pero de carácter esencialmente antiimperialista aunque, paradójicamente, era este mismo imperialismo el que con sus inversiones, su tecnología y su “fuerza histórica”, siempre y cuando fuera al tiempo controlado por un Estado fuerte apoyado por las capas medias y la burguesía nacional, el que abriría las puertas de la modernización y el desarrollo del Perú, encaminando así a su pueblo hacia la emancipación. De tal manera, con el arma de esta “original” propuesta teórica-programática, Haya de la Torre acusaba a Mariátegui de “europeísta” por proponer el socialismo, ya que esta era una doctrina nacida en Europa al calor del capitalismo desarrollado y por tanto, donde existía una clase obrera numerosa, con conciencia revolucionaria y preparada por tanto para hacer una revolución socialista. Pero el problema de Haya, en caso de que este sea un problema, era precisamente su excesivo afán modernizador, su excesivo eurocentrismo, que llegaba al punto de acusar a Mariátegui de imitador de lo europeo porque –y esto era en él una convicción- el Amauta se saltaba etapas y procesos por los que debía pasar el Perú para poder avanzar hacia el socialismo.

Pero recordemos aquí, que el socialismo de que habló el Amauta fue el Indoamericano, sin calcos ni copias, basado en el genio y la eficacia del sujeto revolucionario para adaptar y conjugar las propuestas teóricas marxistas, que por supuesto eran europeas, ideas provenientes de otras corrientes filosóficas, científicas y artísticas de la época, y la tradición milenaria indígena el Inca y el Ayllu. He aquí el por qué Mariátegui es un ejemplo de marxismo heterodoxo, crítico y abierto, y el por qué el socialismo en nuestras tierras sólo seria producto de una “creación heroica”, tema este que merecería un tratamiento particular en otro espacio.

No resulta una pérdida de tiempo reiterar la complejidad del tema, carácter que podemos comprobar se hace patente cuando leemos, siguiendo a Quijano, que “En ese momento, Haya y los apristas sostenían que el único modo de rescatar la realidad específica de América Latina en una estrategia revolucionaria, era basarse en el problema nacional y no en el problema de clase para enfrentar al imperialismo”.

El combate contra la feudalidad y el carácter oligárquico de la cultura, parecía un espacio de coincidencia entre Haya y el Amauta, inclusive los dos enfoques de la lucha planteados pretendían rescatar el carácter específico de la realidad social de la sociedad peruana, divergiendo sensiblemente, sin embargo, en el carácter de sus respectivos programas.

Si seguimos el texto de Cabral, tenemos que una de los factores que hacen la diferencia entre la situación colonial, a la que correspondería la lucha de la Nación-clase, y la situación neocolonial, superable sólo por medio de la lucha de clases, es el grado de desarrollo de las fuerzas productivas y por tanto, la agudización del antagonismo entre fuerzas productivas y relaciones de producción.

Entonces ¿En Venezuela el peo es nacional o es de clases? ¿Será que dependiendo de las tensiones entre decadencia y reacomodo del sistema-mundo moderno/colonial, Sistema Capitalista Mundial o Grupo Bilderberg, cobraría viabilidad en cada uno de los países no alineados alguna de las dos formas de lucha? ¿Más que una elección entre ambas opciones, no privará aquí una alternancia entre ambos ángulos del combate?

Este debate, que para Carola Chávez se decanta a favor de la nación sugiere, desde mi perspectiva, una serie de retos teóricos que habría que asumir con claridad en el contexto de nuestra específica y concreta realidad social; constituye un imperativo redactar, siguiendo el ejemplo del Amauta, los respectivos ensayos de interpretación de la realidad venezolana, de manera que podamos elaborar, sin colonialismo intelectual de ningún signo, un buen diagnóstico que nos permita diseñar la mejor terapia.

Pensamos que esos esfuerzos, en Venezuela se han hecho en cierta medida, y hasta aquellos ensayos sobre la realidad peruana nos siguen sirviendo de ejemplo en esa dirección pero, si desde nuestro país y por él ya se han ensayado algunas interpretaciones de nuestra realidad, de esas que hacen falta ¡Entonces reunámoslas! ¡Difundámoslas!

Desafíos teórico-políticos

De esos retos ya mencionamos uno, trabajo pendiente que fue recordado recientemente por Amílcar Figueroa en el pasado Encuentro Internacional de Escuela de Cuadros, y que fue suscrito por el teórico argentino Jorge Beinstein en el mismo encuentro: la necesidad de caracterizar la estructura de clases de la sociedad venezolana, un trabajo cuya efectiva y feliz concreción, de ser llevado a cabo con los instrumentos teórico-metodológicos más adecuados, nos ahorraría tantos problemas como necesaria es la unidad de las distintas corrientes, escuelas, tendencias, posturas, y hasta modas, presentes en el que podemos llamar “bloque social del cambio”. De lo que se trata, y en eso estamos claros, es de superar el capitalismo.

Sin embargo, muchas veces se nos diluye un importante aspecto de la cuestión, puede que por pereza para pensar o por seculares problemas culturales: si está clara la idea de que el socialismo que debe edificarse debe ser propio, bolivariano, a la venezolana, no es por casualidad, es porque el capitalismo que debemos superar también es venezolano, particular, muy propio, rentista, petrolero.

Este constituye otro reto teórico de vital importancia, y que debe ser asumido como un imperativo de nuestra época, si de lo que se trata es de lucha, transformación y sobrevivencia de la especie.

Así como está pendiente la estructuración de las clases sociales en Venezuela, está pendiente también el análisis en profundidad del carácter del capitalismo venezolano, un trabajo que se ha hecho en medida importante pero que, puede que por la avasallante realidad que refleja, nos ha producido una especie de parálisis creativa – intelectual.

En esta dirección, en el cuaderno de “formación ideológica” N° 1 del Psuv, aparecido en agosto de 2009, conviene analizar el trabajo de Alí Rodríguez Araque, denominado El proceso de privatización petrolera en Venezuela, donde esboza el desafío teórico de que venimos hablando.

Por lo general, una pregunta bien formulada resulta más esclarecedora que una eventual respuesta, y procura siempre la apertura de nuevos caminos al conocimiento humano. Precisamente eso es lo que hace Rodríguez Araque en este ensayo. Conviene tomarle a palabra.

Cuando constatamos que “el petróleo –y más precisamente, la renta petrolera- ha sido, en última instancia, el principal factor en la conformación de la economía, la sociedad, la cultura, los valores, la ética y el comportamiento político venezolano del siglo XX, proyectándose aún en el siglo XXI…”, no queda otra que preguntarse, como hace el autor ¿Cómo comprender a Venezuela sin comprender cabalmente el tema petrolero? Y más importante aún ¿Cómo transformar la sociedad venezolana sin esa elemental comprensión?

El artículo de Rodríguez la verdad da para mucho, y uno imagina el debate que se produciría entre un chavista, un chavista marxista, un trotskista no chavista, un ecologista, un economista y un neo-estructuralista posmoderno, pero la verdad es que por ahora lo que nos interesa es destacar el llamado que hace el autor en base a las preguntas que se hace, analizando la realidad venezolana en función del propósito trascendental de construcción del socialismo bolivariano.

Dado que el factor rentista petrolero sigue teniendo una gravitación tan desbordante –determinante-, tanto en la economía nacional como en el sistema de creencias y los valores predominantes (tanto en la estructura como en la superestructura, diría Marx), el autor se pregunta “¿Puede haber un socialismo rentista así como ha existido un capitalismo rentista?

Afirmamos la pertinencia rotunda de esta pregunta para un presente en el cual se ha certificado que somos la primera reserva de petróleo del mundo, lo cual permite hacer proyecciones a futuro sobre el desarrollo del negocio y sus implicaciones de todo tipo, y donde sigue teniendo vigencia el problema estructural de una inflación de históricos componentes especulativos, como producto de los ingentes ingresos que hemos recibido por concepto de una renta petrolera cuya distribución a través del gasto público, ha generado una demanda que nunca ha tenido como correlato la correspondiente capacidad productiva. Esta situación propició la conformación de una burguesía parasitaria y ha hecho de nosotros una sociedad importadora, derrochadora y consumista, para no ir más allá.

Desde esta perspectiva, Alí Rodríguez no puede dejar de afirmar que “La respuesta a la anterior pregunta es uno de los principales desafíos teóricos que tenemos frente a nosotros…”, y no le falta razón.

Hemos visto hasta ahora, cómo partiendo de las complejidades de nuestro proceso, de las distintas corrientes de pensamiento revolucionario que se fueron distinguiendo desde que se planteó el socialismo, en el 2005, como propósito y utopía concreta, el debate sobre la perspectiva de la lucha, sobre si la cuestión central es la lucha nacional frente al imperialismo o la lucha de clases a lo interno y externo de cada nación, da lugar a la necesidad de realizar el debido balance histórico de las luchas teórico-políticas que se desarrollaron en Europa y en Suramérica, en los años 20 del siglo XX; un contexto, por cierto, de transiciones y de grandes tensiones, por lo que no resulta un vano ejercicio establecer las respectivas similitudes entre aquel mundo de comienzos del XX, el de Mariátegui, Lenin y Gramsci, y el de la segunda década de nuestro siglo XXI.

Luego de hacer ese balance histórico, salvando siempre las distancias, van surgiendo desafíos intelectuales y políticos que, cuando observamos detenidamente y constatamos que son deudas teóricas acumuladas, podemos comprender que si bien un autor dijo que “cuando teníamos las respuestas nos cambiaron las preguntas”, señalando los cambios vertiginosos por los que ha atravesado el mundo en los últimos 40 años, en nuestro caso las preguntas fundamentales sobre nuestra realidad profunda, sí, se han formulado históricamente de la manera más brillante, aunque nunca hayamos sido capaces de darle respuesta. Los tiempos cambiaron y las preguntas parecen seguir siendo las mismas e incluso parecen haberse acumulado.

Estas interrogantes, como hemos venido mostrando, se han venido planteando como forma de poner sobre la mesa los que consideramos importantes retos filosóficos, teóricos, metodológicos, axiológicos, epistemológicos, políticos, partiendo del desafío de construcción de una sociedad diferente, ese otro mundo posible que hemos llamado Socialismo bolivariano para el siglo XXI.  Esos desafíos, hasta ahora, son los siguientes:

– Estructuración y caracterización de las clases sociales en Venezuela, partiendo de la puesta en duda del mismo concepto de clase social; una categoría de análisis por cierto, que no recibió por parte de Marx el tratamiento profundo y sistemático que dio a otras categorías como, por ejemplo, la de Plusvalía, por la humana y elemental razón de la finitud de la vida.

– La construcción del socialismo a la venezolana partiendo de una sociedad capitalista marcada profundamente por el hecho rentístico petrolero, el cual ha logrado permear todos los ámbitos o sectores de la sociedad venezolana, y que nos permite preguntarnos, con Rodríguez Araque –porque definitivamente nuestro país es y seguirá siendo un país potencia energética mundial-

¿Así como tenemos un capitalismo rentista, será que podremos tener un socialismo rentista? En tal sentido, siendo el Estado el propietario de la renta petrolera y siendo el jefe del mismo una personalidad que ha demostrado ser un legítimo representante del pueblo venezolano tradicionalmente excluido ¿La lucha por el socialismo en nuestro caso se resuelve sólo en la lucha por una mejor distribución de la renta?

Marcuse

El tercer desafío teórico-político de cara a la transformación, desde nuestra perspectiva lo plantea Herbert Marcuse en su obra clásica El hombre unidimensional, un planteamiento que, indudablemente, se relaciona transversalmente con los dos anteriores, en una relación de determinaciones determinadas determinantes (Dussel).

La introducción a la obra de Marcuse tiene por nombre “La parálisis de la crítica: una sociedad sin oposición”, páginas en las que este autor analiza las principales tendencias históricas que se han delineado en el desarrollo de la sociedad industrial avanzada, escribiendo desde Estados Unidos, en pleno auge del discurso del desarrollo y la modernización, en el apogeo de lo que se llamó capitalismo de oro o etapa keynesiana de pos-guerra, y en el contexto del enfrentamiento de las superpotencias nucleares del este y del oeste. Marcuse parece aludir la peligrosidad del paradójico desenvolvimiento y crecimiento de la sociedad industrial, dando inicio a su exordio –en buena hora- con esta pregunta:

¿La amenaza de una catástrofe atómica que puede borrar la raza humana no sirve también para proteger a las mismas fuerzas que perpetúan este peligro?

La misma pregunta y las sucesivas afirmaciones que una tras otra hace este autor, como uno de los más destacados pensadores de la primera Escuela de Frankfurt, van señalando el lugar y el trabajo que en esa coyuntura tenía delante la teoría crítica, tal como la tiene ahora, en la Venezuela encaminada por los senderos de una modernización que estaría reproduciendo algunas contradicciones que señala Marcuse en su ensayo. En otra expresión paradójica, el autor refiere que:

“…la sociedad industrial avanzada es cada vez más rica, grande y mejor conforme perpetúa el peligro”.

Afirmación que, pensamos, refiere las consecuencias de carácter político y cultural que parecen ser intrínsecas al “bienestar” producido desde la perspectiva de la economía de mercado como reguladora de los procesos sociales. No obstante, continua el autor diciendo que

“Las necesidades políticas de la sociedad se convierten en necesidades y aspiraciones individuales, su satisfacción promueve los negocios y el bienestar general, y la totalidad parece tener el aspecto mismo de la razón. Y sin embargo, esta sociedad es irracional como totalidad”.

Marcuse es crítico, reflexivo, agudo, incluso desconcertante, aunque no tanto si se ve de cerca:

“Las capacidades (intelectuales y materiales) de la sociedad industrial contemporánea son inmensamente mayores que nunca; lo que significa que la amplitud de la dominación de la sociedad sobre el individuo es inmensamente mayor que nunca”.

Todo lo cual nos sugiere los peligros que acompañan, si de lo que se trata es de emancipación y de liberación, a los procesos de expansión industrial, de perfeccionamiento técnico, de urbanización y de adopción por parte de los dirigentes políticos y por la sociedad en general, de valores culturales propios de la modernidad capitalista.

Porque, efectivamente, no se trata sólo de realizar un efectivo, autónomo y creativo análisis materialista de nuestra sociedad, sino de realizar conjuntamente y en relación dialéctica con el análisis materialista, un análisis que incluya los factores culturales, subjetivos, ideológicos, predominantes en nuestra sociedad.

Estos dos niveles mantienen una relación circular (Silva), lo cual sugiere que la estructura del Estado, por ejemplo, el ordenamiento jurídico vigente en una sociedad y los valores y el sistema de creencias dominante en ella, si efectivamente constituyen una expresión –más no un reflejo- del modo de producción vigente en esa sociedad, este último puede también ser influido, determinado, transformado, desde sus propias determinaciones. En pocas palabras: El Estado es una expresión del proceso económico, pero el proceso económico puede ser influido –incluso transformado- por el Estado. De ahí que sean determinaciones, determinadas, determinantes (Dussel).

No existen, en este sentido, contradicciones viscerales ni dilemas entre la economía política y los procesos culturales, entre lo teórico y lo práctico, salvo que, como creemos ha sucedido, se ignore la realidad social concreta. De ahí la pertinencia de Mariátegui, de su legado como “polemista” cuya propuesta socialista no consustanció ni podía consustanciar con el nacionalismo-democrático-radical del APRA, ni con las propuestas de la III Internacional.

En fin, el tercer reto que nos convoca y que plantea Marcuse –y que seguramente fue planteado por otros desde otros lugares espacio-temporales- y que se reviste de una particular importancia en nuestra contemporaneidad de capitalismo decadente y  crisis ecológica, es:

– Investigar sobre las raíces de estos desarrollos y examinar susalternativas históricas, como parte de los propósitos de una teoría crítica de la sociedad contemporánea, como corpus teórico orientado al análisis de nuestras sociedades –la venezolana, la nuestramericana- a la luz de “sus empleadas o no empleadas o deformadas capacidades para mejorar la condición humana”. Porque ¿de qué se trata sino de afirmar la vida humana?

En resumen, las tareas teórico-políticas a realizar, con más o menos urgencia, sin olvidar que dichas labores podrían probablemente concretarse llevando a cabo una simple y efectiva sistematización, son las siguientes:

– Caracterización de nuestra estructura de clases utilizando los marcos teórico-metodológicos más adecuados a nuestra realidad específica.

– Análisis en profundidad de nuestra estructura económica, de nuestro particular capitalismo rentista, como paso imprescindible en el propósito de construir el socialismo ¿Rentista?

– Investigar sobre las raíces de los desarrollos y tendencias económicas, políticas, culturales, sociales, militares, ecológicas, mundiales, hoy visibles, de manera que se puedan definir las alternativas históricas en función de, con las capacidades alcanzadas por la sociedad contemporánea, afirmar la vida humana.

Semejantes desafíos implicarían el fortalecimiento o la creación de los espacios, comunidades de pensamiento, instituciones, más adecuados para cumplir con tan formidable trabajo creador.

Por ahora diríamos que aceptar y cumplir esta misión, a la que podríamos llamar Misión descolonización, sería el hilo conductor que nos conduciría fuera del laberinto ideológico en el que al parecer estamos, escenario que sin duda favorecería la unidad de los agentes del cambio, donde confluirían las distintas corrientes, aspiraciones y deseos, y donde seguramente el papel de la empresa privada en la construcción socialista no implicaría un complejo dilema, ni se seguiría promoviendo la división y fragmentación de la lucha etiquetando al compañero de al lado como pequeño-burgués por la casa en que nació, tal como afirma la autora citada.

Finalmente ¿Es de clases el peo? ¿Es nacional el peo? Señalamos como respuesta, si no queremos simplificar, falsear ni mutilar la realidad, la concreción de los retos planteados arriba ¿Existe un problema identitario de fondo?

¿Cuánto tiempo pasará antes de que el sectarismo y las divisiones intestinas en la “izquierda” le terminen de abrir las puertas al fascismo?Hablando de fascismo, una última pregunta que, como las de arriba, se intentarán problematizar en un próximo escrito ¿Es el nacionalismo necesariamente fascista?

amauryalejandro@gmail.com

http://amauryagoracaracas.blogspot.com

@maurogonzag

La muerte de Bin Laden: una mirada Centroamericana

La muerte de Bin Laden: una mirada Centroamericana

La ejecución extrajudicial no la inventó la CIA ni los SEALS, pero la ha llevado a un plano superior
Geopolítica – 12/05/2011 8:11 – Autor: Julio Abdel Aziz Valdez – Fuente: Webislam
  

 
Etiquetas: bin laden, cia, asesinato
La muerte de Bin Laden: una mirada Centroamericana
La muerte de Bin Laden: una mirada Centroamericana

Se redobló la seguridad en los aeropuertos desde que la noticia apareció en los periódicos locales, y las fuerzas policiales desempolvaron los manuales proporcionados por las Embajadas Norteamericanas y emitieron la alerta terrorista.

Las fuerzas policiales locales no son el ejemplo más notorio de profesionalismo investigativo, es por eso que la asistencia norteamericana rebasa los límites de asistencia técnica para asumir el de administración per se. No le son extraños los operativos, a guisa de ejemplo, de la DEA con apoyo de agentes locales e igual sucede en el campo del tan anunciado terrorismo, donde las embajadas cuentan con sus propios especialistas que, además de mandar reportes cotidianos a sus respectivas agencias en Washington, aconsejan al Embajador de turno.

La migración de población árabe musulmana se ha mantenido en una media a nivel centroamericano. Ésta sigue ubicándose como una minoría dentro de las minorías y sus aportes, aun cuando son significativos en algunos campos económicos, siguen siendo periféricos en cuanto al desarrollo cultural se refiere; el peso de la cercanía con Estados Unidos junto con las grandes tendencias latinoamericanas es abrumador.

Sin embargo, desde los atentados del 11 de septiembre, al igual que en otras latitudes de occidente, se ha producido un sostenido crecimiento de conversiones al islam en la población local, que sigue siendo escasa en relación al número de creyentes dentro del cristianismo (en sus diferentes denominaciones), pero si hay una lección que deja la figura de Bin Laden es que no se necesitan grandes cantidades de adeptos para llevar a cabo acciones que puedan tener objetivos a nivel mediático internacional.

Sobre esa base, los servicios de inteligencia ven en cada comunidad musulmana un potencial peligro, por pequeña que sea, no se necesita igualmente de nexos o afiliaciones sino de tan solo convencimiento, los medios se pueden conseguir a nivel local.

Centroamérica es un corredor de droga hacia los Estados Unidos y en ese proceso de crecimiento del crimen organizado, influenciado mucho por la CIA, se llegó a debilitar tanto el Estado que permitió el crecimiento de organizaciones paralelas; esta situación de ausencia de Estado es la que preocupa a los norteamericanos, que contradictoriamente facilitan más la droga, que es un peligro más tangible para los ciudadanos norteamericanos que el llamado “terrorismo islámico”.

La idea de una ejecución extrajudicial (de Bin Laden) no es algo extraño para el centroamericano promedio (no del triangulo Honduras, El Salvador y Guatemala) de hecho a diario se convive con este tipo de realidades a tal punto que no es posible establecer criterios de relación entre transgresión-sanción. Así, hubo muchos comentarios en los blogs de los periódicos que se congratulaban y afirmaban que lo mismo debería de hacerse con los “delincuentes locales”. Y resulta interesante en ese ambiente que la cooperación que brinda AID se sustenta en bases legales que ellos mismo no fomentan en sus propios países (gobernabilidad, fortalecimiento en la aplicación de justicia y rendición de cuentas)

Pero, ¿qué es una ejecución extrajudicial? En la región, el concepto adquiere importancia durante el conflicto armado, un enemigo huidizo el cual solo puede ser destruido, no remitido a tribunales porque su encarcelamiento puede ser una arma propagandista. La ejecución tiene como objetivo político el propagar el miedo, “todos saben quien lo hizo, pero nadie tiene pruebas” y nadie puede reclamar, la ejecución no le permite a la victima la dignidad de una sepultura, el anonimato permite que la imaginación vuele en un mar de violencia. Sepultura en medio del mar, donde precisamente muchos opositores latinoamericanos fueron a parar, “pero todo esto salvó vidas”, eso era al menos lo que decían los militares centroamericanos cuando bombardeaban una aldea en busca de guerrilleros, el mal menor, eso permitía sobrellevar la culpa si es que alguna vez la hubo. Obama se acerca al lugar donde estuvo el Word Trade Center y ora, “al fin fueron vengados”. Y los miles de muertos en los bombardeos en Kandahar, Qunduz, Kabul y otras ciudades Afganas, ¿no contaban?

Para qué enjuciar si los puedes asesinar

Diariamente las calles de El Salvador y Guatemala en las décadas de los setenta y ochenta, aparecían cadáveres de líderes sindicales, populares y estudiantiles, muchos de los que en la lógica de la política de Seguridad Nacional representaban una amenaza al Estado, pero llevarlos ante un tribunal hubiera representado desgaste político al endeble orden jurídico de ese mismo Estado, por lo tanto se crearon comandos especializados de limpieza, sin nombre, sin identidad, que respondían a mandos de inteligencia del ejército y la policía. Esos años de “limpieza social” allanaron lo que hoy sucede a diario, siguen apareciendo cadáveres, torturados, desmembrados. Las fotografías publicadas por EFE de los cadáveres de la supuesta escolta de Bin Laden, en realidad más que pruebas eran trofeos cómo los que acostumbraban los cazadores de cabelleras en el antiguo oeste norteamericano, no en balde deciden dar el nombre clave de Gerónimo al objetivo.

No es justicia la ejecución extrajudicial, es asesinato simple y sencillo, el que paga a un sicario para que ajuste una cuenta como sucede a diario en las calles de nuestras ciudades, no es justicia, pero ahora los norteamericanos lo han elevado a nivel de categoría de la cultura neoliberal.

La ejecución extrajudicial no la inventó la CIA ni los SEALS, pero la han llevado al plano superior, al menos superaron las lecciones del Tsahal (fuerzas armadas israelíes), que para ejecutar a un enemigo optan por destruir un poblado entero.

Élites apátridas, siempre son necesarias

El papel de Pakistán como receptor y dependiente de ayuda financiera norteamericana y su reacción “pusilánime” ante la clara violación de su soberanía es algo que se entiende muy bien desde esta parte del Continente, a pesar de la existencia de más de cuatro millones de centroamericanos en Estados Unidos, gran parte de ellos en condiciones migratorias irregulares, no fueron capaces estos gobiernos de impedir que se asociara el derecho a la migración a la creciente paranoia antiterrorista post 11S.

En nombre de la Seguridad Nacional Estados Unidos comete actos contra la dignidad humana, tortura, debido proceso, asesinatos, arrestos ilegales, separación de familias, humillación, racismo y mucho más, y hasta ahora no ha habido más que condenas morales, no se ha conducido a este gobierno a las puertas de los tribunales internacionales y no se hace precisamente porque pesa más la balanza comercial que el de las vidas humanas.

La reacción pakistaní fue la de advertir “que no vuelva a suceder” como si esta muerte fuera la primera cuando por todo mundo es sabido la infinidad de veces que los Drones (aviones no tripulados) bombardean supuestas bases talibanes en suelo pakistaní con cauda de centenares de muertes en estos actos.

Pakistán, a pesar de la distancia, está mucho más cerca de lo que se pensaba, elites gobernantes que no conocen la ética, que utilizan el pretexto del combate al enemigo interno para suscribir convenios de dependencia geoestratégica con el Imperio.

Los servicios de inteligencia pakistaní pudieron haber realizado el operativo pero era imprescindible para este montaje mediático ver al Presidente en la Sala de Operaciones junto con su galante Secretaria de Estado, eternizar la imagen del combatiente invencible que divulgan lo videojuegos, esa misma imagen se repite con frecuencia en los operativos de captura de capos en Centroamérica por agentes de la DEA. Anualmente se recompensa la “colaboración” con aportes financieros individuales y fines de semana en Miami para el “shopping“.

Del 11 de septiembre a la revolución árabe

Para el Debate: Del 11 de septiembre a la revolución árabe

de Periódico El Libertario, el Martes, 10 de mayo de 2011 a las 14:14
 
Por Simón Rodríguez Porras

De acuerdo con la versión oficial, un grupo comando yanqui entró en la noche del 1 de mayo a la vivienda donde se encontraba escondido Osama Bin Laden junto con miembros de su familia, cerca de la capital pakistaní, y pese a no ofrecer resistencia fue ejecutado, al igual que varios de sus acompañantes. Luego arrojaron su cuerpo al mar, aplicando el método de la desaparición forzada que durante años la Escuela de las Américas enseñó a los terroristas de Estado latinoamericanos.

Bin Laden fue un integrista islámico armado y entrenado por la CIA, como otros miles de mercenarios, para combatir a los soviéticos en Afganistán. Los cuervos criados por el imperialismo luego impulsaron su propia agenda, que incluía expulsar las bases militares yanquis de Arabia Saudita, donde se encuentran los sitios religiosos más importantes para los musulmanes, y terminar con la situación colonial de Palestina. La agrupación de Bin Laden ya había alcanzado cierta notoriedad antes de 2001, por ataques contra objetivos militares de EEUU en Arabia Saudita y Yemen, y contra las embajadas gringas en Kenya y Tanzania, ataques en los que hubo centenares de víctimas civiles africanas. Su actividad había sido el pretexto para bombardeos criminales como el perpetrado por el gobierno de Clinton contra la precaria industria farmacéutica de Sudán. Cuando cayeron las torres gemelas de Nueva York el 11 de septiembre de 2001, Bin Laden aplaudió los atentados sin asumir responsabilidad por su ejecución. Como suele ocurrir con las acciones aisladas, estos atentados no generaron ningún tipo de movilización contra la política exterior de los EEUU, ni siquiera en aquellos países oprimidos donde fueron percibidos como una venganza por los largos años de matanzas y crímenes de todo tipo perpetrados directamente o con apoyo del gobierno estadounidense, tales como Irak y Palestina. En EEUU generaron una confusión general que fue aprovechada por la élite gobernante para alimentar un patrioterismo extremo.
El gobierno de Bush solicitó a la dictadura teocrática del Talibán que extraditara a Bin Laden por la autoría intelectual de los ataques, pero la dictadura pidió pruebas de las acusaciones para detenerlo y entregarlo. Bush respondió a esta solicitud invadiendo Afganistán, invasión que ha cobrado decenas de miles de víctimas civiles. (1)
 
Casi diez años después, embriagado por la ejecución de Bin Laden, Obama pronunció un discurso en el que aseguró que EEUU podía hacer cualquier cosa que se propusiera en el mundo. Los hechos nos dicen todo lo contrario: hoy el imperialismo no puede hacer lo que le dé la gana. Es cierto que los ataques de 2001 crearon las condiciones políticas internas para que el gobierno de los EEUU pudiera lanzar una campaña de invasiones, restringiera las libertades democráticas con la Ley Patriota y otros instrumentos regresivos, e incluso creara centros de tortura secretos en Europa y un campo de concentración en Guantánamo, todo esto a nombre de la guerra contra el terrorismo. Parecía que, como diría Obama, los yanquis podían hacer lo que se propusieran, sin importar el odio que despertaran en todo el mundo sus crímenes. Pero esa situación ha cambiado radicalmente.
El pueblo árabe “ha dicho basta y ha echado a andar”
Los invasores han tenido que replegarse en Irak y comenzar su retirada, derrotados por la resistencia, mientras que Afganistán se ha convertido en un pantano para los invasores. Los saharahuis y los palestinos se mantienen en resistencia contra la ocupación colonial, que no ha podido ser derrotada. A partir del presente año se ha desatado una insurrección de masas contra las dictaduras y las degeneradas monarquías que plagan el mundo árabe. Uno de los pilares de la dominación yanqui en la región, y aliado incondicional de Israel, el dictador egipcio Hosni Mubarak, ha caído, al igual que el dictador tunecino Ben Alí. Hay tremendos procesos revolucionarios en curso en Libia, Siria, Yemen y Bahrein. Son procesos con una importante carga antiimperialista, en los que los integristas islámicos no juegan ningún papel relevante. En Egipto, los Hermanos Musulmanes tienen un programa político se asemeja al del partido gobernante de Turquía, autoritario y sin roces significativos con el imperialismo. Pese a ser una organización de relativa importancia dentro de Egipto, no apoyaron activamente la rebelión, de hecho se pronunciaron contra Mubarak después de que había caído.
El programa burgués y autoritario de los integristas islámicos choca con las reivindicaciones democráticas y sociales que están en el centro de la rebelión árabe, las cuales son la expresión de sus potencialidades anticapitalistas. Incluso en Palestina, donde Hamas había capitalizado un gran apoyo popular gracias a su posición de independencia y resistencia frente al fascismo sionista, se ha materializado un pacto de unificación del gobierno con la dirección de Fatah, que es la máxima expresión del colaboracionismo y de la renuncia a las banderas originales de la lucha anticolonial. El camino recorrido por Fatah es análogo al de los nacionalismos burgueses de la región, incluyendo el propio Mubarak, heredero del nasserismo, Kadafi y Al Assad de Siria, quienes demostraron las limitaciones y el retroceso de ese proyecto histórico, convirtiéndose en apéndices de la política imperialista en la región y sus regímenes son hoy el blanco de la furia popular.
Terrorismo o revolución
Por enésima vez se confirma que el terrorismo como método de lucha no sólo es ineficaz sino perjudicial para la causa de los pueblos, pues impide a las masas asimilar que a través de la movilización pueden tomar su destino en sus propias manos. Acciones aisladas e indiscriminadas, que cobran numerosas víctimas civiles, aterrorizan mucho más a la población general que a la élite gobernante, y por eso le brindan a ésta la ocasión para desatar la represión y en ocasiones utilizar otro tipo de terrorismo mucho más poderoso, por cuanto cuenta con recursos infinitamente mayores, como lo es el terrorismo de Estado.
En cambio, las acciones de masas en Yemen, las huelgas en Egipto, la creación de los comités revolucionarios en Túnez, el armamento popular y el combate contra Kadafi en Libia, los choques con los esbirros del ejército sirio y la quema del Palacio de Justicia por parte de miles de manifestantes enardecidos, los alzamientos estudiantiles contra la monarquía corrupta marroquí, son experiencias en las que son protagonistas y se educan políticamente millones de personas, saboreando el verdadero poder transformador de la movilización. Cuando el ejército reprime salvajemente, se fractura, como ha ocurrido en Libia y en menor grado en Siria, y si es incapaz de hacerlo, como en Túnez y Egipto, los gobiernos caen.
Obama: alegría de tísico
Los festejos en Washington por la ejecución del líder de Al Qaeda no se corresponden con la severa crisis de dominación yanqui en el mundo árabe, la cual no se revertirá por la desaparición física de un fanático que llevaba años aislado y sin ejercer una influencia significativa sobre la vida política de la región. El propio secretismo oficial sobre la ejecución es una muestra de debilidad, y es pasto para que proliferen diversas versiones sobre qué pretende Obama ocultar.
Con la intervención militar en Libia y la invasión saudí contra Bahrein, el imperialismo intenta frenar la revolución árabe, pero hasta los momentos no ha tenido el menor éxito. Hundiéndose en una crisis económica de enormes dimensiones y con escaso apoyo popular para aventuras guerreristas, la tradicional disposición agresiva y violenta de la política exterior yanqui se resiente de una tremenda impotencia. La celebración del gobierno de Obama es alegría de tísico. Hoy los pueblos árabes están logrando algo mucho más importante y efectivo que derribar las Torres Gemelas. Están derribando los regímenes en los que se ha apoyado EEUU durante décadas para oprimir y saquear el Mahgreb y el Oriente Medio.
Nota:
1.- Hasta el día de hoy, no se ha publicado una investigación profunda y concluyente sobre los ataques del 11 de septiembre. La página del FBI incluye a Bin Laden en su listado de “Criminales más buscados”, y en la ficha correspondiente menciona su responsabilidad en los ataques a las embajadas estadounidenses en Tanzania y Kenya, pero curiosamente no menciona su relación con los ataques del 11 de septiembre. La ficha de Bin Laden se puede observar en el siguiente enlace: http://www.fbi.gov/wanted/wanted_terrorists/usama-bin-laden
(Consultada el 9 de mayo de 2011).

Tomado de Laclase.info

Fundamentalismo islámico: ¿Religión o cortina de humo?

  1. Fundamentalismo islámico: ¿Religión o cortina de humo?
“CIA = policía = Al Qaeda”. Leyenda aparecida en un muro de un barrio de inmigrantes árabes en Madrid
Opinión – 10/04/2005 0:00 – Autor: Marcelo Colussi – Fuente: Rebelión
CIA-Al Qaeda
CIA-Al Qaeda

Ante todo es necesario hacer dos precisiones preliminares: por un lado debe aclararse que el presente escrito está hecho por un occidental y dirigido, fundamentalmente, a occidentales. Es importante decirlo porque el fenómeno a estudiar está lejos de nuestra cotidianeidad, de nuestro ámbito de intereses inmediato, y por tanto –es obligado reconocerlo– guardamos con él una cierta distancia, lo cual puede ser “científicamente sano”, pero también nos coloca en la situación de estar ante algo bastante desconocido: hablaremos desde nuestra cosmovisión sobre otra cosmovisión que no nos ese familiar. Por otro lado, lo que aquí presentamos pretende ser, básicamente, una lectura política de un fenómeno que comporta diversas e intrincadas facetas: políticas y también sociales, psicológicas, históricas, lo que nos alerta, desde el primer momento, de lo puntual del análisis propuesto: estamos hablando de una cara de un problema infinitamente complicado. Es decir: hablamos en términos políticos y como occidentales de un proceso no occidental y más complejo que lo sólo político.

Hechas estas consideraciones –necesarias tanto en nombre de la corrección académica como de la equidad en términos éticos– debemos dejar claro que el objeto de estudio en cuestión es, hoy por hoy, uno de los temas más popularizados, por tanto más banalizados, y por ello mismo más sujeto a equívocos. En realidad no hay un gran esfuerzo académico por circunscribirlo sino, curiosamente, su tratamiento es más bien mediático: es un tema-idea-problema impuesto por los medios de comunicación de masas, sin dudas con una agenda política por detrás. Aunque no se sepa bien qué significa, el término “fundamentalismo” ha pasado a ser de uso común. Y más aún el de “fundamentalismo islámico”. Para adelantarlo de una vez: según el imaginario colectivo que los medios han ido generando en Occidente, el mismo es sinónimo de atraso, barbarie, primitivismo, y se une indisolublemente a la noción de terrorismo sanguinario.

Como primera aproximación podríamos decir que, de un modo quizá difuso, está ligado a fanatismo, ortodoxia, sectarismo. De alguna manera está en la antípoda de un espíritu tolerante y abierto. En general suele asociárselo –lo cual es correcto– con el ámbito religioso.

En sentido estricto, el término “fundamentalismo” tiene su origen en una serie de panfletos publicados entre 1910 y 1915 en Estados Unidos; con el título “Los Fundamentos: un testimonio de la Verdad”, los documentos escritos por pastores protestantes se repartían gratuitamente entre las iglesias y los seminarios en contra de la pérdida de influencia de los principios evangélicos en ese país durante las primeras décadas del siglo XX. Era la declaración cristiana de la verdad literal de la Biblia, y las personas encargadas de su divulgación se consideraban guardianes de la verdad. De tal modo, entonces, fundamentalismo implicaría: “retorno a las fuentes, a los fundamentos”.

Existen distintas definiciones y sinónimos para el fundamentalismo religioso. Para tomar alguna, por ejemplo, podríamos citar la que propone Ernest Gellner: “la idea fundamental es que una fe determinada debe sostenerse firmemente en su forma completa y literal, sin concesiones, matizaciones, reinterpretaciones ni reducciones.

Presupone que el núcleo de la religión es la doctrina y no el ritual, y también que esta doctrina puede establecerse con precisión y de modo terminante, lo cual, por lo demás, presupone la escritura”.

Todas las religiones, en mayor o menor medida, pueden comportar rasgos fundamentalistas.

En Occidente, por ejemplo, el cristianismo ha conocido momentos de fanatismo e intolerancia increíbles; la Santa Inquisición abrasó en la hoguera a quinientas mil personas en nombre de la lucha contra el demonio, y si bien eso no sucede en la actualidad, la ortodoxia llevada a extremos delirantes persiste.

Sólo para muestra: durante la guerra en Bosnia el Papa Juan Pablo II mandó una carta abierta a las mujeres que habían quedado embarazadas después de ser violadas, en la que les pedía que no se practicaran un aborto y que cambiaran la violación en un acto de amor haciendo a ese niño carne de su carne.

Una primera hipótesis que esto nos plantea es que el “salvajismo” fundamentalista, en todo caso, no es patrimonio islámico como la verdad mediática nos lo presenta cotidianamente.

El Islam (palabra árabe que significa “entrega a Dios, sumisión a su voluntad”) no es sólo una religión; es, más precisamente, un proyecto sociopolítico de base religiosa. El Islam se define a sí mismo como una ideología que engloba religión, sociedad y política y que se basa en un texto sagrado: el Corán. Por tanto, el Corán no es un libro exclusivamente religioso.

El profeta Mahoma, entre los años 622 y 632, organizó la sociedad musulmana con numerosas reglas sociales. La tarea de un gobierno musulmán es organizar toda la vida social según esas normas y expandir el Islam lo máximo posible. Todo debe ser islamizado: desde lo que se habla por los altavoces de las mezquitas hasta los periódicos, la televisión, la escuela, las relaciones interpersonales.

Para el presente análisis es imprescindible partir de la base que la actual y difundida hasta el hartazgo caracterización de la cultura musulmana como intrínsecamente “atrasada”, “bárbara” –visión sesgada y ahistórica por cierto– borra tiempos de grandeza inconmensurable, hoy ya idos.

El Islam desplegó por siglos un poderoso potencial creativo, filosófico y científico-artístico, superior en su época al del Occidente cristiano; ahí están su colosal arquitectura, el álgebra, los avances médicos, su arte, como testigos de un gran momento de esplendor.

Sin embargo la moderna revolución científico-técnica de la era industrial no surgió en suelo islámico sino que ha irrumpido en éste desde fuera, la mayoría de las veces bajo el signo del colonialismo.

Hoy por hoy –es la cruda realidad– el mundo árabe no marca la delantera cultural del planeta; su lugar en el concierto mundial se ve relegado, al menos para la lógica que imponen los centros internacionales de poder, a ser productores de materia prima, petróleo fundamentalmente.

Riquezas naturales que sólo contribuyen a mantener dinámicas sociales pre-industriales, con corruptas monarquías feudales enquistadas en estados muchas veces dictatoriales, que usufructúan la explotación de esos recursos y a cuya sombra vegetan mayorías empobrecidas, desesperadas en muchos casos.

En este contexto surge el fundamentalismo islámico, en tanto movimiento político-religioso que preconiza la vuelta a la estricta observancia de las leyes coránicas en el ámbito de la sociedad civil.

Deriva su nombre de la aspiración de volver sobre las fuentes, es decir, el Corán, la Sunna (la tradición del Profeta, los dichos y hechos de Mahoma) y la Ley Revelada. Dentro de sus planes están el rescate de los valores propios e intrínsecos al Islam, la restauración del Estado Islámico y la oposición a todo lo que haya entrado en la sociedad musulmana como innovación.

En el seno de este amplio movimiento se encuentran tendencias diversas, antagónicas incluso: sunnitas, chiitas, wahabitas, el Yihad islámico, los Hermanos musulmanes de tendencia sunni, surgidos a finales de los años veinte e implantados fundamentalmente en Egipto pero también en otros paises del occidente musulmán (Sudán, Yemen, Siria,), el movimiento Hamas, la red Al Qaeda, la secta nigeriana Maitatzine, etc.

Si bien está extendido en modo difuso por buena parte de Africa y Asia contando entre sus seguidores a millones de personas, es muy difícil encontrar un hilo conductor único que reúna a todo este movimiento.

No obstante, a pesar de la amplísima pluralidad, existen varios aspectos inmutables del derecho islámico que podemos ver transversalmente en todo el amplio arco del fundamentalismo: el rechazo a admitir el matrimonio de la mujer musulmana con el no musulmán, el rechazo a la posibilidad de que un musulmán pueda cambiar de religión reconociendo su derecho a la libertad de conciencia, el rechazo a admitir la legalidad de los sindicatos para los trabajadores, la pena capital por apostasía, la aceptación de los castigos corporales, y tres desigualdades inmodificables: la superioridad del amo sobre el esclavo, del musulmán sobre el no-musulmán y del varón sobre la mujer, la que es sometida al proceso de ablación clitoridiana a partir del supuesto que no debe gozar sexualmente (el placer debe ser sólo varonil).

El fundamentalismo apegado al Islam primigenio no establece distinción entre política y religión. Por ello en algunos casos, como en Irán, los líderes islamistas suponen que la dirección política de la sociedad debe recaer en los ulemas o líderes religiosos.

Para el fundamentalismo la restauración del Islam originario es la única alternativa viable, la respuesta religiosa frente a los fracasos, las crisis y el secularismo en el que Occidente es el principal causante de los males.

En esta línea, para los fundamentalistas muchos problemas del mundo árabe actual son achacables al abandono de la fe islámica.

Por tanto, lo esencial es volver a las fuentes de la fe, depurar todas las escorias y deformaciones provenientes y resultantes de siglos de decadencia (entienden que la pobreza, el atraso económico, la dominación extranjera, se deberían al abandono del Islam), y recuperar así una edad de oro vista hoy como paraíso perdido.

Este fundamentalismo se ha difundido principalmente entre los estratos más pobres y explotados de las sociedades donde se arraiga, tales como asalariados, campesinos expropiados y empujados a emigrar a la ciudad, trabajadores y pequeña burguesía que gira alrededor de la economía de los bazares, y una parte del clero islámico; pero muy especialmente: en la juventud. Dato importante: el 60 % de la población musulmana de menores de 20 años está desocupada y con un porvenir incierto.

Difundido entre los estratos más pobres de la sociedad, entonces, el fundamentalismo es un movimiento interclasista que, incluso mediante acciones violentas y de terrorismo, se opone a la “modernidad laica” en vez de oponerse a la explotación capitalista y al injusto sistema de comercio internacional (hoy en su versión neoliberal globalizada), verdaderas causas de los actuales sufrimientos de las masas oprimidas.

Como en el Corán está escrito que quienes mueran en la defensa de su fe tendrán bienaventuranza eterna, los feligreses-ciudadanos se ven inducidos a los mayores sacrificios para alcanzar las ambiciones terrenales de sus líderes, hábilmente parapetadas detrás de los textos sagrados y de los ideales religiosos.

Esto explica el terrorismo autoinmolatorio de los fundamentalistas, tan difícil de entender desde la cosmovisión occidental. Cuando un joven islámico se lanza cargado de explosivos contra un objetivo tiene la convicción de que lo hace porque esa es la “voluntad de Dios” y que después de su muerte irá directamente al paraíso para estar junto a Alá.

En el contexto de miseria económica, desempleo y pobreza, las masas de los países musulmanes se encuentran en un callejón sin salida. La arrogancia y desprecio de los monarcas y dictadores en el mundo islámico y árabe añade más combustible al odio y la cólera de las masas.

Visto entonces el fenómeno en esta dimensión sociopolítica, la razón principal para entenderlo está dada por el enorme vacío creado por la falta de propuestas alternativas que se da en estas sociedades, y por la manipulación de las poblaciones apelando a un fanatismo fácil de exacerbar.

Es ahí donde deben empezar a vislumbrarse las respuestas a las preguntas: ¿a quién beneficia este fundamentalismo? ¿Es realmente un camino de liberación para las grandes masas? La religión, entonces, ¿es el opio de los pueblos?

Como dijera el politólogo pakistaní Lal Khan: “este virulento fundamentalismo es la culminación reaccionaria de las tendencias que en la época moderna, caracterizada por la política y la economía mundiales, intentan recuperar el islamismo.

En los años cincuenta, sesenta y setenta en el mundo musulmán existían corrientes de izquierda bastante importantes.

En Siria, Yemen, Somalia, Etiopía y otos países islámicos, se produjeron golpes de estado de izquierdas, y el derrocamiento de los regímenes capitalistas-feudales corruptos llevó a la creación del bonapartismo proletario o estados obreros deformados.

En los demás países también hubo movimientos de masas importantes encabezados por dirigentes populistas de izquierda.

En el clima de la Guerra Fría algunos de estos dirigentes, como Gamal Abdel Nasser, incluso desafiaron al imperialismo occidental y llevaron a cabo nacionalizaciones y reformas radicales.

A partir de ese momento, una de las piedras angulares de la política exterior estadounidense fue organizar, armar y fomentar el fundamentalismo islámico moderno como un arma reaccionaria contra la insurrección de las masas y las revoluciones sociales.” (…) “Después de la derrota de Suez los imperialistas dieron prioridad a esta política.

Gastaron ingentes sumas de dinero en operaciones especiales dirigidas por la CIA y el Pentágono. Suministraron ayuda, estrategia y entrenamiento a estos fanáticos religiosos. La mayor operación encubierta de la CIA en la que ha estado implicado el fundamentalismo islámico ha sido en Afganistán.”

La principal fuente de finanzas del fundamentalismo islámico procede del tráfico de drogas ilegales. Este proceso fue iniciado por el imperialismo estadounidense, pero ahora esta economía negra está interrumpiendo el funcionamiento del propio capitalismo.

Se ha convertido en parte de la política de la CIA el uso de las drogas y otras formas de crimen para financiar la mayoría de las operaciones contrarrevolucionarias en las que participa. Esta política de drogas en Afganistán ha tenido un impacto desastroso en la juventud de todo el mundo.

Hoy el 70 % de la heroína mundial procede de la mafia afgano-pakistaní. Los modernos laboratorios en la frontera de Afganistán y Pakistán (donde se transforma el opio en heroína) fueron instalados con la ayuda de la CIA.

En sociedades donde los Estados son incapaces de proporcionar los servicios básicos a su población (salud, educación y empleo), el fundamentalismo islámico ha utilizado estas privaciones para construir sus propias fuerzas.

Con grandes cantidades de dinero la propuesta fundamentalista ha creado escuelas religiosas (madrassas o escuelas coránicas) para entrenar y desarrollar fanáticos desde muy temprana edad, que después se convertirán en materia prima de la locura religiosa.

Según el economista egipcio Samir Amin este resurgimiento del fundamentalismo no es casual. “Imperialismo y fundamentalismo cultural marchan juntos. El fundamentalismo de mercado requiere del fundamentalismo religioso.

El fundamentalismo de mercado dice: “subviertan el Estado y dejen que el mercado en la escala internacional maneje el sistema”. Esto se hace cuando los estados han sido desmantelados completamente. Sin estados nacionales, las clases populares son minadas por la carencia de su identidad de clase. El sistema puede gobernarse si el Sur está dividido, con naciones y nacionalidades peleando entre sí.

El fundamentalismo étnico y el religioso son instrumentos perfectos para propiciar y dirigir el sistema político. Estados Unidos, como muestra el caso de Arabia Saudita y Pakistán, siempre ha apoyado el fundamentalismo islámico”.

Definitivamente en el clima de desesperación de grandes masas de musulmanes –y más aún de su juventud– la salida violenta puede aparecer siempre como una tentación.

En ese complejo caldo de cultivo, entonces, hunden sus raíces los movimientos integristas, y la muerte no tarde en campear: estamos así en el campo de la acción armada, en la estrategia terrorista.

Pero ante ello se repite la pregunta: ¿a quién beneficia este fundamentalismo con visos violentos? ¿Es realmente ése un camino de liberación para las empobrecidas y postergadas masas musulmanas?

Retomando lo dicho al principio del presente artículo, la idea generada por las usinas mediáticas del poder en Occidente –con Washington a la cabeza– une fundamentalismo islámico con terrorismo, insistiendo tanto en esta prédica que, hoy por hoy, el mensaje ha terminado por instalarse.

El nuevo peligro que acecha al mundo, según esta ingeniería comunicacional, ya no es el comunismo ni el narcotráfico: es el terrorismo internacional, más aún aquél de cuño islámico. Ahí aparecerá entonces la diabólica figura del nuevo ícono con ribetes hollywoodenses: Osama Bin Laden.

En términos que no dejaron duda, quien fuera asesor de Seguridad Nacional durante la presidencia de Ronald Reagan y coautor de los ultra derechistas documentos de Santa Fe, el polaco nacionalizado estadounidense Zbigniew Brzezinski, describió la política de su país en una entrevista con el periódico francés Le Nouvel Observateur, en 1998, admitiendo que Washington deliberadamente había fomentado el fundamentalismo islámico para tenderle una trampa a la Unión Soviética buscando que ésta entrara en guerra.

“Ahora tenemos la oportunidad de darle a la URSS su propia guerra de Vietnam”, aseguró.

Cuando se le preguntó si lamentaba haber ayudado a crear un movimiento que cometía actos de terrorismo por todo el mundo, desestimó la pregunta y declaró:

“¿Qué es lo más importante para la historia mundial, los talibanes o el colapso del imperio soviético? ¿Varios musulmanes fanáticos o la liberación de Europa Central y el fin de la Guerra Fría?”.

En realidad no estamos ante un “choque de civilizaciones” Islam-Occidente como cínicamente ha presentado en su análisis de la situación mundial el catedrático Samuel Huntington, con lo que, en definitiva, se pavimenta el camino para la supremacía militarista de Washington, autoerigido como campeón en la defensa de la paz mundial.

Si hoy día el “terrorismo islámico” es el nuevo demonio (con Bin Laden como su estrella principal), eso no es sino un maquiavélico montaje mediático.

La relación entre el imperialismo estadounidense y el terrorismo del fundamentalismo islámico es simbiótica. La llamada “guerra antiterrorista” no es más que una cubierta para la violencia militar para lograr los objetivos estratégicos mundiales de los Estados Unidos; y sólo creará más reclutas para los movimientos fundamentalistas islámicos.

Y nuevos actos de terror contra objetivos estadounidenses y occidentales serán la excusa para mayor agresión por parte de los Estados Unidos en todo el mundo. Empezó con los avionazos sobre las Torres Gemelas en New York y el ataque al Pentágono en Washington, en 1991. Luego Madrid con los bombazos en la estación de Atocha, después cualquier ciudad europea… luego cualquier ciudad del mundo.

El clima de terror que se va creando es exactamente un montaje cinematográfico al mejor estilo de Hitchcock. La paranoia ha invadido Occidente, y una población aterrada es lo más fácilmente manejable.

En la agenda de la inteligencia militar estadounidense Bin Laden obedece a dos tipos de construcciones. Una verdadera, asociada con las redes secretas del terrorismo, y otra fabricada para consumo mediático. En la primera, se indica que su formación de soldado terrorista proviene de los sótanos de entrenamiento de la CIA.

Y en la segunda, las evidencias lo señalan como un espectro fantasmal sobre el cual se montan innumerables campañas de prensa internacional. Los resultados son siempre funcionales a los intereses estratégicos de Washington.

De la misma manera que lo utilizó para sus operaciones encubiertas en Asia y en Los Balcanes, ahora la CIA se vale de su imagen para fabricar psicosis terroristas que le sirven a los Estados Unidos para justificar sus nuevas invasiones militares en el rediseño planetario que está poniendo en marcha con los halcones de la Casa Blanca.

La simple emisión de un documental donde aparece su figura dos días antes de las últimas elecciones en Estados Unidos, sin dudas terminó de inclinar la balanza en los aterrados ciudadanos estadounidenses a favor de una propuesta de “mano dura antiterrorista”; y el plan de los republicanos y el complejo militar-industrial-petrolero pudo seguir adelante sin contratiempos.

Una vez más entonces: ¿a quién beneficia este “fundamentalismo terrorista sanguinario”? ¿Es realmente un camino de liberación para las grandes masas? ¿Apuntan a producir algún cambio real en la estructura del poder los bombazos y avionazos habidos y por venir? (porque todo hace prever que vendrán más).

La actual super estrella de la función (del nuevo demonio llamado terrorismo islámico) es la red Al Qaeda y su líder, el –según se dice– ex agente del servicio secreto de los Estados Unidos Osama Bin Laden.

Investigaciones realizadas por el FBI y el organismo antilavado Financial Crimes Enforcement Network, determinaron las conexiones del clan Bush con Salem Bin Laden (el padre de Bin Laden) y el Bank of Credit & Commerce (BBCI).

La investigación reveló que los sauditas estaban utilizando al BCCI para realizar lavado de dinero, tráfico de armas y canalización de los fondos para las operaciones encubiertas de la CIA en Asia y Centroamérica, además de manejar los sobornos a gobiernos y de administrar los fondos de varios grupos terroristas islámicos.

El jefe de Al Qaeda es un ejemplo arquetípico de ese proceso de laboratorio de las nuevas puestas en escena mediáticas. Hijo de millonarios, educado en el selecto colegio Le Rosey, en Suiza, su juventud fue la de un play-boy del jet set, en medio de lujos y escándalos en las capitales occidentales y en Arabia Saudita, pasando a ser posteriormente el referente de Washington en la nueva estrategia de manipulación de los fundamentalismos, jugando luego un papel clave en la avanzada anticomunista en Afganistán.

Evidentemente el engendro dio resultado: la Unión Soviética encontró su Vietnam. Y hoy día el papel que sigue jugando es absolutamente funcional a la nueva estrategia del completo militar-industrial y las petroleras estadounidenses: un monstruo feroz y ávido de sangre amenaza Occidente (¿será posible que con miles de soldados buscándolo por todos lados no aparezca?), la civilización humana, la especie toda.

Ahí está Bin Laden poniendo bombas por todos lados, ahí están esos fanáticos fundamentalistas musulmanes constituyéndose en enemigos de la humanidad, y ahí están las fuerzas armadas del gran país teniendo la justificación universal para su proyecto de defensa planetaria. El miedo está instalado; ahora hay que perpetuarlo.

“Debemos ser honestos con nosotros mismos y con el pueblo norteamericano acerca del mundo en que vivimos”, dijo George Tenet, ex director de la CIA. “Un éxito completo contra esa amenaza es imposible.

Algunos atacantes alcanzarán sus fines, a pesar de nuestros decididos esfuerzos y las defensas que establezcamos”. Vivimos en alerta, asustados. El único camino, entonces, es terminar con esta fiera feroz que acecha de continuo. ¡Gracias Estados Unidos por defendernos!

Valga agregar que con la estructura económico-social que presenta nuestra aldea global –no muy justa, por cierto– actualmente se dan a nivel planetario 6.000 muertes diarias por diarrea, 11.000 muertes diarias por hambre, 3.800 personas mueren a diario por la infección de VIH/SIDA, mientras que cada día 150 fallecen por consumo de drogas y otros 720 seres humanos mueren por accidentes automovilísticos, en tanto que el siempre mal definido “terrorismo” produce, en promedio, 11 muertos diarios.

Aún a riesgo de ser reiterativos: ¿quién se beneficia de este despertar fundamentalista musulmán? ¿Algún musulmán quizá? ¿Algún ciudadano de a pie de alguna parte del mundo?

Todo indicaría, así las cosas, que esta “religiosidad” en juego en el mundo musulmán, lo que menos tiene es, justamente, religión.

De Bush a Obama. Por qué EEUU mantiene viva la “amenaza” terrorista

De Bush a Obama. Por qué EEUU mantiene viva la “amenaza” terrorista

Los “planes contraterroristas” son el principal rubro de facturación de los presupuestos armamentistas a escala global
Geopolítica – 18/02/2011 8:03 – Autor: Redaccion – Fuente: www.prensaislamica.com
(Foto: skyscraperlife.com/
(Foto: skyscraperlife.com/

EEUU, con la administración Bush tras el 11-S, no solamente instaló un nuevo sistema de control político y social por medio de la manipulación mediática con el “terrorismo”, sino que además inauguró un “nuevo orden internacional” (sustitutivo de la “guerra fría” con la ex URSS) basado en la “guerra contraterrorista” que sirvió de justificación a las nuevas estrategias expansionistas del Imperio norteamericano y de las trasnacionales capitalistas. Obama continúa esa estrategia.

Este miércoles la secretaria de Seguridad Interna norteamericana, Janet Napolitano, dijo que las amenazas de ataques terroristas contra EEUU están posiblemente en su “mayor nivel” desde los atentados del 11 de septiembre de 2001.

“En algunas maneras, la amenaza hoy puede estar en su mayor nivel desde los ataques de hace casi diez años”, agregó.

En una presentación ante el comité de Seguridad Interna del Congreso, Napolitano consideró que Al Qaeda “aún representa una amenaza para Estados Unidos a pesar de la disminución de sus capacidades” y que su país también afronta “amenazas de varios grupos que comparten la ideología extremista y violenta de Al Qaeda.

Desde el 11-S hasta aquí, la recurrencia de denunciar la “amenaza terrorista” en territorio de EEUU es casi un acto burocrático y periódico de los funcionarios de la Casa Blanca.

En agosto de 2009, el ex secretario de Seguridad Interior (en la era Bush), Tom Ridge, confesó en un libro que las alertas con las amenazas de ataque “terrorista” de Al Qaeda incrementaban el temor en la sociedad estadounidense y subían la popularidad de Bush, cuya administración las utilizaba con fines electorales.

La revelación (más allá de ser una herramienta para publicitar el libro) trascendió la administración Bush, y puso sobre el tapete la utilización del terrorismo en operaciones psicológicas orientadas a generar consenso social y legitimación política a la “guerra contraterrorista” lanzada con la conquista militar de Afganistán e Irak tras el 11-S.

Develando por primera el uso del “terrorismo” como herramienta de Estado (revelado en infinidades de informes considerados hasta ahora como “conspirativos”), Tom Ridge, afirmó que fue presionado por altos funcionarios de la Casa Blanca para que elevara el nivel de la alerta nacional antes de las elecciones presidenciales de 2004 para favorecer la reelección de George W. Bush.

Ridge relató que, como se negó a hacerlo, lo convencieron de que había llegado la hora de renunciar al cargo (como efectivamente lo hizo).

Estas confesiones aparecieron en un libro de Ridge “La prueba de nuestro tiempo: Estados Unidos asediado… y cómo podemos estar nuevamente seguros” (The Test of Our Times: America Under Siege … and How We Can Be Safe Again) editado en septiembre de 2009.

En el libro Ridge cuenta que pese a los pedidos del ex secretario de Defensa, Donald H. Rumsfeld, y del entonces secretario de Justicia John Ashcroft, él se opuso a elevar el nivel de alerta y, finalmente, no fue elevado, aunque le costó el cargo.

Semanas antes de las elecciones habían sido difundidas dos grabacioness de Al-Qaeda: una con Osama Bin Laden y la otra con un hombre llamado “Azzam el estadounidense”.

La CIA -como lo hace siempre- reconoció la “autenticidad” de las amenazas y “reveló” que detrás de la “conexión terrorista” se encontraba, Adam Gadahn, alias “Azzam el estadounidense” un californiano de 26 años buscado intensamente por el FBI.

El aumento de la “alarma terrorista” en EEUU poco antes de las presidenciales de 2004 pretendía influir en los resultados y favorecer a George W. Bush, afirma Ridge en su libro.

Bush y el candidato contrincante demócrata John Kerry -señala- estaban muy igualados en las encuestas y los funcionarios claves de Bush afirmaban que el video de Bin Laden, incluso sin elevar el nivel de alarma, contribuiría a una victoria final de Bush por un resultado abrumante.

Pese a todo se tomaron grandes prevenciones de seguridad en edificios públicos y en lugares claves de Nueva York, lo que ayudó a recrear el “clima terrorista” que lo llevó a Bush a ganar las elecciones y ser reelecto en el cargo presidencial.

En pleno despliegue del aparato de seguridad para prevenir el “ataque terrorista”, Ridge renunció el 30 de noviembre del 2004.

Terrorismo de Estado imperial

Desde el punto de vista geopolítico y estratégico, el “terrorismo” no es un objeto diabólico del fundamentalismo islámico, sino una herramienta de la Guerra de Cuarta Generación que la inteligencia estadounidense y europea vienen utilizando (en Asia y Europa) para mantener y consolidar la alianza USA-UE en el campo de las operaciones, para derrotar a los talibanes en Afganistán, justificar acciones militares contra Irán antes de que se convierta en potencia nuclear, y generar un posible 11-S para distraer la atención de la crisis recesiva mundial.

A nivel geoeconómico se registra otra lectura: Si se detuviera la industria y el negocio armamentista centralizado alrededor del combate contra el “terrorismo” (hoy alimentado por un presupuesto bélico mundial de US$ 1,460 billones) terminaría de colapsar la economía norteamericana que hoy se encuentra en una crisis financiera-recesiva de características inéditas.

Esta es la mejor explicación de porqué Obama, hoy sentado en el sillón de la Casa Blanca, ya se convirtió en el “heredero forzoso” de la “guerra contraterrorista” de Bush a escala global.

La misma interpretación se puede inferir para las potencias de la Unión Europea que adhieren a los planes globales de la “guerra contraterrorista”, así como para China, Rusia y las potencias asiáticas cuyos complejos militares facturan miles de millones con armas y tecnología destinadas al combate contra el “terrorismo”.

Como se sabe, los “planes contraterroristas” son el principal rubro de facturación de los presupuestos armamentistas a escala global y conforman la mayor tasa de rentabilidad de las corporaciones de la guerra que giran alrededor de los complejos militares industriales de EEUU, Europa y Asia.

Este escenario, con las potencias centroasiáticas (que compiten por áreas de influencia con el eje USA-UE) adhiriendo a la “guerra contraterrorista” liderada por EEUU, marca con claridad como Al Qaeda y Bin Laden (un invento histórico de la CIA) ensambla en un solo bloque al sistema capitalista más allá de sus diferencias sectoriales.

La “simbiosis” funcional e interactiva entre Bush y Al Qaeda tiñó ocho años claves de la política imperial de EEUU. A punto tal, que a los expertos les resulta imposible pensar al uno sin el otro.

Durante ocho años de gestión, Bin Laden y Al Qaeda se convirtieron casi en una “herramienta de Estado” para Bush y los halcones neocon que convirtieron al “terrorismo” ( y a la “guerra contraterrorista”) en su principal estrategia de supervivencia en el poder.

Hay suficientes pruebas históricas en la materia: El 11-S sirvió de justificación para las invasiones de Irak y Afganistán, el 11-M en España preparó la campaña de reelección de Bush y fue la principal excusa para que EEUU impusiera en la ONU la tesis de “democratización” de Irak legitimando la ocupación militar, el 7-J en Londres y las sucesivas oleadas de “amenazas” y “alertas rojas” le sirvieron a Washington para instaurar el “terrorismo” como primera hipótesis de conflicto mundial, e imponer a Europa los “planes contraterroristas” hoy institucionalizados a escala global.

Decenas de informes y de especialistas -silenciados por la prensa oficial del sistema- han construido un cuerpo de pruebas irrefutables de que Bin Laden y Al Qaeda son instrumentos genuinos de la CIA estadounidense que los ha utilizado para justificar las invasiones a Irak y Afganistán y para instalar la “guerra contraterrorista” a escala global.

La “versión oficial” del 11-S fue cuestionada y denunciada como “falsa y manipulada” por un conjunto de ex funcionarios políticos y de inteligencia, así como de investigadores tanto de EEUU como de Europa, que constan en documentos y pruebas presentados a la justicia de EEUU que nunca los investigó aduciendo el carácter “conspirativo” de los mismos (Ver: Documentos e informes del 11-S. / Al Qaeda y el terrorismo “tercerizado” de la CIA / La CIA ocultó datos y protegió a los autores del 11-S / Ex ministro alemán confirma que la CIA estuvo implicada en los atentados del 11-S / Informe del Inspector General del FBI: Más evidencias de complicidad del gobierno con el 11-S / Atentados del 11-S: 100 personalidades impugnan la versión oficial )

El aparato de la prensa sionista internacional, a pesar de su marcada tendencia “anti-Bush”, jamás se hizo eco de estas investigaciones y denuncias que se siguen multiplicando, mientras que sus analistas sólo toman como valida la “versión oficial” instalada en la opinión pública a escala global.

El establishment del poder demócrata que hoy controla (y que ejerce la alternancia presidencial con los republicanos en la Casa Blanca) jamás mencionó la existencia de estas investigaciones y denuncias en una complicidad tácita de ocultamiento con el gobierno de Bush.

Simultáneamente, y durante los ocho años de gestión de Bush, los demócratas no solamente avalaron las invasiones de Irak y de Afganistán y votaron todos los presupuestos de la “guerra contraterrorista”, sino que también adoptaron como propia la “versión oficial” del 11-S.

Este pacto de silencio y de encubrimiento entre la prensa y el poder imperial norteamericano preservó las verdaderas causas del accionar terrorista de Bin laden y Al Qaeda, cuyas “amenazas” periódicas son publicadas sin ningún análisis y tal cual la difunden el gobierno y sus organismos oficiales como la CIA y el FBI

Obama, el heredero

La administración Bush, tras el 11-S, no solamente instaló un nuevo sistema de control político y social por medio de la manipulación mediática con el “terrorismo”, sino que además inauguró un “nuevo orden internacional” (sustitutivo de la “guerra fría” con la ex URSS) basado en la “guerra contraterrorista” que sirvió de justificación a las nuevas estrategias expansionistas del Imperio norteamericano y de las trasnacionales capitalistas.

En términos geopolíticos y militar-estratégicos, con la utilización de la leyenda mediática de Bin Laden y el peligro del “terrorismo internacional”, a partir del 11-S el Imperio norteamericano (potencia locomotora unipolar del planeta desde la caída de la URSS) sustituía aspectos claves de su supervivencia como Estado imperial.

En un planeta sin guerras inter-capitalistas, ya casi sin conflictos armados (al margen de Irak, Afganistán y Medio Oriente), la leyenda de Bin Laden y el “terrorismo internacional” sirvió (y sirve) para alimentar y justificar las estrategias expansionistas del Imperio norteamericano, para crear nuevos y potenciales mercados a la trasnacionales capitalistas de EEUU y Europa, y para mantener en funcionamiento a los complejos militares industriales que han encontrado en la “guerra contraterrorista” su nueva tajada ganancial en el negocio armamentista.

A diferencia de Bush, que inventaba conspiraciones con el “terrorismo islámico” para perseguir y espiar a sus enemigos internos, Obama preparó el terreno para la utilización de la conspiración de “derecha” antisemita con el mismo objetivo.

La estrategia no es nueva: Durante la pasada campaña electoral que lo consagró presidente de EEUU, Obama denunció en varias oportunidades potenciales ataques supuestamente planeados por grupos “extremistas de derecha” orientados a la persecución racial.

Como señalan los adoradores de Maquiavelo: Si no hay enemigo ni peligro a la vista, hay que inventarlo para generar consenso.

Bush y el lobby judío de halcones neocon, edificaron consenso y apoyo interno agitando y denunciando el peligro del “terrorismo islámico” como amenaza permanente a la “seguridad nacional” de EEUU. Dentro de esa bolsa metían a todos los que se le oponían.

Obama y el lobby judío liberal que lo secunda iniciaron otra práctica no menos peligrosa: El peligro acechante de la “derecha antisemita” que amenaza con el odio racial y la desintegración social de EEUU.

De esta manera la “derecha antisemita” se complementa en lo interno con la “amenaza terrorista” del “terrorismo islámico” en el plano internacional.

¿Y quienes son los amenazados? Judíos, inmigrantes y negros: La clientela electoral de Obama.

¿Y quienes son los malos que amenazan? Los que promueven la “ola antisemita” que amenaza la “seguridad nacional” de EEUU. En esa bolsa van a meter a todos los que se opongan al gobierno de Obama, incluidos los musulmanes “antisemitas” que alimentan las redes del “terrorismo islámico”.

No bien asumió en su cargo de presidente de EEUU, Obama prometió “barrer a los terroristas” de sus refugios en Pakistán y advirtió que Al Qaeda está planeando nuevos ataques, al dar a conocer su nueva estrategia para la guerra de ocupación contra los talibanes en Afganistán.

El presidente USA afirmó que las conflictivas regiones fronterizas de Pakistán son “el lugar más peligroso del mundo” para los norteamericanos y describió a la red Al Qaeda como un “cáncer” que podría devorar a Pakistán, a más de siete años de los ataques del 11 de septiembre.

Bien empleada, la herramienta “terrorismo” (un arma que combina la violencia militar con la Guerra de Cuarta Generación) tiene como objetivo central: Generar una conflicto (o una crisis) para luego aportar la solución más favorable a los intereses del que la emplea.

Por ejemplo: El 11-S (activado por la CIA infiltrada en los grupos islámicos) en EEUU fue el detonante del conflicto, y la “guerra contraterrorista” posterior, y las invasiones a Afganistán e Irak, fueron parte de la alternativa de solución.

Entre los varios objetivos encubiertos de la campaña con la “amenaza terrorista internacional” lanzada en los últimos días por la Casa Blanca y las potencias centrales europeas, sobresale nítidamente el de preparar el “clima” y la justificación para iniciar operaciones militares en alta escala en Medio Oriente, Yemen, Sudán y Somalía.

Tanto Washington como las potencias de la Unión Europea han mantenido históricamente denuncias constantes de “ataques terroristas islámicos” en planes de ejecución, pero que efectivamente no han sucedido, desde el 7 de julio de 2005, fecha del atentado terrorista al metro de Londres.

En una versión degradada (marcada por la decadencia del Imperio), Barack Obama ya recita casi textualmente la “doctrina Bush” de las guerras preventivas contra el “eje del mal” como estrategia de apoderamiento de mercados y de recursos estratégicos que el Imperio y sus corporaciones necesitan para renovar sus ciclos de expansión capitalista.

Terminado el marketing electoral, con un Imperio USA colapsado por la crisis económica y las contradicciones internas, el presidente negro comenzó a aplicar a rajatabla la “guerra contraterrorista” como estrategia imperial de Estado en el marco de la política exterior.

Obama y el lobby judío liberal que lo secunda renuevan constantemente la “amenaza terrorista” como una estrategia continuista de la era Bush reciclada en los marcos del “progresismo” imperial.

Y esto reafirma una tendencia ya probada: La “guerra contraterrorista” no fue unapolítica coyuntural de Bush y los halcones neocon, sino una estrategia global del Estado imperial norteamericano diseñada y aplicada tras el 11-S en EEUU, que ya tiene una clara línea de continuidad con el gobierno demócrata de Obama.

Islandia, crisis y revolución

Islandia, crisis y revolución

Islandia. Una forma diferente de enfrentarse a la crisis

2011 se está presentando como el año de las revoluciones. Las terapias de choque neoliberales y la especulación en alimentos y energía han abierto la caja de pandora de la juventud desesperada condenada al paro y a la miseria por el neoliberalismo.

 
Mientras la atención (y el pánico) se fija en el colapso de las dictaduras norteafricanas apadrinadas por Washington y la Unión Europea, en el norte se está desarrollando un proceso de plantar cara a la crisis muy distinto al de las agresivas devaluaciones internas que se están implementando en Irlanda, Grecia, Portugal, Países Bálticos y España y que van dejar muy pronto a más de la mitad de la población europea en condiciones similares a las que están lanzado a la calle a la población de los países árabes.

A diferencia del resto de la periferia europea (países del este y PIIGS) Islandia está haciendo asumir las pérdidas a los acreedores. Casi todos los fondos hedge, fondos de inversión, bancos europeos, … que habían especulado en la burbuja nórdica, se han visto obligados a aceptar una quita del 70%. Curiosamente, después de negarse a socializar las pérdidas privadas la deuda pública islandesa paga menos prima de riesgo que la española o la italiana.

Historia de la penetración del neoliberalismo en Islandia

En 1850 Islandia era una colonia semifeudal de Dinamarca. La corona danesa y la iglesia luterana eran propietarias de la mitad de la tierra cultivable. En 1918, tras la primera guerra mundial, los islandeses consiguieron la independencia (aunque manteniendo el estatus de semi-dominio).

 
La mecanización de la flota pesquera permitió la acumulación de divisas y la aparición de un poderoso sector comercial importador dominado por unas 14 familias (popularmente conocidas por “el pulpo”) que controlaban todos los sectores de la economía ( – pesca, transportes, banca, seguros, comercio, … – ) y el gobierno.

Tras la 2ª G.M. la economía creció gracias al incremento de la pesca, el Plan Marshall y la instalación de una gran base de la OTAN en la isla. La prosperidad contribuyó a la instauración de un estado del bienestar semejante al escandinavo con un nivel y distribución de la renta semejante al del resto de países nórdicos. Sin embargo, la oligarquía (el pulpo) seguía controlando los centros neurálgicos de la economía y el gobierno.

A principios de los 80 las ideas neoliberales empezaron a penetrar en la isla de la mano del periódico “La locomotora” (órgano de expresión del ESADE islandés) , que promovió la desregulación a ultranza, subcontratación a empresas privadas de los servicios públicos, la privatización de las flotas municipales y de las empresas públicas. Los dos futuros primeros ministros Oddsson y Haarde fueron miembros del consejo de redacción.

La “neoliberalización” de Islandia arrancó con pie firme a partir de 1994 con su aproximación a la Unión Europea que implicó la supresión de las restricciones al movimiento de mercancías, capitales y trabajadores.

En 1998 se privatizó la banca pública. El nuevo sector bancario privatizado giraría en torno a tres bancos: Landsbanki, Kaupthing y Glitnir.

 
Los nuevos propietarios de los bancos establecieron compañías private-equity que adquirieron grandes participaciones en dichos bancos de forma que todo el sector quedó en muy pocas manos. La construcción de una enorme presa hidroeléctrica financiada con fondos públicos y la construcción de un gigantesca planta de aluminio, propiedad de Alcoa, generaron cuantiosas entradas de capitales exteriores.

A principios del nuevo milenio el neoliberalismo se había instaurado definitivamente en Islandia. Se rebajaron los impuestos sobre la renta y el patrimonio (desaparecido) de los más ricos y el impuesto de sociedades se rebajó hasta figurar entre los más bajos de la OCDE con el objetivo de convertir la isla en un nuevo paraíso fiscal.

Pero la codicia de los nuevos banqueros y dirigentes apuntaba más lejos. Las burbujas crediticias se estaban desarrollando en las finanzas anglosajonas y los noveles financieros apostaron fuerte para apuntarse a la corrida convirtiendo Islandia en un centro financiero internacional offshore.

Usando sus participaciones como colateral, procedieron a pedir grandes créditos de sus propios bancos utilizándolos para comprar acciones de estos mismos bancos con lo que se disparó la cotización de sus acciones. En el tinglado participaron los tres bancos cruzándose préstamos y acciones entre sí consiguiendo así que dispararan las cotizaciones del conjunto.

El recalentamiento bursátil subsiguiente fue estratosférico (x 9 entre 2001 y 2007). Las descaradas manipulaciones fueron disimuladas al estilo Enron: los bancos abrieron un carrusel de compañías subsidiarias en opacos paraísos fiscales (Luxemburgo, Isla de Man, Islas Vírgenes Británicas, …) donde aparcar a salvo de curiosos sus heterodoxas transacciones.

Se desencadeno la euforia general. Los precios de la vivienda se dispararon. Los mercados se enamoraron del nuevo tigre nórdico y los islandeses pasaron a endeudarse en euros, francos suizos o yens que se ofrecían a tipos de interés inferiores a los contratados en moneda islandesa. Islandia había entrado en la Champions League de las finanzas.

 
A finales de 2007 los activos de los tres bancos representaban casi ocho veces el PIB islandés y sus banqueros (‘Viking raiders‘) rivalizaban en stock options y despilfarro de lujo con sus congéneres de Londres o Wall Street.

La “minicrisis” de 2006

En 2006 se produjo una “mini-crisis”. La agencia Fitch rebajó la puntuación del país y hubo problemas para refinanciarse en los mercados monetarios. La króna cayó en picado con lo que las deudas en divisas se elevaron en la misma proporción. La bolsa se desplomó. El riesgo de contagio sistémico era inminente. El banco Danske de Copenhangen describió a Islandia como una economía geyser a punto de explotar.

Sin embargo no eran tiempos de sublevar un corral financiero ya sobrecalentado. El FMI salió rápidamente al quite afirmando que “el futuro de la economía islandesa era envidiable”. La Cámara de Comercio islandesa encargó y pagó honerosamente sendos informes ( hoy diríamos stress tests) a Frederic Mishkin, renombrado economista de la Columbia Business School y a Richard Portes de la London Business School, que confirmaron entusiásticamente los sólidos fundamentos de la buena salud de la banca islandesa. El economista neoliberal Arthur Laffer afirmó sin cortarse un pelo que “la economía islandesa debería ser un modelo para el mundo”.

La falta de liquidez agudizó el ingenio de los banqueros islandeses. Inventaron dos curiosos métodos par obtener fondos líquidos:

1. Colocaron sus obligaciones en los pequeños bancos regionales islandeses los cuales pidieron préstamos al Banco Central islandés usando estos bonos como colateral. Luego prestaban los fondos obtenidos a los primeros. El esquema funcionaba y decidieron internacionalizarlo. Establecieron sucursales en Luxemburgo a las que vendieron los bonos y estas los usaron como colaterales de los préstamos solicitados al Banco Central de Luxemburgo o al Banco Central Europeo. Entre febrero y junio de 2008 los tres bancos islandeses recaudaron 4.500 millones de euros del banco luxemburgués. Las agencias de rating estamparon una triple A sobre estos bonos.

2. Icesave: una especie de ng-direct a la islandesa. Aduciendo menores costes operativos ofrecían tipos más atractivos a los incautos depositantes (Islandia era miembro de la EEA lo cual implicaba que los depósitos quedaban asegurados por el Fondo de Garantía de Depósitos europeo). Los primeros en picar fueron los ingleses (más de 300.000 depositantes en unos pocos meses incluyendo administraciones locales y entidades públicas: Universidad de Cambridge, la London Metropolitan Police Authority e incluso la UK Audit Commission, cuya misión es supervisar las finanzas de las administraciones locales). Luego las sucursales de Icesave se implantaron en Holanda capturando ingentes cantidades de fondos. Los empleados de Landsbanki apenas podían creerse como subían las cifras en los monitores de sus ordenadores.

El crac

El 15 de septiembre de 2008 caía Lehman Brothers. La caída de los bancos islandeses se produjo dos semanas más tarde (tiempo suficiente para repartirse créditos millonarios, sin garantías, entre compinches de las recientes fechorías financieras).

El gobernador del Banco Central, Oddsson, decidió fijar la króna al € y permitir así la huida desbocada de capitales (de sus amiguetes bien informados) más cuantiosa y rápida de la historia. Al cabo de unas horas la króna se hundió como una piedra (de 70k/€ a 190k/€) pillando al resto de los islandeses. Unas horas más tarde le seguían la bolsa, los bonos y el precio de las viviendas. Islandia se hundía como el Titanic. A primeros de octubre aterrizaba el FMI para tomar el mando a cambio de un préstamo de 2.100 millones de dólares. El préstamo está condicionado a socializar las deudas de los bancos (los islandeses deberían pagar 3.700 mill. de € en un plazo de 15 años y a un interés del 5,5%). El desbordado gobierno de Geir Haarde iniciaba a la desesperada los trámites para el ingreso de Islandia en la UE, entrada que se vendía como la solución a la crisis y que, por supuesto, también quedaría condicionada a la socialización de las pérdidas del casino bancario.

Los paganos serían los islandeses de a pie. El Banco Central islandés, involucrado en los tinglados organizados por la banca privada, hubo de ser recapitalizado con fondos públicos (18% del PIB). La banca privada también fue rescatada de la misma manera. La deuda externa, pública y privada, de Islandia supera 3 veces el PIB. Los intereses y la amortización de la deuda constituyen en la actualidad la partida más importante de los presupuestos y no hace más que crecer a medida que se suceden los vencimientos contratados. La deuda privada, contratada en divisas, se ha duplicado, triplicado o cuadruplicado con la devaluación de la króna.

Una revolución en curso?

– No masivo a la terapia de choque neoliberal. El FMI sujeto a “referendum”

En mayo de 2009 miles de personas de todas las edades y condición montaron una cacerolada pidiendo la dimisión del gobierno. La presión popular fue en aumento hasta que el gobierno ultraliberal tiró la toalla siendo substituido por el gobierno provisional de una coalición de izquierdas (SDA: socialdemócratas y el LGM: verdes) en enero de 2009.

Frente a las fuertes protestas, las medidas de “ajuste” exigidas por el FMI se han pospuesto, por el momento hasta 2011. Ello permitió que el paro no se haya disparado hasta ahora (8% en 2009).

La “socialización” de las deudas de Icesave (3.700 millones de euros: 50% del PIB, a devolver entre 2016 y 2023 con un recargo del 5% de interés) exigida por el FMI y los gobiernos del Reino Unido y Holanda fue sometida a referendum en marzo de 2010. El 93% votó NO. En respuesta a tal desaguisado el FMI congeló toda “ayuda” y la UE las negociaciones para la adhesión.

Islandia ha re-nacionalizado los bancos y renegociado la deuda haciendo asumir las pérdidas a los acreedores. Casi todos los fondos hedge, fondos de inversión, bancos europeos, … que habían especulado en la burbuja, se han visto obligados a aceptar una quita del 70%. Curiosamente, después de negarse a socializar las pérdidas privadas la deuda pública islandesa paga menos prima de riesgo que la española o la italiana.

– No a la impunidad

El gobierno ha iniciado una investigación en toda regla para dirimir jurídicamente las responsabilidades de la crisis. Mandó arrestar a varios y pidió a la INTERPOL un orden de detención para los fugados. Preocupa a la UE la investigación que se está llevando a cabo en Islandia sobre los chanchullos de las finanzas internacionales, incluidas las agencias de rating, investigación que podría salpicar a un buen número de banqueros europeos y anglosajones. Parece que la UE estaría negociando adhesión y ayudas a cambio del relajamiento de la investigación.

Una nueva constitución antineoliberal

Los islandeses van a escribir una nueva constitución y lo van ha hacer de la forma más democrática posible: la democracia directa. Para ello han se va a formar una Asamblea Constituyente a partir de una muestra de 31 ciudadanos corrientes que se reunirá a principios de 2011. Los participantes serán elegidos por sufragio directo. Cualquier islandés podrá ser elegido. El texto que discutirán será propuesto por una convención de 1000 islandeses de entre 48 -89 años, elegidos al azar. Camioneros, profesores de universidad, periodistas, abogados, informáticos, … están haciendo públicas (con igual tiempo en la radio) sus credenciales para resultar elegidos como redactores del texto.

Los islandeses han sufrido sobre sus carnes las consecuencias del descontrol político y la desregulación a ultranza. Van ha elaborar una nueva estructura constitucional democrática capaz de impedir el saqueo de los fondos públicos por financieros y agencias conchabados y sin escrúpulos y meter en la cárcel, sin contemplaciones, a los saqueadores de guante blanco.

En Islandia se debaten y se cuestionan los valores que llevaron al boom especulativo y a la incompetencia y deslealtad de los dirigentes tanto públicos como privados sobre los que debe fundarse una sociedad. Islandia, que figuró en el primer puesto del índice de anticorrupción que emite Transparencia Internacional, era de hecho un nido de opacidad, corrupción y clientelismo. Una investigación parlamentaria ha dado como resultado un informe de 2000 páginas que refleja el lamentable decaimiento institucional promovido por los valores neoliberales.

– De paraísos fiscal a paraíso para la información.

El parlamente islandés aprobó un proyecto de ley denominado “Iniciativa Moderna Mediática Islandesa” cuyo objetivo es “fortificar la libertad de expresión e información, así como garantizar una fuerte protección para las fuentes y sus informantes” en la línea de wikileaks. Las pseudo democracias desinformadas funcionan y operan en la práctica como dictaduras del capital y los mercados.

– Recuperación económica a la islandesa

El colapso de 15 de septiembre, en cierta medida, fue una bendición. Los tres bancos quebraron al unísono. Si se hubiera retrasado la aceleración inherente a la dinámica Ponzi hubiera hecho crecer la bola de nieve de la deuda hasta niveles que al estallar hubieran significado la completa bancarrota de una nación moderna.

Islandia, a diferencia de España e Irlanda, dejó que se hundiera su enorme iceberg bancario y se está resistiendo a los intentos de hacer pagar a los islandeses los desaguisados financieros fruto de la codicia de los mercados desregulados. El sistema bancario sobreviviente es un conjunto de pequeños bancos que “prestan” a sus clientes. Islandia, a diferencia de España e Irlanda, no está integrada en el euro y podría optar incluso por el default soberano si los términos de la reestructuración de su deuda resultan asfixiantes. Islandia está en condiciones de negociar, lo cual no parece ser el caso de España y demás países pegados al euro.

De hecho, su sector público es tan pequeño que nunca podría absorber las deudas impagadas de su monstruosa malformación bancaria. De momento, han dejado para más adelante (2011, 2015? …) los planes de ajuste que le exigen la UE y el FMI para dedicarse a trabajar y recuperarse del trango. Una vez aligerada del sobrepeso bancario será más fácil la recuperación económica basada en la pesca, el turismo y el aluminio generado por sus inagotables recursos energéticos.

El camino no está sembrado de rosas. Llueven espinas desde todos lados. En octubre de 2010 miles de manifestantes desbordaron a los antidisturbios y abordaron a los parlamentarios exigiendo que no se plegaran a las amenazas del FMI y la UE. Muchos parlamentarios huyeron por piernas por la puerta trasera del edificio.

Un modelo sospechosamente poco estudiado

Curiosamente, el proceso de recuperación islandés no interesa a los medios de comunicación. Se puso como ejemplo a Irlanda, con un 10 en la asignatura de devaluación interna, antes de que la rescataran. Ahora se pone como ejemplo a seguir el de la destrozada Lituania que podría crecer (sin crear empleo) este año un 3% después de haber experimentado una recesión del -26,3% y sufrido una drástica devaluación interna que ha expulsado más del 17% de su población joven.

La revuelta árabe remodela el orden mundial

La revuelta árabe remodela el orden mundial .

Escrito por: loisdmuras el 13 Mar 2011 – URL Permanente

La revuelta árabe remodela el orden mundial

Asia Times Online
 

India, Brasil y Sudáfrica han fastidiado los planes de EE.UU., que hasta el martes parecían moverse inexorablemente hacia la imposición de una zona de exclusión aérea sobre Libia.
Presumiblemente EE.UU. todavía puede imponer dicha zona, pero entonces el presidente Obama tendrá que beber del cáliz envenenado y resucitar la controvertida doctrina de su predecesor del “unilateralismo” y de la “coalición de los dispuestos” posterior a la Guerra Fría.
Si lo hace, a Obama no le quedará ningún sitio donde ocultarse y habrá fracasado en todo lo que ha hecho en su presidencia para neutralizar la imagen de “matón” de EE.UU.

Nueva Delhi auspició el martes una reunión a nivel de ministros de exteriores con Brasil y Sudáfrica, que debía haber sido una ocasión inocua para alguna cooperación retórica “Sur-Sur”.

Al contrario, el evento llegó al terreno de un orden mundial atribulado y de un tambaleante sistema internacional contemporáneo.

La reunión adoptó una clara posición negativa ante la creciente intención occidental de imponer una zona de exclusión aérea sobreLibia.

Todo indica que EE.UU. y sus aliados, que ayudan política, militar y financieramente a los rebeldes libios, esperaban conseguir un “pedido del pueblo libio” en un día o dos en el peor de los casos como una tapadera parra para solicitar al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas un mandato para imponer sanciones bajo los auspicios de la OTAN.

Los rebeldes libios son un grupo dividido: elementos nacionalistas se oponen acérrimamente a una intervención extranjera y los islamistas por su parte se oponen a cualquier intervención occidental.

“Unilateralismo”, la única opción sobre la mesa

Los ministros de defensa de la OTAN celebaron una reunión en Bruselas el martes para estudiar una posible intervención de la alianza en Libia.

La asistencia a la reunión del secretario de defensa de EE.UU., Robert Gates, indica la importancia otorgada a la preparación de la eventual intervención de la alianza en Libia.

Gates no participó en una reunión informal anterior de los ministros de defensa de la OTAN sobre Libia que se celebró cerca de Budapest hace una quincena.

La diplomacia de EE.UU. y Gran Bretaña actuó por una pista paralela llamando a una posición unificada de los rebeldes libios para buscar una intervención internacional en su país y específicamente en la forma de una zona de exclusión aérea.

La Liga Árabe y la Unión Africana también mantienen una posición ambigua con respecto a ese tipo de zona.(1)

El cálculo de Obama es que si se pudiera conseguir un “pedido del pueblo” libio, él y Occidente serían absueltos en términos históricos de la culpa de invadir a un país soberano miembro de las Naciones Unidas –por lo menos, desde un punto de vista moral y político– y también impulsaría a la Liga Árabe y a la Unión Africana hacia esa iniciativa.

Como también es un conocido intelectual calculador, Obama es un político singular y se puede confiar en que tenga un agudo sentido de la historia. Su predecesor George W. Bush habría actuado con “audacia” en circunstancias semejantes, una expresión que se asocia irónicamente a Obama.

La cita de Obama con la historia ciertamente lo fastidia en su toma de decisiones sobre Libia.

Robert Fisk, el conocido cronista de asuntos de Medio Oriente para el periódico Independent de Londres, escribió el lunes un sensacional despacho en el que dice que el gobierno de Obama ha pedido la ayuda del rey Abdullah de Arabia Saudí para transportar en secreto armas estadounidenses a los rebeldes libios en Bengasi, que serían pagadas por Riad a fin de que la Casa Blanca no tenga que rendir cuentas al Congreso de EE.UU. y para que no haya un rastro que lleve a Washington.

La depravación moral de la iniciativa –contratar los servicios de un autócrata para ampliar las fronteras de la democracia– subraya el deseo obsesivo de Obama de camuflar cualquier intervención unilateral en Libia “negándola” a cualquier precio.

Y ahora viene el golpe duro de la reunión de Delhi.

Los tres ministros de exteriores que pertenecen al foro conocido por el simpático acrónimo IBSA (India-Brasil-Sudáfrica) frustraron los mejores planes de Obama al emitir un comunicado conjunto el martes en el cual “subrayaron que una zona de exclusión en el espacio aéreo libio o cualquier medida coercitiva fuera de las previstas en la Resolución 1970, sólo se pueden contemplar legítimamente en pleno cumplimiento con la Carta de la ONU y dentro del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas”.

El ministro de eEteriores brasileño, Antonio de Aguiar Patriota, dijo a los medios en Delhi que la declaración del bloque IBSA constituye una “idea importante” de lo que piensa el mundo no occidental.

Dijo: “El recurso a una zona de exclusión aérea es expeditivo cuando es adoptado por un país, pero debilita el sistema de seguridad colectiva y provoca consecuencias indirectas perjudiciales para el objetivo que tratamos de lograr”. Patriota agregó:

“Es muy problemático intervenir militarmente en una situación de agitación interior. Cualquiera decisión de adoptar una intervención militar tiene que considerarse en el marco de la ONU y en estrecha coordinación con la Unión Africana y la Liga Árabe. Es muy importante mantenerse en contacto con ellos e identificarse con su percepción de la situación.”

Explicó que medidas como una zona de exclusión aérea podrían empeorar una mala situación mala al incentivar sentimientos antiestadounidenses y antioccidentales que no han aparecido hasta ahora”.

De igual importancia fue el hecho de que el trío de ministros de exteriores también redactó una declaración conjunta sobre la situación general en Medio Oriente. Bautizada como “Declaración del bloque IBSA”, reiteró la esperanza de los tres países de que los cambios que estremecen al Medio Oriente y al Norte de África deben “seguir un camino pacífico” y expresó su confianza en una “salida positiva en armonía con las aspiraciones de la gente”.

Una parte altamente significativa de la declaración fue su reconocimiento desde el principio de que el problema palestino se encuentra en el centro mismo de la gran alienación de Medio Oriente y que los “recientes sucesos en la región pueden ofrecer una posibilidad para una paz exhaustiva…

Este proceso debería incluir la solución del conflicto israelí-palestino… que llevará a una solución de dos Estados, con la creación de un Estado palestino soberano, independiente, unido y viable, que coexista pacíficamente junto a Israel, con fronteras seguras, previas a 1967, y con Jerusalén Este como su capital.”

El ‘P-5’ pierde brillo

Israel se enfurecerá ante la declaración.

Aparte de eso, ¿les importa a Obama y a la OTAN si tres países de tres continentes alejados defienden una posición común sobre una zona de exclusión aérea?

¿Quiénes son esos países después de todo?

Pero, sí importa.

Dicho simplemente, sucede que los tres países también sirven actualmente como miembros no permanentes en el Consejo de Seguridad de la ONU y sucede que su posición tiene una gran visibilidad en el orden de importancia mundial con respecto a Libia.

Las indicaciones en Delhi son que por lo menos otro miembro no permanente del Consejo de Seguridad es un “compañero de ruta”, el Líbano. Es decir “la voz árabe” en el Consejo de Seguridad.

En breve, lo que escuchamos es una voz colectiva afro-asiática, árabe y latinoamericana y no se puede ignorar fácilmente. Todavía más importante es que la posición del IBSA coloca a por lo menos a dos potencias con derecho a veto permanente dentro del Consejo de Seguridad frente a un difícil dilema.

Rusiaafirma que su política exterior se opone al “unilateralismo” de EE.UU. y que se ajusta estrictamente a los cánones del derecho internacional y de la carta de la ONU.

Chinainsiste en que representa a los países en desarrollo.

Ahora, la posición del IBSA prácticamente imposibilita que se llegue a algún acuerdo “faustiano” con EE.UU. y las potencias occidentales con respecto a Libia dentro del grupo aislado de las potencias con derecho a veto del Consejo de Seguridad, conocido comúnmente como P-5.

Por ello, la declaración conjunta del IBSA, de modo muy parecido a la iniciativa turca-brasileña sobre el problema nuclear de Irán, se burla virtualmente de la hipocresía moral del P-5 y de su modo de actuar secreto.

Irónicamente, Delhi adoptó el comunicado del IBSA incluso mientras el vicepresidente de EE.UU., Joseph Biden, volaba hacia Moscú para amplias discusiones sobre la futura trayectoria del reajuste entre su país y Rusia.

Cualquier trueque estadounidense-ruso con respecto a Libia dentro del ámbito del reajuste aparecería ahora como un acto de oportunismo político falto de principios.

El predicamento chino no será menos difícil si recurre a la realpolitik. China será anfitriona de la cumbre del BRIC (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) en Pekín en abril. Tres de los BRIC provienen del IBSA.

¿Puede el BRIC permitirse un debilitamiento del comunicado conjunto del IBSA sobre Libia?

¿Puede China oponerse a la posición de tres destacados “países en desarrollo”?

En general, sin embargo, China podría dar un suspiro de alivio.

La posición del IBSA podría disminuir la presión estadounidense sobre China y evitar que el tema de la zona de exclusión aérea en Libia se transforme en un tema bilateral chino-estadounidense.

China cooperó en la resolución de la semana pasada del Consejo de Seguridad sobre Libia.

Fue poco usual que China votara por una resolución con sabor a “intervención” en los asuntos internos de un país soberano.

Los comentaristas occidentales se mostraron eufóricos ante el cambio en la conducta china en la gran mesa de la política mundial y animaron a la dirigencia de Pekín a que finalmente se mostrara como una potencia mundial responsable dispuesta a trabajar con Occidente como “participante” en el sistema internacional, como hace Rusia.

Es evidente que se está intentado persuadir a China para que dé otro paso adelante y se deshaga de su otra línea roja con respecto a una zona de exclusión aérea.

No hay ninguna señal de que China esté a punto de cruzar su línea roja sucumbiendo a los halagos.

Pero, ahora bien, si China lo hiciera, quedaría expuesta a plena luz del día a la mirada de los países en desarrollo.

Y a Pekín le resultará muy difícil encubrir semejante “pragmatismo” bajo el barniz de los principios.

De alguna forma, por lo tanto, ha disminuido la presión sobre China en el tema de la zona de exclusión aérea.

India recupera su identidad

Surge un pensamiento interesante:

¿Está forzando India a actuar a China?

Delhi ha tomado ciertamente nota de que la crisis libia dio a China una gran oportunidad para trabajar con EE.UU. en un espíritu cooperativo que tendría muchos efectos positivos para la relación general china-estadounidense.

El tema de la zona de exclusión aérea habría sido un terreno en el cual China y EE.UU. podrían haber creado una alquimia enteramente nueva en su relación. Pekín sabe que la presidencia de Obama depende críticamente de cómo resuelva la crisis de Medio Oriente.

En todo caso, la acción de Delhi no se pude descartar como únicamente “centrada en China”.

En términos geopolíticos, constituye una bofetada extremadamente visible en la cara de EE.UU.

Y habrá que pagar un precio por la ira de Obama.

Que Delhi esté dispuesta a pagar un precio semejante, -cuando hay tanto en juego en su intento de conseguir un sitio permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU– hace que la acción del IBSA sea altamente significativa.

Por cierto ha pasado mucho tiempo antes de que Delhi haya decidido actuar y para que la consideren un frente importante de la política exterior estadounidense.

También es más que una coincidencia que la declaración apoye con vehemencia la causa palestina.

India ha tomado el riesgo calculado de incurrir en el descontento de Israel y del lobby israelí en EE.UU.

Además hay otras señales de que Delhi ha emprendido una revisión importante de sus políticas en Medio Oriente y el bloque IBSA es sólo un modelo de la reconsideración de esas políticas –y posiblemente ni siquiera la más trascendental para la geopolítica de la región.

Incluso cuando el IBSA adoptó su posición sobre Libia y la situación en Medio Oriente favoreciendo resueltamente el nacionalismo árabe, el Consejero Nacional de Seguridad de India, Shiv Shankar Menon, un responsable político clave de gran reputación como diplomático consumado, quien trabaja directamente con el primer ministro Manmohan Singh, estuvo involucrado en una conversación fascinante y significativa en otro sitio en Medio Oriente: con el presidente iraní Mahmud Ahmadineyad.

Lejos de la vista de las cámaras de televisión, Menon entregó una carta de Manmohan a Ahmadineyad. Según la declaración emitida por la oficina de Ahmadineyad el dirigente iraní dijo a Menon:

Irán e India son países independientes y jugarán papeles significativos en el desarrollo del futuro de los eventos internacionales…

Las relaciones entre Irán e India son históricas y sustentables.

Irán e India, debido a que se benefician de puntos de vista humanitarios hacia las relaciones internacionales, deberían tratar de desarrollar el futuro sistema mundial de manera que dominen la justicia y la amistad.

El mundo gobernante está llegando a su fin y está al borde del colapso.

En las condiciones actuales, es muy importante cómo se desarrolle el futuro orden mundial y hay que tener cuidado de que aquellos que han impuesto el orden mundial opresor contra la humanidad no logren imponerlo de nuevo en un nuevo marco…

Irán e India tendrán roles significativos en los futuros eventos en el mundo. Las culturas y orígenes de nuestras dos naciones son lo que el mundo necesita actualmente.”

Según las informaciones, Menon dijo a Ahmadineyad:

Nueva Delhi está a favor del establecimiento de relaciones de gran amplitud con Irán, incluyendo vínculos estratégicos… muchas de las predicciones que usted [Ahmadineyad] hizo sobre los eventos políticos y económicos en el mundo se han vuelto realidad hoy en día y el orden mundial está pasando por alteraciones básicas, que han necesitado relaciones en permanente aumento entre Irán e India…

Las relaciones entre la República Islámica de Irán y la República de India van más allá de las actuales relaciones políticas, y tienen sus raíces en sus culturas y civilizaciones y las dos naciones tienen grandes potenciales de mejoras en las relaciones bilaterales, regionales e internacionales.”

No hay nada que agregar. En suma, este tipo de intercambio político a alto nivel entre Irán e India era impensable hasta hace muy poco y destaca en qué medida ha cambiado Medio Oriente, el papel que juega Irán y las percepciones de Delhi y del modo de pensar indio al respecto

Lo más importante es que la llegada de Menon a Teherán en la actual coyuntura tumultuosa en una importante misión política y diplomática que abre nuevos caminos para revitalizar el entendimiento estratégico entre India e Irán, y también subraya el creciente reconocimiento en la región de que la era de la dominación occidental en Medio Oriente está pasando inexorablemente a la historia y que el orden mundial no volverá a ser el mismo.

El embajador M. K. Bhadrakumar fue diplomático de carrera del Servicio Exterior de la India. Ejerció sus funciones en la extinta Unión Soviética, Corea del Sur, Sri Lanza, Alemania, Afganistán, Pakistán, Uzbekistán, Kuwait y Turquía

(Copyright 2011 Asia Times Online (Holdings) Ltd. All rights reserved.

Fuente: http://www.atimes.com/atimes/Middle_East/MC10Ak03.html

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens.(1) .

La Liga Arabe reunida el sábado en El Cairo, declaró que el régimen libio había “perdido su legitimidad” .
Pidió por lo tanto que el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas autorice la creación de una zona de exclusión aérea ,sobre Libia para impedir la muerte de civiles.

Pero sin intervención militar .”Rechazo absoluto a todo tipo de intervención extranjera en Libia”.
La Liga Árabe decidió además “cooperar” con el Consejo Nacional de Transición (CNT) fundado por la oposición en Bengasi.

La Union Africana .

El Consejo de Paz y Seguridad de la Unión Africana (UA)

rechazó “cualquier intervención militar extranjera” en

Libia y pidió al Gobierno y a los rebeldes el cese inmediato de las hostilidades y el inicio del diálogo para solucionar el conflicto que afecta al país.

se reafirma en su compromiso de respetar la unidad e integridad territorial de Libia y rechaza cualquier tipo de intervención militar extranjera
Los presidentes de Sudáfrica, Uganda, Mauritania, Congo y Mali conformarán un comité que viajará a Libia en las próximas fechas para ayudar a cerrar la crisis en Libia, según ha informado la Unión Africana (UA). “El comité se creó (…) para colaborar con todas las partes en Libia, facilitar un diálogo incluyente entre ellos, y comprometer a los socios de la UA (…) para la solución rápida de la crisis en Libia..
El Consejo .

Nueve errores de los dictadores del siglo XXI

REVOLUCIONES

Nueve errores de los dictadores del siglo XXI

09/03/2011 | Carlos Salas, María Torrens

Los recientes acontecimientos en el norte de África y Oriente Medio, especialmente las caídas de los regímenes dictatoriales y la guerra en Libia, ponen en evidencia los prejuicios de algunos dirigentes que no han entendido el progreso de la historia en el siglo XXI.

[ 24 ] 9 errores de los dictadores del siglo XXI (cito el 1º: paro, falta de …
  1. Paz no significa bienestar. TúnezEgipto y Libia disfrutaban de situaciones sociales pacíficas que escondían un gran malestar: paro, falta de salidas profesionales, bajos ingresos.Es el caldo de cultivo de las rebeliones.
  2. Los jóvenes saben más de lo que piensas. Conectados a internet, los jóvenes de las grandes ciudades eran la parte de la población más y mejor informada. Cuando ven que tus policías matan a golpes a un ciudadano (Túnez), leen la corrupción de tu gobierno –que ya sospechaban- gracias a los cables de EEUU filtrados por WikiLeaks (Egipto) y cuando ven que los demás pueden rebelarse (Libia, JordaniaBahréin, Argelia, Marruecos), también comienzan a rebelarse.
  3. Las redes sociales son más poderosas que tu censura. Organizados en torno a redes sociales como Facebook, o intercambiando mensajes por móviles o Twitter, tu pueblo ha logrado saltarse los controles, intercambiar información y agrupar el descontento.
  4. El contagio del virus de la libertad es inevitable. Ningún país puede aislarse totalmente en el siglo XXI. Todos los pueblos saben cómo se vive en Occidente, en el norte de África o en China. Gracias a las telecomunicaciones, hay demasiadas formas de conocer lo que pasa en el mundo, y todas ellas, por comparación, tendrán un efecto en la forma de vida de tu país.
  5. Tu mayor enemigo no es la prensa occidental, sino las cadenas árabes internacionales e independientes. Gracias a las antenas parabólicas, Al Jazeera, Middle East Broadcasting Channel o Al Arabiya, han estado mostrando durante los últimos años al mundo árabe otra realidad de tu país, y además en un lenguaje comprensible para todos: árabe clásico.
  6. La presión internacional crece cuando cierras el paso a la prensa. Pocas cosas hay que molesten más a Occidente que impedir la libertad de expresión y de comunicación. Si te cargas uno de los pilares básicos de las democracias, éstas y sus medios de comunicación prestarán más atención a lo que haces.
  7. Suiza ya no es el refugio del dinero que expoliaste. Desde que se aprobó que Suiza no podía esconder ni salvaguardar fortunas ilícitas de dictadores, ya no puedes confiar en este pequeño país para huir con el dinero que posiblemente has robado a tu pueblo. Tus viejos aliados solo se aprovechaban de ti.
  8. Hacerse fotos y darse la mano con los líderes de Europa y EEUU no significa que te vayan a sostener hasta la muerte. Lo hacen por conveniencia, igual que tú, porque prefieren lo malo conocido a lo bueno por conocer. Así preservan los beneficios económicos y estratégicos que les reportan los acuerdos que cierran contigo. Cuando tu régimen se tambalee, pueden retirarte la mano más rápido de lo que piensas.
  9. Tus amenazas solo sirven para encender más el odio. Si dices que no tienes intención de dimitir cuando la población te está pidiendo a gritos que lo hagas; si dices que morirás en tu país pese a quien pese; o si te empeñas en que tú representas la voluntad de tu pueblo y no cedes, estás poniendo todos los ingredientes para acabar perdiendo tu poder.

(Si quieres saber más sobre las revueltas en el mundo árabe, puedes consultar nuestro especial).

Mitos y realidades árabes, por Marwan Muasher

Mitos y realidades árabes, por Marwan Muasher

“Los disturbios cogieron a la mayoría por sorpresa tanto dentro como fuera de la región y han acabado con al menos cinco creencias tradicionales sobre el mundo árabe.”

Por Prodavinci10 de Marzo, 2011

Con el derrocamiento de Hosni Mubarak en Egipto, cuyo régimen estaba considerado ampliamente uno de los más estables de la región hasta hace poco, y el coronel Muamar el Gadafi aferrándose al poder en Libia, no se ve en lontananza un claro fin de la agitación que está barriendo el mundo árabe.

Las protestas ya han derribado gobiernos en Túnez y Egipto y han dejado a otros países obligados a afrontar un descontento generalizado.

Los disturbios cogieron a la mayoría por sorpresa tanto dentro como fuera de la región y han acabado con al menos cinco creencias tradicionales sobre el mundo árabe.

Los árabes no salen a la calle a protestar.

Antes de que comenzaran las protestas en Egipto y Túnez, muchos sostenían que no había una urgencia real de reforma política y que quienes pedían un cambio no entendían el talante público: la situación no era tan mala como la presentaban los disidentes.

Ese punto de vista indujo a los gobiernos a creer que los árabes no se manifestarían en gran número para pedir un cambio. En todos los países se consideraba perjudicial para los intereses nacionales una reforma rápida.

  • Está claro que ese argumento ya no es sostenible.
  • Nadie predijo lo ocurrido en Egipto y Túnez, lo que significa que ningún país árabe es inmune.

Los gobiernos no pueden permitirse el lujo de esperar eternamente y ya no pueden recurrir al mito de la aquiescencia popular para no iniciar las reformas necesarias que aborden las reivindicaciones subyacentes del público.

La liberalización económica debe preceder a la reforma política.

Los gobiernos árabes –y muchos occidentales– afirmaban que se debía conceder prioridad a la privatización y a otras reformas económicas por encima del cambio político, pero, si bien resulta fácil sostener que los ciudadanos quieren pan antes que libertad, la liberalización económica careció de un sistema de contrapesos y, por tanto, el resultado fue la falta de pan y de libertad a un tiempo.

En cambio, los beneficios de la privatización y otras iniciativas recayeron en las minorías políticas y empresariales dominantes.

A consecuencia de ello, los árabes han acabado teniendo una opinión negativa sobre la liberalización y la mundialización.

Ahora ya resulta claro que la reforma económica debe ir acompañada de la reforma política, con lo que se crearían los mecanismos institucionales de rendición de cuentas para vigilar cualesquiera excesos y velar por que todos puedan disfrutar de los beneficios.

Los gobiernos se han apresurado a creer que las protestas se refieren fundamentalmente a los altos precios y al desempleo, pero la cuestión que une a los descontentos árabes es una gestión inadecuada de los asuntos públicos.

Son necesarios sistemas cerrados para impedir que los islamistas tomen el poder.

Occidente teme con frecuencia que la democracia dé a los islamistas la oportunidad que necesitan para hacerse con el control, miedo que los regímenes árabes aprovechan para justificar el mantenimiento de sistemas políticos cerrados, pero los islamistas no han desempeñado un papel importante en Egipto ni en Túnez y no se espera que encabecen ninguno de los nuevos gobiernos que se formen… si bien son una parte importante de las sociedades árabes y deben desempañar un papel en los regímenes que surjan.

Así, pues, no es cierto que la única opción substitutiva viable frente al gobierno implacablemente absolutista deba ser islamista.

Las protestas son claramente la consecuencia de que los ciudadanos de a pie se han hartado de la corrupción, de la falta del menor asomo de Estado de derecho y del trato arbitrario.

A ese respecto, existe una oportunidad de comenzar a desarrollar sistemas pluralistas en los que no sólo los islamistas, sino también otros partidos y posturas, puedan desempeñar un papel.

Las elecciones equivalen a la democracia.

Ya nadie se deja engañar por esa afirmación. Para mantener su dominio, los gobiernos árabes se han valido de legislaciones y elecciones defectuosas, de las que no resultan parlamentos fuertes ni propician cambio real alguno.

De hecho, en países como Egipto y Túnez, tanto el Gobierno como el Parlamento eran impopulares.

En toda la región, se han utilizado las elecciones para crear una fachada de democracia encaminada a impresionar a los ciudadanos y al mundo exterior, al tiempo que protegían a los regímenes de la presión en pro de una reforma auténtica.

Sin embargo, el público árabe ya no aceptará el status quo.

El pueblo ya no se satisfará con limosnas económicas o cambios cosméticos en la gestión de los asuntos públicos; lo que exige es un cambio real que introduzca a su país por una clara senda hacia la democracia.

A la comunidad internacional no le corresponde papel alguno.

Si bien el proceso de reforma debe ser, desde luego, autóctono, los Estados Unidos y el resto de la comunidad internacional pueden alentar el desarrollo democrático sin imponerlo desde lejos.

El Presidente Barack Obama rechazó muchas de las políticas del gobierno de George W. Bush consideradas intentos de imponer por la fuerza la democracia a los países árabes, pero el silencio posterior sobre la democratización agravó –aunque, desde luego, no causó– el retroceso del proceso árabe de reforma en los últimos años.

Los EE.UU. y Occidente pueden debatir con los países árabes el modo de aplicar la reforma política a fin de que contribuya a una mayor apertura y brinde oportunidades para el reparto del poder. Occidente no debe sacrificar esos objetivos por otros; si los aliados acaban perdiendo poder en rebeliones populares, semejante transacción no habrá favorecido los intereses de Occidente, por no decir algo peor.

El desarrollo de los acontecimientos que acapara los titulares de todo el mundo ha acabado con los principales mitos sobre el mundo árabe.

Las poblaciones de esos países necesitan que se inicie ya una reforma política gradual, sostenida y seria.

En el amanecer de una nueva era árabe, corresponde a ellas la creación de nuevos sistemas políticos abiertos que puedan evitar la amenaza en ciernes de crisis cada vez más graves.

******

Marwan Muasher, ex ministro de Asuntos Exteriores y Viceprimer Ministro de Jordania, es Vicepresidente de Estudios en el Carnegie Endowment for International Peace y miembro principal de la Universidad
de Yale. Es autor de The Arab Center (“El centro árabe”).

Copyright: Project Syndicate, 2011.
http://www.project-syndicate.org
Traducido del inglés por Carlos Manzano.

No abandonar a los pueblos árabes

07MAR2011

No abandonar a los pueblos árabes

Imagen: AFP
La inesperada rebelión en el mundo árabe tomó a todos por sorpresa.
Las satrapías del Magreb y Medio Oriente quedaron tan pasmadas como sus amos imperiales por la eclosión que se originó en un incidente relativamente marginal, más allá de lo terrible y doloroso que fue en el plano individual: la autoinmolación de Muhammad Al Bouazizi, un graduado universitario tunecino de 26 años que no encontraba trabajo y que se entregó a las llamas porque la policía le impedía vender frutas y verduras en la calle.

El terrible sacrificio de su protesta fue la chispa que incendió la reseca pradera de una región conocida por la opulencia de sus oligarquías gobernantes y la secular miseria de las masas.
O, para decirlo con las palabras siempre bellas de Eduardo Galeano, lo que encendió “la hermosa llamarada de libertad” que prendió fuego al mundo árabe y que tiene al imperialismo sobre ascuas.

No es casual, entonces, que los acontecimientos del mundo árabe hayan sumido en la confusión a buena parte de la izquierda latinoamericana.

Daniel Ortega apoyó sin calificaciones a Khadafi; el presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez, a su vez, se declaró amigo del gobernante, aunque por cierto que aclarando que tal cosa no significa –en sus propias palabras– “que estoy a favor o aplaudo cualquier decisión que tome un amigo mío en cualquier parte del mundo”. Además, prosiguió, “apoyamos al gobierno de Libia, a la independencia de Libia”.
Con sus declaraciones Chávez tomaba nota de la precoz advertencia formulada por Fidel no bien estalló la crisis libia: ésta podría ser utilizada para legitimar una “intervención humanitaria” de Estados Unidos y sus aliados europeos, bajo el paraguas de la OTAN, para apoderarse del petróleo y el gas libios.

Pero de ninguna manera esta sabia advertencia del líder de la Revolución Cubana podría traducirse en un endoso sin reservas al régimen de Khadafi.

No lo hizo Chávez, pero sí lo hizo Ortega.
Como era de esperar, la descarada manipulación mediática con la que el imperialismo ataca a los gobiernos de izquierda de nuestra región torció el sentido de las palabras de Chávez y de Fidel haciéndolos aparecer como cómplices de un gobierno que estaba descargando metralla sobre su propio pueblo.
En una esclarecedora nota publicada pocos días atrás en Rebelión,Santiago Alba Rico y Alma Allende argumentaron que un erróneo posicionamiento de la izquierda latinoamericana –y muy especialmente de los gobiernos de Venezuela y Cuba– “puede producir al menos tres efectos terribles: romper los lazos con los movimientos populares árabes, dar legitimidad a las acusaciones contra Venezuela y Cuba y ‘represtigiar’ el muy dañado discurso democrático imperialista”.
De ahí la gravedad de la situación actual, que exige transitar un estrechísimo sendero flanqueado por dos tremendos abismos:
uno, el de hacerles el juego al imperialismo norteamericano y sus socios europeos y facilitar sus indisimulados planes de arrebatarles a los libios su petróleo;
el otro, salir a respaldar un régimen que habiendo sido anticolonialista y de izquierda en sus orígenes, en las dos últimas décadas se subordinó sin escrúpulos al capital imperialista y abrazó y puso en práctica, sin reparos, las fatídicas políticas del Consenso de Washington y los preceptos de la “lucha contra el terrorismo” instituida por George W. Bush.
El Khadafi de hoy nada tiene que ver con el de los años setenta: su “tercera vía” degeneró en un “capitalismo popular” y las nacionalizaciones comenzaron a ser revertidas mediante un corrupto festival de privatizaciones y aperturas al capital extranjero que afectó a la industria petrolera y a las más importantes ramas de la economía.
Hoy Khadafi no es Nasser sino Mubarak: abastecedor seguro de petróleo a Occidente, buen cliente de las transnacionales europeas y norteamericanas y fuerte inversor en las economías metropolitanas.

¿Qué debe hacer la izquierda latinoamericana?

Primero, manifestar su absoluto repudio a la salvaje represión que Khadafi está perpetrando contra su propio pueblo.
Solidarizarse con quien incurre en semejante crimen dañaría irreparablemente la integridad moral y la credibilidad de la izquierda.
El reconocimiento de la justicia y la legitimidad de las protestas populares, tal como se hizo en los casos de Túnez y Egipto, tiene un único posible corolario: el alineamiento de nuestros pueblos con el proceso revolucionario en curso en el mundo árabe.
La forma en que esto se manifieste no podrá ser igual en el caso de las fuerzas políticas y movimientos sociales y, por otra parte, los gobiernos de izquierda de la región, que necesariamente tienen que contemplar otros aspectos y compromisos.
Pero la consideración de las siempre complejas y a menudo traicioneras “razones de estado” y las contradicciones propias de la “real politik” no pueden llevar a los segundos tan lejos como para respaldar a un dictador acosado por la movilización y la lucha de su propio pueblo, reprimido y ultrajado mientras el entorno familiar de Khadafi y el estrecho círculo de sus incondicionales se enriquecen hasta límites inimaginables.
¿Cómo explicar a las masas árabes, que por décadas buscaron las claves de su emancipación en las luchas de nuestros pueblos y que reconocen en el Che, Fidel y Chávez la personificación de sus ideales libertarios y democráticos, la indecisión de los gobiernos más avanzados de América latina mientras que toda la canalla imperialista, desde Obama para abajo, se alinea –aunque sea hipócritamente– a su lado?

Segundo, será preciso denunciar y repudiar los planes del imperialismo norteamericano y sus sirvientes europeos. Y organizar la solidaridad con los nuevos gobiernos que surjan de la insurgencia árabe.

Los propios rebeldes libios emitieron declaraciones clarísimas al respecto: si hay invasión de los Estados Unidos, con o sin la (poco probable) cobertura de la OTAN, los insurrectos volverán sus fusiles contra los invasores y luego ajustarán cuentas con Khadafi, responsable principal de la sumisión de Libia a los dictados de las potencias imperialistas.
Lo que hoy se está jugando en el norte de Africa y en Medio Oriente no es un problema local, sino una batalla decisiva en la larga guerra contra la dominación imperialista a escala mundial.

El triunfo de la insurrección popular en Libia tendrá como correlato el fortalecimiento de las rebeliones en curso en Yemen, Marruecos, Jordania, Argelia, Barheim y la que hace tiempo se viene incubando en Arabia Saudita modificaría radicalmente la geopolítica internacional a favor de los pueblos y naciones oprimidas.

Por eso, nuestra región no puede ni tiene el derecho a equivocarse ante un proceso cuyas proyecciones pueden ser aún mayores, y de otro signo, que las que en su momento tuvo el derrumbe de la Unión Soviética y cuyo desenlace revolucionario fortalecerá los procesos emancipatorios en nuestra región.

Abandonar a los pueblos árabes en esta batalla decisiva sería un error imperdonable, tanto desde el punto de vista ético como desde el más específicamente político.

Sería traicionar el internacionalismo del Che y de Fidel y archivar, tal vez definitivamente, los ideales bolivarianos. No hay que perder esta oportunidad.

Atilio Boron

Director del PLED, Programa Latinoamericano de Educación a Distancia en Ciencias Sociales.  http://www.atilioboron.com/

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