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Ideas para crear una microempresa en Internet

Ideas para crear una microempresa en Internet

Uno de mis lectores preguntaba a raíz de mi último post si podía dar ideas para crear una microempresa en Internet. Me parece interesante, así que le voy a dedicar un par de entradas.

Para crear una empresa solo necesitas ofrecer algo que tu cliente esté dispuesto a pagar. Obviamente, el precio que cobres por lo que ofreces debe ser mayor que lo que a ti te cuesta producirlo.

Dicho esto, que es un poco perogrullesco pero a veces se nos olvida, entiendo que la pregunta es ¿qué puedo ofrecer por internet? Más aún: ¿qué puedo ofrecer por internet sin que me cueste un riñón poner en marcha todo lo que necesito para vender? Más aún: ¿qué puedo ofrecer sin dejar (al menos de momento) mi cómoda vida de asalariado?

Básicamente, hay dos tipos de cosas en las que puedes basar tu empresa: en tu capacidad para producir algo que otros valoran o en tu capacidad de arbitraje (conseguir cosas baratas y venderlas más caras).

La capacidad de producir algo valorado por el mercado la tenemos todos. A veces nuestro problema es que no somos capaces de verlo, pero es seguro que todos podemos hacer algo por lo que alguien esté dispuesto a pagar. La capacidad de arbitraje también la tenemos prácticamente todos. Veamos algunos ejemplos:

Puedes crear una microempresa basada en tus capacidades si sabes escribir, diseñar, programar, sabes algún idioma, tienes conocimientos técnicos de cualquier tipo, sabes tocar un instrumento musical, practicas algún deporte, tienes una afición a la que le dedicas unas cuantas horas a la semana, tienes una mascota…

Puedes crear una microempresa basada en el arbitraje si sabes inglés, si conoces a alguien en un pueblo que produzca alimentos, si conoces bien otro país, si tienes gusto en el vestir, si eres bueno negociando, si vives en una localidad turística, si conoces bien alguno de los objetos que habitualmente se venden en sitios como segundamano o ebay…

Probablemente estas ideas, y más si se desarrollan en ratos libres, no den para convertirte en un multimillonario como Jobs o Zuckerberg, pero sí pueden ser una fuente de ingresos complementaria interesante. Y hay quien ha conseguido convertirlo en un medio de vida y dejar el trabajo.

Insisto, cualquiera de estas ideas tiene potencial. Y muchas otras que parecen demasiado simples. La clave no está en la idea, sino en la ejecución.

En optimizar el tiempo para sacar el máximo provecho a ese par de horas al día que tienes para dedicar a tu empresa. Y por supuesto en optimizar los pocos euros que puedes invertir en ella.

Una buena noticia para los que creen que hay que darse de alta de autónomos (o constituir una SL) nada más empezar: hasta que estéis abrumados por las llamadas de clientes pidiendo que les facturéis de una vez, absteneos de hacer cualquier gesto que declare a Hacienda que vais a iniciar una actividad potencialmente delictiva y siempre sospechosa como poner en marcha un negocio.

Como decía un comentario, aquí se trata de empezar un chiringuito. Si conseguimos convertirlo en empresa, bien para todos. Si no, cuantos menos papeles tengas que deshacer para cerrarlo, mejor.

Guía para crear una empresa

Como os había anunciado, mañana empiezo algo nuevo: será una serie de post para explicar con detalle cómo crear una empresa. A lo largo de estos años de blog, he escrito muchas entradas sobre el tema, pero están un poco deslabazadas, hay huecos que debería cubrir, conceptos por desarrollar…

El motivo de hacerlo ahora es porque creo que puede ser útil para las personas que se están quedando en paro y que no ven una salida a su situación. Emprender no es fácil, evidentemente, pero cada vez más va a ser la única salida posible.

Andrés Pérez Ortega escribía el otro día sobre la diferencia entre “ser empleado” y “ganar dinero”. Estoy totalmente de acuerdo con él.
Nuestros padres vivían en un mundo en el que entrabas en una empresa de jovencito y te jubilabas en ella. Como mucho, cambiabas de empresa una o dos veces en toda tu vida.

En los últimos tiempos cada vez han sido más frecuentes las carreras profesionales en las que se permanece menos de cinco años en una misma empresa. En el futuro cercano, trabajaremos para dos o tres empresas a la vez.

Cada uno de nosotros será una microempresa, y contratará a otras, o será contratado por otras, en función del tipo de proyectos que esté haciendo en cada momento.

No podemos esperar a que otro nos dé trabajo mientras dejamos que la vida se escape sin hacer nada. Cualquiera puede tomar las riendas de su destino y generar sus propios medios de ganar dinero. No es un camino de rosas, pero al menos eres tú quien decide.

Como por experiencia sé que no es fácil, que uno se siente solo, que falta información, que cometemos errores de principiante, para eso está la guía que voy a ir publicando aquí. Por supuesto, serán bienvenidas todas las sugerencias, comentarios, ideas…

10 cosas que no necesitas para crear una empresa

Chris Guillebeau ha escrito una lista de cosas que no necesitas para emprender:

* Capital riesgo
* Otros inversores externos (no necesitas pedir dinero a tu familia)
* Empleados o personal subcontratado
* Un plan de negocio de 50 páginas (o ningún otro plan de negocios)
* Un MBA (ni otra formación académica)
* Deuda en tu tarjeta de crédito
* Tarjetas de visita o material de oficina
* Una estructura legal complicada
* Membresías costosas en asociaciones empresariales o grupos de networking
* Una oficina física

Como él mismo advierte, no es que tener algunas de estas cosas no te pueda venir bien, pero no las necesitas para emprender. Estoy de acuerdo con él.

Muchas veces nos autojustificamos diciéndonos a nosotros mismos que emprenderemos ese proyecto un poco más adelante, cuando tengamos algo más de dinero ahorrado, cuando hayamos terminado la carrera o el máster, cuando hayamos elaborado un poco más el plan de negocio…

No se trata de emprender a tontas y a locas y meterte en una aventura que no puede salir bien, pero cuaquiera, en cualquier circunstancia, tiene a su alcance la posibilidad de crear una empresa. Si no tienes dinero, ni tiempo, ni formación, ni contactos… no puedes ser tan ambicioso, pero siempre hay algo a tu alcance.

Si de verdad quieres emprender, no esperes a que todo a tu alrededor sea perfecto: simplemente analiza tus circunstancias y piensa qué puedes hacer con ellas.

También te interesará leer esto:

  1. 10 cosas que no necesitas para crear una empresa
  2. Guía para crear una empresa
  3. ¿Es buen momento para crear una empresa?

La CMT estudia ‘descongelar’ la cuota de abono mensual de Telefónica

CONECTIVIDAD

La CMT estudia ‘descongelar’ la cuota de abono mensual de Telefónica

avatarArnau Fuentes  6 de septiembre de 2011 | 10:44

Bernardo Lorenzo

Si miramos una factura telefónica, uno de los varios ‘servicios’ que se nos cobra a los usuarios es la “cuota de línea individual“. 13,97 euros (más IVA) que pagamos por el mero hecho que un señor “se suba a un poste y conecte un par de cables”, lo que nos conecta a la red de telefonía.

Esta cuota mensual fija es la única que sigue regulada por la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones (CMT), y esta ‘congelada’ desde 2009. Es la cuota de “mantenimiento”, que las operadoras ‘debieran usar’ para mantener sus infraestructuras.

Es decir, los usuarios pagamos cada mes unos 14€ a las operadoras para que éstas puedan mantener actualizadas sus redes, aunque curiosamente el discurso de las operadoras es que “necesitan invertir en las redes para mejorarlas” porque se están quedando “obsoletas”.

El resto de la factura, alquiler de router e Internet en sus múltiples versiones (“triple pay” o el simple contrato de 1, 2, 3, 6, 10 o 20 megas), son “a parte”.

Si tenemos en cuenta que con las redes y centralitas digitales, el coste de mantenimiento ha bajado sustancialmente, que el par de cobre aún da para mucho más y que en algunos casos ese ‘mantenimiento’ es casi inexistente (y sólo hace falta pasearse por algunas calles para ver cajas de registro completamente destrozadas que siguen ahí de milagro), hay que tener mucha “doble cara”para soltar lo de la inversión imprescindible en infraestructuras.

Pero bueno, según dijo ayer su presidente Bernardo Lorenzo en Santander, la CMT está estudiando sacar de la nevera la cuota de abono mensual y darle a la Telefónica libertad absoluta para fijar su precio a partir de 2013, ‘casualmente’ el año en que llegará la ‘banda ancha universal’ a todo el territorio de España… o eso dicen ahora.

Algunos dicen que Telefónica podría ‘eliminar‘ la tarifa, incluyéndola en la factura de Internet. Eso no es ‘eliminar’ si no ‘traspasar’.

Si se “elimina”, la factura debiera reducirse un mínimo de 13,97 másIVA. Pero entonces habrá que ver cómo encaja el Canon Digital, que la ministra Sinde también quiere ‘eliminar’, traspasándolo también a la factura de teléfono de los ciudadanos.

Como siempre, tendremos que esperar y ver qué sucede, aunque la ‘eliminación’ de la cuota de abono y la ‘integración’ del Canon Digital puede ser una mala idea. La factura subirá, aún más.

Foto | UIMP

Fuente NACIONRED

4 Pasos Indispensables para Emprender un Negocio

4 Pasos Indispensables para Emprender un Negocio

Ya hemos hablado en otras ocasiones sobre el tema de cómo o que hacer al querer comenzar a desarrollar una idea de  negocio o un proyecto de negocio. Si eres un nuevo lector  y emprendedor puedes guiarte de estos cuatro pasos indispensables para emprender, y si ya tienes experiencia en el desarrollo de negocios te invito a repasarlos y a dejar tu aporte que siempre serán bienvenidos.

Los 4 pasos indispensables son:

1. Crear un plan de negocios.

Comenzar un negocio o empresa con un idea clara es la clave fundamental para establecer las líneas del trabajo que se realizará a futuro.

Pensar de antemano el modelo de negocios que se desarrollará es como trazar un mapa y los aspectos más importantes de ese mapa son: la infraestructura con que se contara, cuál será el producto que se ofrecerá, cuáles serán los potenciales clientes que tendrás y con qué tipo de financiamiento cuentas.

Una clave no menor para generar mayor impacto en el mercado es crear un producto que contenga un importante factor innovador y aporte valor a sus consumidores.

No se trata de inventar un nuevo a Apple o Google sino de agregar innovación incluso en el modelo de negocios. Muchas veces es más importante el modelo de negocios que el producto en sí, y eso puede atraer a los inversionistas.

2. Buscar una fuente de financiamiento.

Éste suele ser uno de los puntos sensibles del emprendedor, quien siente la incertidumbre de no encontrar socios o apoyos financieros que lo ayuden.

Actualmente el mercado ofrece algunas alternativas para esta parte importante de un proyecto de negocio. Han surgido pequeños créditos estatales de  líneas de apoyo para esta área. Averigua en tu gobierno local.

El emprendedor comienza su negocio con recursos propios o la ayuda de familia y amigos, pero también existen apoyos iniciales como los capitales semilla.

También rescata el apoyo de capitales “ángeles” o de riesgo, y la preparación que debe tener un emprendedor al momento de enfrentarse a un inversionista de este tipo.

3. ¿Cómo vender el producto?

Se debe estar plenamente convencido de tu producto o servicio y de que aporta valor a los consumidores.

Para esto, necesitas contar con un argumento de venta sólido que convenza a los clientes y que permita que el negocio comience a generar ingresos. Pero además debes diseñar un concepto distinto a la competencia, para que logres diferenciarte en un mercado altamente competitivo.

Es clásico el problema de muchos emprendedores que tienen un producto pero no logran venderlo. Para que no te ocurra es importante que tengas autocrítica y consideres si realmente lo que vendes está a la altura de la competencia.

Como emprendedor puedes estar muy enamorado de tu idea, pero si el producto no se justifica quizás no sea indicado que lo sigas desarrollando.

4. El Flujo de Caja

También es importante que consideres que no sólo se trata de vender el producto, sino también de saber cobrar y administrar regularmente los dineros que entran y salen de la empresa.

Muchas empresas pueden ser rentables, pero si no cuentan con un capital de trabajo no van a poder soportar el llamado ciclo de conversión de efectivo o promedio de tiempo entre que se paga a los proveedores y se reciben los pagos de los clientes.

Por ello, es recomendable que hagas una estimación lo más justa posible de los meses que demorará la empresa en recibir sus primeros ingresos, y los costos que deberás cancelar durante ese periodo.

Si necesitas ayuda para que hagamos juntos contigo un plan marketing o de negocios para ti, haz clic aquí.

Imagen: robertoplaza.com

Fuente: emprendedoresnews.com

España hizo entrar a Europa en suspensión de pagos en 1557

La primera vez que España hizo entrar a Europa en suspensión de pagos

En 1557 Felipe II, rey de España, tomaba una decisión que hacía entrar en shock a toda Europa: el mandatario había decidido no pagar a los acreedores extranjeros la astronómica deuda acumulada por su padre el emperador Carlos I. Lo que sigue es una sucesión de hechos que guarda sospechosas semejanzas con las caídas de Grecia e Irlanda así como el “acoso” actual de los mercados contra España.

Las noticias sobre la quiebra hispana llegaron pocos días después a las casas reales de Portugal, Francia, Austria e Inglaterra así como a los oídos del prestamista más importante del emperador español, el jefe de la familia Fugger, que de la noche a la mañana pasaba a descubrir que se encontraba en la ruina.

Ante esos hechos los acreedores del rey de Francia entraron en pánico, las dudas eran lógicas ¿Si el emperador de la primera potencia militar del mundo se declaraba insolvente qué impedía al rey galo hacer lo propio? Debido al miedo y la confusión el monarca francés vio como le resultaba imposible encontrar a alguien en el extranjero que pudiera comprarle su deuda, era, por tanto, una situación delicada que de sostenerse en el tiempo llevaría a la ruina a las finanzas francesas. En ese estado de cosas tranquilizar a los “mercados” se convirtió en un objetivo prioritario, para conseguirlo el rey Enrique II intentó remarcar dos puntos:

a) Que Francia no era España (¿Le suena a alguien?)
b) Que Francia sí estaba dispuesta a cumplir sus contratos (¿Le suena a alguien?)

Las declaraciones del rey disminuyeron el miedo de los acreedores durante unos meses pero este volvió cuando los prestamistas trataron de tener acceso a las cuentas reales y comprobaron su opacidad lo que acabó cerrando definitivamente el grifo a la financiación francesa y conduciendo al país a la suspensión de pagos en 1558.

La caída del reino galo y del imperio español llevó, obviamente, las dudas a los acreedores de Portugal pero el mandatario del país se apresuró a informarles de que su nación no podía compararse a las otras dos y que el miedo sobre su solvencia era infundado. Lo fuese o no resultó algo poco convincente y en 1560 Portugal anunciaba su intención de no cumplir sus compromisos.

El contagio arrasaba las cuentas de toda Europa como un castillo de cartas en el que su base se hunde,
Francia entraría en quiebra ocho veces en apenas dos siglos y en cada una de sus crisis de deuda externa las familias nacionales que habían dejado dinero al monarca eran pasadas a cuchillo, el proceso llegó al imaginario popular que acabó denominando esos prestamos al rey como “contratos de sangre”.
Era una forma contundente de resolver los contenciosos con los acreedores ubicados dentro del país y a los que el monarca podía fácilmente acusar de cualquier delito (traición, brujería, etc…)

Debido al escaso desarrollo tecnológico y educativo en el s XVI la población profesaba la creencia errónea de que los mercados eran personas concretas que querían cobrar lo que se les debe, en la actualidad, gracias a internet y a los tertulianos hemos descubierto que se trata de una confabulación del capitalismo para acabar con el Estado del bienestar, una conspiración que ha conseguido vencer la voluntad del presidente de España.
Estamos, por tanto, ante un cambio de paradigma algo así como la demostración de la falsedad de la física aristotélica, gracias a los contertulios de cada pesebre, esos que dependiendo de la cuerda tan pronto rebuznan que Zapatero quiere instaurar un califato musulmán en España como afirman que los sindicatos, esos comunistas de yate para todos, realizan una labor ejemplar en el país.
Ahora los de la trinchera veloz llevan meses advirtiéndonos que quienes de verdad gobiernan el mundo son los mercados, gente que nadie ha elegido, un grupo de personas que unidos a Angela Merkel se atreven a no querer comprar la deuda española y solo adquieren la del país que estiman más segura.

Con dos cojones.

Lamentablemente la jauría de lobos neoliberales que niega la financiación a los PIIGS no existía en el s.XVI, entre otras cosas porque el capitalismo aún no había hecho acto de presencia en el mundo ¿Cómo explicar que en la corte de Enrique II surgiesen los mismo problemas que en la actualidad? La respuesta es obvia:

“Porque la situación es diferente”

Ese es el argumento que se ha dado cada una de las 13 veces en que España ha incurrido en bancarrota, la misma por la que que Rusia suspendió pagos con el Zar, los comunistas o tras adoptar el capitalismo, la misma explicación que los diferentes gobiernos griegos que entraron en “default” arguyeron:

“El corrupto régimen X ha sido un desastre para mi país por eso no le pagaron pero déjeme el dinero que le pido porque yo soy diferente y yo si lo voy a hacer”

Ha sido tantas veces “distinto” en la historia del mundo que C. Reinhart y K. Rogoff dedicaron un libro (imprescindible) a todos los procesos de suspensión de pagos acaecidos desde el s. XIV en los que se blandía esa excusa.

El manual, obviamente, se titula “This time is different”

El número de “defaults” varía entre países. España, el inventor del concepto moderno de deuda y la primera nación en quebrar (para que luego haya que oír críticas a la falta de impulso innovador en la fértil tierra de Isaac Peral) repitió el desastre 12 veces más.
En las décadas que van desde la Segunda Guerra Mundial a nuestros días el récord lo comparten, en dura pugna, Argentina y Nigeria con cinco, mientras que Venezuela, Grecia y Uruguay mantienen una media disparatadamente alta para ser naciones con menos de dos siglos de vida independiente.

Han incurrido en default incluso países que jamás existieron, como prueba el rocambolesco caso de la República de Poytais, una falsa nación centroamericana del que un militar escocés (Gregor McGregor) se proclamó rey en el s. XIX consiguiendo que miles de sus conciudadanos le compraran tierras, empleos de funcionario en la administración o incluso deuda, el timo alcanzó tales dimensiones que McGregor vio como sus cuentas ingresaban el equivalente al 20% de las letras del tesoro de Brasil.

La principal causa que permite que alguien que arruina a un país pueda mantenerse en el poder es el seguidismo ciego a la ideología que lo causó (monarquía / comunismo / socialdemocracia / neoliberalismo), tanto es así que algunos de los timados por McGregor a pesar de haber perdido los ahorros de su vida y visto morir a 2/3 de los que emigraron a ese país de fábula llamado “Poytais” continuaban excusándolo a su vuelta a Escocia.

Incluído un padre que había perdido a sus hijos gracias al engaño de ese buscavidas.

Los ciudadanos defienden a sus colores y a sus líderes como los miembros de una religión a su Dios.

La excusa siempre es la misma: “Es diferente, los anteriores no eran verdaderos cristianos / peronistas / comunistas / musulmanes / X…porque el verdadero cristianismo/comunismo/peronismo es amor, paz, bienestar, igualdad, paraíso, los pajaros cantan las nubes se levantan y en un país comunista/neoliberal/cristiano/musulman/ cada-ciudadano-tiene-una-briana-banks-que-le-hace-felaciones-perfectas-y-diarias”

Pero, volviendo a la historia inicial, al momento en el que el rey Enrique II de Francia trata de convencer a sus acreedores de que él no es como el monarca español, centrémonos ahora no en lo que era diferente sino en lo que era igual a la Celtiberia del 2010:

 a) Enrique II I mostró su voluntad de pagar pero no la de realizar las reformas necesarias para que eso fuera posible, todas las que se atrevió a tomar llegaron tarde y fueron titubeantes.
 b) Las contabilidad francesa era opaca y tenía más apaños que los números de una Comunidad Autónoma.
 c) El fraude fiscal estaban generalizado, los más ricos (nobles y clero apenas contribuían)
 d) Enrique II era un gobernante con una visión cortoplacista de los problemas, lo que conducía a que en lugar de resolverlos simplemente se retrasaban lo que acabó causando un efecto “bola de nieve”.

Francia no superó sus fallos estructurales hasta la revolución de 1789 en la que fueron abolidos los privilegios, se creó un sistema eficiente para mejorar la recaudación y se introdujo un modelo modernizado que pudiese controlar los gastos del gobierno.

Inglaterra hizo lo propio en 1688 reformando el parlamento para fiscalizar las acciones del rey.

En España, en cambio, sabemos que los problemas de financiación no son causados por una gestión ineficiente sino por el acoso de los mercados y por las recetas impuestas desde la Unión Europea a causa del empecinamiento fascista de Angela Merkel.

Solo el criminal comportamiento del neoliberalismo salvaje puede explicar por qué los acreedores tienen miedo. Lo que buscan no es cobrar, lo que buscan es poner a sus pies a una brillante nación liderada por Francisco Camps, Rodríguez Zapatero y Pepiño Blanco. ¿Al fin y al cabo qué inversor en su sano juicio prefiere comprar deuda de un país como el Reino Unido que no ha entrado en suspensión de pagos desde 1594 en lugar de la de otro que tiene como ministra a Leire Pajín?

No debería  preocuparles el pasado histórico de España ni su récord mundial de quiebras, tampoco la profesionalidad de los que llevan el mando ni su pragmatismo.

No debería porque esta vez “es diferente”.

¿Aquí no hay nada que investigar?

¿Aquí no hay nada que investigar?

Viernes, 29 de Abril de 2011

Publicado en Sistema Digital el 29 de abril de 2011

Con fecha 13 de abril se publicó en Estados Unidos el informe del Senado sobre la crisis que lleva como explícito título  “Wall Street y la crisis financiera: Anatomía de un colapso financiero”.

No se puede decir que en sus 652 páginas se encuentren informaciones sustancialmente novedosas o más relevantes que las ya sabidas para conocer las causas de la crisis pues las investigaciones y análisis que se han venido realizando hasta ahora han desvelado ya con suficiente claridad lo que ha ocurrido.

Incluso basta con ver el documental Inside Job para que cualquiera pueda hacerse una idea veraz y rigurosa del modo en que se urdió la colosal estafa de los bancos y los grandes poderes financieros que dio lugar a la crisis.

Pero, al menos, es justo reconocer que el Senado estadounidense ha proporcionado una información interesante que viene a corroborar que lo sucedido no puede considerarse ni mucho menos como un simple accidente ni como algo inevitable sino como la consecuencia de la pasividad de las autoridades, de fallos buscados en la regulación y de la degeneración del negocio financiero que los bancos habían promovido en los últimos años para satisfacer sin límite su sed de beneficios.

Y, sobre todo, hay que apreciar el mero hecho de que se haya tratado de investigar lo que ocurrió, manifestando así el interés por mostrar al pueblo que una institución que lo representa se sentía concernida por los hechos que han producido tanto daño económico y personal. Se pueden valorar de cualquier forma sus conclusiones, que, obviamente, no pueden ser ajenas al abanico de intereses que siempre envuelve la tarea legislativa en aquel país, pero el hecho de que Estados Unidos pueda mostrar al mundo que su Senado se propuso investigar lo sucedido debería llevar a reflexionar sobre lo que ocurre en otras latitudes.

Sin ir más lejos, el caso español es bien significativo.

La crisis nos ha producido uno de los impactos más fuertes. Mantenemos los registros más altos de nuestro entorno en aspectos tan vitales como el desempleo, el paro juvenil, la pobreza, desigualdad, universitarios subempleados, fracaso escolar, endeudamiento familiar, empresarial y bancario… y  también batimos record por lo bajo en gasto educativo, en I+D+I, en el dedicado a políticas familiares, o en niveles salariales.

Mientras que, al mismo tiempo, aquí circulan la tercera parte de los billetes de 500 euros, las grandes empresas abominan del Estado pero viven de él y usan el poder que eso les da para hundir a los miles de pequeños y medianos empresarios que son los que crean el empleo, nuestros bancos son los más rentables del mundo financiando el mayor volumen de viviendas del planeta que en mayor proporción que en ningún otro lugar no son habitadas por nadie…

En los juzgados españoles comienzan a  acumularse miles de demandas contra los bancos que ponen de relieve que éstos han engañado a sus clientes ofreciéndoles productos especulativos muy arriesgados de tapadillo (clips, swaps,…) y como si fueran bicocas financieras.

Miles de personas de todas las categorías sociales,  albañiles, viudas, pensionistas, amas de casa, catedráticos de universidad… han perdido miles de euros en manos de los bancos sin saber ni siquiera por qué y sin que ahora puedan hacer nada para recuperarlos porque el Banco de España hace la misma vista gorda que antes para proteger a los bancos en cuya patronal o consejos de administración se sentarán muchos de sus directivos cuando acaben su mandato de supervisores “independientes”, como ha venido sucediendo hasta ahora.

Los bancos españoles han estado haciendo el negocio de su vida alterando durante años artificialmente el precio del suelo y de las viviendas para que de esa forma tuviese que aumentar la demanda de créditos,  respondiendo a ello multiplicando su oferta (su negocio) sin respetar los principios elementales de prudencia y responsabilidad, y provocando al final un endeudamiento que asombra al mundo y que nos pone al pie de los caballos a la hora de refinanciarlo.

Y mientras que hacían ese gigantesco negocio, urdían al mismo tiempo los hilos para generar una estructura de mercados aún más oligopolista controlando no solo más bancos sino más empresas industriales y de servicios, o incluso universidades y más medios de comunicación para ir parapetándose en un poder político y social decisivo que no renuncian a visibilizar siempre que se da la ocasión, sea diciéndole al rey lo que se debe hacer con España, aunque eso sea a costa de saltarse a la torera la constitución, sea llenando los centros universitarios de sucursales bancarias, o bordando sus logos en el mismísimo manto de la Virgen del Pilar, como hizo el inefable Emilio Botín para que se advierta que la influencia que le da su capital va incluso mucho más lejos de los avatares de este mundo.

Pero nada de eso parece que llame suficientemente la atención. Nada parece que haya tenido que ser investigado para determinar si todo ello se hubiese realizado, como la inmensa mayoría de la ciudadanía sospecha con todo realismo, saltándose leyes, cometiendo delitos, manipulando los mercados y soslayando los intereses nacionales a cada instante.

El presidente de la Junta de Andalucía reconocía que se practicaba terrorismo financiero con España pero no propuso ni una sola medida para hacerle frente. Las agencias de calificación han manipulado los mercados para alterar el precio de las cosas, después de haber engañado a medio mundo dando por buenos los negocios bancarios con las hipotecas basura, pero solo han sido unas cuantas asociaciones civiles las que han denunciado su comportamiento ante los juzgados. Los inspectores del Banco de España acusan a sus directivos de no hacer nada para impedir el desastre que luego se nos vino encima pero nadie hace nada por saber más del asunto y exigir responsabilidades.

Ninguno de estos comportamientos, entre otros muchos que es imposible mencionar aquí, ha parecido ser sospechoso para las docenas de legisladores españoles con capacidad para poner en marcha comisiones de investigación parlamentarias que con todos los medios y legitimidad pudieran haber determinado qué es lo que de verdad ha pasado en España para que al final los ricos terminen siendo más ricos, los bancos que provocaron la crisis más fuertes y poderosos haciendo lo mismo que antes pero dominando ahora un segmento aún mayor del mercado, mientras que los daños de sus despropósitos y crímenes financieros los tenemos que pagar los ciudadanos de a pie.

Ni a los poderes públicos ni a los legisladores parece que les llame la atención el hecho de que sean las grandes empresas que dominan los mercados y a las que no ha afectado la crisis las que terminan ganando aún más dinero logrando que los gobiernos recorten cada día más derechos sociales.

Y ni siquiera a los parlamentarios que sostienen un gobierno legítimo elegido por más de diez millones de españoles parece que les duela nada al ver que su presidente es extorsionado por los mercados, es decir, por los banqueros y financieros que junto con la gran patronal han provocado la crisis, que se le culpe de los desastres que éstos han producido, que se le insulte hasta la saciedad achacándole destrozos que de ninguna manera son de su responsabilidad y que quede en una situación verdaderamente patética de sumisión ante todos ellos porque los suyos no levantan la voz para defenderlo como debieran y para hacer que sus votantes y simpatizantes entiendan lo que de verdad ha ocurrido con la economía de nuestro país.

Al revés. En lugar de tratar de poner de relieve lo que realmente ha ocurrido, la gran mayoría de los parlamentarios de quienes cabría esperar respuestas progresistas se han acomodado en silencio cerrando filas esperando que escampe de la mejor manera posible para cada uno de ellos y han dejado solo al gobierno que, para colmo, en esas condiciones tampoco ha podido o no ha querido, quién lo sabe,  decir la verdad y enfrentarse con valor a los poderes que se han empeñado en destrozarlo.

Y preso de ellos, para visualizar ante la sociedad que se hace frente a la crisis, el presidente del gobierno sienta a su mesa a los bancos y empresas que la han producido, a las que exigen que se aumente la edad de jubilación y sin embargo quieren prejubilar a miles de sus empleados cuando ganan miles de millones de euros, a las que más empleo destruyen, a las que más impuestos defraudan, a las que utilizan los paraísos fiscales para evitar contribuir al progreso del país que dicen querer sacar adelante, a las que tienen consejos de administración presididos por quienes solo se han salvado de ser delincuentes convictos gracias a retrasos judiciales que permiten que puedan prescribir sus conductas penalmente reprobables, a las que más riqueza natural destrozan, a las que han cometido más atentados urbanísticos, a las que se van a Marruecos o Mauritania para poder contratar mujeres o niñas por unas pocas rupias y sin contrato.

Aquí no hay nada que investigar, no hay responsabilidades que depurar y el gobierno y el partido que lo sustenta incluso se sienten satisfechos de la generosidad con que conceden canales televisivos a la extrema derecha o se financian los púlpitos desde los que se tergiversa la historia para extender por todas las esquinas del país la idea de que ZP es la causa de todos nuestros malos, la infamia que pregonan sin cesar para ocultar la responsabilidad de los auténticos causantes del desastre.

Es lo que pasa cuando cunde el cesarismo y se renuncia a situarse incómodamente contra la corriente, y a investigar y a promover la información y el debate colectivo sobre nuestra historia.

http://www.juantorreslopez.com/impertinencias/137-articulos-de-opinion-y-divulgacion-2011/2362-iaqui-no-hay-nada-que-investigar

La decisión a la que se enfrenta Alemania, perder o perder

Las Perlas de KikeKike Vázquez

La decisión a la que se enfrenta Alemania, perder o perder

@Kike Vázquez .-ocupa una butaca en la universidad, pero decir sólo eso sería engañoso dada su vocación por la economía y los mercados financieros. Descubre junto a este coruñés las perlas del día, las noticias que más suenan y las que no, pero sonarán. Si te gusta estar bien informado y no te conformas con lo de siempre, prueba con la visión de Kike Vázquez

@Kike Vázquez  –    10/05/2011

Alemania es grande, poderosa, pero no omnipotente. Conviene tener esto muy presente cuando pensamos en la Eurozona y sus eventuales soluciones y problemas, ya que la economía es un juego sin fin, nunca se acaba, por lo que antes o después siempre se está expuesto a perder. Y en el caso que nos ocupa, la grande y poderosa Alemania, a pesar de su apariencia de omnipotencia, se está acercando a ese momento.

En el futuro, si obviamos variantes y matices, tenemos dos escenarios para el euro: uno en el que sobrevive en una forma parecida a la actual y otro en el que deja de existir en favor de otro sistema. Podríamos pensar que en cualquiera de los casos se verán beneficiados, primero porque ellos “mandan” y escogerán lo que más les convenga, y segundo porque tienen una economía indudablemente fuerte y robusta con unos resultados en su industria exportadora envidiados en el mundo entero, por lo que nada mejor para enfrentarse a la incertidumbre de los cambios bruscos. Cierto es que están en una posición mucho más ventajosa que cualquier otro país, pero ello no exime de tener que dar pasos atrás en el futuro, quizá porque cuando estás en la cima es más fácil bajar que seguir subiendo.
Caso “A”.- Bruch der Eurozone: Teniendo en cuenta que media Eurozona está fuertemente endeudada y ve difícil hacer frente a las deudas, podríamos pensar que un escenario de ruptura de la Eurozona les favorece, al fin y al cabo son los que realmente tendrán que pagar la fiesta sin tener aparentemente culpa en ella. Sí, sus bancos están repletitos de deuda periférica pero, ¿qué es mejor salvar a sus propios bancos a toda la Eurozona? No es sencillo decidirse por una de las opciones teniendo en cuenta “costes – beneficio”, el problema, bajo mi punto de vista, es que ese no es el tema crucial.
El tema crucial es que Alemania es grande, poderosa y tiene una potente industria exportadora en gran parte gracias al euro. Si China adultera el comercio mundial con una divisa artificialmente baja, los germanos han conseguido algo parecido con la Eurozona. Juzguen ustedes mismos:
Nadie discute que tengan una magnifica industria, pero puede observarse como la introducción del euro les ha proporcionado unos resultados excepcionales. Tanto que han pasado de ser un país con una cuenta corriente negativa en los años noventa, es decir, que se endeudaban con el exterior al igual que estamos haciendo nosotros, a tener amplios superávits realmente importantes. Creo que no hay duda de que la moneda única les ha venido fabulosamente bien para consolidar la unificación de oriente y occidente en el país.
Me temo que lo que más preocupa a Alemania del fin del euro no es rescatar a su sector financiero, sino quitarle a la economía su actual ventaja derivada de la moneda única.
Caso “B”.- Eurozone Rettung: El segundo caso es rescatar al euro, conseguir que la moneda única sobreviva. ¿Cómo? Ojalá fuese tan sencillo como hacer un plan de rescate como los actuales, pero como se está viendo en Greciaotorgar más deuda no vale para nada si la capacidad de pago no mejora.
Robert Mundell, premio nobel de economía y experto en áreas monetarias óptimas, decía que para que una moneda única funcionase deberían de cumplirse unos requisitos. Junto con la aportación de otros autores se entiende óptima aquella área que presenta movilidad del trabajo, del capital, flexibilidad de precios y salarios y tiene mecanismos de trasferencia fiscal. Podríamos mencionar también el ciclo económico, la diversificación, la apertura comercial… hay varios factores y daría para mucha crítica, no obstante quiero centrarme en las dos cuestiones que están en el candelero para no extenderme: la flexibilidad de los salarios y las trasferencias fiscales.
Alemania argumenta, correctamente, que debemos adaptarnos a la nueva situación, hemos vivido como “nuevos ricos” y ahora es el momento de que ajustemos el cinturón y tengamos unos gastos y deudas en la medida de nuestras posibilidades. El problema es que simplemente bajando más los salarios no vamos a ser lo suficientemente competitivos para revertir la situación actual, es decir, dejar de endeudarnos con el exterior. Con una cifra superior al 20% de desempleo es obvio que nuestros sueldos bajarán, como mínimo en términos reales (hay discrepancias sobre si los ajustes nominales son factibles o no), pero nuestro objetivo debe ser el desarrollo de nuevos productos, la innovación, porque si lo que se produce es un empobrecimiento, ¿quién pagará las deudas que tenemos?
De lo que acabo de mencionar se habla mucho, porque parece obvio y porque es el debate que a Alemania le interesa, pero la solución verdadera a la crisis del euro son las trasferencias fiscales. ¿Qué tipo de trasferencias? Aquella que permita a un país en problemas recibir de alguna forma ayuda.
Ante los primeros síntomas de crisis G. Soros saltó a la palestra para decir que la respuesta eran los “eurobonos”, es decir, bonos emitidos por la Eurozona en su conjunto o incluso por un área aún mayor. Al principio no veía la causa y efecto muy clara, pero tras pensarlo detenidamente solo pude darle la razón. Una parte importante del superávit comercial alemán de la última década se debe a los periféricos, dicha situación no se da solo porque “ellos sean muy listos y nosotros muy tontos” sino porque nuestra zona monetaria presenta asimetrías no resueltas que provocan desequilibrios. Para solucionarlo la única forma es que a la vez que eso se produce exista una trasferencia de quien se enriquece a quien se empobrece, de quien se beneficia a quien se ve perjudicado.
Para entenderlo solo hay que pensar en España, nuestro Estado funciona porque hay redistribución, si eso no ocurriese se darían tales discrepancias territoriales que acabarían por romperla. Ojo, eso no quiere decir que quien más produce no se deba beneficiar más, el que gana se lleva “100” y el que no “20”. Tampoco quiere decir que dicha ayuda sea gratis y desinteresada, debe ser siempre a cambio de reducir las asimetrías, de hacer reformas, de eliminar la corrupción y la subvención injustificada. Llámele España, llámele Europa.
Viendo esto podríamos pensar que los rescates actuales son por tanto beneficiosos, pues es dinero que va de “A” a “B”. Nada más lejos de la realidad, con las condiciones impuestas se provoca la recesión en el país intervenido, y sin crecimiento más deuda no sirve de nada. Para que funcione un rescate el tipo de interés debe ser inferior al crecimiento nominal de la economía, solo así el ratio deuda / PIB puede disminuir y por tanto verse mejoras. Debe incidirse no solo en terminar con privilegios locales, la clave está en favorecer la competitividad y por tanto el crecimiento futuro a la vez que se ofrecen unos tipos de interés ventajosos por ejemplo de los “eurobonos”.
Ese es solo un ejemplo de trasferencia, aunque las preguntas al final son: ¿Puede la periferia realizar las reformas necesarias para ser competitiva? ¿Está Alemania dispuesta a tener competencia comercial en el seno de la Eurozona aún encima apoyada y subvencionada por ella misma? ¿Merece la pena eso a cambio de disfrutar de una divisa más baja de lo que correspondería? La decisión para los germanos, sea cual sea, es perder o perder. Aunque claro, ojalá nosotros estuviésemos en su misma tesitura.

HISTORIA del FMI

Historia del Fondo Monetario Internacional (FMI)

 

Rodrigo Rato (marzo de 2007) : “Los hedge funds aportan beneficios obvios: han añadido liquidez al mercado y han ayudado a transferir el riesgo a una variedad mucho mayor de inversores dispuestos a asumirlo. En ese sentido han contribuido a la estabilidad y también han ayudado a reducir la ineficiencia de los mercados”

Marta Harnecker: “El problema de la “democracia” actual es que la mayoría de las decisiones importantes no se toman en la sede de los parlamentos o de los gobiernos, sino en las del FMI, el BM, el Banco Central Europeo, la Comisión Europea, … , cuyos miembros obedecen las directrices de las grandes corporaciones.”

En Islandia el FMI ha sido sometido a referendum y los islandeses han votado con un rotundo “NO“. España está a punto de ser “rescatada”. La capitalización de las cajas-banco con cargo a fondos públicos (quien sino va a adquirir acciones de entidades quebradas) podría precipitar los acontecimientos. El F.M.I. es la agencia ineternacional especializada en este tipo de “rescates” y ha participado en los rescates de países del este, Islandia, Grecia, Irlanda, … y de hecho está participando en el diseño del ajuste “pre-rescate” ibérico. El “pack” habitual consiste en reducir el empleo y los sueldos del sector público, instituir el “co-pago” en la sanidad pública, la educación y los productos farmacéuticos, racionalizar (sic) las camas de los hospitales públicos, privatizar de activos públicos, … En Grecia están sugiriendo que el estado venda sus playas.


El FMI, según noticias recientes, ha practicado una “demoledora auditoría interna” que analiza el comportamiento del FMI ante la reciente crisis financiera. El informe “disecciona” precisamente los años en los que Rodrigo Rato, actual presidente de Caja Madrid, fue su director general (2004 hasta el 2007) .

Puestos a “auditar” y a “diseccionar” veamos con más detalle cual ha sido la tenebrosa historia del Fondo Monetario Internacional, institución que tubo el honor y el placer de dirigir nuestro insigne y neoliberal compatriota, y que todo apunta a que se va ha convertir en algo muy cercano y cotidiano para los españoles de la década que acabamos de iniciar.

Origen del FMI – BM

La segunda guerra mundial evidenció la ferocidad autodestructiva del capitalismo. Tras 15 años de depresión los gurus del neoliberalismo se escondían bajo las piedras, el sistema se disfrazaba (Estado del bienestar) frente al peligro de revolución social y se lanzaban proclamas por una reconstrucción de la economía mundial sobre bases más estables y justas.

En 1944 se celebró en Bretton Woods, un pequeño pueblo del estado norteamericano de New Hampshire, una conferencia dónde se discutió sobre la manera de establecer alguna clase de normativa monetaria internacional para evitar una nueva espiral depresiva como la de los años treinta.

En Bretton Woods nacerían dos instituciones hermanas (el FMI y el Banco Mundial) cargadas inicialmente de buenas intenciones pero que en el curso de los años mutarían en organismos degenerados de destrucción masiva.

La 1ª etapa del F.M.I (1945-1971)

La misión original del FMI fue la de asegurar la estabilidad del sistema financiero mundial (implicaba el reconocimiento de que las instituciones financieras y “los mercados”, desregulados y especulativos, tendían a desestabilizar el mismo sistema financiero y el conjunto de la economía). Así pues, su propósito inicial incluía la domesticación y la regulación a escala global y nacional del sistema financiero.

La crisis y la guerra habían destruido la moneda internacional. Así como durante la guerra civil española se cambiaban pollos por aparatos de radio, en el comercio internacio­nal de la posguerra pasaba el mismo. Sólo el oro era aceptado como moneda, pero de oro había poco y casi todo estaba en los EEUU.

En las conferencias previas a Bretton Woods, J.M. Keynes, como representante de Inglaterra y, por extensión, de la mayoría de naciones endeudadas, proponía la creación de una moneda internacional, el bancor, controlada por una autoridad financiera mundial, para facilitar la expansión del mercado mundial y frenar la peligrosa tentación especulativa.

Al final, sin embargo, triunfó la opción egoísta del Dep. del Tesoro norteamericano, defendida por Harry Dexter White. El FMI sería un fondo de monedas internacionales constituido por las cuotas aportadas por los países miembros. Los países más ricos son los que más ponen y son los que dirigen el organismo, puesto que el poder de voto está en relación a la cuota aportada. EEUU detenta el 17,5% y como es preciso el 85% de votos para sacar adelante una propuesta, EEUU tiene poder de veto.

El FMI se convertiría en una agencia internacional controlada desde Washington y el sistema monetario internacional no se basaría en el bancor sino en el dólar que sustituiría a la libra como moneda mundial.

Los países miembros del FMI se comprometían a mantener fijas las paridades de sus monedas. En caso de desequilibrios los tipos de cambio podían ajustarse (por ejemplo devaluar) pero siempre de una forma negociada en el seno del FMI. Los tipos de cambio se anclaron al dólar convertible en oro a razón de 35$/onza.

Eran los bancos centrales los encargados de mantener las paridades fijadas interviniendo en el mercado de divisas (forex) armados con sus reservas de divisas. Cuando un banco central agotaba sus reservas de dólares (por ejemplo porque su país ha importado por valor superior del que ha exportado, está en déficit y su moneda se está devaluando en el forex) el FMI se los prestaba, a cambio de “ciertas condiciones” para disminuir el déficit exterior, aceptando como garantía el equivalente en moneda del país con problemas (giro). No era preciso acudir a “los mercados”.

El Plan Marsall, otro tipo de “plan de rescate”

En 1947 Europa se hallaba al borde del caos. Los países tenían que importar bienes para sobrevivir a la gran destrucción de la guerra y no disponía de medios de pago. A parte de la crisis económica, la inestabilidad política amenazaba al capitalismo. Los gobiernos de Francia e Italia se tambaleaban ante la presión de los sindicatos y los partidos comunistas. Inglaterra se veía obligada a retirarse de la India y Palestina y abandonar la lucha contra la insurgencia comunista en Grecia y Turquía.

Las instituciones de Bretton Woods resultaban poco adecuadas e insuficientes ante la magnitud de los problemas y EEUU optó por un plan de ayuda masiva.

El Plan Marshall generaría la liquidez necesaria para la reconstrucción europea (17.000 millones de $ para 16 países) y los pagos por las importaciones procedentes de los EEUU. No fue un plan de rescate con “condiciones”. No fue un plan de rescate para “rescatar” acreedores de casino, fue un plan para que los países beneficiarios pudieran invertir en infraestructuras, servicios públicos, subsidios al desempleo, … Eran rescates “sin condiciones” (en el rescate de Indonesia en 1997 se establecieron nada menos que 140 condiciones para acceder al préstamo).

La recuperación europea y la crisis del sistema de pagos

Entre los 50 y los 60 los países europeos pasaron paulatinamente de importadores a exportadores netos con respecto a los EEUU. Los productos europeos (y luego los japoneses) con frecuencia resultaban mejores y más baratos que los norteamericanos. A partir de 1958 los principales países de la OCDE habían desmantelado los controles de cambios en operaciones comerciales pero los mantenían cuando se trataba de operaciones de capital (mercados). En 1960 las reservas de dólares en manos de extranjeros superaron las reservas de oro norteamericanas.

La estabilidad monetaria se había convertido en un problema para la competitividad de la economía norteamericana. Mantener el patrón dólar-oro hubiera implicaba cierta estabilización en los EEUU en orden a aumentar su competitividad (lo que hoy denominamos una devaluación interna).

Una vez acabado el boom de la posguerra el capitalismo veía asomar de nuevo el fantasma del estancamiento y la depresión. La deuda y la financiarización iban a convertirse en la alternativa y el combustible necesario no podía ser otro que el dólar liberado de su vinculación al vil metal.

La 2ª etapa del F.M.I.

La regulación del sistema y el periodo de relativa estabilidad financiera acabó con el Acuerdo Smithsoniano de 1972. El dólar dejó de ser convertible (se devaluó) y la flotación (oferta-demanda en el forex) reemplazó al sistema de tipos de cambio fijos, es decir, los bancos centrales dejaban de intervenir de oficio con sus reservas de divisas, aunque en la práctica -flotación sucia – siguieron interviniendo para “orientar” la evolución de sus tipos de cambio.

En el caso europeo la libre flotación equivalía a un desbarajuste comercial, por lo que los miembros de la CEE a intentaron mantener un sistema de tipos fijos en Europa – la serpiente monetaria – previo a la posterior unión monetaria.

A partir de las crisis monetarias de los 70 los objetivos de control y estabilidad de Bretton Woods se aparcaron definitivamente mientras se imponía de nuevo la desregulación financiera, la libertad absoluta para los movimientos de capital, la proliferación de los paraísos fiscales, las compras y fusiones transfronterizas, la aparición de sofisticados productos financieros, la privatización de lo público, … Las grandes multinacionales y conglomerados financieros cabalgaban de nuevo y gobiernos, agencias e instituciones, se sometían a la deriva conocida desde 1989 (según definición de John Williamson) como el “Consenso de Washington“.

Los organismos y agencias internacionales serán asaltados por un ejército de mercenarios a nómina de los grandes grupos empresariales. Las oficinas de lobbying pasarán a convertirse en anexos permanentes y los ejecutivos de los grandes grupos multinacionales en los verdaderos gerentes del FMI – Banco Mundial, de la Comisión Europea, de los organismos de las Naciones Unidas, …

Se atacó el supuesto “tercermundismo” de la ONU y sus agencias. En 1974 la Asamblea General había adoptado la Carta de los Derechos y Obligaciones Económicas de los Estados, que salvaguardaba, entre otras cosas, el derecho de los gobiernos a “regular y ejercer su autoridad sobre las inversiones extranjeras” así como “regular y supervisar las actividades de las empresas multinacionales” y reafirmaba el derecho de los estados para “nacionalizar, expropiar o transferir la propiedad de los inversionistas extranjeros”. La Carta venía acompañada de un “Código de Conducta para las Empresas Transnacionales” y la creación de un Centro de Estudios de la Empresa Transnacional en aras a posibilitar el control público y democrático de las mismas.

Los lobbystas de EEUU y el Reino Unido no pararon hasta conseguir la anulación de la Carta, el Código y el Centro de Estudios y en los 90 intentarían imponer el prepotente y ultraliberal Acuerdo Multilateral de Inversiones (AMI), una especie de Carta para la hegemonía plena y absoluta de capital transnacional, dejando a cero todo posible control democrático de las actividades de las multinacionales, una verdadera conspiración internacional llevada en el más absoluto secreto hasta que se publicó en internet una copia del borrador en 1997 que desató una fuerte campaña internacional de oposición que obligó a retirarlo.

Por otro lado, todo un conjunto de funciones propias de la UNCTAD, OIT, UNESCO, OMS, fueron intervenidas por el tándem BM – FMI, de forma que los temas de sanidad, educación, seguridad social, … pasaran a ser moneda de cambio neoliberal en orden a allanar el camino a las grandes corporaciones multinacionales.

Así pues, el tándem FMI-BM adquiriría en esta nueva etapa un rol cualitativamente nuevo y en las antípodas del objetivo inicial en el momento de su creación. Se convirtieron en el mejor instrumento para hacer prevalecer a toda costa los intereses de las multinacionales, la expansión de la financiarización y la especulación. De policía financiero a policía corrupto al servicio criminal de los mercados especulativos.

El FMI y la espiral de la deuda externa. Las “terapias de choque”

En 1974 se cuadruplicó el precio del petróleo. El petróleo pasaría a ocupar el lugar del oro como respaldo a la divisa norteamericana. Las petroleras y Washington (Kissinger) imponían unas nuevas reglas de juego que catapultarían al cartel bancario Wall Street – Londres al puesto de primer actor económico mundial.

A lo largo de la década de los 70 los bancos del norte, con enormes excedentes de dinero debido a las hinchadas cuentas de petrodólares depositados por los países exportadores de petróleo en el mercado de eurodólares (mercados financieros extraterritoriales desregulados), ampliaron el negocio hacia al sur en busca de superbeneficios. Los préstamos exigían el aval del estado del país receptor y se hicieron sin garantías claras (los préstamos se hacían “sindicados”: participaban varios bancos – en algunos casos hasta 500 – en cada sindicato con lo cual la sensación de seguridad “sindical” era la otra cara del descontrol de la avalancha en la que muchos de los bancos prestamistas no sabían muy bien a quien estaban prestando).

El tándem financiero Wall Street-Londres “reciclaba” los petrodólares que los miembros de la OPEP depositaban en sus cuentas “offshore”, prestándolos, a suculentos tipos de interés, a los países consumidores de crudo. La espiral de la deuda mundial había empezado y el BM y el FMI se preparaban para asumir su nuevo rol como garantes del casino financiero, policías del capital especulativo y guardias de asalto y saqueo de los activos y bienes públicos del planeta.

A finales de los 70 la crisis económica se generalizó haciendo bajar en picado el precio de las primeras materias que producían los países pobres.

Cuando la situación económica empeoró en los EEUU, con los sucesivos choques petroleros y síntomas claros de problemas de sobreproducción con estancamiento de la inversión y el consumo, el gobierno de Reagan ordenó una subida de los tipos de interés norteamericanos (hasta el 20%) para atraer los fondos que necesitaba para compensar los crecientes déficits por cuenta corriente.

Esta retirada de capitales tendrá consecuencias funestas para Hispanoamérica y África. En agosto de 1982 estalló la crisis de la deuda cuando países como México, Brasil o Perú se declaraban insolventes y Argentina se tambaleaba. El Plan Baker, orquestado por el FMI, obligó a 15 naciones endeudadas a abandonar sus planes de desarrollo y a privatizar sus activos y bienes públicos a cambio de facilidades en la devolución de su deuda.

El BM y el FMI evitaron la quiebra de los bancos implicados (los bancos acreedores tenían una exposición que doblaba su patrimonio neto). Actuaron como gendarmes financieros de los ricos operando como cobradores internacionales de morosos, obligando a los países implicados a socializar las deudas privadas y generar excedentes que pudieran ser transferidos a los bancos, es decir hipotecando las economías y las exportaciones de los países del tercer mundo para asegurar el reembolso de la deuda externa. Para América Latina sería la década pérdida. La pobreza y la miseria de naciones enteras a cambio del salvataje de la banca del vecino norteño orquestado por el staff del FMI.

Pero además, el FMI y el BM, convertidos en agencias de las multinacionales, aprovechaban la ocasión (terapia de choque) para desmembrar las economías “rescatadas” ofreciendo los despojos a las corporaciones multinacionles que pasaban a controlar la banca, las industrias extractivas, los monopolios públicos, la distribución comercial, …

Las políticas de ajuste estructural (PAE) obligaban a eliminar los subsidios para alimentos básicos, elevar las tasas de interés, suprimir regulaciones sobre movimientos de capitales externos, adelgazar o eliminar servicios públicos, bajar aranceles, y reducir sus presupuestos, todo con el objetivo de reconvertir las economías en plataformas exportadoras de las multinacionales. El FMI obligó a Tanzania a cobrar por consultas en hospitales y por aceptar niños a las escuelas. Como consecuencia, las consultas en los hospitales cayeron en un 53% y la tasa de analfabetismo creció de forma dramática.

Los índices de pobreza y desigualdad se dispararon pero con el inestimable apoyo de teóricos como el afamado ex-anarquista John Turner (Housing py People: Towards Autonomy in Building Environment, 1976) que promovían programas anarco-neoliberales (sic!) de auto-ayuda para los chabolistas (legalización y titulación de urbanizaciones ilegales, autoconstrucción de inmuebles, micro-empresas, micro-créditos, etc) que demostrarían la habilidad de los pobres para salir de la miseria por ellos mismos y la incompetencia de los planes de vivienda pública, el tándem FMI-BM procedía impertérrito a desviar todo el peso de los ajustes sobre los más débiles.

El resultado es el mundo al revés: los países pobres suministrando “ayuda” para financiar el crecimiento de los países ricos. Entre 1983 y 1990 los países ricos recibieron “ayudas” financieras proviniendo del 3r mundo equivalentes en términos reales a dos veces el celebrado Plan Marshall.

En 1985 empezó una nueva etapa en la que la transferencia de recursos de los pobres hacia los países ricos se aceleró. El F.M.I. y el B.M. empezaron a exigir el reembolso de sus propios préstamos. Como buenos banqueros el F.M.I. y el B.M. quieren obtener beneficios de su actividad en el 3r mundo. Se trataba de que fueran los mismos países pobres los que financiaran los préstamos a otros países pobres.

Vivimos en un mundo global en el que se considera normal que países pobres como Uganda gasten doce veces más per cápita en devolución de la deuda que en sanidad pública, en medio de una crisis de SIDA que afecta a más del 40% de los menores de 40 años.

El FMI y las ONGs

Si todo falla tenemos las ONGs. Los neoliberales tienen muy claro la baza que han de jugar las ONGs. No hay que preocuparse demasiado por las consecuencias de las políticas implementadas por el FMI-BM. Las ONGs acuden inmediatamente como recurso de última instancia. Se ha creado un mercado de la compasión paralelo e intrínseco a la globalización que actúa como válvula de seguridad.

Para los defensores de la desvinculación del Estado respeto la cuestión social, la existencia de las ONGs es la demostración de la bondad del funcionamiento automático del sistema de mercado capitalista. La privatización de los servicios públicos, impulsada por el Banco Mundial en favor de las multinacionales del sector, significa siempre que dejan de ser “públicos” para quien no puede pagarlos. Las ONGs entran en acción para suavizar el impacto de quedar desconectados de la red de transportes, del suministro de agua y luz, de la asistencia sanitaria, de la educación escolar, …

De hecho la instrumentación de las políticas neoliberales actúa en forma de pinza: Propuestas bien documentadas desde arriba (FMI, BM, etc) y propuestas implementadas desde abajo (micro proyectos, micro créditos, micro empresas, … de las ONGs)

El Banco Mundial bajo la presidencia de James Wolfensohn (1995) , promovió la incorporación de las ONGs en su estrategia incorporando sus puntos de vista directamente en el diseño de los PRSP (Poverty Reduction Strategy Papers). En la actualidad una organización como el Banco Mundial, la Fundación Ford o la Fundación Friederich Ebert, trabajan a través de ONGs de primera fila que subcontratan a ONGs sobre el terreno.

El FMI y la transición Rusa

En los 90 el gran hito de la mundialización, dirigida por el tándem FMI-BM, fue la conversión del “2º Mundo” (antiguo bloque soviético) en 3r Mundo con el poco edificante resultado de un incremento escalofriante de la pobreza en la zona (de 14 millones a 170 millones). El FMI se involucró de lleno en la desestabilización y el descontrol concediendo ingentes cantidades de créditos preferenciales que fueron a parar a las cajas del crimen organizado el cual se convertiría en el principal pujador en las manipuladas y fraudulentas subastas de activos públicos que se produjeron tras la bancarrota total del estado.

En colaboración con los economistas de Harvard, en especial el “shock terapista” Jeffry Sachs (que últimamente va de arrepentido), el FMI dictó los términos del ajuste que iban a poner de rodillas al gigante ruso. La consigna fue: “lo más rápido que se pueda”. Abandono de la planificación, venta inmediata de toda la industria estatal, liberalización de los precios, eliminación de los subsidios. El choque fue brutal: En enero del 1992 se levantó el control de los precios en el 90% de los productos y en 1994 tres cuartas partes de las empresas habían pasado a las “manos privadas” de gansters y funcionarios corruptos.

Se cumplían las previsiones del sr. Feffry Sachs . Una nueva clase capitalista había nacido en Rusia. Un poco a lo bestia, hay que reconocer. Se desencadenó un paroxismo febril para robar cualquier cosa al alcance de un patrimonio que unos meses antes pertenecía al conjunto de una enorme nación. Recursos naturales, oro, diamantes, petróleo, gas, bosques siberianos, níquel, cobalto, platino, plutonio, … con la inestimable colaboración del capital foráneo bien informado. La rapiña llegó incluso a la “evaporación” directa, a través de paraísos fiscales, de los mismos fondos de ayuda del FMI.

El mecanismo del saqueo organizado bajo la supervisión del FMI fue el siguiente: a principios de los 90 se creó apresuradamente una bolsa y una serie de bancos privados se apresuraron a registrarse como nuevas entidades operativas. El cleptócrata Boris Yeltsin había llevado el endeudamiento público al paroxismo. Los nuevos bancos prestaron al gobierno con garantía o aval de compañías públicas de gas, de petróleo o de minerales. En cosa de unos meses estos “colaterales” pasaron en masa y a precios ridículos a manos de los avispados banqueros y las mafias que los patrocinaban. La compañía Norilsk Nickel ( la mayor compañía de níquel y platino del planeta) fue adjudicada por 170 millones de $ al banco Oneksimbank. En julio de 2003 su valor era de 53.000 millones.

A mediados de los 90 la nueva “burguesía roja” había acumulado más de 150.000 millones de $ en cuentas en bancos extranjeros y propiedades residenciales.

En el primer año de la “reforma” la producción industrial colapsó en un 26%. Entre 1992 y 1996 el PNB ruso cayó un 42% mientras la renta per cápita caía un 40%. El estado ruso en bancarrota dejó de pagar sus sueldos a los maestros y funcionarios. A finales de los 90, tres cuartas partes de los rusos ganan menos de 100 $ al mes y el 30% estaban en la más absoluta pobreza con menos de 2,5 $ al día.


Todos los indicios (denuncias e informes de la CIA incluidos) sobre corrupción galopante, el desvío de los fondos, el fraude y la penetración del crimen organizado en la economía y las instituciones del nuevo estado ruso fueron simplemente aparcados y el FMI siguió reforzando y enriqueciendo a los nuevos “capitalistas” rusos, es decir, financiando el asalto a mano armada de la mafia y la corrupción a gran escala rusas.

El FMI fue la palanca financiera del apoyo del gobierno de los EEUU a la deriva especulativa, inducida por Wall Street, de la transición capitalista rusa. Sin otra consideración que los beneficios a corto plazo, los ciudadanos rusos fueron sometidos a una infernal terapia de choque paralela a una burbuja especulativa que acabaría en desastre en 1998.

La última intervención del FMI, justo antes del crac ruso de 1998, fue utilizada íntegramente por los insiders – rusos y extranjeros – para rellenar sus alforjas con dólares y salir en estampida antes de la debacle.

El 16 de julio de 1998, el FMI, junto al Banco Mundial y Japón, acordaron los términos de un macro préstamo de 17.100 millones de $ al gobierno ruso en un paquete al que se sumarían otros préstamos y que alcanzaría los 22.600 millones de $.

Fue la oportunidad de oro que precisaban los insiders bien conectados para convertir rápidamente sus activos en rublos a dólares. De esta manera el FMI, para salvar a tiempo a una selección de especuladores sin escrúpulos, desencadenó la salida precipitada del rublo que desencadenaría el crac con consecuencias espantosas para la población.

El último préstamo del FMI al cleptócrata Yeltsin desapareció misteriosamente en menos de una semana en una maraña de cuentas numeradas en paraísos fiscales.

La “terapia de choque” en Rusia resultó en realidad un “electroschok” sobre decenas de millones de rusos que fueron reducidos a la miseria mientras la economía rusa colapsaba.

Se trató de una pauperización en masa instantánea sin precedente en la historia. Hoy día el 60% de la población rusa malvive y se muere en la pobreza, sin calefacción, sin esperanza alguna, en un clima extremo en condiciones de chabolismo miserable que retrotraen a las del sitio de Leningrado.

El FMI-BM preparando las hambrunas del siglo XXI

México fue sometido a una sistemática terapia de choque del FMI desde la crisis de 1985 y obligado a entrar en el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (1994) que, entre otros desmanes (México es en la actualidad un estado fallido controlado por las mafias) , significó la total destrucción de las estructuras agrarias tradicionales. México pasó a ser importador neto de alimentos y en particular del maíz producido (a base de subsidios) en EEUU. Además, el desmantelamiento de los controles gubernamentales sobre la distribución la ha dejado en poder de monopolios privados como Cargill con poder para especular con las tendencias del mercado. México es en la actualidad un estado fallido en manos de las mafias cuyo sector más dinámico es el narcotráfico.

Filipinas es un ejemplo de como la restructuración promovida por las terapias del FMI pueden transformar peligrosamente a un gran país autosuficiente en importador neto de alimentos.

Cuando el dictador Marcos huyó del país en 1986 había 900.000 Tm. de arroz en los almacenes gubernamentales. En los años siguientes el FMI impuso un plan de ajuste que implicó una salida de entre el 8 y el 10 por ciento del PIB en pago de la deuda entre 1986 y 1993 mientras que los intereses se comían casi el 30% de los presupuestos públicos.

El recorte de los programas agrícolas fue a la par con la liberalización comercial promovida por la entrada de Filipinas en la Orgnización Mundial de Comercio (OMC). El arroz tailandés y vietnamita, mucho más baratos, entraron en competencia con los productores locales ya muy tocados por la falta de apoyos gubernamentales y que en muchos casos dejaron de producir arroz para producir flores y espárragos para el mercado internacional según los dictados neoliberales del FMI.

La experiencia de México y Filipinas la sufrirían un país tras otro. El objetivo logrado por el FMI y el BM ha sido el de instaurar un supermercado agrícola global de consumidores de élite y clase media, organizado por las multinacionales en régimen de oligopolio como Cargill, Monsanto y Archer Daniels Midland y distribuido por monstruosas detallistas como Wall-Mart, Tesco o Carrefour.

Como en el caso de los medicamentos son los consumidores con tarjeta de crédito los que determinan lo que hay que producir. Mientras las farmacéuticas producen ingentes cantidades de medicamentos superfluos y dejan de lado las enfermedades que afligen a los pobres, la agricultura global produce biocombustibles, carne, frutas tropicales, flores … fuera del alcance de la gran mayoría de la población del planeta.

El FMI y la crisis asiática de 1997

En los 1980s, un crecimiento económico del 7-8% anual se había traducido una mejora notable del nivel de vida de la región del Sudeste asiático. Los “tigres asiáticos” habían disfrutado de su particular plan marshall y de un entorno económico y financiero protegido.

En 1993, el FMI, de acuerdo con el Consenso de Washington y las exigencias de Wall Street, promovió la desregulación y la eliminación de las trabas a los flujos de capital en la zona (no se trataba en absoluto de países necesitados de fondos puesto que la tasa media de ahorro en la zona era de más del 30% de media) que impedían la benefactora globalización. Entre 1994-1997 la penetración masiva de fondos especulativos generó una doble burbuja en las bolsas y el inmobiliario. Justo un mes antes de la crisis el FMI se autocomplacía y regodeaba sobre lo acertado de sus políticas globalizadoras neoliberales.

En 1997 el nivel de endeudamiento alcanzado puso nerviosos a “los mercados”. Pronto se organizaría un rally “shorting” (apostando a la baja) que llevaría a una retirada en masa de la zona.

Soros y compañía se encargaron de traducir el pinchazo subsiguiente en una corrida contra sus monedas para forzar la devaluación y la intervención del FMI.

El FMI forzó a los países asiáticos a eliminar los controles sobre los movimientos de capitales y a liberalizar sus sectores financieros, facilitando la entrada/salida masiva de capital especulativo a corto plazo.

Primero cayó Tailandia, luego Filipinas, Indonesia y finalmente la pieza más cotizada, Corea del Sur. Los hasta entonces prósperos “tigres asiáticos” fueron obligados a devaluar, elevar los tipos de interés, equilibrar los presupuestos públicos, “reestructurar”, privatizar, y desmontar los aún precarios sistemas de protección social. Se perdieron de golpe 24 millones de puestos de trabajo. La contracción brutal del crédito llevó a la bancarrota a miles de empresas.

El FMI subordinó las medidas anticrisis a los movimientos financieros. Alegó que la causa de la crisis era la inflación y promovió el recorte del gasto público y los salarios. Estas medidas convirtieron la crisis en recesión profunda acelerando el colapso de la región. Los miles de millones de dólares suministrados por el FMI no se destinaron a aliviar los efectos de la crisis sino, como es habitual, a cubrir las pérdidas de las instituciones financieras internacionales que se habían salpicado en las corridas especulativas asiáticas.

Horas bajas para el FMI en Latinoamérica

El FMI supervisó el desastre argentino desde 1998 a 2002, que redujo a la mayoría de la población de un país que había sido uno de los más avanzados de América a la pobreza más cruel. Sólo desafiando al FMI y declarando la suspensión de pagos, pudo iniciar la senda de la recuperación.

Gracias a la subida del precio de las materias desde principios del presente siglo, muchos países en desarrollo pudieron acumular reservas de divisas suficientes para no tener que volver a pedir dinero “los mercados” o al FMI. Los nuevos gobiernos latinoamericanos están aprendiendo a financiar sus economías al margen del FMI y de “los mercados”.

Mercosur, el mercado común suramericano, bajo el liderazgo de Brasil, ha puesto freno al intento norteamericano del Área de Libre Comercio de las Américas. La Alternativa Bolivariana para América Latina (ALBA) promueve no solo solidaridad regional sino transformación social basada en fundamentos y objetivos socialistas. Los países del MERCOSUR y ALBA han creado el BANCO del SUR como una alternativa financiera solidaria al FMI-BM y sus políticas.

En 2005, el 80% de los préstamos del FMI eran soportados por América Latina . En la actualidad esta proporción se ha reducido al 1% de la cartera global de prestamos de este tenebroso organismo.

A parte del Banco del Sur se están entablando negociaciones para constituir un área monetaria latinoamericana en la que el comercio interregional de la zona utilizaría las monedas de los países implicados con el eventual objetivo de la creación de una moneda común para la región.

El FMI y los países del este: Salvando bancos ludópatas a costa de fondos públicos.

El 15 de septiembre de 2008 caía Lehman Brothers y los mercados financieros se congelaron. A primeros de octubre Ukrania, Letonia y Hungría llamaban a las puertas del FMI. La crisis volvía a obedecer a circunstancias parecidas a las de la crisis asiática (1997-99). Entradas masivas de capitales especulativos que habían generado burbujas inmobiliarias y bursátiles. Entre 2005 y 2008 el volumen del crédito exterior absorbido por la zona se multiplicó por tres disparando los beneficios de la banca implicada.

La diferencia con respecto a las crisis latinoamericana o asiática era que la mayoría de los bancos de la zona son filiales de la gran banca europea occidental.

La Comisión Europea (al servicio de la banca especulativa pillada en el enredo) se apresuró a colaborar con el especialista en rescates y se ampliaron las cuotas para aumentar sus recursos. Había que evitar, a cualquier precio, la caída de alguno de los bancos del oeste europeo implicados en la vorágine especulativa de hacía unos meses. La Comisión cofinanció los programas para Hungría, Rumanía y Letonia en los cuales el riesgo bancario era más grave y el Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo y el Banco Europeo de Inversiones también arrimaron el hombro. Se trataba de “recapitalizar” con ayudas y fondos públicos a las entrampadas filiales de la gran banca europea en Europa del Este.

La crisis de las hipotecas subprime se había transmutado en crisis de países subprime penetrados por la gran banca europea. Los bancos implicados son: Raiffeisen Zentralbank de Austria (Bulgaria) , Swedbank of Suecia (estados bálticos) , Société Générale de Francia, Unicredit de Italy, KBC de Bélgica, Bayern Landesbank de Alemania, entre otros. La banca suiza aunque no instaló sucursales en la zona, participó de lleno en la movida con un riesgo que ronda el 50% del total en Hungría y Polonia.



El coste del ajuste, como siempre, iba a recaer en las clases más pobres: reducir el empleo y los sueldos del sector público (Letonia: – 23,7%, Estonia y Lituania: 20%)) , institución del co-pago en la sanidad pública y los productos farmacéuticos, racionalización (sic) de las camas de los hospitales públicos, privatización de activos públicos, reducción de las pensiones, subida del IVA, … Las caídas del PIB en 2009 serían de 2 dígitos en muchos de los países rescatados y las esperanzas de recuperación en los próximos años son quasi nulas en toda la zona. Letonia ha perdido al 17% de su población más preparada que ha emigrado en busca del empleo y sueldo. En toda la zona se está produciendo un descalabro demográfico sin precedentes.

El FMI en Irlanda

Durante las últimas dos décadas la República de Irlanda fue considerada como el paradigma del neoliberalismo. Entre 1993 y 2000 el PNB creció a una media del 9% anual.

Desde principios de los 90 Irlanda ofrecía dos sustanciosas ventajas a las empresas. Pertenencia a la UE y el 10% en el impuesto de sociedades. Las multinacionales (informática, farmacéuticas, electrónica, …) se convirtieron en el principal productor-exportador del país desplazando a la industria local.

En 2001 estalló la burbuja de las punto.com. Las nuevas incorporaciones de países del Este a la UE erosionaban la ventaja fiscal irlandesa. Dell cerró su planta en Limerick para reabrirla en Lodz. Sin embargo, la banca irlandesa seguía los pasos de sus parientes anglosajonas lanzándose de lleno a la burbuja inmobiliaria. El sector bancario hiperdesregulado se convirtió en un satélite aventajado de la City londinense superó pronto al sector industrial en la generación de puestos de trabajo. Los bancos incurrieron en un enorme endeudamiento para lanzarse apalancadamente a la especulación inmobiliaria.

En septiembre de 2008 el gobierno ofreció garantía pública ilimitada al endeudamiento de la especulativa banca privada. Ello significaba transferir sobre los contribuyentes un paquete de deuda equivalente a varias veces el PIB irlandés. Luego, procedía a “nacionalizar” el banco quebrado Anglo-Irish, el 3r banco del país.

En diciembre de 2010 el paquete del rescate FMI-UE imponía un tipo de interés del 5,8% al multimillonario préstamo acordado para hacer frente a las deudas con respecto a la banca inglesa, alemana y francesa. Con un desempleo del 14%, una caída del PIB del 7% en 2009, un inmenso stock de viviendas sin salida al mercado, una fuga de titulados sin precedentes y una deflación de caballo, el “ajuste” ligado al rescate financiero viene a ser el clavo definitivo del ataúd para la economía irlandesa, un país que se independizó de Inglaterra hace unos 80 años solo para ceder para siempre su soberanía al FMI.

FMI en Egipto

FMI en Haiti

El FMI en Túnez

El FMI en Túnez 2

El FMI en África

La crisis no cesa: ¿Por qué?, por Paul Krugman y Robin Wells

La crisis no cesa: ¿Por qué?, por Paul Krugman y Robin Wells

“La crisis económica que comenzó en 2008 está lejos de terminar. Y si los gobiernos no actúan, lo peor está por venir.”

Por Prodavinci | 5 de Marzo, 2011

En el invierno de 2008-2009, la economía del mundo estaba al borde.

El mercado de la bolsa se desplomó, el de los créditos se congeló y los bancos se cayeron, creando un contagio en masa que se esparció desde Estados Unidos hacia Europa y amenazó con envolver al mundo entero.

Durante los días más oscuros de la crisis, Estados Unidos perdía 700.000 empleos al mes, y el comercio mundial se encogía a una mayor velocidad que durante 1930.

Sin embargo, para el verano de 2009, cuando la economía mundial se estabilizaba, era evidente que no habría una réplica de la Gran Depresión.

Alrededor de junio de 2009 muchos indicadores habían estado subiendo: el PIB ha estado de alza en todas las grandes economías, la producción industrial mundial también sube y las ganancias corporativas en Estados Unidos se han recuperado hasta niveles anteriores a la crisis.

Sin embargo, el desempleo casi no ha caído, ni en Estados Unidos ni en Europa, lo que significa que la difícil situación del desempleado, especialmente en EEUU, con su minima red de seguridad, ha seguido empeorando regularmente a medida que se acaban los beneficios y los ahorros se vacían.

Y se vislumbra poco alivio: en las economías más golpeadas de Europa el desempleo sigue creciendo; el crecimiento económico de Estados Unidos se detiene y muchos analistas prevén que la tasa de desempleo en este país seguirá alta o incluso aumentará durante el próximo año.

Dada esta cruda posibilidad, ¿no deberíamos ver cierta urgencia de parte de los políticos y economistas, una carrera por adelantar planes para promover el crecimiento y restaurar empleos? Aparentemente no: una revisión casual de los libros y artículos recientes no muestran nada de esto.

Libros sobre la Gran Depresión todavía van a las imprentas, pero mayormente son miradas hacia atrás, preguntándonos como nos metimos en esto en vez de decirnos cómo salir.

Para ser justos, muchos de los libros recientes sí ofrecen recomendaciones para evitar la próxima burbuja, pero no muchos lineamientos para el problema actual, que es el de lidiar con las persistentes consecuencias de la última.

  • Esta extraña negligencia no se puede explicar por la mecánica del negocio de los libros. Es cierto que los libros sobre economía que aparecen ahora fueron a imprenta antes de que la naturaleza decepcionante de la supuesta recuperación se hiciera patente.

Hasta las reseñas de artículos recientes, sin embargo, hay una falta de disposición notable por parte de la ciencia por ofrecer soluciones al problema del desempleo alto y la lentitud de la economía.

Ha habido un debate furibundo sobre la efectividad de las medidas monetarias y fiscales tomadas en la profundidad de la crisis; también han habido declaraciones estruendosas sobre lo que debemos hacer, numerosas alertas sobre el supuesto peligro de los déficits fiscales o de las políticas de expansión monetaria.

Pero las propuestas para acciones positivas de sacarnos del hoyo son pocas.

En lo que sigue, proponemos una revisión relativamente breve de un tema ampliamente elaborado pero aún controversial: los orígenes de la crisis de 2008. Luego miraremos los debates políticos que continúan llevándose a cabo sobre las respuestas a la crisis y sus consecuencias.

No queremos dejar a los lectores en suspenso: creemos que la ausencia relativa de propuestas para lidiar con el desempleo masivo es un caso de “parálisis autoinducida”, una frase que usó hace una década el presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, cuando era un investigador que criticaba a los legisladores desde afuera.

Hay espacio para la acción, tanto monetaria como fiscal. Pero los políticos, los funcionarios y los economistas han sufrido un colapso nervioso, por el que millones de trabajadores pagarán un alto precio.

Peligrosas pompas de jabón

Llamémoslo la gran burbuja de bienes raíces del Atlántico Norte: en la primera década del tercer milenio, se dispararon los precios de los bienes raíces, tanto residenciales como comerciales, en partes de Europa y América del Norte.

Entre 1997 y 2007, el precio habitacional subió 175 por ciento en Estados Unidos, 180 por ciento en España, 210 por ciento en Gran Bretaña y 240 por ciento en Irlanda.

¿Por qué subieron tanto los precios de bienes raíces en tantos lugares?

Hablando en general, hay cuatro explicaciones populares (que son mutuamente excluyentes): la política de tasas de interés bajas de la Reserva Federal que se implementó tras la recesión de 2001; la “saturación mundial del ahorro”; las innovaciones financieras que disfrazaron el riesgo; y los programas gubernamentales que crearon el riesgo moral.

La política de las tasas de interés bajas de la Reserva Federal: después que se desinfló la burbuja tecnológica, a finales de los 90, los bancos centrales cortaron drásticamente aquellas tasas de interés a corto plazo que caían bajo su control directo, en un intento por contener el bajón resultante.

La Reserva Federal tomó la acción más dramática, recortando la tasa overnight de préstamos entre bancos del 6,5 por ciento a principios de 2000, a solo uno por ciento en 2003, y manteniendo la tasa muy baja hasta 2004.

También hay una corriente de pensamiento -una hacia la cual Raghuram Rajan se inclina bastante en su libro Fault Lines, y que recibe apoyo  más calificado por parte de Nouriel Roubini y Stephen Mihm en Crisis Economics– que considera este prolongado período de tasas bajas como un terrible error de política, ya que abonó el terreno para la burbuja inmobiliaria.

Sin embargo, hay algunos problemas serios con esta interpretación. Por una parte, había buenas razones para que la Reserva Federal mantuviera su overnight baja.

Aunque la recensión de 2001 no era especialmente profunda, la recuperación fue muy lenta; en Estados Unidos, el desempleo no se recuperó hasta los niveles precedentes a la recesión sino en 2005. Y con una inflación que llegaba a su punto más bajo en 35 años, había una trampa deflacionaria, en la cual una economía deprimida empuja a la baja los salarios y los precios, lo que a su vez deprime aún más la economía. Esta era la verdadera preocupación.

Aun en retrospectiva, es difícil ver cómo la Reserva Federal pudo haber justificado no mantener sus intereses bajos durante un período extendido. El hecho de que la burbuja inmobiliaria fuera un fenómeno del Atlántico Norte y no netamente estadounidense también hace difícil echarle la culpa de esa burbuja a la política de los intereses bajos.

El Banco Central Europeo no fue tan agresivo como la Reserva Federal, reduciendo las tasas de interés que controlaba sólo a la mitad de lo que lo hizo su contraparte estadounidense; sin embargo las burbujas inmobiliarias europeas fueron totalmente comparables en escala a las de Estados Unidos.

Estas consideraciones sugieren que sería un error atribuirle íntegramente, e incluso gran parte, la culpa de la burbuja inmobiliaria a una política monetaria mal dirigida.

La saturación mundial del ahorro: el término realmente viene de un discurso dado por Ben Bernanke a principios de 2005.

En ese discurso, el futuro presidente de la Reserva Federal sostuvo que el gran déficit de comercio de Estados Unidos -y los grandes déficits de otras naciones tales como Gran Bretaña y España– no reflejaban un cambio en el comportamiento de los países sino un cambio en el comportamiento de los países con superávits.

Históricamente, los países en vías de desarrollo han incurrido en déficits de comercio con países desarrollados cuando compran maquinaria y otros bienes de capital para poder levantar su nivel de desarrollo económico.

A la luz de la crisis financiera que golpeó a Asia en 1997-98, esta práctica usual se puso de cabeza: las economías en vías de desarrollo de Asia y el Medio Oriente incurrían en grandes excedentes comerciales con los países desarrollados para poder acumular grandes cantidades de bienes extranjeros como seguro contra otra crisis financiera.

Alemania también colaboró con el desbalance global, incurriendo en grandes excedentes con el resto de Europa para poder financiar la reunificación y la población que envejecía rápidamente.

En China, donde el excedente comercial cubre la mayor parte del déficit comercial de Estados Unidos, el deseo de protegerse contra una posible crisis financiera se ha transformado en una política en la cual la moneda se mantiene subvaluada, lo cual beneficia a las industrias exportadoras políticamente conectadas, frecuentemente a expensas de la población laboral general.

Para los países con déficit comercial, como Estados Unidos, España y Gran Bretaña, la otra cara de la moneda del desbalance comercial son los grandes flujos de capital cuando los países con excedentes compran grandes cantidades de bonos y otros activos norteamericanos, españoles y británicos.

Los flujos entrantes de capital también bajaron los intereses, no los intereses a corto plazo establecidos por la política del Banco Central Europeo, sino los de largo plazo, que son los que importan para los gastos y los precios de viviendas, y que establece el mercado de bonos.

Tanto en Estados Unidos como en las naciones europeas, las tasas de interés a largo plazo cayeron dramáticamente después de 2000, y se mantuvieron bajas aun cuando la Reserva Federal comenzó a subir su tasa de corto plazo.

Para ese momento, Alan Greenspan llamó conundrum a esta divergencia del mercado de bonos, pero es perfectamente comprensible dada la actuación de las fuerzas internacionales.

Como hemos dicho, vale la pena notar que mientras el Banco Central Europeo no fue tan agresivo como la Reserva Federal al recortar las tasas de corto plazo, las tasas de largo plazo cayeron tanto, o más, en España e Irlanda como en Estados Unidos, un hecho que mina aún más la idea de que la política monetaria excesivamente ligera causó la burbuja inmobiliaria.

De hecho, en ese discurso de 2005, Bernanke reconoció que el impacto de la saturación del ahorro estaba cayendo principalmente sobre las viviendas.

Durante los últimos años, el efecto clave del precio de los activos del excesivo ahorro mundial parece haber ocurrido en el mercado de la inversión residencial, ya que las tasas bajas para hipotecas han respaldado niveles nunca vistos de construcción de viviendas y hay grandes ganancias.

Lo que desafortunadamente no pudo ver Bernanke fue que los precios de las viviendas escalaban mucho más de lo que debían, incluso considerando las bajas tasas de las hipotecas. A finales de 2005, pocos meses antes de que la burbuja inmobiliaria empezara a explotar, declaró -rechazando implícitamente los argumentos de varias prominentes Casandras- que los precios de las viviendas “reflejan fundamentos económicos fuertes.”

Y como casi todo el mundo, Bernanke tampoco pudo ver que las instituciones financieras y familiares por igual estaban tomando riesgos que no entendían, porque daban por sentado que los precios de las viviendas nunca caerían.

A pesar de la notable falta de visión de Bernanke acerca de la crisis que se avecinaba,  la historia sobre la saturación del ahorro nos da una de las mejores explicaciones de cómo tantas naciones lograron meterse en problemas tan parecidos.

La innovación financiera fuera de control: Mary tenía una ovejita y cuando se enfermó, la envió a Packingtown y ahora se llama pollo. La famosa cancioncilla que resume The Jungle de Upton Sinclair parece de lo más apropiada como descripción de las prácticas financieras que ayudaron a nutrir la burbuja inmobiliaria, especialmente en las hipotecas subprime.

Ahora la letanía es familiar: el viejo modelo bancario, donde los bancos se aferraban a los préstamos que otorgaban, se reemplazó por una práctica nueva, de originar y distribuir.

Los generadores de hipotecas –que en muchos casos no tenían negocios bancarios tradicionales- daban préstamos para comprar casas, luego rápidamente vendían esos préstamos a otras firmas.

Estas firmas entonces reempacaron esos préstamos haciendo un fondo común, luego vendían las acciones de estos fondos como títulos valores; y las agencias de medición estaban dispuestas a etiquetar el producto resultante como “pollo”, es decir, ponerles el sellos de aprobación, de la AAA, en los títulos valores más antiguos, aquellos que tenían derecho a los intereses y el pago del principal primero.

Todos ignoraron el riesgo que significaba un desastre inmobiliario general, así como la degradación de rebajar los niveles mientras la burbuja se inflaba (ayudaban a esa falta de conocimiento las grandes cantidades de dinero que se ganaba).

Cuando explotó, resultó que mucho de ese papel AAA sólo valía unas pocas monedas.

Es una historia vergonzosa. Es importante, sin embargo, dar un paso atrás y preguntarse por la responsabilidad de estas prácticas financieras poco claras al preparar el campo para la crisis. Tres puntos parecen relevantes.

Primero la versión común del cuento, transmite la impresión de que Wall Street no tenía incentivo alguno para preocuparse sobre los riesgos de préstamos de títulos valores, porque era capaz de descargar el desecho tóxico sobre los inversionistas incautos alrededor del mundo.

Pero esta aseveración parece estar mayormente (aunque no totalmente) equivocada: mientras muchos inversionistas ingenuos compraron valores complejos sin entender los riesgos, las firmas de Wall Street que emitían estos valores guardaron los activos más arriesgados en sus propios libros.

Además, muchos de los activos menos riesgosos los compraron otras instituciones financieras, normalmente consideradas inversionistas sofisticadas, no el público común.

El efecto global era concentrar los riesgos en el sistema bancario, no descargarlo en otros.

Segundo, las comparaciones entre Europa y Estados Unidos son ilustrativas.

Europa logró inflar grandes burbujas inmobiliarias sin recurrir a esquemas financieros complejos al estilo norteamericano.

Los bancos españoles, en particular, expandieron enormemente el crédito; lo hicieron vendiendo sus préstamos a inversionistas extranjeros, pero esos préstamos eran muy claros, eran contratos “vainilla,” cuyos pasivos últimos quedaban con los prestamistas originales, o sea, los bancos españoles mismos.

La simplicidad relativa de sus técnicas financieras no evitó la inmensa burbuja ni la explosión. Un tercer strike contra el argumento del papel esencial que jugaron las finanzas complejas es el hecho de que la burbuja habitacional sucedió a la par,  simultáneamente, que una burbuja de bienes raíces comerciales, que siguió siendo financiada por préstamos tradicionales de los bancos.

Así que el financiamiento exótico no era una condición necesaria para los préstamos en fuga, ni siquiera en Estados Unidos.

Lo que sí se puede argüir es que las innovaciones financieras hicieron que los efectos de la explosión de la burbuja habitacional fueran más penetrantes: en vez de ser una crisis geográficamente concentrada, en la cual sólo los prestamistas locales estaban en riesgo, la compleja estructura financiera esparció la explosión a instituciones financieras alrededor del mundo.

El peligro moral creado por los programas gubernamentales: la idea de que esto lo hizo el gobierno  -los préstamos respaldados por el gobierno, los mandatos del gobierno y las garantías explícitas o implícitas del gobierno, llevaron a compras de vivienda irresponsables- es un artículo de fe de la derecha política.

También es un tema central, aunque no el único, de Fault Lines de Raghuram Rajan.

En el mundo según Rajan, profesor de la escuela de Economía de la Universidad de Chicago, las raíces de la crisis financiera yacen en la creciente desigualdad de ingresos en Estados Unidos y la reacción política a esa desigualdad: los legisladores, en busca del favor de los votantes y tratando de mitigar las consecuencias de la creciente desigualdad, canalizaron fondos hacia las familias de bajos ingresos que querían comprar casas.

Fannie Mae y Freddie Mac, las dos entidades de préstamo respaldadas por el gobierno, facilitaron el crédito hipotecario; la Community Reinvestment Act (Ley para Reinvertir en la Comunidad), que estimulaba a los bancos a entregar créditos en las comunidades donde operaban, los obligó a prestarles a personas de bajos ingresos sin importar el riesgo; y en cualquier caso, los bancos no se preocuparon mucho por el riesgo porque creían que el gobierno los respaldaría si algo no funcionaba.

Rajan sostiene que el Troubled Asset Relief Program (TARP, Programa de Ayuda a los Activos en Problemas), que el presidente Bush pasó como ley el 3 de octubre de 2008, validaba la creencia de los bancos de que no tendrían que pagar el precio por volverse locos.

Aunque Rajan se cuida de dar nombres y le atribuye la culpa a los “políticos” como un genérico, está claro que ante sus ojos, los demócratas tienen la culpa.

En gran parte, aquellos que dicen que el gobierno ha sido responsable tienden a enfocar su ira sobre Bill Clinton y Barney Frank, quienes supuestamente estaban empujando fuertemente el otorgamiento de préstamos a los pobres.

Aunque es una historia que enlaza todo en un solo paquete, sin embargo, no coincide con la evidencia. Y nos decepciona que Rajan, un economista ampliamente respetado,  entre los primeros en advertir sobre la fuga de Wall Street, se deje llevar por lo que es, principalmente, un mito motivado por la política.

El libro de Rajan se basa fuertemente en estudios del American Enterprise Institute, un think tank de la derecha; y no menciona a ninguno de los muchos estudios y comentarios que desmontan la tesis de la culpabilidad del gobierno. Roubini y Mihm, en contraste, aciertan: el enorme crecimiento del mercado subprime no fue financiado principalmente por Fannie Mae y Freddie Mac, sino por prestamistas hipotecarios privados como Countrywide.

Es más, la Community Reinvestment Act sucedió mucho antes que la burbuja inmobiliaria. Los alegatos inflados de que Fannie Mae y Freddie Mac solitos causaron la crisis subprime están simplemente errados. Como otros han señalado, Fannie y Freddie en realidad sólo eran responsables de una parte reducida del mercado total de préstamos habitacionales en los años pico de la burbuja.

Al extremo de que no compraron préstamos de vivienda dudosos; buscaban beneficios, no objetivos sociales; en efecto, estaban tratando de alcanzar a los prestamistas privados.

Mientras tanto, las pocas instituciones que dieron préstamos subprime, como Countrywide Financial, fueron bancos comerciales sometidos a la Community Reinvestment Act. Más allá de eso, hubo otras burbujas, como la de bienes raíces comerciales en Estados Unidos, que no fue promovida por las políticas públicas en absoluto, y las burbujas en Europa.

El hecho de que las viviendas en Estados Unidos eran sólo parte de un fenómeno mucho más grande pareciera ser evidencia de suposiciones contra cualquier opinión basada fuertemente en supuestas distorsiones creadas por los políticos norteamericanos.

¿Era totalmente inocente la política gubernamental? No, pero sus pecados eran más de omisión que de comisión.  No se le debió permitir a Fannie y Freddie perseguir ganancias durante las etapas finales de la burbuja inmobiliaria; los reguladores no usaron la autoridad que tenían para detener la toma de riesgos excesiva. Pero aunque les encantaría a los conservadores colocar a los políticos de corazón blando al centro de esta historia, ellos no caben allí. Y el respaldo que Rajan le da a la línea conservadora, sin siquiera admitir los problemas de esa versión, se nos presenta resbaloso y evasivo.

El cisne blanco

Cualesquiera fueran las causas de la burbuja inmobiliaria, es importante notar que, en general, las burbujas no son inusuales.

Por el contrario, como explica largamente Robert Shiller, de Yale, en su celebrado libro Irrational Exuberance, son una característica recurrente de los mercados financieros (no es coincidencia que Shiller advirtiera muy temprano que estábamos viviendo de una burbuja inmobiliaria masiva).

Las burbujas han ocurrido en economías pequeñas y grandes, en naciones individuales y en la economía global como un todo, en períodos de fuerte intervención pública y en eras de mínimo gobierno.

La burbuja habitacional del Atlántico Norte, como dicen Roubini y Mihm, era un “cisne blanco”, un evento común, no particularmente raro, pero mucho más grande que la mayoría. Podemos adivinar que la burbuja comenzó principalmente gracias al exceso de ahorro global, pero que desarrolló una velocidad propia, que es lo que hacen las burbujas. Las innovaciones financieras tales como los seguros de hipotecas pueden haber facilitado que se inflara, pero los bancos europeos lograron extender demasiado crédito sin estos alicientes.

Sin embargo, está claro que hubo fallas grandes de falta de visión.

En particular, Ben Bernanke ha admitido que la Reserva federal no usó sus poderes reguladores en los excesos de los prestamistas hipotecarios, una falta de visión trágica.

Greenspan descartó la clara advertencia que le hizo un miembro de la junta de la Reserva de que los préstamos se habían vuelto peligrosamente excesivos. Y el amplio escrutinio de los préstamos hipotecarios ha hecho que el desastre sea mucho más difícil de limpiar.

En un mercado habitacional que ahora está deprimido en toda la economía, los tenedores de hipotecas y los prestatarios preocupados estarían mejor si pudieran renegociar sus préstamos y evitar la ejecución.

Pero cuando las hipotecas se han rebanado y picado en fondos comunes, y luego vendido internacionalmente para que ningún inversionista tenga más de una fracción de cualquier hipoteca, tales negociaciones son imposibles.

Y debido al cabildeo de la industria financiera que impidió que las hipotecas fueran cubiertas por procedimientos de quiebra personal, ningún juez puede imponer una solución.

El fenómeno de la securitization, creada con la creencia de que un desplome habitacional a gran escala nunca ocurriría, ha atrapado a los inversionistas y a los prestatarios preocupados en una espiral descendiente mutuamente destructiva.

¿Qué ocurre cuando las burbujas explotan? Invariablemente, desaparece mucha riqueza de papel. Pero eso en sí no es suficiente para convertir la explosión de la burbuja en una catástrofe para la economía como un todo. La caída de la bolsa de 2000-2002 fue un golpe de cinco billones de dólares a la riqueza interna de Estados Unidos. Creó mucho sufrimiento para las personas que contaban con las ganancias de capital para su retiro, pero no desató una crisis sistémica más amplia.

El descalabro habitacional fue un golpe de ocho billones, no mucho más grande que la caída de la bolsa, una vez que tomas en consideración tanto la inflación como el crecimiento económico en el ínterin.

Pero produjo la peor crisis global desde los años 30. ¿Por qué?

Gran parte de Crisis Economics de Roubini y Mihm está, en efecto, dedicado a esa pregunta.

En vista de la reputación de hombre salvaje y predicador del desastre de Roubini, el libro no sorprende por su novedad. Pero es una buena base para entender cómo las finanzas putrefactas pueden destruir una economía que por otra parte es saludable.

Hay dos grandes respuestas a la pregunta de porqué algunas burbujas de valores hacen tanto daño cuando explotan. La respuesta de visión estrecha se enfoca en el sector financiero; la respuesta de visión amplia sostiene que la deuda y el apalancamiento entre jugadores no financistas, tales como corporaciones y dueños de viviendas, son igual de importantes.

Según cuál respuesta aceptemos, habrá grandes implicaciones para el enfoque y para el modo en que podemos responder a las continuas tribulaciones de la economía.

Hablemos primero del sector financiero: bancos e instituciones como los bancos. Hasta Adam Smith sabía que los bancos son particularmente proclives a las crisis de confianza.

Está en la naturaleza de su negocio: un banco puede prometerte que tendrás acceso a tu dinero cuando lo quieras, pero como la mayor parte de los fondos colocados al cuidado de cualquier banco se invierten en activos a largo plazo, ningún banco realmente puede cumplir con esa promesa si una fracción grande de sus depositarios exige simultáneamente que le devuelvan su dinero.

Así que la banca depende de la confianza: mientras la gente crea que su dinero está seguro y sólo saca dinero cuando tienen una razón personal o por negocios, su dinero probablemente sí estará seguro.

Pero si los clientes del banco empiezan a tener dudas sobre la solidez de la institución y deciden, en masa, sacar su dinero -es decir, si hay una corrida– el temor de que el banco fallará pueden convertirse en una profecía autocumplida.

El descalabro global en bienes raíces, a diferencia de la explosión de la burbuja puntocom, suscitó preocupaciones justificadas sobre la solidez de los bancos. Las instituciones financieras, en general, no estaban expuestas a bonos tecnológicos.

Sin embargo estaban muy expuestas a pérdidas por moras en las hipotecas.

Así que no es de sorprenderse, por lo menos en retrospectiva, que el descalabro habitacional haya desencadenado una corrida en grandes áreas del sistema financiero.

O, para usar un término anticuado que ha regresado a la usanza común, desencadenó un pánico financiero.

Pero, ¿cómo puede ocurrir un pánico tradicional en el mundo moderno? Generaciones de profesores de Economía han dicho a sus estudiantes que las corridas de los bancos -como la famosa escena en la película It’s a Wonderful Life– pertenecen al pasado, porque los depositantes modernos saben que su dinero está asegurado por el FDIC. ¿Porqué se equivocaron? La respuesta ahora familiar es que para 2007 el sistema financiero había evolucionado al punto en que tanto las regulaciones tradicionales de los bancos, como su red de salvación asociada, estaban llenas de huecos.

Cada vez más, en Estados Unidos, a la banca convencional la estaba suplantando una variedad de alternativas, generalmente agrupadas hoy en día bajo el sustantivo “banca fantasma.”

Por ejemplo, muchos negocios empezaron a estacionar su dinero en convenios de recompra en vez de usar los bancos: son los “repo”, préstamos a muy corto plazo para cubrir fondos y bancos inversionistas).

Los “repo” tiene un rendimiento en intereses más alto que los depósitos corrientes, porque el emisor no estaba atado por los requerimientos de la reserva ni por otras reglas que se aplican a los bancos convencionales.

Pero no estaba garantizado por el gobierno, y por lo tanto estaba sujeto a las crisis de confianza. Las corridas en “repo” descalabraron a Bear Stearns y Lehman Brothers.

Y en muchas estimaciones, para 2007, el “repo” y otras formas de banca fantasma comprendían un 60 por ciento del total del sistema bancario de Estados Unidos.

Y sin embargo la banca fantasma siguió principalmente sin regulaciones y sin seguros. “No es gran sorpresa”, escriben Roubini y Mihm, “que el sistema de bancas fantasma estaba al centro de lo que se convertiría en la madre de todas las corridas bancarias”.

En Europa, la desarticulación de la red de seguridad bancaria tradicional tomó una forma un poco diferente. Primero que nada, los bancos en las áreas de la burbuja de España, Irlanda, Islandia y el Reino Unido otorgaron préstamos que sobrepasaban bastante sus depósitos, lo cual suplementaban con fondos del mercado al por mayor, básicamente pidiendo prestado de otros bancos e inversionistas.

Este financiamiento al por mayor pudiera secarse, y así lo hizo, cuando la solidez de los prestamistas originales se puso en evidencia.

Más allá de esto, los bancos europeos estaban respaldados por sus gobiernos nacionales, no por una red de seguridad paneuropea, lo cual significaba que cuando los problemas bancarios mayores surgieron en algunos países, la habilidad de los gobiernos de esas naciones para detener a sus bancos se puso en duda.

Islandia es el ejemplo más famoso, donde un puñado de banqueros de corrida desarrollaron una deuda varias veces el tamaño del PIB del país. Dudas similares, pero menos severas, sobre la habilidad del gobierno para lidiar con las deudas bancarias han surgido en Irlanda y España.

Así que el descalabro en bienes raíces creó una crisis de confianza en gran parte del sistema financiero mundial y eventualmente paralizó partes cruciales de ese sistema.

Empezaron a aparecer señales de la tensión a finales del verano de 2007; el infierno se desató después del desastre de Lehman en septiembre de 2008. Durante el invierno de 2008-2009 los costos para préstamos se dispararon para casi todo el mundo, menos para el gobierno, si acaso podían conseguir algún crédito. Y la economía mundial parecía peligrosamente cerca de fundirse totalmente.

Los legisladores corrieron para prevenir el final. Las instituciones bancarias fueron rescatadas a expensas del contribuyente; las garantías se extendieron para restaurar la confianza.

En Irlanda, por ejemplo, tomaron el paso extraordinario de garantizar toda la deuda bancaria de Irlanda; los bancos centrales y las agencias gubernamentales entraron como “prestamistas de último recurso,” dando crédito donde los bancos no pudieran o no quisieran.

Prosperidad de hoy, hambre de mañana

Estas medidas fueron exitosas para calmar el pánico: para principios del verano de 2009, casi todos los indicadores de stress financiero se habían reducido a niveles más o menos normales. Y como dijimos al principio de esta reseña, la economía mundial culminó su largo descenso y empezó a crecer de nuevo.

Pero como también notamos, no ha sido una gran recuperación.

Si el problema fundamental yacía en una crisis de confianza en el sistema bancario, ¿por qué la restauración de la confianza bancaria no ha traído un retorno a un crecimiento económico sólido?

La respuesta probable es que los bancos sólo eran parte del problema.

Es curioso que solo uno de los tres libros reseñados acá ni siquiera mencionan el trabajo del fallecido Hyman Minsky, un economista heterodoxo, largamente ignorado, pero cuyo momento ha llegado, de muchas maneras. Roubini y Mihm le dan una buena repasada a las opiniones de Minsky, y Richard Koo, lo sepa o no, es realmente minskyiano.

La teoría de Minsky, en breve, era que las eras de estabilidad financiera crean el escenario para las crisis futuras, porque fomentan una amplia variedad de actores económicos para que asuman cantidades aún más grandes de deuda e incurran en especulaciones cada vez más arriesgadas.

Mientras el precio de los valores sigue subiendo, impulsados por las compras por deudas, todo se ve bien. Pero tarde o temprano la música se detiene: hay un “momento Minsky” cuando todos los jugadores se dan cuenta (o se ven forzados por sus acreedores a darse cuenta) que el precio de los activos no crecerá por siempre, y que los prestatarios han incurrido en mucha deuda.

¿Acaso esta nueva prudencia no es una cosa buena? No.

Cuando un individuo trata de pagar su deuda, eso está muy bien, pero cuando todo el mundo trata de hacerlo al mismo tiempo, las consecuencias fácilmente pueden ser destructivas para todos los que están involucrados.

El proceso de destrucción es más fácil de ver en el sector financiero, donde el intento de todos de pagar su deuda, donde todos quieren vender sus valores al mismo tiempo, puede resultar en un círculo vicioso de precios en picada y creciente angustia.

Pero el problema no está restringido necesariamente a las finanzas.

El libro The Holy Grail of Macroeconomics, de Richard Koo, sostiene, de hecho, que el problema mayor que encaran las economías después del momento Minsky (aunque nunca usa el término) no yace en los sectores financieros sino en los no financieros con mucha deuda en sus hojas de balance.

Koo es el economista en jefe del Nomura Research Institute. Gran parte de su libro está dedicado a la larga era de estancamiento del Japón, desde principios de los años 90 en adelante.

Este estancamiento, explica, refleja principalmente los problemas de la hoja de balance de corporaciones no financieras, que están varadas con altos niveles de deuda después del descalabro de la burbuja de los años80.

Sostiene que Estados Unidos ahora enfrenta un reto similar, con los problemas de deuda concentrados no entre las corporaciones sino entre los dueños de casas, que incurrieron en grandes compromisos en el curso de comprar vivienda, y la usaron como cajero automático, es decir, usaban el refinanciamiento para extraer efectivo del alza en los precios de las casas y gastaban ese dinero en mayor consumo.

En el análisis de Koo, intentos simultáneos de tantos jugadores privados para pagar sus propias deudas llevaron a una “falacia de composición” relacionada a la famosa (pero frecuentemente ignorada) “paradoja del ahorro.” Cada recorte de gastos de una corporación individual o de un hogar es un esfuerzo por reducir la deuda; pero estos cortes de gasto reducen el ingreso de todo el mundo y mantienen la economía persistentemente deprimida.

Estos problemas más amplios de deuda y reparto explican porqué la estabilización exitosa de la industria financiera no ha hecho otra cosa que sacar a la economía del borde del abismo, sin producir una recuperación sólida.

La economía todavía está herida por la deuda. Es decir, los esfuerzos simultáneos de tantas personas por pagar sus deudas al mismo tiempo la mantienen deprimida.

Así que, ¿cuál es la respuesta?

A corto plazo la única manera de evitar una depresión cuando casi todo el sector privado trata de pagar la deuda simultáneamente es que el gobierno vaya en la dirección contraria: convertirse, en efecto, en el prestamista de último recurso, emitiendo deuda y siguiendo con el gasto, mientras el sector privado retrocede.

Al calor del momento Minsky, los déficits de presupuesto no sólo son buenos, son necesarios.

De hecho, se puede decir que el aumento de déficits presupuestarios mundialmente entre 2007 y 2009 fue hasta más importante que el rescate financiero para ayudar a evitar que el descalabro de bienes raíces desencadenara una réplica total de la Gran Depresión.

Esta oleada de déficit presupuestarios, por cierto, no fue principalmente el resultado de esfuerzos deliberados para estimular la economía.

En cambio, los factores principales fueron, primero, el colapso de la recepción de impuestos cuando las economías se desplomaron, y segundo, un alza en pagos automáticos como beneficios del seguro de desempleo.

En Estados Unidos, el déficit federal de dos años, desde 2009-2010, será de 2,5 billones de dólares; el plan de estímulo de Obama sólo contiene menos de un cuarto del total. Así que los déficits presupuestarios nos alejan de la caída al abismo.

Pero, ¿cómo puede recuperarse la economía?

¿Cómo puede recuperarse la economía? Fault Lines, de Raghuram Rajan, uno de los tres libros reseñados, no habla casi sobre este problema.

Parece más preocupado con evitar futuras burbujas, tanto que hace un llamado al aumento inmediato de tasas de interés a pesar del estado deprimido de la economía.

Nouriel Roubini y Stephen Mihm advierten que la recuperación puede ser muy lenta pero no ofrecen una solución, en cambio critican las soluciones ofrecidas por otros.

Sólo Richard Koo tiene algo positivo que proponer, aunque su respuesta aparece fuera del espectro de las posibilidades políticas.

La mayor parte del tiempo, contamos con bancos centrales para que diseñen la recuperación económica después de una depresión, tal como lo hicieron tras la recesión de 2001. Normalmente, cuando la recesión golpea, la Reserva Federal, el Banco Central Europeo o el Banco de Inglaterra recortan las tasas de interés a corto plazo controladas por ellos; las tasas a más largo plazo, las determinadas por el mercado, caen por solidaridad; y el sector privado responde a los préstamos y al gasto de más dinero.

Ante la severidad de la depresión ocurrida tras la implosión habitacional de 2008, sin embargo, esta respuesta convencional se ha quedado corta.

Una manera de reanimar la economía es utilizar la llamada regla Taylor, una regla básica que ata la política de intereses federales a los niveles de desempleo e inflación.

Aplicar la histórica regla Taylor ahora, con la inflación tan baja y el desempleo tan alto, significaría que la tasa principal de la política federal, la tasa overnight en la cual los bancos se prestan reservas entre sí, debería ser menos del 5% o 6% que hay actualmente.

Obviamente, eso no es posible: nadie prestará a una tasa de interés negativa, pero en cambio, siempre puedes mantener el efectivo.

Así que la política monetaria convencional está contra el “atado a menos cero”: no puede hacer otra cosa. Estamos en la clásica trampa keynesiana de liquidez, donde la economía está tan inundada de liquidez que agregarle más no tiene efecto. ¿Qué queda?

Una respuesta está en la política fiscal: el gobierno puede entrar y gastar cuando el sector privado no lo haga. Ya hemos discutido –en la primera parte de esta reseña- acerca de que un aumento del déficit del gobierno jugó un papel clave en prevenir que la crisis de 2008 fuera una réplica de la Gran Depresión.

¿Por qué no usar más gasto del déficit para impulsar una recuperación completa?

Esa es una pregunta que merece consideraciones más serias de las que ha recibido hasta ahora.

Dejando de lado las cuestiones políticas, si crees que el gasto del déficit es una manera efectiva de reducir el desempleo –como lo hacen claramente, por ejemplo, Roubini y Mihm– ¿por qué no abogar para que se siga hasta el final y gastar lo suficiente para restaurar el pleno empleo?

Y sin embargo, es una recomendación que pocos economistas han estado dispuestos a hacer. En cambio, hasta los que tienen una visión claramente keynesiana de cómo funciona la economía tienden a obstaculizar el seguimiento de esa visión hasta su conclusión lógica.

De acuerdo a Ryan Lizza de The New Yorker, en diciembre de 2008 Larry Summers preparó un memorándum para el presidente electo que defendía al estimulo fiscal como recurso contra la recesión, pero luego explícitamente rechaza la idea que el estímulo debe ser lo suficientemente grande para restaurar el pleno empleo.

Summers sostiene que demasiado gasto puede crear preocupaciones sobre la posición fiscal del gobierno a largo plazo, y por lo tanto resultar en un aumento escalado en los costos de los préstamos de Estados Unidos. El libro Crisis Economics, de Roubini y Mihm también parece alejarse, a última hora, de las implicaciones de su propio análisis.

En el capítulo 7, titulado “Spend More, Tax Less?”, comienzan a defender el estímulo fiscal keynesiano. Arguyen que el error del New Deal estaba en gastar demasiado poco en la recuperación, y que la Segunda Guerra Mundial terminó con la Gran Depresión precisamente porque llevó al enorme gasto del déficit.

Pero la claridad de su argumento luego se disuelve en una bruma de cautela. Principalmente se enfocan en alertar que el gasto del déficit puede aumentar las tasas de interés.

Saltar hacia adelante

Tales advertencias son, por supuesto, la moda en estos tiempos.

Pero Richard Koo, el director económico del Nomura Research Institute, no quiere saber nada de esto. En un momento que requiere que la austeridad fiscal sea el último grito, Koo toma una postura diferente.

La mayoría de los economistas que analizan la experiencia de Japón en las ultimas dos décadas la usan como una historia con moraleja: año tras año, con grandes déficits de presupuesto y aumentando consistentemente la deuda, pero sin una recuperación total. Sin embargo, Koo considera a Japón una historia de éxito calificada.

En su opinión, el desastre financiero que ocurrió cuando explotó la burbuja económica de Japón en los 80 fácilmente pudo haber conllevado una depresión.

Sin embargo, Japón logró evitar ese destino. La clave, sostiene, eran esos déficit tan maldecidos de la brecha fiscal de Japón, y declara, “el perfecto ejemplo de un buen déficit” fue lo que sostuvo la economía mientras el sector privado gradualmente restauró sus hojas de balance.

La única vez que la política económica japonesa salió mal, en opinión de Koo, fue cuando los legisladores intentaron regresar a la ortodoxia presupuestaria, desatando una nueva recesión.

Koo sostiene que hoy, con el mundo en su totalidad sosteniendo una hoja de balance en recesión, precisamente los gobiernos de las grandes economías necesitan incurrir en grandes déficit fiscales, y seguir haciéndolo hasta que el sector privado esté listo para gastar de nuevo.

Sólo entonces, cuando la economía ya no dependa del sustento del gobierno, sería apropiado girar hacia la reducción del déficit.

¿Pero es cierto que los gobiernos pueden seguir prestando y gastando?

Sí, dice Koo: como el mundo que vio Keynes en los 30, el de hoy está inundado de ahorros sin lugar para colocarlos: “Hasta en los países con ahorros reducidos, tales como Estados Unidos y el Reino Unido, la recesión actual es el resultado del ahorro incrementado del sector privado, en un momento cuando no hay suficientes prestatarios para cubrir todo.

En otras palabras, el ahorro necesario para financiar el gasto del déficit generalmente se genera domésticamente. Tampoco hay el riesgo de abarrotamiento; las instituciones financieras estarán felices de prestarle cien dólares al último prestatario que quede”.

Esto es, sobra decirlo, una visión contraria a la sabiduría convencional actual … pero en estos días, la sabiduría convencional se ve muy tonta.

Desde que comenzó la crisis hay personas de la clase dirigente advirtiendo que los mercados de bonos están a punto de perder la fe en las naciones con grandes déficits presupuestarios; sin embargo, las tasas de interés siguen cayendo en vez de subir.

En este punto, todos los gobiernos de los grandes países avanzados pueden pedir prestado a largo plazo con una tasa de interés menor al 3 por ciento. Estas tasas a largo plazo tan bajas muestran que los mercados no están preocupados si los déficits presupuestarios actuales socavarán la viabilidad fiscal de estos gobiernos a largo plazo.

Las tasas bajas también sugieren que no existen obstáculos ante una política que apoye la economía con gastos temporales del déficit, bien sea que el gasto se haga en inversiones de infraestructura, ayuda al desempleado o descuentos a los contribuyentes.

Tales caídas en los intereses, según nos dice Koo, son exactamente lo que debemos esperar dada la experiencia de Japón: incluso mientras subía la deuda japonesa, el retorno sobre los bonos del gobierno japonés cayó continuamente.

Esto ocurrió a pesar de las advertencias de los reformistas fiscales de todos los colores, que sostenían que las tasas de interés japonesas se dispararían al cielo y llevarían a la economía al desastre. Sus guiones sobre la debacle nunca se realizaron. Las tasas de interés siguieron bajas, sostiene, porque durante el bajón de la hoja de balance japonesa los prestamistas privados no estaban compitiendo con el gobierno por los fondos.

A nuestro parecer, Koo plantea su punto persuasivamente. Desafortunadamente, no es un caso que actualmente logre avanzar en la política norteamericana.

En particular, en este momento hay cero posibilidades de conseguir un estímulo significativo a través del Congreso estadounidense, mucho menos el tipo de estímulo grande y multinivel por el que aboga Koo. Entonces, ¿habrá políticas alternativas que al menos puedan ayudar a promover la recuperación?

Si quedan algunas opciones, probablemente requieren trabajo de los bancos centrales, especialmente la Reserva Federal.

Como ya hemos notado, la política monetaria convencional ha llegado a su límite. Pero todavía puede haber espacio para políticas monetarias no convencionales.

Los propulsores de la política no convencional con frecuencia citan una crítica de 1999 contra el Banco de Japón, escrita por nadie menos que Ben Bernanke en sus días anteriores a la Reserva. Tal como la Reserva actual, el Banco del Japón había llevado la política monetaria convencional al límite.

Pero no se le habían agotado las opciones, según Bernanke: “Lejos de estar impotente, el Banco del Japón podía lograr mucho si estaba dispuesto a abandonar la cautela excesiva y su respuesta defensiva ante la crítica.” Como muchos han notado, lo mismo puede decirse sobre la Reserva hoy en día.

¿Qué podría hacer la Reserva?  No puede obligar a bajar tasas de interés a corto plazo sobre la deuda gubernamental.

Pero puede tratar de reducir otras tasas de interés.

Las tasas de interés sobre la deuda gubernamental a largo plazo normalmente contienen una prima por desactivar sus fondos exigida por los inversionistas; la Reserva pudiera reducir las primas y por ende, las tasas a largo plazo, comprando la deuda de largo plazo del gobierno directamente.

Las tasas de interés sobre la deuda privada normalmente requieren una prima adicional, por la posibilidad de mora; de nuevo, la Reserva pudiera reducir esta prima comprando esa deuda directamente (compras de bonos tan poco convencionales se han visto, sorprendentemente, como “descongestión cuantitativa.”)

La Reserva también pudiera intentar cambiar las expectativas, anunciando su intención de mantener bajas las tasas de interés a corto plazo durante un buen tiempo.

Y hay un caso fuerte, en teoría, para subir la meta de inflación de la Reserva. Hoy en día, se cree que la Reserva generalmente apunta hacia una inflación del 2 por ciento, lo que quiere decir que los inversionistas creen que comenzarán a aumentar las tasas de interés si la inflación pareciera querer subir por encima de eso.

Aumentar la meta hasta 3 o 4 por ciento haría atractivo prestar, al reducir el verdadero costo del pago, alzando tanto la inversión como el gasto del consumidor. Una inflación más alta también reduciría la carga real de la deuda existente del consumidor, actualmente en un 108 por ciento del  ingreso personal.

Los tres libros reseñados acá, sin embargo, terminan hablando en contra del uso de políticas monetarias no convencionales. Esto no nos sorprende en el caso de Rajan, a quien no parece importarle promover la recuperación.  Es más sorprendente en el caso de Roubini-Mihm y de Koo, cuyo análisis subyacente pareciera favorecer la acción audaz de los bancos centrales.

En el caso de Roubini – Mihm, el rechazo a las políticas monetarias no convencionales parece unirse con su incapacidad de seguir la lógica de su propio keynesianismo.  Cambios posibles en políticas terminan estando constreñidas por el temor de que los mercados de bonos perderán su fe en Estados Unidos: “Mientras EEUU acumula cargas asombrosas de deuda, algunos de sus acreedores temen que puede tratar de depreciar el dólar deliberadamente al monetizar el déficit…

Si Estados Unidos fuera un mercado emergente, habría sufrido hace mucho el colapso de la confianza en su deuda y en su moneda.” Uno se pregunta cómo saben que los acreedores tienen estos temores, ya que la realidad es que las tasas de interés en Estados Unidos siguen en una baja sin precedentes; uno también se pregunta por qué creen que una caída en el dólar sería algo negativo, porque de hecho sería un impulso para los exportadores norteamericanos y un estímulo para la economía.

Koo, mientras tanto, adopta lo que nos parecen posiciones contradictorias. Sostiene al inicio de su libro que la expansión monetaria y el intento de elevar las expectativas de la inflación futura son inefectivas en una economía con problemas en su hoja de balance.

Luego sostiene, hacia el final del libro, que una relajación cuantitativa amenazaría con crear una amplia inflación.

No estamos seguros de cómo puede creer ambas cosas; tampoco nos queda claro por qué no le parece que una inflación significativa es una manera deseable de reducir la carga, que ha empeorado debido a la deflación (el alza de 72 por ciento en los precios de los consumidores entre 1940 y 1947, que redujo mucho el verdadero valor de la deuda del sector privado, debe ser una gran razón para que la economía estadounidense no vuelva a caer en depresión después de la Segunda Guerra Mundial).

Bombardear la economía

Lo sorprendente, al final, sobre los libros reseñados acá, es que solo uno de ellos -el de Koo- ofrece algún tipo de propuesta para limpiar el desastre económico en el cual estamos.

Y la propuesta de Koo, a pesar de que tiene mucho sentido analítico, no es un impulsador político, pero rechaza cualquier otra idea.

En otras palabras, es difícil leer lo que se escribe actualmente sobre la crisis económica sin un sentido de desesperanza: los economistas ni siquiera parecen estar interesados en resolver el problema continuo del desempleo masivo. Pero el problema persiste. ¿Qué podemos hacer al respecto?

En los meses que siguieron al desastre de Lehman Brothers, los legisladores parecieron entender que habíamos entrado en un mundo en el cual las reglas usuales ya no aplicaban, un mundo en el cual incurrir en enormes déficits presupuestarios era un acto de prudencia y no de locura, en el cual compras de deudas a gran escala hechas por los bancos centrales eran una virtud y no un pecado.

Pero esa comprensión se desvaneció rápidamente. Las políticas no convencionales se necesitan tanto como antes; pero a los legisladores les tiembla el pulso. Exhortados por demasiados analistas políticos, se han revertido a las formas convencionales de pensar.

Este es, obviamente, el caso  de la política fiscal. Desde los pasillos del Congreso hasta los corredores del Banco Central Europeo, la retórica sobre los maleficios de los déficit presupuestarios está a la orden del día.

Los mercados todopoderosos, nos dicen, castigarán a aquellos que no impongan austeridad fiscal extrema aún de cara al altísimo desempleo, a pesar de que, como hemos notado, la realidad de la caída de las tasas de interés no muestra indicación alguna de que vendrán los “escuadrones de bonos” tan temidos –inversionistas que harán una corrida en las deudas de las grandes naciones, disparando las tasas de interés al cielo, a menos que se bajen los déficit rápidamente.

No hay señal de que el gobierno estadounidense, al vender bonos, tenga problemas en pedir prestado para poder financiar el gasto del déficit.

Ni parece que mucha gente pueda estar dispuesta a reconocer la creciente y obvia incapacidad de las políticas de austeridad en aquellos países que realmente han perdido la confianza en el mercado de bonos. Políticas austeras en Grecia e Irlanda han resultado en inmenso desempleo; sin embargo los inversionistas parecen menos dados que nunca a comprar la deuda de esos países.

Como uno de nosotros resaltó, los legisladores supuestamente responsables empiezan a sonar más y más como los sacerdotes de un culto bárbaro, exigiendo sacrificios en nombre de dioses invisibles.

La reversión fuera de tiempo al convencionalismo es menos dramática en el caso de la política monetaria: aquellos que, como Rajan, realmente quieren apretar la política de cara a la inflación descendiente y el desempleo masivo son una minoría.

Pero es difícil escapar el sentido que los bancos centrales, incluyendo la Fed, han caído en la “parálisis auto inflingida” que Ben Bernanke vio en Japón hace una década: la inflación está muy por debajo de la meta y deslizándose hacia la deflación; el mandato legal federal de promover “máximo empleo” claramente no se cumple, sin embargo la política parece congelada.

Entonces, ¿qué recomendamos hacer?

Prácticamente todo lo que pueda estimular la economía. Si es políticamente imposible gastar más en infraestructura, al menos promoverlo y golpear a los oponentes por su obstruccionismo (vale la pena notar que la reciente propuesta del presidente Obama para hacer un banco nacional de infraestructura es muy parecida a una propuesta que ha sido apoyada, nada más y nada menos, por la fuertemente anti Obama Cámara de Comercio).

Recortes de impuesto temporales, dirigidos –como los incentivos temporales para la inversión mercantil también propuesta recientemente por Obama— no son nuestra política preferida, pero son mejor que nada. Y la expansión monetaria debería impulsarse por todas las rutas posibles. Sí, es incierto cuán efectiva puede ser cualquier medida, pero esa no es una razón para no intentarla.

También deberíamos considerar políticas que permiten a los prestatarios reducir la carga de su deuda, tal como permitir que las hipotecas sean cubiertas por procedimientos de bancarrota personal, o, como propuso Bill Gross del fondo de bonos Pimco, permitir que Fannie Mae y Freddie Mac incurran en refinanciamientos de hipoteca.

Aunque el programa de Obama para modificar las obligaciones hipotecarias eran un paso en esa dirección, han fallado ampliamente gracias a las complejas reglas y al cerramiento de los prestamistas—el resultado de su construcción cautelosa. Ciertamente, ha empeorado la situación de muchos prestatarios.

Una última cosa: tal como el desbalance global -el exceso de ahorro creado por el superávit en China y otros países- jugó un papel importante en crear la burbuja inmobiliaria, tiene un rol clave en bloquear la recuperación ahora que la burbuja ha explotado.

Koo tiene razón al decir que el problema esencial de la economía mundial, en este momento, es un exceso de ahorro y la insuficiencia de prestatarios; países que siguen incurriendo en gran excedente comercial en este ambiente -como China y Alemania- están sosteniendo sus propias economías a expensas del resto del mundo.

Lo que esto quiere decir, primero que nada, es que Estados Unidos debería tomar una línea mucho más dura con China de lo que ha hecho hasta ahora; China ha subvaluado su moneda deliberadamente y eso es, pura y simplemente, una política destructiva desde el punto de vista global.

También quiere decir que el resto de Europa necesita empezar a responsabilizar a Alemania: los alemanes pueden verse a sí mismos como modelos, pero sus excedentes después de 2000, inundando el resto de Europa con dinero barato, jugaron un gran papel en crear la burbuja inmobiliaria en las economías periféricas de Europa.

Y la continua confianza que Alemania tiene en el crecimiento dirigido a exportaciones es, de hecho, una estrategia de mendigo ante el vecino, creciendo a expensas del vecino.

La sabiduría convencional del momento subraya el riesgo de acción en cualquiera de estos frentes: fiscal, monetario o comercial.

Pero esos riesgos son hipotéticos y, creemos, muy exagerados. Mientras tanto, todo el mundo parece ignorar los riesgos de permitir que continúe la recesión. La crisis económica que comenzó en 2008 está lejos de terminar. Y si los gobiernos no actúan, lo peor está por venir.

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PAUL KRUGMAN y ROBIN WELLS
© 2010 The New York Review of Books

Princeton University Press
Fault Lines: How Hidden Fractures Still Threaten the World Economy

Raghuram G. Rajan

Penguin
Crisis Economics: A Crash Course in the Future of Finance

Nouriel Roubini y Stephen Mihm

Wiley
The Holy Grail of Macroeconomics: Lessons from Japan’s Great Recession

Richard C. Koo

Niño Becerra: el término recuperación es ajeno e incompatible con España

El término recuperación es ajeno e incompatible con España

Santiago Niño Becerra –  Lunes, 07 de Marzo

Ya estamos otra vez, por todos los lados: la culpa la tienen los salarios, el que están vinculados con la inflación, el que no lo estén con la productividad. Más.

Si los salarios bajasen aumentaría la ocupación, crecería la competitividad, la economía española se recuperaría.

Bien, conocen mi postura: echar la culpa a los salarios es lo fácil: los salarios no tienen ni voz ni voto, abordar el problema de la economía española: su modelo productivo, es infinitamente más complejo y, al margen de que sea posible, o no, se tocan elementos que sí pueden defenderse, y mucho.

Vamos a ver, de la misma manera que Uds. leyeron aquí que la reforma laboral iba a fracasar (recuerden que su objetivo primigenio era rebajar la tasa de temporalidad), también aquí han leído que la demanda de trabajo aparece cuando se necesita … en base a que existan necesidades reales de factor trabajo, es decir, no se puede crear demanda de trabajo por ley.

Y no se puede independientemente de cuál sea el nivel salarial.

Lo anterior se da en todas partes, pero aquí más: el modelo productivo español (¿se han dado cuenta de que ya no se habla de eso?:

¿se habrá admitido que en incambiable?)

es intensivo en factor trabajo -estacional, mucho de él- y muy bajo utilizador de factor capital, luego la demanda de trabajo contratará el trabajo que en cada momento necesite; si la oferta de trabajo es muy elevada lo que conseguirá esa demanda es que los salarios tiendan a la baja … máxime si paralelamente se implemente una reforma laboral que lo que persigue verdaderamente es la reducción de los costes laborales.

El mensaje es diáfano: ‘Aceptad que los salarios se desvinculen del nivel de precios y la demanda de trabajo crecerá; asumid que los salarios se liguen a la productividad y los bienes que España produzca serán más competitivos; interiorizad que los salarios tienen que descender en términos monetarios y aumentará la confianza de la inversión internacional en España y la prima de riesgo española disminuirá’.

Ya lo saben: estoy en total y absoluto desacuerdo con esos planteamientos: el problema de la economía española no son los salarios.

La realidad, pienso, es mucho más simple y mucho más terrible: la tasa española de desempleo del factor trabajo no va a descender significativamente porque no puede hacerlo;

¿por qué?, pues porque hay una parte de la población activa española que ni es necesaria ni lo será en el futuro;

¿por qué?, pues porque un modelo productivo como el español intensivo en factor trabajo y con una baja utilización de capital no es el idóneo para una situación como la presente y menos para la futura en la que serán necesarias elevadísimas productividades a fin de optimizar el uso de los recursos;

¿por qué?, pues porque un modelo productivo como ese es característico de una estructura de PIB de bajo valor añadido. Y ya hemos llegado al final.

Pienso que se está lanzando una idea que no lleva adonde dice que apunta. La tasa de desempleo no va a descender en España porque la demanda de trabajo no va a aumentar, y la población española va a empobrecerse porque la renta disponible va a continuar bajando, y como ya no van a concederse créditos a mansalva, la sensación de empobrecimiento va a ser incluso mayor.

Y si me dicen que se está diciendo esto porque no hay otro argumento para bajar los salarios, pues vale, pero continuaré pensando que el mensaje no sirve para lo que se pretende.

‘Recuperación’ ya significa otra cosa diferente a lo que significaba en los 70, o en los 80, o en los primeros 2000.

‘Recuperación’ hoy es productividad obtenida a base de capital, es tecnología, es alto valor añadido, y, ¡evidentemente!, es salarios elevados, altas remuneraciones.

Y con altísimas tasas de ocupación de la población activa -muy cualificada- que sea necesaria.

¿Qué tiene eso que ver con lo que está sucediendo en España, con lo que se está hablando del futuro que le espera a España?. Pienso que poco.

El pasado Viernes un lector me remitió un mail. Al texto acompañaba una estrofa del soneto de Francisco de Quevedo ‘Miré los muros’.

“Miré los muros de la patria mía,
si un tiempo fuertes ya desmoronados
de la carrera de la edad cansados
por quien caduca ya su valentía”.

¿Lo único cierto?, que el tiempo de ‘el trabajo’ ha pasado: cada vez hace falta menos, cada vez es necesaria una menor cantidad, cada vez la mayoría del trabajo tiene que ser más barato, en todas partes, pero aquí más. Esa, pienso, es la única verdad.

(Si están pensando: ‘Si un estudio dice que el número de trabajadores en negro es de cuatro millones y la EPA dice que el desempleo afecta a casi 4,7 millones de trabajadores …’, no sigan por ahí el razonamiento sería incorrecto, otra cosa es que a álguienes les interese que se razone así).

(¿Se han dado cuenta de que desde hace unos meses un día se dice ‘digo’, la semana siguiente se hace como si se hubiese dicho ‘Diego’, a la próxima lo que se ha hecho se justifica por otra razón diferente y porque se buscaba un objetivo totalmente distinto al que se dijo y, sin embargo, una semana después ya se dice otra cosa?; el método incluso se está aplicando a cosas del pasado: es como si se estuviese reinterpretando la Historia.

Los motivos de la Reforma Laboral y las razones por las que la UE no va son ejemplos de eso. Este modus operandi va a más: es útil, se dice algo, se piensa en ese algo, se hace otra cosa, se reinterpreta todo, se justifica lo que convenga en cada instante. ¡Lo que vamos a ver y a oír en los próximos meses!).

Santiago Niño-Becerra. Catedrático de Estructura Económica. Facultad de Economía IQS. Universidad Ramon Llull.

Los líderes del euro, contra las cuerdas

Los líderes del euro, contra las cuerdas

P.B. (Berlín) / T.B. (París) / G.V. (Milán) / I.R. (Madrid)/ A.L. (Bruselas)
10:01 – 7/03/2011
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Ilustración: Anthony Garner

Llega en marzo la hora de la verdad para intentar resolver de una vez por todas la crisis financiera y de la deuda pública que desestabiliza el euro.

Y llega en un momento en el que los dirigentes de las cuatro mayores economías de Eurolandia -la canciller alemana Angela Merkel, el presidente francés Nicolas Sarkozy, el jefe del Gobierno italiano Silvio Berlusconi , y el presidente español José Luis Rodríguez Zapatero- están al borde del abismo.

El desplome de su popularidad, la proximidad de citas electorales de alto riesgo, y las cuentas que reclama la Justicia italiana siembran la coyuntura de una incertidumbre que desagrada a los mercados.

¿Serán capaces de encajar los golpes?

¿Les temblará el pulso a Merkel y a Sarkozy cuando más necesario es que empuñen con firmeza el timón del euro?

¿Evitarán Zapatero y Berlusconi que se termine de deteriorar la coyuntura en sus países, demasiado grandes para dejarlos caer pero también demasiado grandes para rescatarlos?

Merkel, zarandeada

Pese a los tantos que se apunta Angela Merkel por el crecimiento económico, su política de austeridad no convence ni dentro ni fuera de sus fronteras.

Sus vecinos europeos la critican desde inicios de 2010 cuando, con el rescate a Grecia, comenzó la debacle de la Unión Europea.

Sus duras condiciones para aprobar el fondo de rescate de países al borde de la quiebra -límite de la deuda pública, mayores sanciones para los países con alto déficit, retrasar la jubilación a los 67 años, vincular el ajuste de salarios con la competitividad de las empresas, etcétera- son interpretadas por muchos como un mero intento de imponer la doctrina germana.

Y se la acusa de falta de liderazgo y determinación en asuntos como el rescate griego; o porque su poco oportuna propuesta de que el sector privado participe de los rescates provocó dramáticas turbulencias en los mercados.

En su país, desde que formó Gobierno con los liberales en 2009, su popularidad no deja de caer. Y acaba de encajar un duro golpe al perder las elecciones regionales de Hamburgo, donde sus cristianodemócratas apenas sacaron un 21,2 por ciento de los votos.

La mitad que en 2008, y su peor resultado en tiempos de paz. Ya en mayo de 2010 perdieron los comicios del mayor Land del país, Renania del Norte-Westfalia, y con ellos la mayoría en el Parlamento.

Podría ser el principio del fin. Merkel y su coalición deben afrontar este año un maratón electoral, con hasta seis citas más en las urnas, incluidas las decisivas del Estado de Baden-Württemberg (baluarte de la CDU de Merkel desde su formación, y cuna de sus socios liberales).

Cada comicio será una prueba de fuego para una CDU cada día más debilitada por las riñas internas con sus socios liberales, y por la inevitable pérdida de confianza de su electorado.

El auge de los socialdemócratas, un afloramiento de partidos hasta ahora minoritarios -La Izquierda y especialmente Los Verdes-, y la pérdida de hasta siete pesos pesados en sus filas el año pasado terminan de complicarle el panorama.

Y este año ya han rodado las cabezas de Axel Weber, presidente saliente del Bundesbank y candidato descartado a presidir el Banco Central Europeo (BCE); y de Karl-Theodor zu Guttenberg, ministro de Defensa y uno de los primeros espadas del Gobierno, tras destaparse sus plagios en su tesis doctoral.


Sarkozy, eclipsado

Para Nicolas Sarkozy, 2011 iba a ser el año de su comeback. Superada la crisis económica, Francia empieza a crecer, aunque el paro siga siendo alto.

En noviembre, ganó el pulso a los sindicatos y reformó las pensiones. Todo parecía indicar que tenía el terreno despejado para encarar el último tramo de su mandato y prepararse para la reelección en 2012.

Pero se le han aguado los planes.

Sarkozy contaba explotar al máximo la presidencia de turno francesa del G-20 para tallarse una figura de gran estadista internacional, el único capaz de trazar la vía hacia un nuevo orden económico global.

En enero, dio una multitudinaria y pomposa rueda de prensa en el palacio del Elíseo para presentar su ambiciosa agenda.

Apenas un mes después, durante la primera cita del G-20 en París, no fue él, sino su rival número uno quien acaparó el protagonismo del encuentro.

Dominique Strauss Kahn, director del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el socialista francés más popular, monopolizó todas las miradas, pendientes de si confirmaba su candidatura a las presidenciales. Desde hace meses, todas las encuestas le dan ganador sobre Nicolas Sarkozy.

Al mandatario galo le han surgido otras dificultades. Su Gobierno está bajo el fuego de las críticas por su actitud ante las revoluciones en el Magreb y los países árabes.

Varios ministros, entre ellos el primer ministro François Fillon, han tenido que dar la cara por sus estrechas relaciones con Zine El Abidine Ben Ali, Hosni Mubarak o Muamar el Gadafi.

Y un grupo anónimo de diplomáticos criticó duramente en Le Monde la improvisación de la política exterior de Sarkozy, lo que acaba de costarle la cabeza a su ministra de Exteriores.

No es el mejor contexto para afrontar las elecciones cantonales de finales de marzo, última cita electoral antes de las presidenciales de 2012.

Las encuestas no le dan respiro a Sarkozy: su popularidad ronda el 30 por ciento desde hace más de un año y no logra despuntar pese a sus esfuerzos. Aunque esos mismos sondeos le dan como el candidato preferido de la derecha.

No todo está perdido. Peor están sus rivales socialistas, que han evitado una guerra fraticida como la de 2007, pero cuyas divisiones y rivalidades siguen a flor de piel.

Berlusconi, en paños menores

Sólo le faltaba la crisis de Libia al primer ministro italiano, Silvio Berlusconi.

El Constitucional le ha recortado la inmunidad, y en las próximas semanas le esperan cuatro juicios: tres porque lleva tiempo acusado de corrupción y fraude fiscal (las audiencias fueron el 28 febrero y el 5 de marzo, y la próxima será el 11 de marzo); y un proceso inmediato por prostitución de menores y abuso de poder que empezará el 6 de abril.

Su imagen, desgastada por meses de escándalos sexuales, ha recibido otro golpe por sus fuertes vínculos personales con Gadafi. Desde que en 2008 Il Cavaliere y el Coronel firmaron el tratado de amistad entre Roma y Trípoli, el dictador libio tiene en el dirigente transalpino a su gran aliado occidental y a un socio comercial privilegiado.

Berlusconi el año pasado recibió en Roma al líder africano con un extravagante ceremonial que provocó tanto escándalo como el vídeo que le muestra mientras besa la mano a Gadafi.

Y acaban de salir en la prensa italiana cablegramas de Wikileaks con duros comentarios de los diplomáticos americanos: “Berlusconi se ha ganado una reputación cómica, dañando la imagen de Italia”.

El desgaste de su credibilidad internacional amenaza la economía italiana: en caso de tensión sobre los mercados de la deuda, el país (cuyo débito supera el 118 por ciento del PIB) está muy expuesto.

Según los últimos sondeos, más de la mitad de los italianos está convencida de que tiene que dimitir, y sólo tiene la confianza del 31 por ciento. Pero sus opositores -los centristas y la izquierda liderada por el Partido Demócrata- sólo lograrían una mayoría escasa en caso de elecciones anticipadas.

Un escenario que podría no revelarse tan hostil para Berlusconi, que en campaña electoral encuentra su entorno ideal: como comunicador, y por controlar un imperio televisivo y editorial, no tiene rival.

En vez de dimitir, prepara el contraataque: ha convencido a unos cuantos diputados de la oposición para que entren en su mayoría de Gobierno y así garantizar su estabilidad; piensa utilizar sus apoyos en el Parlamento para aprobar unas cuantas leyes que le vuelven a proteger de los fiscales; y, a través de sus televisiones y periódicos, está llevando adelante una campaña mediática que le retrata como perseguido por la magistratura.

Objetivo: sobrevivir a los escándalos y a la crisis para ser candidato en 2013 a presidente de la República.

Zapatero, amortizado

El caso español suma un debate abierto sobre la posible sucesión del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, a los batacazos electorales pasados y a las malas expectativas en los comicios autonómicos y locales del próximo 22 de mayo.

En esta legislatura, es decir, desde que empezara la crisis en 2008, el Ejecutivo socialista acarrea ya tres derrotas: en 2009 en las elecciones europeas y gallegas y, en 2010, en las catalanas. Pero en 2009, el PSE llegó a la lehendakaritza en el País Vasco con apoyo del PP.

A futuro, el panorama electoral no pinta mucho mejor para un Zapatero que se ha visto obligado a dar un giro de 180 grados en muchas de sus convicciones políticas.

A la reacción tardía a la crisis, se han sumado en los últimos meses el mayor ajuste social de la democracia para evitar que España fuera intervenida como Grecia e Irlanda, una reforma laboral que abarata el despido -que terminó en su primera huelga general- y una reforma de pensiones que retrasa la edad de jubilación hasta los 67 años.

Todas las encuestas desde el verano presentan diferencias incluso de dos dígitos entre el PP y el PSOE. En el barómetro del CIS de enero, la nota que los ciudadanos ponen a Zapatero es su peor calificación desde que llegó a la Moncloa en 2004: un 3,30. Consuelo: la valoración del presidente de la oposición, Mariano Rajoy, es peor.

El pasado otoño, Zapatero se vio ante un posible adelanto electoral. Pero sobrevivió pactando con el PNV y Coalición Canaria.

Ahora, los barones del PSOE debaten sobre su sucesión y los presuntos candidatos se preparan para unas posibles primarias.

Los dos nombres que más suenan: el vicepresidente Alfredo Pérez Rubalcaba, y la ministra de Defensa, Carme Chacón.

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