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Del 11 de septiembre a la revolución árabe

Para el Debate: Del 11 de septiembre a la revolución árabe

de Periódico El Libertario, el Martes, 10 de mayo de 2011 a las 14:14
 
Por Simón Rodríguez Porras

De acuerdo con la versión oficial, un grupo comando yanqui entró en la noche del 1 de mayo a la vivienda donde se encontraba escondido Osama Bin Laden junto con miembros de su familia, cerca de la capital pakistaní, y pese a no ofrecer resistencia fue ejecutado, al igual que varios de sus acompañantes. Luego arrojaron su cuerpo al mar, aplicando el método de la desaparición forzada que durante años la Escuela de las Américas enseñó a los terroristas de Estado latinoamericanos.

Bin Laden fue un integrista islámico armado y entrenado por la CIA, como otros miles de mercenarios, para combatir a los soviéticos en Afganistán. Los cuervos criados por el imperialismo luego impulsaron su propia agenda, que incluía expulsar las bases militares yanquis de Arabia Saudita, donde se encuentran los sitios religiosos más importantes para los musulmanes, y terminar con la situación colonial de Palestina. La agrupación de Bin Laden ya había alcanzado cierta notoriedad antes de 2001, por ataques contra objetivos militares de EEUU en Arabia Saudita y Yemen, y contra las embajadas gringas en Kenya y Tanzania, ataques en los que hubo centenares de víctimas civiles africanas. Su actividad había sido el pretexto para bombardeos criminales como el perpetrado por el gobierno de Clinton contra la precaria industria farmacéutica de Sudán. Cuando cayeron las torres gemelas de Nueva York el 11 de septiembre de 2001, Bin Laden aplaudió los atentados sin asumir responsabilidad por su ejecución. Como suele ocurrir con las acciones aisladas, estos atentados no generaron ningún tipo de movilización contra la política exterior de los EEUU, ni siquiera en aquellos países oprimidos donde fueron percibidos como una venganza por los largos años de matanzas y crímenes de todo tipo perpetrados directamente o con apoyo del gobierno estadounidense, tales como Irak y Palestina. En EEUU generaron una confusión general que fue aprovechada por la élite gobernante para alimentar un patrioterismo extremo.
El gobierno de Bush solicitó a la dictadura teocrática del Talibán que extraditara a Bin Laden por la autoría intelectual de los ataques, pero la dictadura pidió pruebas de las acusaciones para detenerlo y entregarlo. Bush respondió a esta solicitud invadiendo Afganistán, invasión que ha cobrado decenas de miles de víctimas civiles. (1)
 
Casi diez años después, embriagado por la ejecución de Bin Laden, Obama pronunció un discurso en el que aseguró que EEUU podía hacer cualquier cosa que se propusiera en el mundo. Los hechos nos dicen todo lo contrario: hoy el imperialismo no puede hacer lo que le dé la gana. Es cierto que los ataques de 2001 crearon las condiciones políticas internas para que el gobierno de los EEUU pudiera lanzar una campaña de invasiones, restringiera las libertades democráticas con la Ley Patriota y otros instrumentos regresivos, e incluso creara centros de tortura secretos en Europa y un campo de concentración en Guantánamo, todo esto a nombre de la guerra contra el terrorismo. Parecía que, como diría Obama, los yanquis podían hacer lo que se propusieran, sin importar el odio que despertaran en todo el mundo sus crímenes. Pero esa situación ha cambiado radicalmente.
El pueblo árabe “ha dicho basta y ha echado a andar”
Los invasores han tenido que replegarse en Irak y comenzar su retirada, derrotados por la resistencia, mientras que Afganistán se ha convertido en un pantano para los invasores. Los saharahuis y los palestinos se mantienen en resistencia contra la ocupación colonial, que no ha podido ser derrotada. A partir del presente año se ha desatado una insurrección de masas contra las dictaduras y las degeneradas monarquías que plagan el mundo árabe. Uno de los pilares de la dominación yanqui en la región, y aliado incondicional de Israel, el dictador egipcio Hosni Mubarak, ha caído, al igual que el dictador tunecino Ben Alí. Hay tremendos procesos revolucionarios en curso en Libia, Siria, Yemen y Bahrein. Son procesos con una importante carga antiimperialista, en los que los integristas islámicos no juegan ningún papel relevante. En Egipto, los Hermanos Musulmanes tienen un programa político se asemeja al del partido gobernante de Turquía, autoritario y sin roces significativos con el imperialismo. Pese a ser una organización de relativa importancia dentro de Egipto, no apoyaron activamente la rebelión, de hecho se pronunciaron contra Mubarak después de que había caído.
El programa burgués y autoritario de los integristas islámicos choca con las reivindicaciones democráticas y sociales que están en el centro de la rebelión árabe, las cuales son la expresión de sus potencialidades anticapitalistas. Incluso en Palestina, donde Hamas había capitalizado un gran apoyo popular gracias a su posición de independencia y resistencia frente al fascismo sionista, se ha materializado un pacto de unificación del gobierno con la dirección de Fatah, que es la máxima expresión del colaboracionismo y de la renuncia a las banderas originales de la lucha anticolonial. El camino recorrido por Fatah es análogo al de los nacionalismos burgueses de la región, incluyendo el propio Mubarak, heredero del nasserismo, Kadafi y Al Assad de Siria, quienes demostraron las limitaciones y el retroceso de ese proyecto histórico, convirtiéndose en apéndices de la política imperialista en la región y sus regímenes son hoy el blanco de la furia popular.
Terrorismo o revolución
Por enésima vez se confirma que el terrorismo como método de lucha no sólo es ineficaz sino perjudicial para la causa de los pueblos, pues impide a las masas asimilar que a través de la movilización pueden tomar su destino en sus propias manos. Acciones aisladas e indiscriminadas, que cobran numerosas víctimas civiles, aterrorizan mucho más a la población general que a la élite gobernante, y por eso le brindan a ésta la ocasión para desatar la represión y en ocasiones utilizar otro tipo de terrorismo mucho más poderoso, por cuanto cuenta con recursos infinitamente mayores, como lo es el terrorismo de Estado.
En cambio, las acciones de masas en Yemen, las huelgas en Egipto, la creación de los comités revolucionarios en Túnez, el armamento popular y el combate contra Kadafi en Libia, los choques con los esbirros del ejército sirio y la quema del Palacio de Justicia por parte de miles de manifestantes enardecidos, los alzamientos estudiantiles contra la monarquía corrupta marroquí, son experiencias en las que son protagonistas y se educan políticamente millones de personas, saboreando el verdadero poder transformador de la movilización. Cuando el ejército reprime salvajemente, se fractura, como ha ocurrido en Libia y en menor grado en Siria, y si es incapaz de hacerlo, como en Túnez y Egipto, los gobiernos caen.
Obama: alegría de tísico
Los festejos en Washington por la ejecución del líder de Al Qaeda no se corresponden con la severa crisis de dominación yanqui en el mundo árabe, la cual no se revertirá por la desaparición física de un fanático que llevaba años aislado y sin ejercer una influencia significativa sobre la vida política de la región. El propio secretismo oficial sobre la ejecución es una muestra de debilidad, y es pasto para que proliferen diversas versiones sobre qué pretende Obama ocultar.
Con la intervención militar en Libia y la invasión saudí contra Bahrein, el imperialismo intenta frenar la revolución árabe, pero hasta los momentos no ha tenido el menor éxito. Hundiéndose en una crisis económica de enormes dimensiones y con escaso apoyo popular para aventuras guerreristas, la tradicional disposición agresiva y violenta de la política exterior yanqui se resiente de una tremenda impotencia. La celebración del gobierno de Obama es alegría de tísico. Hoy los pueblos árabes están logrando algo mucho más importante y efectivo que derribar las Torres Gemelas. Están derribando los regímenes en los que se ha apoyado EEUU durante décadas para oprimir y saquear el Mahgreb y el Oriente Medio.
Nota:
1.- Hasta el día de hoy, no se ha publicado una investigación profunda y concluyente sobre los ataques del 11 de septiembre. La página del FBI incluye a Bin Laden en su listado de “Criminales más buscados”, y en la ficha correspondiente menciona su responsabilidad en los ataques a las embajadas estadounidenses en Tanzania y Kenya, pero curiosamente no menciona su relación con los ataques del 11 de septiembre. La ficha de Bin Laden se puede observar en el siguiente enlace: http://www.fbi.gov/wanted/wanted_terrorists/usama-bin-laden
(Consultada el 9 de mayo de 2011).

Tomado de Laclase.info

Nobel de la Paz bendice atentado terrorista

Obameces (VI): Nobel de la Paz bendice atentado terrorista

Escrito por: Cordura el 04 May 2011 – URL Permanente

«El mundo es más seguro y es un lugar mejor como consecuencia de la muerte de Osama bin Laden. En un día como hoy, esto nos recuerda que como nación no hay nada que no podamos hacer cuando nos marcamos un objetivo.»
(Barack H. Obama )
«Hijo de hombre, adviértele al rey de Tiro que así dice el Señor omnipotente: “En la intimidad de tu arrogancia dijiste: Yo soy un dios. Me encuentro en alta mar sentado en un trono de dioses. ¡Pero tú no eres un dios, aunque te creas que lo eres! ¡Tú eres un simple mortal!”»
(Ezequiel 28: 2)


Cuentan que Obama asesinó a Osama…

O su gente, lo mismo da. Él es su “comandante en jefe”.

¿Lo han hecho? No nos consta. Sí sabemos que el presidente de Estados Unidos y Nobel de la Paz ha bendecido un atentado terrorista que, aseguran, él mismo ordenó (y en el que, eso sí parece constatado, ha habido varios muertos). También sabemos que enseguida le corearon líderes-siervos como Zapatero, Sarkozy… e incluso la Unión Europea en su conjunto. En alegre apología del terrorismo. Su Comisión, ante una molesta pregunta, ha declarado que la acción «no va contra los valores y principios» europeos. Esta afirmación axiológica sorprenderá a más de uno, pero hoy por hoy es la pura verdad. En el siglo en curso, Europa, con la pasividad de la gran mayoría de sus habitantes, no ha hecho sino profundizar su estado éticamente cadavérico. Hace tiempo que dejó de defender, como ente paneuropeo (y frente a quien haga falta), valores como la presunción de inocencia, los derechos humanos de cualesquiera ciudadanos y pueblos, y la propia libertad (sobre esto último, ver). Es un muerto espiritual, un zombi sumiso al Imperio, valioso en cualquier caso para sus fines hegemónicos.

Obama sin Laden puede ser aún más peligroso que Obama con Laden.
Y en todo caso, muchísimo más que Osama bin Laden.

La noticia que tantos celebran

¿Se puede matar a un muerto? Hablamos ahora de un muerto físico, de Osama. Más o menos desde el 11-S, sucesivos indicios señalan que su defunción se habría producido mucho antes del atentado terrorista bendecido por Obama. Se incluyen testimonios de no pocos personajes con toda la pinta de estar en el ajo (ver 1 y 2). O de expertos en la materia que destacan la mala salud que tenía en diciembre de 2001, como el analista de la CNN Peter Bergen. Y aun del propio FBI.

Hablamos de alguien que ya en 2001 no podía albergar una larga esperanza de vida (no más de dos años). De alguien que necesitaba diálisis regular y que, según la prensa convencional, se hallaba en julio de ese año en un hospital estadounidense de Dubai. Difícilmente habrá podido corretear de acá para allá hasta llegar a esa residencia de Abotabad (Pakistán) tras hacer escala en las cuevas de Tora Bora. Sobre todo, si se admite que le perseguían esbirros dotados de los más avanzados cachivaches tecnológicos. Todo lo cual, por supuesto, también arroja espesas sombras sobre la versión oficial del 11-S.

Tampoco aconseja pensar que hasta hace tres días Osama siguiera vivo el testimonio de Benazir Buto, a la sazón primera ministra de Pakistán. En una entrevista concedida al periodista inglés David Frost el 2 de noviembre de 2007 en Al Yazira, Benazir habló de pasada y con la mayor naturalidad del asesinato de Osama (ver minuto 2′ 23”). Según Wikipedia, la BBC censuraría esas palabras pero luego se vería obligada a restaurarlas porque en Internet es difícil poner puertas al campo. Menos de dos meses después, la propia Benazir era asesinada, lo que resulta significativo, aunque ya unas semanas antes de las citadas declaraciones habían intentado matarla (además el estudioso David R. Griffin –crítico del mito oficial sobre el 11-S y Bin Laden– ofrece consideraciones que relativizarían esas palabras de Buto).

Así pues, hasta la reciente comparecencia de Obama anunciando solemnemente la muerte de su cuasitocayo, era razonable sospechar que éste llevaba años muerto, pero no podíamos tener una seguridad completa. Ésta llegó con el anuncio por responsables estadounidenses de que, a las pocas horas de asesinar a Osama, su supuesto cadáver había sido arrojado al mar. Tan grotesca afirmación sobre la eliminación del cuerpo del delito disipa cualquier duda.

De paso hemos sabido que se asegura haber seguido las prescripciones islámicas con su cuerpo, aunque la realidad parece ser justo la contraria. También hemos conocido distintas versiones sobre el asesinato y detalles relacionados (seguramente emitidas todas ellas por las mismas fuentes imperiales; los desmentidos de sus propias falsedades buscarían aportar algo de verosimilitud al asunto, pensando siempre en el público más dócil, que suele ser el mayoritario). La penúltima señala que Bin Laden no iba armado. La última, que su hija de 12 años –según terceros– ha declarado que su padre fue asesinado tras rendirse. Uno se pregunta cómo es posible que el Imperio permita que una mocosa les saque los colores… La respuesta obvia es que les importa un rábano que esa niña desmienta detalles de su versión, siempre y cuando la “hija de Bin Laden” declare haber presenciado la muerte de su padre.

A estas horas, a los tres días del atentado, siguen mareando la perdiz con la posibilidad de mostrar o no alguna imagen del cadáver. Hablaron del ADN… pero ésa es obviamente una “prueba” circular –ellos mismos custodian la referencia genética previa–, o sea, nula. Se nos informó (ver fotografía superior) de que Obama y su entorno más íntimo presenciaron en directo desde la Casa Blanca la operación que acabó con la vida de Osama. ¿Por qué no enseñan ese vídeo?
Por qué han matado a un muerto

El demonio barbudo ya no era útil. Se les había quedado obsoleto. La credibilidad de los vídeos y comunicados que se le atribuían siempre fue escasa y en los últimos años tendía a cero. Además, ya eran demasiados años –casi una década– sin pillarle, cosa poco vendible entre la parroquia.

Al margen de ello, la coyuntura política de Obama necesitaba un golpe de efecto. La noticia del asesinato llegó muy pocos días después de que Barack se viese al parecer obligado a mostrar su partida de nacimiento ante las dudas de algunos sectores del partido opositor. Al conocerse el supuesto fin de Osama, los republicanos dedicaron, junto a los demócratas, una hasta entonces inédita ovación al presidente.

La popularidad del dictador del mundo entre sus compatriotas se ha disparado hasta un 56% tras conocerse el asesinato. El dato, aparte de dejar en evidencia el nivel ético y/o intelectual de un altísimo porcentaje de estadounidenses, apunta al móvil de la astracanada, pero no lo agota.

Pues la clave principal es otra, más siniestra. El Imperio se siente poderoso y tiene prisa por consumar sus planes de hegemonía global. El Magreb y Oriente Próximo arden con las revueltas árabes que, pese a ciertas interpretaciones miopes, favorecen grandemente dichos planes (en particular, los de quitar de en medio a Siria y, sobre todo, a Irán). Pero para acelerar sus pasos, metido como está en tres guerras de agresión simultáneas, necesita nuevos superatentados que legitimen nuevas intervenciones bélicas. La eliminación del agente Osama –fuera o no ya cadáver, pues para estos fines es lo mismo– provee la excusa perfecta para que sus seguidores perpetren una venganza a la altura del magnicidio sufrido. Se trataría, una vez más, de reeditar el 11-S. Además, ahora que dicen que tienen los ordenadores de Osama, podrán montar nuevas películas de su “Guerra contra el Terror”…

Los aliados más fieles del Imperio ya se han puesto a la tarea: la policía británica detuvo ayer a «cinco sospechosos de terrorismo cerca de planta nuclear». En España, el inicuo Rubalcaba avisó del riesgo de represalias «yihadistas».

Que nadie se crea que los del Partido Republicano son tan bobos como para creerse que a Osama le han matado ahora o, en todo caso, que no se le podía haber matado antes. Si participan de la farsa junto con los demócratas, a sabiendas de que puede proporcionar réditos electorales al actual presidente, es porque hay algo mucho más relevante a la vista: el Poder mundial, del cual, unos y otros, con el conjunto del establishment, se cuentan entre los principales beneficiarios. Sí, matar a un muerto puede dar mucho juego.
La barbarie ya esta aquí

Han dicho que lo han tirado al mar pero, total, qué más da… si –añaden– le habían disparado a la cabeza, lo que implica dejarlo más bien irreconocible. Además, caray, ellos pueden permitirse hacer lo que quieran. Lo ha dicho Leon Panetta, actual jefe de la CIA y próximo ministro de Defensa: ellos no tienen que demostrar nada al mundo, que por algo son los Estados Unidos de América.

Pueden hacer lo que les dé la gana. Pueden –y no es ni la primera ni la segunda vez– entrar en un país sin permiso para matar a un acusado y a sus acompañantes, qué más da el derecho internacional, el derecho a un juicio justo, el habeas corpus, el principio de presunción de inocencia. Pueden inventarse excusas para la guerra (que si las Torres Gemelas, que si las armas de destrucción masiva, que si el programa nuclear de Irán…), pues ya el mundo se encargará de creérselas. Y cuando deje de hacerlo, se olvidará de pedirles cuentas por ellas. Pueden –la humanidad se lo consiente– inventarse que han hecho lo que no han hecho y sostenerlo con datos inverosímiles, que para eso tienen legiones de periodistas que los corean.

Sí, ellos pueden: “Yes, we can”, lo dijo Obama. Y seguirán en Afganistán, si les da la gana, a pesar de que –nos cuentan– ya capturaron a Osama… en Pakistán. Y continuarán legitimando la tortura, más ahora que Panetta ha subrayado que fue útil para llegar a culminar el crimen. No en vano hace ya meses que Obama restauró las comisiones militares en cuyo marco se venía practicando.

La barbarie, completamente instalada entre nosotros, y no nos hemos enterado.

Estos días resulta llamativo comprobar cómo en muchos medios, medios sistémicos, plumas diversas parecen pese a todo cuestionarse lo ocurrido. La irónica incredulidad, las preguntas sin responder, las dudas de todo tipo… pueblan muchos artículos de autores poco o nada subversivos (cinco ejemplos: 1, 2, 3, 4 y 5). Por momentos hasta parece que los corifeos habituales sufrirán por fin un ataque de decencia…

No. Podrán –el tema vende– acentuar las contradicciones de la versión oficial. Podrán usar cierta sorna a la hora de contarla. Incluso, algunos, llegarán a cuestionar la ética de la acción criminal (¿quizá sobre todo por estética?). Pero no irán más allá. Sería, en ellos, violar el Tabú de los Tabúes, un absurdo disparate, un contradiós. ¿Acaso lo de Osama no lo han hecho los buenos?

Los buenos son los que escriben el guión, pero también los que lo ejecutan. Vemos la realidad con sus ojos. Y sus ojos son los medios masivos, los que publicitan la película, los que nos hipnotizan.

Los buenos a veces hacen cosas malas, eso es todo. No hay que darle más vueltas. Aunque nos vendan películas inverosímiles.

[Además, si nos ponemos muy tontos, ¿no mandarán a la CIA contra nosotros? Si son capaces de matar a un muerto, un muerto célebre, ¿les preocupará mucho matar a vivos anónimos? (La pregunta no es ésa, en realidad, sino cuánto tiempo tardarán en hacerlo).]

Así que ésta es la premisa fundamental, el tabú inviolable: lo han hecho los “buenos”, por eso está bien aunque se cuestione (casi) todo lo demás. Ockham venía a decir que Dios no es bueno porque haga el bien, sino que el bien es bien porque es lo que hace Dios. Y resulta que éstos se creen dioses. Léase la cita que abre este artículo: «…como nación no hay nada que no podamos hacer…» Nada nueva, por cierto, pues ya el predecesor –y alma gemela– de quien pronunció esa frase decía cosas no menos bárbaras y endiosadas: «Esta nación es pacífica, pero feroz cuando nos enfurecen.»

Sabiendo todo esto, hace falta estar muy ciegos para no comprender que Obama sin Laden puede ser aún más peligroso que Obama con Laden. Y en todo caso, muchísimo más que Osama bin Laden.

De Bush a Obama. Por qué EEUU mantiene viva la “amenaza” terrorista

De Bush a Obama. Por qué EEUU mantiene viva la “amenaza” terrorista

Los “planes contraterroristas” son el principal rubro de facturación de los presupuestos armamentistas a escala global
Geopolítica – 18/02/2011 8:03 – Autor: Redaccion – Fuente: www.prensaislamica.com
(Foto: skyscraperlife.com/
(Foto: skyscraperlife.com/

EEUU, con la administración Bush tras el 11-S, no solamente instaló un nuevo sistema de control político y social por medio de la manipulación mediática con el “terrorismo”, sino que además inauguró un “nuevo orden internacional” (sustitutivo de la “guerra fría” con la ex URSS) basado en la “guerra contraterrorista” que sirvió de justificación a las nuevas estrategias expansionistas del Imperio norteamericano y de las trasnacionales capitalistas. Obama continúa esa estrategia.

Este miércoles la secretaria de Seguridad Interna norteamericana, Janet Napolitano, dijo que las amenazas de ataques terroristas contra EEUU están posiblemente en su “mayor nivel” desde los atentados del 11 de septiembre de 2001.

“En algunas maneras, la amenaza hoy puede estar en su mayor nivel desde los ataques de hace casi diez años”, agregó.

En una presentación ante el comité de Seguridad Interna del Congreso, Napolitano consideró que Al Qaeda “aún representa una amenaza para Estados Unidos a pesar de la disminución de sus capacidades” y que su país también afronta “amenazas de varios grupos que comparten la ideología extremista y violenta de Al Qaeda.

Desde el 11-S hasta aquí, la recurrencia de denunciar la “amenaza terrorista” en territorio de EEUU es casi un acto burocrático y periódico de los funcionarios de la Casa Blanca.

En agosto de 2009, el ex secretario de Seguridad Interior (en la era Bush), Tom Ridge, confesó en un libro que las alertas con las amenazas de ataque “terrorista” de Al Qaeda incrementaban el temor en la sociedad estadounidense y subían la popularidad de Bush, cuya administración las utilizaba con fines electorales.

La revelación (más allá de ser una herramienta para publicitar el libro) trascendió la administración Bush, y puso sobre el tapete la utilización del terrorismo en operaciones psicológicas orientadas a generar consenso social y legitimación política a la “guerra contraterrorista” lanzada con la conquista militar de Afganistán e Irak tras el 11-S.

Develando por primera el uso del “terrorismo” como herramienta de Estado (revelado en infinidades de informes considerados hasta ahora como “conspirativos”), Tom Ridge, afirmó que fue presionado por altos funcionarios de la Casa Blanca para que elevara el nivel de la alerta nacional antes de las elecciones presidenciales de 2004 para favorecer la reelección de George W. Bush.

Ridge relató que, como se negó a hacerlo, lo convencieron de que había llegado la hora de renunciar al cargo (como efectivamente lo hizo).

Estas confesiones aparecieron en un libro de Ridge “La prueba de nuestro tiempo: Estados Unidos asediado… y cómo podemos estar nuevamente seguros” (The Test of Our Times: America Under Siege … and How We Can Be Safe Again) editado en septiembre de 2009.

En el libro Ridge cuenta que pese a los pedidos del ex secretario de Defensa, Donald H. Rumsfeld, y del entonces secretario de Justicia John Ashcroft, él se opuso a elevar el nivel de alerta y, finalmente, no fue elevado, aunque le costó el cargo.

Semanas antes de las elecciones habían sido difundidas dos grabacioness de Al-Qaeda: una con Osama Bin Laden y la otra con un hombre llamado “Azzam el estadounidense”.

La CIA -como lo hace siempre- reconoció la “autenticidad” de las amenazas y “reveló” que detrás de la “conexión terrorista” se encontraba, Adam Gadahn, alias “Azzam el estadounidense” un californiano de 26 años buscado intensamente por el FBI.

El aumento de la “alarma terrorista” en EEUU poco antes de las presidenciales de 2004 pretendía influir en los resultados y favorecer a George W. Bush, afirma Ridge en su libro.

Bush y el candidato contrincante demócrata John Kerry -señala- estaban muy igualados en las encuestas y los funcionarios claves de Bush afirmaban que el video de Bin Laden, incluso sin elevar el nivel de alarma, contribuiría a una victoria final de Bush por un resultado abrumante.

Pese a todo se tomaron grandes prevenciones de seguridad en edificios públicos y en lugares claves de Nueva York, lo que ayudó a recrear el “clima terrorista” que lo llevó a Bush a ganar las elecciones y ser reelecto en el cargo presidencial.

En pleno despliegue del aparato de seguridad para prevenir el “ataque terrorista”, Ridge renunció el 30 de noviembre del 2004.

Terrorismo de Estado imperial

Desde el punto de vista geopolítico y estratégico, el “terrorismo” no es un objeto diabólico del fundamentalismo islámico, sino una herramienta de la Guerra de Cuarta Generación que la inteligencia estadounidense y europea vienen utilizando (en Asia y Europa) para mantener y consolidar la alianza USA-UE en el campo de las operaciones, para derrotar a los talibanes en Afganistán, justificar acciones militares contra Irán antes de que se convierta en potencia nuclear, y generar un posible 11-S para distraer la atención de la crisis recesiva mundial.

A nivel geoeconómico se registra otra lectura: Si se detuviera la industria y el negocio armamentista centralizado alrededor del combate contra el “terrorismo” (hoy alimentado por un presupuesto bélico mundial de US$ 1,460 billones) terminaría de colapsar la economía norteamericana que hoy se encuentra en una crisis financiera-recesiva de características inéditas.

Esta es la mejor explicación de porqué Obama, hoy sentado en el sillón de la Casa Blanca, ya se convirtió en el “heredero forzoso” de la “guerra contraterrorista” de Bush a escala global.

La misma interpretación se puede inferir para las potencias de la Unión Europea que adhieren a los planes globales de la “guerra contraterrorista”, así como para China, Rusia y las potencias asiáticas cuyos complejos militares facturan miles de millones con armas y tecnología destinadas al combate contra el “terrorismo”.

Como se sabe, los “planes contraterroristas” son el principal rubro de facturación de los presupuestos armamentistas a escala global y conforman la mayor tasa de rentabilidad de las corporaciones de la guerra que giran alrededor de los complejos militares industriales de EEUU, Europa y Asia.

Este escenario, con las potencias centroasiáticas (que compiten por áreas de influencia con el eje USA-UE) adhiriendo a la “guerra contraterrorista” liderada por EEUU, marca con claridad como Al Qaeda y Bin Laden (un invento histórico de la CIA) ensambla en un solo bloque al sistema capitalista más allá de sus diferencias sectoriales.

La “simbiosis” funcional e interactiva entre Bush y Al Qaeda tiñó ocho años claves de la política imperial de EEUU. A punto tal, que a los expertos les resulta imposible pensar al uno sin el otro.

Durante ocho años de gestión, Bin Laden y Al Qaeda se convirtieron casi en una “herramienta de Estado” para Bush y los halcones neocon que convirtieron al “terrorismo” ( y a la “guerra contraterrorista”) en su principal estrategia de supervivencia en el poder.

Hay suficientes pruebas históricas en la materia: El 11-S sirvió de justificación para las invasiones de Irak y Afganistán, el 11-M en España preparó la campaña de reelección de Bush y fue la principal excusa para que EEUU impusiera en la ONU la tesis de “democratización” de Irak legitimando la ocupación militar, el 7-J en Londres y las sucesivas oleadas de “amenazas” y “alertas rojas” le sirvieron a Washington para instaurar el “terrorismo” como primera hipótesis de conflicto mundial, e imponer a Europa los “planes contraterroristas” hoy institucionalizados a escala global.

Decenas de informes y de especialistas -silenciados por la prensa oficial del sistema- han construido un cuerpo de pruebas irrefutables de que Bin Laden y Al Qaeda son instrumentos genuinos de la CIA estadounidense que los ha utilizado para justificar las invasiones a Irak y Afganistán y para instalar la “guerra contraterrorista” a escala global.

La “versión oficial” del 11-S fue cuestionada y denunciada como “falsa y manipulada” por un conjunto de ex funcionarios políticos y de inteligencia, así como de investigadores tanto de EEUU como de Europa, que constan en documentos y pruebas presentados a la justicia de EEUU que nunca los investigó aduciendo el carácter “conspirativo” de los mismos (Ver: Documentos e informes del 11-S. / Al Qaeda y el terrorismo “tercerizado” de la CIA / La CIA ocultó datos y protegió a los autores del 11-S / Ex ministro alemán confirma que la CIA estuvo implicada en los atentados del 11-S / Informe del Inspector General del FBI: Más evidencias de complicidad del gobierno con el 11-S / Atentados del 11-S: 100 personalidades impugnan la versión oficial )

El aparato de la prensa sionista internacional, a pesar de su marcada tendencia “anti-Bush”, jamás se hizo eco de estas investigaciones y denuncias que se siguen multiplicando, mientras que sus analistas sólo toman como valida la “versión oficial” instalada en la opinión pública a escala global.

El establishment del poder demócrata que hoy controla (y que ejerce la alternancia presidencial con los republicanos en la Casa Blanca) jamás mencionó la existencia de estas investigaciones y denuncias en una complicidad tácita de ocultamiento con el gobierno de Bush.

Simultáneamente, y durante los ocho años de gestión de Bush, los demócratas no solamente avalaron las invasiones de Irak y de Afganistán y votaron todos los presupuestos de la “guerra contraterrorista”, sino que también adoptaron como propia la “versión oficial” del 11-S.

Este pacto de silencio y de encubrimiento entre la prensa y el poder imperial norteamericano preservó las verdaderas causas del accionar terrorista de Bin laden y Al Qaeda, cuyas “amenazas” periódicas son publicadas sin ningún análisis y tal cual la difunden el gobierno y sus organismos oficiales como la CIA y el FBI

Obama, el heredero

La administración Bush, tras el 11-S, no solamente instaló un nuevo sistema de control político y social por medio de la manipulación mediática con el “terrorismo”, sino que además inauguró un “nuevo orden internacional” (sustitutivo de la “guerra fría” con la ex URSS) basado en la “guerra contraterrorista” que sirvió de justificación a las nuevas estrategias expansionistas del Imperio norteamericano y de las trasnacionales capitalistas.

En términos geopolíticos y militar-estratégicos, con la utilización de la leyenda mediática de Bin Laden y el peligro del “terrorismo internacional”, a partir del 11-S el Imperio norteamericano (potencia locomotora unipolar del planeta desde la caída de la URSS) sustituía aspectos claves de su supervivencia como Estado imperial.

En un planeta sin guerras inter-capitalistas, ya casi sin conflictos armados (al margen de Irak, Afganistán y Medio Oriente), la leyenda de Bin Laden y el “terrorismo internacional” sirvió (y sirve) para alimentar y justificar las estrategias expansionistas del Imperio norteamericano, para crear nuevos y potenciales mercados a la trasnacionales capitalistas de EEUU y Europa, y para mantener en funcionamiento a los complejos militares industriales que han encontrado en la “guerra contraterrorista” su nueva tajada ganancial en el negocio armamentista.

A diferencia de Bush, que inventaba conspiraciones con el “terrorismo islámico” para perseguir y espiar a sus enemigos internos, Obama preparó el terreno para la utilización de la conspiración de “derecha” antisemita con el mismo objetivo.

La estrategia no es nueva: Durante la pasada campaña electoral que lo consagró presidente de EEUU, Obama denunció en varias oportunidades potenciales ataques supuestamente planeados por grupos “extremistas de derecha” orientados a la persecución racial.

Como señalan los adoradores de Maquiavelo: Si no hay enemigo ni peligro a la vista, hay que inventarlo para generar consenso.

Bush y el lobby judío de halcones neocon, edificaron consenso y apoyo interno agitando y denunciando el peligro del “terrorismo islámico” como amenaza permanente a la “seguridad nacional” de EEUU. Dentro de esa bolsa metían a todos los que se le oponían.

Obama y el lobby judío liberal que lo secunda iniciaron otra práctica no menos peligrosa: El peligro acechante de la “derecha antisemita” que amenaza con el odio racial y la desintegración social de EEUU.

De esta manera la “derecha antisemita” se complementa en lo interno con la “amenaza terrorista” del “terrorismo islámico” en el plano internacional.

¿Y quienes son los amenazados? Judíos, inmigrantes y negros: La clientela electoral de Obama.

¿Y quienes son los malos que amenazan? Los que promueven la “ola antisemita” que amenaza la “seguridad nacional” de EEUU. En esa bolsa van a meter a todos los que se opongan al gobierno de Obama, incluidos los musulmanes “antisemitas” que alimentan las redes del “terrorismo islámico”.

No bien asumió en su cargo de presidente de EEUU, Obama prometió “barrer a los terroristas” de sus refugios en Pakistán y advirtió que Al Qaeda está planeando nuevos ataques, al dar a conocer su nueva estrategia para la guerra de ocupación contra los talibanes en Afganistán.

El presidente USA afirmó que las conflictivas regiones fronterizas de Pakistán son “el lugar más peligroso del mundo” para los norteamericanos y describió a la red Al Qaeda como un “cáncer” que podría devorar a Pakistán, a más de siete años de los ataques del 11 de septiembre.

Bien empleada, la herramienta “terrorismo” (un arma que combina la violencia militar con la Guerra de Cuarta Generación) tiene como objetivo central: Generar una conflicto (o una crisis) para luego aportar la solución más favorable a los intereses del que la emplea.

Por ejemplo: El 11-S (activado por la CIA infiltrada en los grupos islámicos) en EEUU fue el detonante del conflicto, y la “guerra contraterrorista” posterior, y las invasiones a Afganistán e Irak, fueron parte de la alternativa de solución.

Entre los varios objetivos encubiertos de la campaña con la “amenaza terrorista internacional” lanzada en los últimos días por la Casa Blanca y las potencias centrales europeas, sobresale nítidamente el de preparar el “clima” y la justificación para iniciar operaciones militares en alta escala en Medio Oriente, Yemen, Sudán y Somalía.

Tanto Washington como las potencias de la Unión Europea han mantenido históricamente denuncias constantes de “ataques terroristas islámicos” en planes de ejecución, pero que efectivamente no han sucedido, desde el 7 de julio de 2005, fecha del atentado terrorista al metro de Londres.

En una versión degradada (marcada por la decadencia del Imperio), Barack Obama ya recita casi textualmente la “doctrina Bush” de las guerras preventivas contra el “eje del mal” como estrategia de apoderamiento de mercados y de recursos estratégicos que el Imperio y sus corporaciones necesitan para renovar sus ciclos de expansión capitalista.

Terminado el marketing electoral, con un Imperio USA colapsado por la crisis económica y las contradicciones internas, el presidente negro comenzó a aplicar a rajatabla la “guerra contraterrorista” como estrategia imperial de Estado en el marco de la política exterior.

Obama y el lobby judío liberal que lo secunda renuevan constantemente la “amenaza terrorista” como una estrategia continuista de la era Bush reciclada en los marcos del “progresismo” imperial.

Y esto reafirma una tendencia ya probada: La “guerra contraterrorista” no fue unapolítica coyuntural de Bush y los halcones neocon, sino una estrategia global del Estado imperial norteamericano diseñada y aplicada tras el 11-S en EEUU, que ya tiene una clara línea de continuidad con el gobierno demócrata de Obama.

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