Islandia, crisis y revolución

Islandia, crisis y revolución

Islandia. Una forma diferente de enfrentarse a la crisis

2011 se está presentando como el año de las revoluciones. Las terapias de choque neoliberales y la especulación en alimentos y energía han abierto la caja de pandora de la juventud desesperada condenada al paro y a la miseria por el neoliberalismo.

 
Mientras la atención (y el pánico) se fija en el colapso de las dictaduras norteafricanas apadrinadas por Washington y la Unión Europea, en el norte se está desarrollando un proceso de plantar cara a la crisis muy distinto al de las agresivas devaluaciones internas que se están implementando en Irlanda, Grecia, Portugal, Países Bálticos y España y que van dejar muy pronto a más de la mitad de la población europea en condiciones similares a las que están lanzado a la calle a la población de los países árabes.

A diferencia del resto de la periferia europea (países del este y PIIGS) Islandia está haciendo asumir las pérdidas a los acreedores. Casi todos los fondos hedge, fondos de inversión, bancos europeos, … que habían especulado en la burbuja nórdica, se han visto obligados a aceptar una quita del 70%. Curiosamente, después de negarse a socializar las pérdidas privadas la deuda pública islandesa paga menos prima de riesgo que la española o la italiana.

Historia de la penetración del neoliberalismo en Islandia

En 1850 Islandia era una colonia semifeudal de Dinamarca. La corona danesa y la iglesia luterana eran propietarias de la mitad de la tierra cultivable. En 1918, tras la primera guerra mundial, los islandeses consiguieron la independencia (aunque manteniendo el estatus de semi-dominio).

 
La mecanización de la flota pesquera permitió la acumulación de divisas y la aparición de un poderoso sector comercial importador dominado por unas 14 familias (popularmente conocidas por “el pulpo”) que controlaban todos los sectores de la economía ( – pesca, transportes, banca, seguros, comercio, … – ) y el gobierno.

Tras la 2ª G.M. la economía creció gracias al incremento de la pesca, el Plan Marshall y la instalación de una gran base de la OTAN en la isla. La prosperidad contribuyó a la instauración de un estado del bienestar semejante al escandinavo con un nivel y distribución de la renta semejante al del resto de países nórdicos. Sin embargo, la oligarquía (el pulpo) seguía controlando los centros neurálgicos de la economía y el gobierno.

A principios de los 80 las ideas neoliberales empezaron a penetrar en la isla de la mano del periódico “La locomotora” (órgano de expresión del ESADE islandés) , que promovió la desregulación a ultranza, subcontratación a empresas privadas de los servicios públicos, la privatización de las flotas municipales y de las empresas públicas. Los dos futuros primeros ministros Oddsson y Haarde fueron miembros del consejo de redacción.

La “neoliberalización” de Islandia arrancó con pie firme a partir de 1994 con su aproximación a la Unión Europea que implicó la supresión de las restricciones al movimiento de mercancías, capitales y trabajadores.

En 1998 se privatizó la banca pública. El nuevo sector bancario privatizado giraría en torno a tres bancos: Landsbanki, Kaupthing y Glitnir.

 
Los nuevos propietarios de los bancos establecieron compañías private-equity que adquirieron grandes participaciones en dichos bancos de forma que todo el sector quedó en muy pocas manos. La construcción de una enorme presa hidroeléctrica financiada con fondos públicos y la construcción de un gigantesca planta de aluminio, propiedad de Alcoa, generaron cuantiosas entradas de capitales exteriores.

A principios del nuevo milenio el neoliberalismo se había instaurado definitivamente en Islandia. Se rebajaron los impuestos sobre la renta y el patrimonio (desaparecido) de los más ricos y el impuesto de sociedades se rebajó hasta figurar entre los más bajos de la OCDE con el objetivo de convertir la isla en un nuevo paraíso fiscal.

Pero la codicia de los nuevos banqueros y dirigentes apuntaba más lejos. Las burbujas crediticias se estaban desarrollando en las finanzas anglosajonas y los noveles financieros apostaron fuerte para apuntarse a la corrida convirtiendo Islandia en un centro financiero internacional offshore.

Usando sus participaciones como colateral, procedieron a pedir grandes créditos de sus propios bancos utilizándolos para comprar acciones de estos mismos bancos con lo que se disparó la cotización de sus acciones. En el tinglado participaron los tres bancos cruzándose préstamos y acciones entre sí consiguiendo así que dispararan las cotizaciones del conjunto.

El recalentamiento bursátil subsiguiente fue estratosférico (x 9 entre 2001 y 2007). Las descaradas manipulaciones fueron disimuladas al estilo Enron: los bancos abrieron un carrusel de compañías subsidiarias en opacos paraísos fiscales (Luxemburgo, Isla de Man, Islas Vírgenes Británicas, …) donde aparcar a salvo de curiosos sus heterodoxas transacciones.

Se desencadeno la euforia general. Los precios de la vivienda se dispararon. Los mercados se enamoraron del nuevo tigre nórdico y los islandeses pasaron a endeudarse en euros, francos suizos o yens que se ofrecían a tipos de interés inferiores a los contratados en moneda islandesa. Islandia había entrado en la Champions League de las finanzas.

 
A finales de 2007 los activos de los tres bancos representaban casi ocho veces el PIB islandés y sus banqueros (‘Viking raiders‘) rivalizaban en stock options y despilfarro de lujo con sus congéneres de Londres o Wall Street.

La “minicrisis” de 2006

En 2006 se produjo una “mini-crisis”. La agencia Fitch rebajó la puntuación del país y hubo problemas para refinanciarse en los mercados monetarios. La króna cayó en picado con lo que las deudas en divisas se elevaron en la misma proporción. La bolsa se desplomó. El riesgo de contagio sistémico era inminente. El banco Danske de Copenhangen describió a Islandia como una economía geyser a punto de explotar.

Sin embargo no eran tiempos de sublevar un corral financiero ya sobrecalentado. El FMI salió rápidamente al quite afirmando que “el futuro de la economía islandesa era envidiable”. La Cámara de Comercio islandesa encargó y pagó honerosamente sendos informes ( hoy diríamos stress tests) a Frederic Mishkin, renombrado economista de la Columbia Business School y a Richard Portes de la London Business School, que confirmaron entusiásticamente los sólidos fundamentos de la buena salud de la banca islandesa. El economista neoliberal Arthur Laffer afirmó sin cortarse un pelo que “la economía islandesa debería ser un modelo para el mundo”.

La falta de liquidez agudizó el ingenio de los banqueros islandeses. Inventaron dos curiosos métodos par obtener fondos líquidos:

1. Colocaron sus obligaciones en los pequeños bancos regionales islandeses los cuales pidieron préstamos al Banco Central islandés usando estos bonos como colateral. Luego prestaban los fondos obtenidos a los primeros. El esquema funcionaba y decidieron internacionalizarlo. Establecieron sucursales en Luxemburgo a las que vendieron los bonos y estas los usaron como colaterales de los préstamos solicitados al Banco Central de Luxemburgo o al Banco Central Europeo. Entre febrero y junio de 2008 los tres bancos islandeses recaudaron 4.500 millones de euros del banco luxemburgués. Las agencias de rating estamparon una triple A sobre estos bonos.

2. Icesave: una especie de ng-direct a la islandesa. Aduciendo menores costes operativos ofrecían tipos más atractivos a los incautos depositantes (Islandia era miembro de la EEA lo cual implicaba que los depósitos quedaban asegurados por el Fondo de Garantía de Depósitos europeo). Los primeros en picar fueron los ingleses (más de 300.000 depositantes en unos pocos meses incluyendo administraciones locales y entidades públicas: Universidad de Cambridge, la London Metropolitan Police Authority e incluso la UK Audit Commission, cuya misión es supervisar las finanzas de las administraciones locales). Luego las sucursales de Icesave se implantaron en Holanda capturando ingentes cantidades de fondos. Los empleados de Landsbanki apenas podían creerse como subían las cifras en los monitores de sus ordenadores.

El crac

El 15 de septiembre de 2008 caía Lehman Brothers. La caída de los bancos islandeses se produjo dos semanas más tarde (tiempo suficiente para repartirse créditos millonarios, sin garantías, entre compinches de las recientes fechorías financieras).

El gobernador del Banco Central, Oddsson, decidió fijar la króna al € y permitir así la huida desbocada de capitales (de sus amiguetes bien informados) más cuantiosa y rápida de la historia. Al cabo de unas horas la króna se hundió como una piedra (de 70k/€ a 190k/€) pillando al resto de los islandeses. Unas horas más tarde le seguían la bolsa, los bonos y el precio de las viviendas. Islandia se hundía como el Titanic. A primeros de octubre aterrizaba el FMI para tomar el mando a cambio de un préstamo de 2.100 millones de dólares. El préstamo está condicionado a socializar las deudas de los bancos (los islandeses deberían pagar 3.700 mill. de € en un plazo de 15 años y a un interés del 5,5%). El desbordado gobierno de Geir Haarde iniciaba a la desesperada los trámites para el ingreso de Islandia en la UE, entrada que se vendía como la solución a la crisis y que, por supuesto, también quedaría condicionada a la socialización de las pérdidas del casino bancario.

Los paganos serían los islandeses de a pie. El Banco Central islandés, involucrado en los tinglados organizados por la banca privada, hubo de ser recapitalizado con fondos públicos (18% del PIB). La banca privada también fue rescatada de la misma manera. La deuda externa, pública y privada, de Islandia supera 3 veces el PIB. Los intereses y la amortización de la deuda constituyen en la actualidad la partida más importante de los presupuestos y no hace más que crecer a medida que se suceden los vencimientos contratados. La deuda privada, contratada en divisas, se ha duplicado, triplicado o cuadruplicado con la devaluación de la króna.

Una revolución en curso?

– No masivo a la terapia de choque neoliberal. El FMI sujeto a “referendum”

En mayo de 2009 miles de personas de todas las edades y condición montaron una cacerolada pidiendo la dimisión del gobierno. La presión popular fue en aumento hasta que el gobierno ultraliberal tiró la toalla siendo substituido por el gobierno provisional de una coalición de izquierdas (SDA: socialdemócratas y el LGM: verdes) en enero de 2009.

Frente a las fuertes protestas, las medidas de “ajuste” exigidas por el FMI se han pospuesto, por el momento hasta 2011. Ello permitió que el paro no se haya disparado hasta ahora (8% en 2009).

La “socialización” de las deudas de Icesave (3.700 millones de euros: 50% del PIB, a devolver entre 2016 y 2023 con un recargo del 5% de interés) exigida por el FMI y los gobiernos del Reino Unido y Holanda fue sometida a referendum en marzo de 2010. El 93% votó NO. En respuesta a tal desaguisado el FMI congeló toda “ayuda” y la UE las negociaciones para la adhesión.

Islandia ha re-nacionalizado los bancos y renegociado la deuda haciendo asumir las pérdidas a los acreedores. Casi todos los fondos hedge, fondos de inversión, bancos europeos, … que habían especulado en la burbuja, se han visto obligados a aceptar una quita del 70%. Curiosamente, después de negarse a socializar las pérdidas privadas la deuda pública islandesa paga menos prima de riesgo que la española o la italiana.

– No a la impunidad

El gobierno ha iniciado una investigación en toda regla para dirimir jurídicamente las responsabilidades de la crisis. Mandó arrestar a varios y pidió a la INTERPOL un orden de detención para los fugados. Preocupa a la UE la investigación que se está llevando a cabo en Islandia sobre los chanchullos de las finanzas internacionales, incluidas las agencias de rating, investigación que podría salpicar a un buen número de banqueros europeos y anglosajones. Parece que la UE estaría negociando adhesión y ayudas a cambio del relajamiento de la investigación.

Una nueva constitución antineoliberal

Los islandeses van a escribir una nueva constitución y lo van ha hacer de la forma más democrática posible: la democracia directa. Para ello han se va a formar una Asamblea Constituyente a partir de una muestra de 31 ciudadanos corrientes que se reunirá a principios de 2011. Los participantes serán elegidos por sufragio directo. Cualquier islandés podrá ser elegido. El texto que discutirán será propuesto por una convención de 1000 islandeses de entre 48 -89 años, elegidos al azar. Camioneros, profesores de universidad, periodistas, abogados, informáticos, … están haciendo públicas (con igual tiempo en la radio) sus credenciales para resultar elegidos como redactores del texto.

Los islandeses han sufrido sobre sus carnes las consecuencias del descontrol político y la desregulación a ultranza. Van ha elaborar una nueva estructura constitucional democrática capaz de impedir el saqueo de los fondos públicos por financieros y agencias conchabados y sin escrúpulos y meter en la cárcel, sin contemplaciones, a los saqueadores de guante blanco.

En Islandia se debaten y se cuestionan los valores que llevaron al boom especulativo y a la incompetencia y deslealtad de los dirigentes tanto públicos como privados sobre los que debe fundarse una sociedad. Islandia, que figuró en el primer puesto del índice de anticorrupción que emite Transparencia Internacional, era de hecho un nido de opacidad, corrupción y clientelismo. Una investigación parlamentaria ha dado como resultado un informe de 2000 páginas que refleja el lamentable decaimiento institucional promovido por los valores neoliberales.

– De paraísos fiscal a paraíso para la información.

El parlamente islandés aprobó un proyecto de ley denominado “Iniciativa Moderna Mediática Islandesa” cuyo objetivo es “fortificar la libertad de expresión e información, así como garantizar una fuerte protección para las fuentes y sus informantes” en la línea de wikileaks. Las pseudo democracias desinformadas funcionan y operan en la práctica como dictaduras del capital y los mercados.

– Recuperación económica a la islandesa

El colapso de 15 de septiembre, en cierta medida, fue una bendición. Los tres bancos quebraron al unísono. Si se hubiera retrasado la aceleración inherente a la dinámica Ponzi hubiera hecho crecer la bola de nieve de la deuda hasta niveles que al estallar hubieran significado la completa bancarrota de una nación moderna.

Islandia, a diferencia de España e Irlanda, dejó que se hundiera su enorme iceberg bancario y se está resistiendo a los intentos de hacer pagar a los islandeses los desaguisados financieros fruto de la codicia de los mercados desregulados. El sistema bancario sobreviviente es un conjunto de pequeños bancos que “prestan” a sus clientes. Islandia, a diferencia de España e Irlanda, no está integrada en el euro y podría optar incluso por el default soberano si los términos de la reestructuración de su deuda resultan asfixiantes. Islandia está en condiciones de negociar, lo cual no parece ser el caso de España y demás países pegados al euro.

De hecho, su sector público es tan pequeño que nunca podría absorber las deudas impagadas de su monstruosa malformación bancaria. De momento, han dejado para más adelante (2011, 2015? …) los planes de ajuste que le exigen la UE y el FMI para dedicarse a trabajar y recuperarse del trango. Una vez aligerada del sobrepeso bancario será más fácil la recuperación económica basada en la pesca, el turismo y el aluminio generado por sus inagotables recursos energéticos.

El camino no está sembrado de rosas. Llueven espinas desde todos lados. En octubre de 2010 miles de manifestantes desbordaron a los antidisturbios y abordaron a los parlamentarios exigiendo que no se plegaran a las amenazas del FMI y la UE. Muchos parlamentarios huyeron por piernas por la puerta trasera del edificio.

Un modelo sospechosamente poco estudiado

Curiosamente, el proceso de recuperación islandés no interesa a los medios de comunicación. Se puso como ejemplo a Irlanda, con un 10 en la asignatura de devaluación interna, antes de que la rescataran. Ahora se pone como ejemplo a seguir el de la destrozada Lituania que podría crecer (sin crear empleo) este año un 3% después de haber experimentado una recesión del -26,3% y sufrido una drástica devaluación interna que ha expulsado más del 17% de su población joven.

Publicado el mayo 2, 2011 en ISLANDIA. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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