HISTORIA del FMI

Historia del Fondo Monetario Internacional (FMI)

 

Rodrigo Rato (marzo de 2007) : “Los hedge funds aportan beneficios obvios: han añadido liquidez al mercado y han ayudado a transferir el riesgo a una variedad mucho mayor de inversores dispuestos a asumirlo. En ese sentido han contribuido a la estabilidad y también han ayudado a reducir la ineficiencia de los mercados”

Marta Harnecker: “El problema de la “democracia” actual es que la mayoría de las decisiones importantes no se toman en la sede de los parlamentos o de los gobiernos, sino en las del FMI, el BM, el Banco Central Europeo, la Comisión Europea, … , cuyos miembros obedecen las directrices de las grandes corporaciones.”

En Islandia el FMI ha sido sometido a referendum y los islandeses han votado con un rotundo “NO“. España está a punto de ser “rescatada”. La capitalización de las cajas-banco con cargo a fondos públicos (quien sino va a adquirir acciones de entidades quebradas) podría precipitar los acontecimientos. El F.M.I. es la agencia ineternacional especializada en este tipo de “rescates” y ha participado en los rescates de países del este, Islandia, Grecia, Irlanda, … y de hecho está participando en el diseño del ajuste “pre-rescate” ibérico. El “pack” habitual consiste en reducir el empleo y los sueldos del sector público, instituir el “co-pago” en la sanidad pública, la educación y los productos farmacéuticos, racionalizar (sic) las camas de los hospitales públicos, privatizar de activos públicos, … En Grecia están sugiriendo que el estado venda sus playas.


El FMI, según noticias recientes, ha practicado una “demoledora auditoría interna” que analiza el comportamiento del FMI ante la reciente crisis financiera. El informe “disecciona” precisamente los años en los que Rodrigo Rato, actual presidente de Caja Madrid, fue su director general (2004 hasta el 2007) .

Puestos a “auditar” y a “diseccionar” veamos con más detalle cual ha sido la tenebrosa historia del Fondo Monetario Internacional, institución que tubo el honor y el placer de dirigir nuestro insigne y neoliberal compatriota, y que todo apunta a que se va ha convertir en algo muy cercano y cotidiano para los españoles de la década que acabamos de iniciar.

Origen del FMI – BM

La segunda guerra mundial evidenció la ferocidad autodestructiva del capitalismo. Tras 15 años de depresión los gurus del neoliberalismo se escondían bajo las piedras, el sistema se disfrazaba (Estado del bienestar) frente al peligro de revolución social y se lanzaban proclamas por una reconstrucción de la economía mundial sobre bases más estables y justas.

En 1944 se celebró en Bretton Woods, un pequeño pueblo del estado norteamericano de New Hampshire, una conferencia dónde se discutió sobre la manera de establecer alguna clase de normativa monetaria internacional para evitar una nueva espiral depresiva como la de los años treinta.

En Bretton Woods nacerían dos instituciones hermanas (el FMI y el Banco Mundial) cargadas inicialmente de buenas intenciones pero que en el curso de los años mutarían en organismos degenerados de destrucción masiva.

La 1ª etapa del F.M.I (1945-1971)

La misión original del FMI fue la de asegurar la estabilidad del sistema financiero mundial (implicaba el reconocimiento de que las instituciones financieras y “los mercados”, desregulados y especulativos, tendían a desestabilizar el mismo sistema financiero y el conjunto de la economía). Así pues, su propósito inicial incluía la domesticación y la regulación a escala global y nacional del sistema financiero.

La crisis y la guerra habían destruido la moneda internacional. Así como durante la guerra civil española se cambiaban pollos por aparatos de radio, en el comercio internacio­nal de la posguerra pasaba el mismo. Sólo el oro era aceptado como moneda, pero de oro había poco y casi todo estaba en los EEUU.

En las conferencias previas a Bretton Woods, J.M. Keynes, como representante de Inglaterra y, por extensión, de la mayoría de naciones endeudadas, proponía la creación de una moneda internacional, el bancor, controlada por una autoridad financiera mundial, para facilitar la expansión del mercado mundial y frenar la peligrosa tentación especulativa.

Al final, sin embargo, triunfó la opción egoísta del Dep. del Tesoro norteamericano, defendida por Harry Dexter White. El FMI sería un fondo de monedas internacionales constituido por las cuotas aportadas por los países miembros. Los países más ricos son los que más ponen y son los que dirigen el organismo, puesto que el poder de voto está en relación a la cuota aportada. EEUU detenta el 17,5% y como es preciso el 85% de votos para sacar adelante una propuesta, EEUU tiene poder de veto.

El FMI se convertiría en una agencia internacional controlada desde Washington y el sistema monetario internacional no se basaría en el bancor sino en el dólar que sustituiría a la libra como moneda mundial.

Los países miembros del FMI se comprometían a mantener fijas las paridades de sus monedas. En caso de desequilibrios los tipos de cambio podían ajustarse (por ejemplo devaluar) pero siempre de una forma negociada en el seno del FMI. Los tipos de cambio se anclaron al dólar convertible en oro a razón de 35$/onza.

Eran los bancos centrales los encargados de mantener las paridades fijadas interviniendo en el mercado de divisas (forex) armados con sus reservas de divisas. Cuando un banco central agotaba sus reservas de dólares (por ejemplo porque su país ha importado por valor superior del que ha exportado, está en déficit y su moneda se está devaluando en el forex) el FMI se los prestaba, a cambio de “ciertas condiciones” para disminuir el déficit exterior, aceptando como garantía el equivalente en moneda del país con problemas (giro). No era preciso acudir a “los mercados”.

El Plan Marsall, otro tipo de “plan de rescate”

En 1947 Europa se hallaba al borde del caos. Los países tenían que importar bienes para sobrevivir a la gran destrucción de la guerra y no disponía de medios de pago. A parte de la crisis económica, la inestabilidad política amenazaba al capitalismo. Los gobiernos de Francia e Italia se tambaleaban ante la presión de los sindicatos y los partidos comunistas. Inglaterra se veía obligada a retirarse de la India y Palestina y abandonar la lucha contra la insurgencia comunista en Grecia y Turquía.

Las instituciones de Bretton Woods resultaban poco adecuadas e insuficientes ante la magnitud de los problemas y EEUU optó por un plan de ayuda masiva.

El Plan Marshall generaría la liquidez necesaria para la reconstrucción europea (17.000 millones de $ para 16 países) y los pagos por las importaciones procedentes de los EEUU. No fue un plan de rescate con “condiciones”. No fue un plan de rescate para “rescatar” acreedores de casino, fue un plan para que los países beneficiarios pudieran invertir en infraestructuras, servicios públicos, subsidios al desempleo, … Eran rescates “sin condiciones” (en el rescate de Indonesia en 1997 se establecieron nada menos que 140 condiciones para acceder al préstamo).

La recuperación europea y la crisis del sistema de pagos

Entre los 50 y los 60 los países europeos pasaron paulatinamente de importadores a exportadores netos con respecto a los EEUU. Los productos europeos (y luego los japoneses) con frecuencia resultaban mejores y más baratos que los norteamericanos. A partir de 1958 los principales países de la OCDE habían desmantelado los controles de cambios en operaciones comerciales pero los mantenían cuando se trataba de operaciones de capital (mercados). En 1960 las reservas de dólares en manos de extranjeros superaron las reservas de oro norteamericanas.

La estabilidad monetaria se había convertido en un problema para la competitividad de la economía norteamericana. Mantener el patrón dólar-oro hubiera implicaba cierta estabilización en los EEUU en orden a aumentar su competitividad (lo que hoy denominamos una devaluación interna).

Una vez acabado el boom de la posguerra el capitalismo veía asomar de nuevo el fantasma del estancamiento y la depresión. La deuda y la financiarización iban a convertirse en la alternativa y el combustible necesario no podía ser otro que el dólar liberado de su vinculación al vil metal.

La 2ª etapa del F.M.I.

La regulación del sistema y el periodo de relativa estabilidad financiera acabó con el Acuerdo Smithsoniano de 1972. El dólar dejó de ser convertible (se devaluó) y la flotación (oferta-demanda en el forex) reemplazó al sistema de tipos de cambio fijos, es decir, los bancos centrales dejaban de intervenir de oficio con sus reservas de divisas, aunque en la práctica -flotación sucia – siguieron interviniendo para “orientar” la evolución de sus tipos de cambio.

En el caso europeo la libre flotación equivalía a un desbarajuste comercial, por lo que los miembros de la CEE a intentaron mantener un sistema de tipos fijos en Europa - la serpiente monetaria – previo a la posterior unión monetaria.

A partir de las crisis monetarias de los 70 los objetivos de control y estabilidad de Bretton Woods se aparcaron definitivamente mientras se imponía de nuevo la desregulación financiera, la libertad absoluta para los movimientos de capital, la proliferación de los paraísos fiscales, las compras y fusiones transfronterizas, la aparición de sofisticados productos financieros, la privatización de lo público, … Las grandes multinacionales y conglomerados financieros cabalgaban de nuevo y gobiernos, agencias e instituciones, se sometían a la deriva conocida desde 1989 (según definición de John Williamson) como el “Consenso de Washington“.

Los organismos y agencias internacionales serán asaltados por un ejército de mercenarios a nómina de los grandes grupos empresariales. Las oficinas de lobbying pasarán a convertirse en anexos permanentes y los ejecutivos de los grandes grupos multinacionales en los verdaderos gerentes del FMI – Banco Mundial, de la Comisión Europea, de los organismos de las Naciones Unidas, …

Se atacó el supuesto “tercermundismo” de la ONU y sus agencias. En 1974 la Asamblea General había adoptado la Carta de los Derechos y Obligaciones Económicas de los Estados, que salvaguardaba, entre otras cosas, el derecho de los gobiernos a “regular y ejercer su autoridad sobre las inversiones extranjeras” así como “regular y supervisar las actividades de las empresas multinacionales” y reafirmaba el derecho de los estados para “nacionalizar, expropiar o transferir la propiedad de los inversionistas extranjeros”. La Carta venía acompañada de un “Código de Conducta para las Empresas Transnacionales” y la creación de un Centro de Estudios de la Empresa Transnacional en aras a posibilitar el control público y democrático de las mismas.

Los lobbystas de EEUU y el Reino Unido no pararon hasta conseguir la anulación de la Carta, el Código y el Centro de Estudios y en los 90 intentarían imponer el prepotente y ultraliberal Acuerdo Multilateral de Inversiones (AMI), una especie de Carta para la hegemonía plena y absoluta de capital transnacional, dejando a cero todo posible control democrático de las actividades de las multinacionales, una verdadera conspiración internacional llevada en el más absoluto secreto hasta que se publicó en internet una copia del borrador en 1997 que desató una fuerte campaña internacional de oposición que obligó a retirarlo.

Por otro lado, todo un conjunto de funciones propias de la UNCTAD, OIT, UNESCO, OMS, fueron intervenidas por el tándem BM – FMI, de forma que los temas de sanidad, educación, seguridad social, … pasaran a ser moneda de cambio neoliberal en orden a allanar el camino a las grandes corporaciones multinacionales.

Así pues, el tándem FMI-BM adquiriría en esta nueva etapa un rol cualitativamente nuevo y en las antípodas del objetivo inicial en el momento de su creación. Se convirtieron en el mejor instrumento para hacer prevalecer a toda costa los intereses de las multinacionales, la expansión de la financiarización y la especulación. De policía financiero a policía corrupto al servicio criminal de los mercados especulativos.

El FMI y la espiral de la deuda externa. Las “terapias de choque”

En 1974 se cuadruplicó el precio del petróleo. El petróleo pasaría a ocupar el lugar del oro como respaldo a la divisa norteamericana. Las petroleras y Washington (Kissinger) imponían unas nuevas reglas de juego que catapultarían al cartel bancario Wall Street – Londres al puesto de primer actor económico mundial.

A lo largo de la década de los 70 los bancos del norte, con enormes excedentes de dinero debido a las hinchadas cuentas de petrodólares depositados por los países exportadores de petróleo en el mercado de eurodólares (mercados financieros extraterritoriales desregulados), ampliaron el negocio hacia al sur en busca de superbeneficios. Los préstamos exigían el aval del estado del país receptor y se hicieron sin garantías claras (los préstamos se hacían “sindicados”: participaban varios bancos – en algunos casos hasta 500 – en cada sindicato con lo cual la sensación de seguridad “sindical” era la otra cara del descontrol de la avalancha en la que muchos de los bancos prestamistas no sabían muy bien a quien estaban prestando).

El tándem financiero Wall Street-Londres “reciclaba” los petrodólares que los miembros de la OPEP depositaban en sus cuentas “offshore”, prestándolos, a suculentos tipos de interés, a los países consumidores de crudo. La espiral de la deuda mundial había empezado y el BM y el FMI se preparaban para asumir su nuevo rol como garantes del casino financiero, policías del capital especulativo y guardias de asalto y saqueo de los activos y bienes públicos del planeta.

A finales de los 70 la crisis económica se generalizó haciendo bajar en picado el precio de las primeras materias que producían los países pobres.

Cuando la situación económica empeoró en los EEUU, con los sucesivos choques petroleros y síntomas claros de problemas de sobreproducción con estancamiento de la inversión y el consumo, el gobierno de Reagan ordenó una subida de los tipos de interés norteamericanos (hasta el 20%) para atraer los fondos que necesitaba para compensar los crecientes déficits por cuenta corriente.

Esta retirada de capitales tendrá consecuencias funestas para Hispanoamérica y África. En agosto de 1982 estalló la crisis de la deuda cuando países como México, Brasil o Perú se declaraban insolventes y Argentina se tambaleaba. El Plan Baker, orquestado por el FMI, obligó a 15 naciones endeudadas a abandonar sus planes de desarrollo y a privatizar sus activos y bienes públicos a cambio de facilidades en la devolución de su deuda.

El BM y el FMI evitaron la quiebra de los bancos implicados (los bancos acreedores tenían una exposición que doblaba su patrimonio neto). Actuaron como gendarmes financieros de los ricos operando como cobradores internacionales de morosos, obligando a los países implicados a socializar las deudas privadas y generar excedentes que pudieran ser transferidos a los bancos, es decir hipotecando las economías y las exportaciones de los países del tercer mundo para asegurar el reembolso de la deuda externa. Para América Latina sería la década pérdida. La pobreza y la miseria de naciones enteras a cambio del salvataje de la banca del vecino norteño orquestado por el staff del FMI.

Pero además, el FMI y el BM, convertidos en agencias de las multinacionales, aprovechaban la ocasión (terapia de choque) para desmembrar las economías “rescatadas” ofreciendo los despojos a las corporaciones multinacionles que pasaban a controlar la banca, las industrias extractivas, los monopolios públicos, la distribución comercial, …

Las políticas de ajuste estructural (PAE) obligaban a eliminar los subsidios para alimentos básicos, elevar las tasas de interés, suprimir regulaciones sobre movimientos de capitales externos, adelgazar o eliminar servicios públicos, bajar aranceles, y reducir sus presupuestos, todo con el objetivo de reconvertir las economías en plataformas exportadoras de las multinacionales. El FMI obligó a Tanzania a cobrar por consultas en hospitales y por aceptar niños a las escuelas. Como consecuencia, las consultas en los hospitales cayeron en un 53% y la tasa de analfabetismo creció de forma dramática.

Los índices de pobreza y desigualdad se dispararon pero con el inestimable apoyo de teóricos como el afamado ex-anarquista John Turner (Housing py People: Towards Autonomy in Building Environment, 1976) que promovían programas anarco-neoliberales (sic!) de auto-ayuda para los chabolistas (legalización y titulación de urbanizaciones ilegales, autoconstrucción de inmuebles, micro-empresas, micro-créditos, etc) que demostrarían la habilidad de los pobres para salir de la miseria por ellos mismos y la incompetencia de los planes de vivienda pública, el tándem FMI-BM procedía impertérrito a desviar todo el peso de los ajustes sobre los más débiles.

El resultado es el mundo al revés: los países pobres suministrando “ayuda” para financiar el crecimiento de los países ricos. Entre 1983 y 1990 los países ricos recibieron “ayudas” financieras proviniendo del 3r mundo equivalentes en términos reales a dos veces el celebrado Plan Marshall.

En 1985 empezó una nueva etapa en la que la transferencia de recursos de los pobres hacia los países ricos se aceleró. El F.M.I. y el B.M. empezaron a exigir el reembolso de sus propios préstamos. Como buenos banqueros el F.M.I. y el B.M. quieren obtener beneficios de su actividad en el 3r mundo. Se trataba de que fueran los mismos países pobres los que financiaran los préstamos a otros países pobres.

Vivimos en un mundo global en el que se considera normal que países pobres como Uganda gasten doce veces más per cápita en devolución de la deuda que en sanidad pública, en medio de una crisis de SIDA que afecta a más del 40% de los menores de 40 años.

El FMI y las ONGs

Si todo falla tenemos las ONGs. Los neoliberales tienen muy claro la baza que han de jugar las ONGs. No hay que preocuparse demasiado por las consecuencias de las políticas implementadas por el FMI-BM. Las ONGs acuden inmediatamente como recurso de última instancia. Se ha creado un mercado de la compasión paralelo e intrínseco a la globalización que actúa como válvula de seguridad.

Para los defensores de la desvinculación del Estado respeto la cuestión social, la existencia de las ONGs es la demostración de la bondad del funcionamiento automático del sistema de mercado capitalista. La privatización de los servicios públicos, impulsada por el Banco Mundial en favor de las multinacionales del sector, significa siempre que dejan de ser “públicos” para quien no puede pagarlos. Las ONGs entran en acción para suavizar el impacto de quedar desconectados de la red de transportes, del suministro de agua y luz, de la asistencia sanitaria, de la educación escolar, …

De hecho la instrumentación de las políticas neoliberales actúa en forma de pinza: Propuestas bien documentadas desde arriba (FMI, BM, etc) y propuestas implementadas desde abajo (micro proyectos, micro créditos, micro empresas, … de las ONGs)

El Banco Mundial bajo la presidencia de James Wolfensohn (1995) , promovió la incorporación de las ONGs en su estrategia incorporando sus puntos de vista directamente en el diseño de los PRSP (Poverty Reduction Strategy Papers). En la actualidad una organización como el Banco Mundial, la Fundación Ford o la Fundación Friederich Ebert, trabajan a través de ONGs de primera fila que subcontratan a ONGs sobre el terreno.

El FMI y la transición Rusa

En los 90 el gran hito de la mundialización, dirigida por el tándem FMI-BM, fue la conversión del “2º Mundo” (antiguo bloque soviético) en 3r Mundo con el poco edificante resultado de un incremento escalofriante de la pobreza en la zona (de 14 millones a 170 millones). El FMI se involucró de lleno en la desestabilización y el descontrol concediendo ingentes cantidades de créditos preferenciales que fueron a parar a las cajas del crimen organizado el cual se convertiría en el principal pujador en las manipuladas y fraudulentas subastas de activos públicos que se produjeron tras la bancarrota total del estado.

En colaboración con los economistas de Harvard, en especial el “shock terapista” Jeffry Sachs (que últimamente va de arrepentido), el FMI dictó los términos del ajuste que iban a poner de rodillas al gigante ruso. La consigna fue: “lo más rápido que se pueda”. Abandono de la planificación, venta inmediata de toda la industria estatal, liberalización de los precios, eliminación de los subsidios. El choque fue brutal: En enero del 1992 se levantó el control de los precios en el 90% de los productos y en 1994 tres cuartas partes de las empresas habían pasado a las “manos privadas” de gansters y funcionarios corruptos.

Se cumplían las previsiones del sr. Feffry Sachs . Una nueva clase capitalista había nacido en Rusia. Un poco a lo bestia, hay que reconocer. Se desencadenó un paroxismo febril para robar cualquier cosa al alcance de un patrimonio que unos meses antes pertenecía al conjunto de una enorme nación. Recursos naturales, oro, diamantes, petróleo, gas, bosques siberianos, níquel, cobalto, platino, plutonio, … con la inestimable colaboración del capital foráneo bien informado. La rapiña llegó incluso a la “evaporación” directa, a través de paraísos fiscales, de los mismos fondos de ayuda del FMI.

El mecanismo del saqueo organizado bajo la supervisión del FMI fue el siguiente: a principios de los 90 se creó apresuradamente una bolsa y una serie de bancos privados se apresuraron a registrarse como nuevas entidades operativas. El cleptócrata Boris Yeltsin había llevado el endeudamiento público al paroxismo. Los nuevos bancos prestaron al gobierno con garantía o aval de compañías públicas de gas, de petróleo o de minerales. En cosa de unos meses estos “colaterales” pasaron en masa y a precios ridículos a manos de los avispados banqueros y las mafias que los patrocinaban. La compañía Norilsk Nickel ( la mayor compañía de níquel y platino del planeta) fue adjudicada por 170 millones de $ al banco Oneksimbank. En julio de 2003 su valor era de 53.000 millones.

A mediados de los 90 la nueva “burguesía roja” había acumulado más de 150.000 millones de $ en cuentas en bancos extranjeros y propiedades residenciales.

En el primer año de la “reforma” la producción industrial colapsó en un 26%. Entre 1992 y 1996 el PNB ruso cayó un 42% mientras la renta per cápita caía un 40%. El estado ruso en bancarrota dejó de pagar sus sueldos a los maestros y funcionarios. A finales de los 90, tres cuartas partes de los rusos ganan menos de 100 $ al mes y el 30% estaban en la más absoluta pobreza con menos de 2,5 $ al día.


Todos los indicios (denuncias e informes de la CIA incluidos) sobre corrupción galopante, el desvío de los fondos, el fraude y la penetración del crimen organizado en la economía y las instituciones del nuevo estado ruso fueron simplemente aparcados y el FMI siguió reforzando y enriqueciendo a los nuevos “capitalistas” rusos, es decir, financiando el asalto a mano armada de la mafia y la corrupción a gran escala rusas.

El FMI fue la palanca financiera del apoyo del gobierno de los EEUU a la deriva especulativa, inducida por Wall Street, de la transición capitalista rusa. Sin otra consideración que los beneficios a corto plazo, los ciudadanos rusos fueron sometidos a una infernal terapia de choque paralela a una burbuja especulativa que acabaría en desastre en 1998.

La última intervención del FMI, justo antes del crac ruso de 1998, fue utilizada íntegramente por los insiders – rusos y extranjeros – para rellenar sus alforjas con dólares y salir en estampida antes de la debacle.

El 16 de julio de 1998, el FMI, junto al Banco Mundial y Japón, acordaron los términos de un macro préstamo de 17.100 millones de $ al gobierno ruso en un paquete al que se sumarían otros préstamos y que alcanzaría los 22.600 millones de $.

Fue la oportunidad de oro que precisaban los insiders bien conectados para convertir rápidamente sus activos en rublos a dólares. De esta manera el FMI, para salvar a tiempo a una selección de especuladores sin escrúpulos, desencadenó la salida precipitada del rublo que desencadenaría el crac con consecuencias espantosas para la población.

El último préstamo del FMI al cleptócrata Yeltsin desapareció misteriosamente en menos de una semana en una maraña de cuentas numeradas en paraísos fiscales.

La “terapia de choque” en Rusia resultó en realidad un “electroschok” sobre decenas de millones de rusos que fueron reducidos a la miseria mientras la economía rusa colapsaba.

Se trató de una pauperización en masa instantánea sin precedente en la historia. Hoy día el 60% de la población rusa malvive y se muere en la pobreza, sin calefacción, sin esperanza alguna, en un clima extremo en condiciones de chabolismo miserable que retrotraen a las del sitio de Leningrado.

El FMI-BM preparando las hambrunas del siglo XXI

México fue sometido a una sistemática terapia de choque del FMI desde la crisis de 1985 y obligado a entrar en el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (1994) que, entre otros desmanes (México es en la actualidad un estado fallido controlado por las mafias) , significó la total destrucción de las estructuras agrarias tradicionales. México pasó a ser importador neto de alimentos y en particular del maíz producido (a base de subsidios) en EEUU. Además, el desmantelamiento de los controles gubernamentales sobre la distribución la ha dejado en poder de monopolios privados como Cargill con poder para especular con las tendencias del mercado. México es en la actualidad un estado fallido en manos de las mafias cuyo sector más dinámico es el narcotráfico.

Filipinas es un ejemplo de como la restructuración promovida por las terapias del FMI pueden transformar peligrosamente a un gran país autosuficiente en importador neto de alimentos.

Cuando el dictador Marcos huyó del país en 1986 había 900.000 Tm. de arroz en los almacenes gubernamentales. En los años siguientes el FMI impuso un plan de ajuste que implicó una salida de entre el 8 y el 10 por ciento del PIB en pago de la deuda entre 1986 y 1993 mientras que los intereses se comían casi el 30% de los presupuestos públicos.

El recorte de los programas agrícolas fue a la par con la liberalización comercial promovida por la entrada de Filipinas en la Orgnización Mundial de Comercio (OMC). El arroz tailandés y vietnamita, mucho más baratos, entraron en competencia con los productores locales ya muy tocados por la falta de apoyos gubernamentales y que en muchos casos dejaron de producir arroz para producir flores y espárragos para el mercado internacional según los dictados neoliberales del FMI.

La experiencia de México y Filipinas la sufrirían un país tras otro. El objetivo logrado por el FMI y el BM ha sido el de instaurar un supermercado agrícola global de consumidores de élite y clase media, organizado por las multinacionales en régimen de oligopolio como Cargill, Monsanto y Archer Daniels Midland y distribuido por monstruosas detallistas como Wall-Mart, Tesco o Carrefour.

Como en el caso de los medicamentos son los consumidores con tarjeta de crédito los que determinan lo que hay que producir. Mientras las farmacéuticas producen ingentes cantidades de medicamentos superfluos y dejan de lado las enfermedades que afligen a los pobres, la agricultura global produce biocombustibles, carne, frutas tropicales, flores … fuera del alcance de la gran mayoría de la población del planeta.

El FMI y la crisis asiática de 1997

En los 1980s, un crecimiento económico del 7-8% anual se había traducido una mejora notable del nivel de vida de la región del Sudeste asiático. Los “tigres asiáticos” habían disfrutado de su particular plan marshall y de un entorno económico y financiero protegido.

En 1993, el FMI, de acuerdo con el Consenso de Washington y las exigencias de Wall Street, promovió la desregulación y la eliminación de las trabas a los flujos de capital en la zona (no se trataba en absoluto de países necesitados de fondos puesto que la tasa media de ahorro en la zona era de más del 30% de media) que impedían la benefactora globalización. Entre 1994-1997 la penetración masiva de fondos especulativos generó una doble burbuja en las bolsas y el inmobiliario. Justo un mes antes de la crisis el FMI se autocomplacía y regodeaba sobre lo acertado de sus políticas globalizadoras neoliberales.

En 1997 el nivel de endeudamiento alcanzado puso nerviosos a “los mercados”. Pronto se organizaría un rally “shorting” (apostando a la baja) que llevaría a una retirada en masa de la zona.

Soros y compañía se encargaron de traducir el pinchazo subsiguiente en una corrida contra sus monedas para forzar la devaluación y la intervención del FMI.

El FMI forzó a los países asiáticos a eliminar los controles sobre los movimientos de capitales y a liberalizar sus sectores financieros, facilitando la entrada/salida masiva de capital especulativo a corto plazo.

Primero cayó Tailandia, luego Filipinas, Indonesia y finalmente la pieza más cotizada, Corea del Sur. Los hasta entonces prósperos “tigres asiáticos” fueron obligados a devaluar, elevar los tipos de interés, equilibrar los presupuestos públicos, “reestructurar”, privatizar, y desmontar los aún precarios sistemas de protección social. Se perdieron de golpe 24 millones de puestos de trabajo. La contracción brutal del crédito llevó a la bancarrota a miles de empresas.

El FMI subordinó las medidas anticrisis a los movimientos financieros. Alegó que la causa de la crisis era la inflación y promovió el recorte del gasto público y los salarios. Estas medidas convirtieron la crisis en recesión profunda acelerando el colapso de la región. Los miles de millones de dólares suministrados por el FMI no se destinaron a aliviar los efectos de la crisis sino, como es habitual, a cubrir las pérdidas de las instituciones financieras internacionales que se habían salpicado en las corridas especulativas asiáticas.

Horas bajas para el FMI en Latinoamérica

El FMI supervisó el desastre argentino desde 1998 a 2002, que redujo a la mayoría de la población de un país que había sido uno de los más avanzados de América a la pobreza más cruel. Sólo desafiando al FMI y declarando la suspensión de pagos, pudo iniciar la senda de la recuperación.

Gracias a la subida del precio de las materias desde principios del presente siglo, muchos países en desarrollo pudieron acumular reservas de divisas suficientes para no tener que volver a pedir dinero “los mercados” o al FMI. Los nuevos gobiernos latinoamericanos están aprendiendo a financiar sus economías al margen del FMI y de “los mercados”.

Mercosur, el mercado común suramericano, bajo el liderazgo de Brasil, ha puesto freno al intento norteamericano del Área de Libre Comercio de las Américas. La Alternativa Bolivariana para América Latina (ALBA) promueve no solo solidaridad regional sino transformación social basada en fundamentos y objetivos socialistas. Los países del MERCOSUR y ALBA han creado el BANCO del SUR como una alternativa financiera solidaria al FMI-BM y sus políticas.

En 2005, el 80% de los préstamos del FMI eran soportados por América Latina . En la actualidad esta proporción se ha reducido al 1% de la cartera global de prestamos de este tenebroso organismo.

A parte del Banco del Sur se están entablando negociaciones para constituir un área monetaria latinoamericana en la que el comercio interregional de la zona utilizaría las monedas de los países implicados con el eventual objetivo de la creación de una moneda común para la región.

El FMI y los países del este: Salvando bancos ludópatas a costa de fondos públicos.

El 15 de septiembre de 2008 caía Lehman Brothers y los mercados financieros se congelaron. A primeros de octubre Ukrania, Letonia y Hungría llamaban a las puertas del FMI. La crisis volvía a obedecer a circunstancias parecidas a las de la crisis asiática (1997-99). Entradas masivas de capitales especulativos que habían generado burbujas inmobiliarias y bursátiles. Entre 2005 y 2008 el volumen del crédito exterior absorbido por la zona se multiplicó por tres disparando los beneficios de la banca implicada.

La diferencia con respecto a las crisis latinoamericana o asiática era que la mayoría de los bancos de la zona son filiales de la gran banca europea occidental.

La Comisión Europea (al servicio de la banca especulativa pillada en el enredo) se apresuró a colaborar con el especialista en rescates y se ampliaron las cuotas para aumentar sus recursos. Había que evitar, a cualquier precio, la caída de alguno de los bancos del oeste europeo implicados en la vorágine especulativa de hacía unos meses. La Comisión cofinanció los programas para Hungría, Rumanía y Letonia en los cuales el riesgo bancario era más grave y el Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo y el Banco Europeo de Inversiones también arrimaron el hombro. Se trataba de “recapitalizar” con ayudas y fondos públicos a las entrampadas filiales de la gran banca europea en Europa del Este.

La crisis de las hipotecas subprime se había transmutado en crisis de países subprime penetrados por la gran banca europea. Los bancos implicados son: Raiffeisen Zentralbank de Austria (Bulgaria) , Swedbank of Suecia (estados bálticos) , Société Générale de Francia, Unicredit de Italy, KBC de Bélgica, Bayern Landesbank de Alemania, entre otros. La banca suiza aunque no instaló sucursales en la zona, participó de lleno en la movida con un riesgo que ronda el 50% del total en Hungría y Polonia.



El coste del ajuste, como siempre, iba a recaer en las clases más pobres: reducir el empleo y los sueldos del sector público (Letonia: – 23,7%, Estonia y Lituania: 20%)) , institución del co-pago en la sanidad pública y los productos farmacéuticos, racionalización (sic) de las camas de los hospitales públicos, privatización de activos públicos, reducción de las pensiones, subida del IVA, … Las caídas del PIB en 2009 serían de 2 dígitos en muchos de los países rescatados y las esperanzas de recuperación en los próximos años son quasi nulas en toda la zona. Letonia ha perdido al 17% de su población más preparada que ha emigrado en busca del empleo y sueldo. En toda la zona se está produciendo un descalabro demográfico sin precedentes.

El FMI en Irlanda

Durante las últimas dos décadas la República de Irlanda fue considerada como el paradigma del neoliberalismo. Entre 1993 y 2000 el PNB creció a una media del 9% anual.

Desde principios de los 90 Irlanda ofrecía dos sustanciosas ventajas a las empresas. Pertenencia a la UE y el 10% en el impuesto de sociedades. Las multinacionales (informática, farmacéuticas, electrónica, …) se convirtieron en el principal productor-exportador del país desplazando a la industria local.

En 2001 estalló la burbuja de las punto.com. Las nuevas incorporaciones de países del Este a la UE erosionaban la ventaja fiscal irlandesa. Dell cerró su planta en Limerick para reabrirla en Lodz. Sin embargo, la banca irlandesa seguía los pasos de sus parientes anglosajonas lanzándose de lleno a la burbuja inmobiliaria. El sector bancario hiperdesregulado se convirtió en un satélite aventajado de la City londinense superó pronto al sector industrial en la generación de puestos de trabajo. Los bancos incurrieron en un enorme endeudamiento para lanzarse apalancadamente a la especulación inmobiliaria.

En septiembre de 2008 el gobierno ofreció garantía pública ilimitada al endeudamiento de la especulativa banca privada. Ello significaba transferir sobre los contribuyentes un paquete de deuda equivalente a varias veces el PIB irlandés. Luego, procedía a “nacionalizar” el banco quebrado Anglo-Irish, el 3r banco del país.

En diciembre de 2010 el paquete del rescate FMI-UE imponía un tipo de interés del 5,8% al multimillonario préstamo acordado para hacer frente a las deudas con respecto a la banca inglesa, alemana y francesa. Con un desempleo del 14%, una caída del PIB del 7% en 2009, un inmenso stock de viviendas sin salida al mercado, una fuga de titulados sin precedentes y una deflación de caballo, el “ajuste” ligado al rescate financiero viene a ser el clavo definitivo del ataúd para la economía irlandesa, un país que se independizó de Inglaterra hace unos 80 años solo para ceder para siempre su soberanía al FMI.

FMI en Egipto

FMI en Haiti

El FMI en Túnez

El FMI en Túnez 2

El FMI en África

Publicado el mayo 2, 2011 en ECONOMIA, FMI y etiquetado en . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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